Los
largos e insufribles días de vientos secos, el estado del terreno y la
imbecilidad humana provocan lo que veis en las fotos que acabo de hacer. Y el
viento seguirá… Arde el Parque Natural del Turia, en Ribarroja.
Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
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