domingo, 14 de mayo de 2017

Cincuenta años de matrimonio.

No os molesta que publique esta foto, ¿verdad? Sois los primeros testigos del amor de vuestros padres.
Hemos ido Isabel y yo hoy a la misa en que Vicent el Mañano y Susa celebraban sus bodas de oro. Cincuenta años de matrimonio. ¡Qué bonito!
El momento en que Ricardo, el cura párroco, les ha preguntado, delante de sus cuatro hijos, familia y amigos, si volvían a decir sí, y hemos escuchado de boca de los dos ese sí rotundo y convencido, nos ha emocionado.
Nos ha emocionado porque esta entrañable pareja, estas dos buenas personas, fueron de las primeras que conocí cuando llegué al pueblo, y desde entonces hasta hoy siempre he tenido claro que su vida ha sido una vida de trabajo, honestidad y entrega.
Y también nos ha emocionado por la grandeza del testimonio que estaban dando en ese momento. En un mundo cada vez más superficial y hueco, el ver personas que han tenido  la serenidad y el coraje de mantenerse fieles el uno al otro y la perseverancia en la entrega mutua día tras día, en medio de los avatares de la vida, durante medio siglo, es de una grandeza y una belleza, apabullantes. Es un signo claro del amor de Dios.
Podía imaginar hoy a Azucena y Vicente diciendo sí aquel, ya lejano, día de su boda. Yo no les conocía entonces pero, a buen seguro, fue un sí lleno de gozo, proyectos y esperanzas. Sin embargo, el sí de hoy, que sí hemos tenido el privilegio de escuchar, era un sí más hondo todavía, más pleno, porque mantenía el frescor de entonces y la madurez de ahora. Y era, además, un himno de acción de gracias.
Nuestras más sinceras felicitaciones a Susa y Vicent, y cómo no a sus hijos, que hoy han tenido la alegría y el honor de ver a sus padres, después de 50 años, seguir plantando cara a la vida, juntos, diciéndonos a todos que es posible quererse para siempre.

¡Enhorabuena!

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