sábado, 27 de octubre de 2018

Un agua pura que os purificará.



El paso de los días, los meses, los años, van llenando la vida de pesos, de cargas, de trabas que a menudo no identificamos como tales. Acabamos instalándonos en ellas sin darnos cuenta de que como vampiros silenciosos nos van chupando la sangre. Y la vida acaba siendo menos vida.
Pero a veces sucede que determinados acontecimientos llegan como una tormenta formidable y ya nada vuelve a ser como antes era. Y cuando esto sucede pienso en el bonito Cántico de Ezequiel, para intentar entender...

Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

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