Un
regalito me ha hecho la madre naturaleza esta mañana, fría y casi sin viento,
del 15 de noviembre. Poder fotografiar las montañas nevadas desde la terraza de
casa. Hacía mucho tiempo que no se podía contemplar este espectáculo.
Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
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