Viento,
viento, viento, viento, mucho viento. Y viento seco, seco, seco. Y un día, y
otro, y otro. Esta semana, por lo menos, hasta el sábado, con alguna tregua. ¿Y
el agua? ¿Dónde está el agua? ¿Dónde está el agua que es vida? ¿Dónde la vida
para nuestros campos y nuestros montes?
No sé
si esto pasaba antes. No sé si es el cambio climático. Pero sí sé que estoy
mucho más que harto, mucho más, mucho más. Y no por mí. Yo, con encerrarme en
casa donde estoy muy bien, asunto concluido; por la naturaleza que nos rodea. Me agobia y me preocupa nuestro
entorno natural. Nuestros campos, nuestros montes,
nuestros pinares siguen aguantando el empuje del desierto que llama, cada vez
con más insistencia, a nuestra puerta. ¡Qué triste!
Y qué
contraste con lo que vivimos la semana pasada. En Escocia era todo lo contrario.
Y aunque nos acompañó dos días el sol, el sol débil pero hermoso del norte,
había agua por todas partes, y nieve, estaba bastante nevado. Además el viernes
nevó, nevó bien. Pese al frío se veía la vida, se palpaba por doquier.
El
recorrido por las Tierras Altas, las Highlands, fue una inmersión en ese mundo
que anhelo. Un mundo en el que te puedes perder en una naturaleza libre y sana,
solitaria y dura. Extensos páramos, montañas no muy altas pero imponentes,
valles de suaves contornos, lagos, torrentes… Blanco y pardo ahora, pero lo
podía imaginar verde en primavera o en verano; inimaginable en el esplendor
del otoño. Y siempre misterioso, envuelto en la niebla, bajo la nevada, o la
ventisca, o la lluvia fría de aquellas latitudes. Incluso con un cielo azul
como tuvimos tenía el sabor de lo enigmático.
Y
además, acampada libre. Puedes montar tu tienda donde te plazca. ¡Qué más se
puede pedir! No pude evitar acordarme mil veces de esta hermosa tierra nuestra,
maltratada por un clima cada vez más adverso, buen tiempo le llaman, y por una
gestión medioambiental impresentable las más de las veces, basada en prohibirlo
casi todo, que ha llevado al monte al abandono más absoluto.
Y al
asombro por descubrir un mundo a mi medida, pero lejano e inalcanzable, se unía
el malestar de saber lo que pasa por aquí abajo. De hecho, nada más salir del
avión me lo recordó un desagradable golpe de viento seco, de ese maldito
poniente que lo mata todo.
En
fin, es lo que hay, dicen cuando nada podemos hacer, o cuando lo que habría que
hacer sabemos que nadie lo va a hacer.
Comparto
a continuación unas cuantas fotos de las Tierras Altas de Escocia, las
hermosas, solitarias y misteriosas Highlands, que me han cautivado.
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Un mundo de lagos, montañas y valles. |
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En ocasiones pequeños bosquecillos rodean los lagos. |
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Las brumas corren entre las montañas, aún con buen tiempo. |
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Había nieve, suficiente para decorar. Ideal para caminar. |
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El pueblo de Fort Williams con su puerto. Enclave estratégico para recorrer la región. |
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La ausencia de viento permitía fotos como esta. |
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En el lago Ness el sol se ponía ya por el horizonte. Aún no eran las tres de la tarde. |
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Rodeado de montañas nevadas era realmente impresionante. |
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Y no había monstruos, sólo una belleza incomparable. Y frío, mucho frío. |
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La luz rosada de un atardecer a medio día lo inundaba todo. |
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Y en este caserío, a orillas del lago Ness, no tendría inconveniente de pasar largas temporadas. |
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