Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
domingo, 30 de agosto de 2020
Y de repente, la luna.
Atardecía
tras un día de tormentas y chubascos, cuando la luna apareció, tras un recodo
del camino, entre las nubes teñidas por el sol poniente. En el bosque ya era de
noche. Fue un momento mágico.
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