lunes, 9 de noviembre de 2020

Una belleza humilde.


Me he sentado esta tarde un ratito, volviendo de una excursión, a contemplar los colores del otoño en nuestros campos. No hay en ellos la exuberancia de los bosques del norte, pero tienen también su belleza; una belleza más humilde, más tierna, diría yo. Las campanas de la iglesia del pueblo, a lo lejos, tocaban las cinco, y su tañido me llegaba casi imperceptible, pero suficiente para hacer el momento más redondo, más perfecto.

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