Poco
que decir de una nueva semana de este verano agobiante y feo. Mínimas alrededor
de 24, máximas por arriba de 35, sol implacable y viento de levante, y menos
mal que es de levante.
Sin
concesiones, sin misericordia.
Y no
digo más.
Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
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