FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.
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martes, 28 de abril de 2026

¿Y los que quieren estudiar en paz?


No me resisto a escribir sobre una noticia que oí un día de estos. Hablaba de que ante la iniciativa de la Generalitat de Catalunya de poner mossos d´esquadra en los institutos más conflictivos, había habido una airada respuesta, con manifestación incluida, de algunos padres, alumnos y profesores.

Sinceramente, no lo entiendo.

Empezaré por los padres. Los que se oponen a esto, en primer lugar desconocen la realidad de un instituto hoy en día; hay que estar dentro para conocerla. Además parten de la base falsa de que la policía es represión. No, primero es servicio, y luego represión a quien lo hace mal. Portaba una madre la frase, “los alumnos son personas, no delincuentes”. Falsa también, porque los delincuentes también son personas, y el hecho de que haya alumnos delincuentes es innegable.

Siguiendo con los profesores tampoco lo entiendo. Desde luego no son todos. Si un instituto es conflictivo lo es en parte porque los profesores no han podido o no han sabido evitarlo. Y es muy comprensible, porque no es fácil, nada fácil. ¿Por qué se niegan a aceptar una ayuda que bien empleada y debidamente coordinada con el centro puede ser valiosísima? Es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Y acabando con los alumnos, es natural que para algunos, la presencia de la policía les complicaría mucho los trapicheos, las agresiones, los acosos y demás lindezas que están a la orden del día. Probablemente, los que van a estudiar de verdad, y desean paz y libertad, les parecerá muy bien, a no ser que les hayan llenado la cabeza de pajaritos.

Me sorprendió también que se hiciera hincapié en el asunto de la ratio. Claro que una disminución de la ratio aliviaría algo, pero no hay que engañarse, sería un alivio; no más. Las causas de la situación que ha llevado a planteamientos como este son mucho más profundas y complejas.

Si está aumentando la conflictividad en la educación es porque está aumentando la conflictividad en la sociedad. Familias desestructuradas, falta de valores, manipulación mediática, internet mal utilizado, pobreza y un sinfín más de causas que, debidamente entrelazadas, crean lo que tenemos. Por eso, reducir la ratio, y conste que me parece urgente y necesario, solo aliviaría algo.

El problema es mucho más hondo. Y acabo con el siguiente pensamiento, el que haya habido una respuesta como la que habido ante esta iniciativa es la prueba más clara de que sí hace falta en más de un instituto presencia policial, adecuada, coordinada, pero presencia policial.

No hemos de olvidar que es obligación de todo centro educativo del nivel que sea atender y proteger a todo el alumnado, sin excepción; a los que van bien, sacan buenas notas y quieren estudiar en paz, también.

sábado, 7 de febrero de 2026

¿Tu verdad? No; la verdad...

 

Es difícil en este país mantener la cabeza sobre los hombros y la ecuanimidad frente a la polarización que estamos sufriendo desde hace ya demasiados años. Sigue habiendo un empecinamiento funesto y dañino en mantenernos separados y enfrentados, unos contra otros, llegando incluso a veces hasta el entorno familiar.

¡Qué enfermiza obsesión en alimentar una suerte de revancha permanente que está provocando, aparte de la citada polarización, una reacción en contra de la “doctrina oficial”, peligrosa por su radicalización y su alta capacidad para aglutinar el cabreo, la indignación y el hartazgo de mucha gente!

Energías estas, perdidas en nombre de la libertad, la justicia y la memoria, que serían muy bien empleadas si de verdad se buscara la libertad, la  justicia y la memoria para todos y no solo para los míos en la línea que nos marcó la Transición, denostada ahora por los que no están siendo capaces de mirar adelante, de crear un futuro común en el que nadie quede excluido.

Es igual que la causa de esta incapacidad de progresar de verdad sea el no poder superar el odio y el rencor, cosa tristísima pero hasta cierto punto comprensible, u oscuros y mezquinos intereses políticos, lo cual no tiene perdón. En cualquiera de los dos casos el resultado es el mismo.

Y esta situación me resulta particularmente sangrante y dolorosa, quizá por deformación profesional, cuando la veo en la manipulación de las mentes de adolescentes y jóvenes, sembrando en ellas un odio artificial bien por afinidad o por reacción a lo que se les cuenta.

Cuando en un instituto de secundaria pasan a todo el centro la película “La invasión de los bárbaros”, por ejemplo. Hasta ahí correcto, pero incompleto. Luego deberían pasar también, “Un dios prohibido”, también por ejemplo, cosa que no creo que hagan, ¡ojalá! Y entonces, y solo entonces, podrían hacer una serie de actividades alrededor de ambas películas.

No entro ni en la calidad ni en la historicidad y veracidad de ambos films, aunque podría hacerlo, pues es un hecho demostrable que no están al mismo nivel ni en un aspecto ni en el otro. Lo que sí digo es que en una los buenos muy buenos son unos y en la otra los buenos buenísimos son los otros; y lo mismo pasa con los malos.

Y a esto es a lo que no hay derecho. Es una inmoralidad y una falta gravísima de respeto a los alumnos y a sus familias esa forma, no ya taimada, sino explícita y descarada de manipulación.

En ambas historias, de las que las películas es una interpretación, hay víctimas y verdugos. En ambas sufrimiento humano. En ambas ideales perseguidos y vidas truncadas. En ambas honestidad y mezquindad.

Igual que no me parecería bien pasar a los alumnos solo “Un dios prohibido”, tampoco es aceptable pasar solo “La invasión de los bárbaros”. Si les queremos hacer pensar, objetivo muy loable, pasemos las dos. Si les hacemos ver una sola, es manipulación, adoctrinamiento puro y duro; sea la que sea.

Podemos hacer tres cosas como educadores. Una, no meternos en ese berenjenal. Otra, si queremos entrar, hacerlo con honestidad. La otra, entrar para manipular y adoctrinar; y eso es lo que no se debe hacer.

Educar no es trasmitir mi forma de ver la vida y la historia. No es trasmitir mi verdad. Es abrir la mente de los alumnos para que sean ellos los que piensen y vayan descubriendo su verdad. No colarles la mía dada mi capacidad de hacerlo por muy seguro que esté de ella.

            Les diría yo, con palabras de Antonio Machado, a todos esos profesores que desde su posición de autoridad manipulan y adoctrinan, en nombre de los alumnos que no se lo pueden decir, que no se lo saben decir, que no se atreven a decírselo "¿Tu verdad? No; la verdad y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela".

lunes, 30 de junio de 2025

Al menos, minimizar los daños.


 

Decía ayer que expondría la única salida posible a la situación de la educación en España, advirtiendo que la verdadera solución no es factible, porque en realidad a quienes manejan los hilos de todo esto no les interesa que las cosas cambien de verdad, pues iría en contra de sus mezquinos y ocultos intereses.

Para ello el primer escollo con el que tropezamos es la politización extrema del sistema educativo. Nos quieren hacer creer que el gran problema se reduce al eslogan “por una educación pública y de calidad”, frente a la privada y sobre todo la concertada, que nos la presentan como una especie de enemigo a batir.

Ese no es el problema de la educación en España. Eso es una cuestión puramente política, de choque de ideologías y poco o nada tiene que ver con los verdaderos problemas. Cualquier centro, público, concertado o privado tienen que afrontar las mismas cuestiones en cuanto a docencia y disciplina se refiere. Solo los privados no concertados pueden escapar parcialmente de algunos de ellos; pero son minoría.

Otro tropezón nos lo daremos con lo que llaman evidencia científica. Es la otra gran mentira. La pedagogía no es una ciencia, es sobre todo ideología aplicada a la educación. No puede hablar de evidencias científicas por muchos nombrecitos en inglés, siglas, acrónimos y supuestas investigaciones en las que se ampare. En nombre de estas evidencias se están haciendo multitud de disparates desde hace mucho tiempo, cuyas consecuencias sufren, indefensos, colegios e institutos.

La combinación de estas dos cuestiones, encabezadas por políticos y universidades respectivamente, sustenta esa administración que ha sumido a la educación en el pozo en el que se encuentra. Falta solo para completar el panorama, la sociedad, cuya deriva a la sobreprotección y a la disolución de toda autoridad, complica más y más el día a día en el aula.

Ante todo esto, ¿ qué hacer ?

El objetivo debe ser, pese a las dificultades, hacerlo lo mejor posible con los niños y adolescentes. Por ellos y por el propio docente. ¿Pero cómo? Voy a ser muy claro.

Blindándonos ante la administración y los padres. Y eso es función de los equipos directivos. Proteger al profesorado de todo lo que llegue de las autoridades educativas que no sirva para nada, cubriendo el expediente y punto, evitando la pérdida de tiempo que para el docente suponen los registros inútiles, los cursillos innecesarios y demás zarandajas.

Y ante los padres, hacer valer la autoridad y la profesionalidad de maestros y profesores. Y cuando surja el conflicto, inevitable en todo proceso educativo, analizar en el propio centro la actuación del docente, y en el caso de que sea correcta, si no hay protección por parte de la administración, no temer la vía judicial, porque el maestro, el profe, también tiene sus derechos, como cualquier ciudadano.

Tengo claro que los equipos directivos deberían aplicar estas actuaciones, siempre difíciles, más difíciles aún en los centros concertados que en los públicos, por el bien de los alumnos primero, y de los docentes después.

Siendo realista no creo que se pueda hacer mucho más. No resolveremos el problema, pero minimizamos algo los daños que el sistema educativo está causando en todos los que viven en él y de él. Y en la sociedad.

domingo, 29 de junio de 2025

Culpables e insolventes.

 


Ahora que está acabando el curso, los alumnos ya lo han hecho, voy a publicar una entradita que tenía escrita hace tiempo sobre la situación actual de la educación.

Dice quién me conoce que me jubilé a tiempo, por pelos pero a tiempo, porque en estos últimos años la educación, que ya estaba en caída libre, está alcanzando en su caída velocidades colosales. Quizá alcance la de la luz a este paso.

Son muchos los aspectos que se pueden analizar y desenmascarar, porque de eso se trata, de desenmascarar las intenciones ocultas o las torpezas  que desde hace muchos años mueven los hilos de esta situación.

Voy a centrarme en los maestros y profesores. De ser autoridad indiscutible han pasado a ser unos meros peones, maniatados y sin recursos, cuyo único objetivo acaba siendo acabar cada curso sin fenecer en el intento, porque de algo hay que vivir, claro. Y eso teniendo vocación.

Veo dos aspectos a considerar.

Respecto a la disciplina les han dejado prácticamente sin armas porque hagan lo que hagan, y ya pueden hacer poco, frente a los conflictos con los alumnos, inherentes a toda labor docente, deben estar dispuestos a justificar ante los padres cualquier medida que pueda no parecerles adecuada para su hijo. Y si no les satisface la justificación, acudirán a la dirección del centro o a la inspección pidiendo explicaciones y la cabeza del profe, si es menester, porque ¡claro! el profe lo está haciendo mal con mi nene y me lo traumatizará, o no es justo, o por qué al mío etc,etc,etc. No todos son así, pero de estos cada vez hay más.

Dice un amigo, profe de toda la vida, nos mandan al frente con escobas, pero el enemigo está bien armado. Y también, nos atan los cordones de los zapatos y luego nos dicen que corramos.

En lo referente a la tarea específicamente docente, deben también justificar todo de un modo exageradamente pormenorizado, lo que provoca una burocracia tan inútil como farragosa. Cada acción docente, por mínima que sea, conlleva una documentación previa y posterior desmedida. Y cada nota, y por supuesto los suspensos o una posible repetición, exigen tal cantidad de papeleo justificando todo minuciosamente, que acaban agobiando al profe y quitándole mucho de su tiempo que sería más útil para todos si pudiera dedicarlo a sus alumnos.

Sin hablar de los “inventos” que se suceden a un ritmo vertiginoso, sin valorar nunca, si ha sido eficaz o no el susodicho “invento”, porque enseguida vendrá otro, o una modificación del anterior. La cuestión es innovar por innovar, sin valorar si la innovación aplicada ha servido para algo, lo que solo se podría saber con un largo período de no innovación, de estabilidad, que nunca llega.

Si pensamos en estos dos aspectos, y profundizamos un poco en ellos, veremos que son las dos caras de una misma moneda. El docente “es culpable” mientras no se demuestre lo contrario, por eso debe justificar detenidamente y por escrito todas sus acciones, tanto en el ámbito de la disciplina como en el de la docencia. Cada día debe poder demostrar ante autoridades educativas y padres que todo lo que hace es correctísimo y según ley. Porque no se le supone su buen hacer. Más bien al contrario, como se presupone que no lo hará bien hay que atarlo corto.

También es considerado insolvente a nivel profesional, por eso hay que atiborrarlo con nuevas y siempre fugaces herramientas, y marcarlo entre la administración y los padres para que haga las cosas “como es debido”. Su profesionalidad ha quedado disuelta. Los profesionales son la administración que sabe qué hay que hacer y cómo, y los padres, que son los que conocen muy bien a sus hijos y también saben qué hay que hacer con ellos y cómo. 

Y hasta aquí, hoy. Próximamente compartiré la única salida posible que veo a esta situación, aun sabiendo que tal salida no es factible, porque aunque hay un clamor por la situación de la educación y de los docentes en España, nada va a cambiar a mejor.

sábado, 21 de junio de 2025

Dieciséis euros.


 

Me han contado lo acaecido en un viaje de fin de curso de los muchos que proliferan en estas fechas. Me parece muy digno de ser contado.

Una alumna compra algo en un quiosco, fuera de España. El chaval que allí trabaja, joven y extranjero, probablemente de Europa del este, chapurreando a duras penas el castellano, se arma un lío con el cambio, devolviéndole 16 euros de más.

La profesora, que está presente, se da cuenta y capta enseguida que la alumna piensa quedarse con el dinero. Le cuesta convencerle con gestos, y discretamente con algunas palabras, de que se lo devuelva, pues no es suyo y además es lo correcto.

Al fin lo hace a regañadientes y, muy enfadada, se va a contarles lo sucedido a sus compañeras que refuerzan su cabreo indignándose por lo que le ha hecho hacer la profesora a la que, para más inri, le dice que si lo ha hecho ha sido solo por no quedar mal con ella.

Y la guinda del pastel; la ejemplar alumna le advierte que ahora tendrá que confesarse lo que ha hecho, o sea, confesarse que ha devuelto el dinero al chaval del quiosco ¡¡¡ ¿? ¿A qué dios hay que confesar que no he robado?

Por supuesto que estas alumnas no son gente que ande descalza por el mundo. No les falta dinero, y lo saben. Familias bien situadas y bien consideradas.

La anécdota pone los pelos de punta y abre muchas y muy importantes preguntas, cuya respuesta nos los pondría más de punta todavía.

¿Qué están haciendo muchas familias con sus hijos?

¿Qué estamos haciendo en los colegios?

¿De dónde surge el ambiente amoral en el que viven nuestros niños y adolescentes?

¿Dónde está la empatía, el ponerse en lugar de los demás?

¿Dónde ha quedado el sentido de la justicia?

¿Son capaces de diferenciar el bien del mal nuestros hijos?

¿Conocen la honestidad? ¿Saben lo que es? No digo ya el honor.

¿Qué sentido tienen de la trascendencia?

Y aún podríamos hacernos muchas más, pero todas acabarían confluyendo, cual los afluentes de un río, en una quizá sin respuesta. ¿Qué sentido de la vida estamos trasmitiendo, como sociedad, a las nuevas generaciones?

Y que nadie me diga que son cosas de chiquillos. ¡No y mil veces no! Lo que está mal está mal, se haga a la edad que se haga, y lo haga quien lo haga. Y aprovecharse de alguien más desfavorecido que tú, utilizando para ello sus limitaciones y su indefensión, está muy mal. Es dolorosamente injusto.

Sí, ya sé que no todos son así, pero hay tantos que se hubieran quedado con esos 16 euros y con la conciencia tranquila, presumiendo incluso de ello… Demasiados. Y eso nos hace daño a todos, y los primeros, a ellos mismos, porque por esos caminos no se llega a ningún sitio en el que valga la pena estar, no se construye nada que merezca ser construido.

lunes, 9 de junio de 2025

La otra selectividad.


 

Todos los años, desde hace ya demasiados, llegados a estas fechas, tras la selectividad, llega otra selectividad, ésta más profunda y con unos resultados siempre tristes.

Hablo de Magaluf, de ese viaje masivo de miles y miles de jóvenes que ponen fin a una etapa de su vida de un modo tan hueco y decepcionante, poniendo en evidencia el fracaso de un sistema educativo que no les dota de la madurez necesaria para decir que no a ser víctimas de semejante negocio.

Pero eso no pasa con todos. Hay algunos que son capaces de encontrar alternativas a este modo de acabar su vida escolar. Por eso digo que esto es la otra selectividad.

He conocido bonitos ejemplos. Viajar por Europa en tren o en coche, haciendo las mil cosas posibles que a esa edad se pueden hacer, es la alternativa más frecuente.

Sí, ya sé que alguien puede decirme que eso lo hacen los friquis, los que no están integrados, los raros… Es posible, pero si para estar en el calor del grupo hay que renunciar a los propios criterios, incluso a rasgos importantes de la propia personalidad, y uno es capaz de no hacerlo, con respeto y sin despreciar a nadie, ni sentirse superior, es de admirar.

Tampoco quiero decir que caer en ese viaje sea una gran desgracia, un desastre, ni que tenga por qué tener consecuencias indeseables, solo que me parece una triste forma de acabar una etapa importante de la vida y de entrar, en el mundo de los adultos. Y además yo lo veo, como ya he dicho, como un indicador del fracaso de la educación de nuestros niños y adolescentes, por parte de todos.

Nunca olvidaré a un padre que cuando llevó a su hijo al puerto, abatido, me dijo: me dio la sensación de llevar al chaval como a un cordero al matadero. No vi personas, vi un rebaño inconsciente pero feliz. E imaginé gente frotándose las manos y babeando de placer ante la perspectiva de sustanciosos beneficios… Y eso me dolió mucho.

Sí, lo veo como otra selectividad. Pero en esta, la mayoría suspende.

martes, 15 de abril de 2025

Hasta las narices.


Bajaba hoy una montaña, no muy alta, a la que por lo visto habían subido un nutrido grupo de niños de primaria con sus profesores. El natural griterío espantaba a todo bicho viviente en muchos metros a la redonda. Hasta ahí, todo normal.

En el collado, ya abajo, esperando entre sol y sombra, vi al grupo. Descendiendo alcancé a los rezagados, aún lejos de los demás, acompañados por un profesor de mediana edad, o quizá joven pero envejecido por la situación.

Trata de que dos chavalillos, entrados en carnes, anduvieran un poco más rápido, pues el grupo esperaba abajo. No le hacían puñetero caso. "Venga, deja ese palito, que detrás viene gente (era yo), no tires piedras, pero va hombre, por qué te paras…"

De repente, tras una curva, en vez de seguir bajando, suben, cual si huyeran despavoridas de algún monstruo ancestral, seis o siete niñas gritándose entre ellas desaforadamente. "No te lo perdono, esto sí que no lo aguanto, mira lo que me ha dicho, yo no he dicho eso, mentirosa, mentirosa tú…"

El viento, fresco y seco, sopla con fuerza. Desagradable, cargante, inclemente.

Hola, buenos días, le digo al pasar junto a él. Me responde con las mismas palabras pero quizá pensando que serán buenos para mí, no para él. Y estoy a punto de decirle, "yo he sido profe 38 años, ¡ánimo! Se sobrevive". Pero a veces soy de reacciones lentas.

Me ha dado pena el buen hombre, porque sé que lo tiene mucho, muchísimo más difícil que lo tuve yo. Y pese a eso, pese a tenerlo mucho más fácil, cuando se juntaban los tres elementos, excursión con alumnos, aire libre y viento, me cogían unos intensos dolores de cabeza que no tuve antes ni he tenido después. Estaba “cantao”. Me llevaba en esos casos las pastillas detrás porque sabía que sí o sí, en algún momento aparecerían. No sé si a este profe le dolía la cabeza, pero la cara era de que sí. O de que estaba hasta los mismísimos…

Le deseé en mi fuero interno que acabaran bien la excursión y que disfrutara a tope de las ya próximas vacaciones, aunque solo sea por ese rato, bien merecidas.


jueves, 3 de abril de 2025

No dejéis que os desgracien.


 

Cada vez se levantan más voces denunciando la situación lamentable de la educación en España. Nada que ya no sepa y no haya experimentado a lo largo de mi vida laboral, ya extinta.

Hablando ayer de estos asuntos, se me removió una vez más la indignación, y para aplacarla acudo esta mañana al blog, como otras veces. Esta es una de sus funciones.

Voy a presentar una prueba de cómo el nivel educativo ha descendido, al menos dos cursos, en estos últimos 38 años. Y digo que es una prueba porque hay muchos testigos que pueden corroborar mis palabras, mis alumnos de entonces.

Cuando empecé como profesor de lengua y literatura española en la EGB, el examen final, porque había examen final, en 8º, tenía dos partes. Una oral y otra escrita. Octavo era lo que ahora es 2º de ESO, ¡ojo!

La parte oral consistía en unas fichas, más de cien, de autores en las que constaban sus datos biográficos, pensamiento y obras. Estas fichas las elaboran los alumnos a lo largo del curso. El día del examen, de uno en uno, me daban el taco de fichas, las barajaba y sacaba cuatro. Leía el nombre del autor y les dejaba hablar. A dos puntos y medio como máximo cada una, y de ahí salía la nota sobre diez.

La escrita era un examen de tres horas. Una, un comentario de texto en el que podían utilizar todo el material que quisieran, libro, apuntes, fichas, diccionario… La otra consistía en preguntas de literatura, épocas y movimientos literarios sobre todo. Y la tercera, análisis morfológico y sintáctico de oraciones simples y compuestas.

Aparte de esto, durante el curso leíamos libros de autores consagrados, no literatura tontona para niños y adolescentes. Delibes, García Márquez, Machado, Juan Ramón Jiménez, Bécquer… Trabajaban en equipo y hacían exposiciones orales. Y cuidábamos la ortografía y la presentación de los trabajos y tareas.

Y aprobaban casi todos. Haced esto ahora en 2º de ESO.

No me quiero enrollar, pues corro el riesgo. Ni utilizar los términos feos que bien se merecen los que han causado este despropósito.

Las víctimas, los alumnos, todos, sobre todo los mejor dotados. Y los profesores, agobiados por la burocracia inútil, confundidos por continuos cambios y reformas, a cada cual más estúpida, vigilados por una sociedad que no les reconoce nunca la presunción de inocencia, desarmados ante una indisciplina cada vez mayor en las aulas… ¿Sigo?

¿Y los verdugos?, ¡ay los verdugos! Primero los políticos que utilizan descaradamente a la educación como arma contra sus adversarios y como herramienta de adoctrinamiento, imponiendo su ideología y esa letal estupidez de lo políticamente correcto. ¿Cuántas leyes de educación hemos tenido en la democracia? ¡Qué vergüenza!

Y la Universidad, que ahora se queja del nivel con que les llegan los alumnos, pero que ha sido en ella donde “expertos” psicólogos y pedagogos que en su vida han pisado un aula, han estado haciendo, y siguen, experimentos que mejor sería hacer con gaseosa. Y luego a vivir de ellos, claro. Conferencias, publicaciones, cursillos…

En fin, mejor acabar ya. Y lo hago con una última reflexión, ¡no hay derecho! Y un llamamiento a los alumnos, no dejéis que esta tropa de sinvergüenzas os desgracien el futuro.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Tontos o cínicos.


Si le meto, bien metido, el dedo en el ojo a alguien para preguntarle un rato después ¿qué te pasa en el ojo? y me responde de muy malas maneras tendrá toda la razón del mundo, porque hay que ser muy tonto o extremadamente cínico para hacer algo así. ¿Verdad?

Pues eso mismo es lo que he pensado cuando he leído a sesudos señores de la Universidad quejándose del nivel tan bajo con el que les llegan los alumnos. Y cada vez más.

Vamos a ver, señores míos, ¿quién tiene la responsabilidad de la debacle del sistema educativo, sino la Universidad en ponzoñosa alianza con los políticos? ¿Y ustedes se quejan? Si son tan responsables como los políticos. De verdad que se merecen que les contestemos de mala manera.

¿Quién determina hacer experimentos pedagógicos año tras año con todos los alumnos, desde infantil hasta BAC? ¿Quién decide los continuos cambios tanto de forma como de fondo en el sistema educativo sin valorar siquiera si el invento anterior ha servido para algo? ¿Quién se dedica a cambiar casi cada curso la terminología y la burocracia para que lo que se ha hecho en un curso no valga para el siguiente? ¿De dónde salen las "inspiraciones" psicológicas y pedagógicas, ocurrencias de gurús, que acaban convirtiéndose en leyes inútiles o devastadoras?

El hecho de que haya habido ocho leyes de educación en la democracia prueba lo que estoy diciendo.

Y no me digan ustedes que eso es cosa solo de los políticos. Sí, de los políticos y de la Universidad que es la coartada que tienen para, en nombre de la pedagogía y la psicología, imponer una ideología a costa del futuro de la sociedad. Y aceptan ustedes, la Universidad, ser esa coartada por motivos en los que no quiero entrar ahora.

¿Tontos o cínicos? Es la pregunta que dejo abierta. Yo tengo mi respuesta.

domingo, 6 de octubre de 2024

Esa patética pérdida tiempo en un momento muy bonito.

 

Pude disfrutar este jueves y viernes pasados de una convivencia con los alumnos de 2º de bachiller del colegio donde trabajé 38 años, casi toda mi vida profesional.

En un entorno bellísimo que el otoño, allí en todo su esplendor, hacía más bello todavía, me sumergí, una vez más, en el mundo de la gente joven, muy joven todavía, y como siempre me ha pasado salí reconfortado y triste a la vez. Sí, me pasa siempre.

En los ratos que pude charlar con ellos, escucharles, hablarles, vi buena gente, muy buena gente. Personas ya conscientes de sus vidas, con sus ilusiones, sus miedos, sus esperanzas. Escuché de ellos y también mis compañeros, cosas muy bonitas, de las que te dejan con la certeza de que la vida tiene sentido y de que, como decía una frase que eligieron los cuatro grupos en que los dividimos para una actividad, un día alguien te va a abrazar tan fuerte, que todas tus partes rotas se juntarán de nuevo. También eligieron casi todos otra que decía, algún día la vida pasará frente a tus ojos…, asegúrate de que valga la pena mirar. Estas y todas las demás que eligieron tuvieron pleno sentido, y en la explicación de por qué las habían seleccionado entre muchas, vi una inmensa riqueza personal.

En la homilía de la misa celebrada entre pinos y sabinas, bajo un cielo azul impecable, Nacho les exhortaba, nos exhortaba, a vivir en plenitud, a lo grande, a no conformarnos con migajas de supuesta felicidad, a no tener miedo. A hacer frente a esos mensajes falsos con que nos bombardean continuamente y que  nos impiden ver la luz a la que estamos llamados, la vida, la libertad y la felicidad que Dios quiere para nosotros.

Todo esto reconforta. Pero, ¿por qué la tristeza? Quizá a algunos les parezca que no hay para tanto. Y es posible que tengan razón. Pero a mí me da pena que la inmensa mayoría acaben su vida escolar en ese sumidero de ideales que es Magaluf habiendo tantas alternativas. Que su mayoría de edad recién estrenada entre en el juego del negocio fabuloso de unos pocos a cambio de tan vulgar y anodino concepto de fiesta, verdaderas migajas de falsa felicidad.

Y eso, y el constatar que no tienen la capacidad crítica necesaria como para darse cuenta que son tratados como ganado y decir ¡basta! organizándose un viaje por Europa, o a un concierto vete tú a saber dónde, por ejemplo, me da pena. El ver que, aunque se hayan dado cuenta de esto, tan pocos son capaces de hacer frente a las presiones que allí les lleva, me da pena.

Sí, me da pena no porque tenga que pasar en Mallorca nada terrible, o porque esos días allí puedan tener consecuencias poco deseables, sino por la patética pérdida de tiempo que supone en un momento tan bonito de sus vidas.

Que toda la grandeza y la profundidad que he visto en estos chicos, en estas chicas, acabe pasando por ahí… 

Es lo que pienso y lo que siento.


                       235 litros en 390 días.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Dijo el chaval, este país se va a la...


 

Sucedió este pasado verano y me quedé con ganas de haber intervenido de alguna forma, pero me enteré de lo acaecido demasiado tarde.

Hay una pequeña tiendecita abarrotada de artículos de regalo, mapas, libros y demás objetos propios de un balneario de montaña. La atiende un hombre, supongo que el dueño, echando ya a mayor que, tras el minúsculo mostrador se gana el pan de cada día.

Entré con Isabel pero me salí enseguida, dedicándome a contemplar los altos y familiares riscos que nos rodeaban.  Ya había dentro una familia y, como he dicho, la tienda es muy pequeñita. Al ratito salió la madre y poco después el padre con un niño pequeño. Vi luego cómo tras unas palabras entre ambos, la madre volvió a la tienda con paso decidido, lo que hizo que centrara en ella mi atención, y se encaró desde la puerta con el señor de la tienda señalándole con el dedo enhiesto y acusador diciéndole de malas maneras algo que no logré escuchar.

Cuando un ratito después salió Isabel con algo que le había comprado a este hombre, por pena, pues no nos hacía ninguna falta, le pregunté qué había pasado.

Me indigné.

El niño en cuestión, unos seis o siete años, estuvo toqueteando todo lo que había en la tienda; algunas cosas eran frágiles. Desde el mostrador el señor veía e iba poniéndose nervioso. El papá dejaba hacer hasta que, en una de esas, la criatura provocó un pequeño alud de objetos varios. Nada se rompió, y fue el argumento que utilizó el padre para justificar a su hijo cuando el dueño, con un mal disimulado enfado, les dijo que por favor llevaran cuidado.

 Lo que sucedió después es de imaginar. El papá le diría a la mamá que ese "malvado" señor había reñido a su hijo, y la mamá, ni corta ni perezosa, se dirigió otra vez a la tienda a increpar con muy malos modos, eso sí lo vi, al pobre hombre. Lo que le dijo lo oyó Isabel y fue algo así como que tenía que comprender que era un niño y que esas no eran formas de dirigirse a tan "tierno infante". 

Y se fue, la muy clueca, toda digna. Con la satisfacción del deber cumplido.

Cuando supe ya todo lo sucedido me entraron ganas de volver a la tienda y decirle algo a aquel hombre, pero no me decidí. Algo así como, mire usted, siento lo sucedido, he trabajado toda mi vida en educación y puedo decirle que esa señora es imbécil y, no lo dude, pagará cara su imbecilidad, hasta el último céntimo.

Pensé también en el niño que aprendía de esa forma que puede hacer lo que le venga en gana aunque tenga consecuencias, porque papá y mamá lo defenderán siempre. El papá tenía que haber advertido al niño. Cuando pasó lo que pasó, haberle regañado en la tienda. Y cuando se lo contaron a la mamá, esta tendría que haberle regañado más. Y por supuesto, el papá debía haber pedido disculpas al señor de la tienda. Eso es educar.

También pensé en el colegio al que vaya el niño. Pobres de los profesores que tengan que intentar educar a tan "sensible criatura", porque a ver quién es el guapo que levanta la voz a ese niño por gorda que sea la trastada. Nos mandan a la guerra con escobas, dice un compañero mío. El "enemigo" lleva armas de verdad.

Y pensé también en lo que le dijo a su padre al llegar a casa ese chaval quinceañero al ver cómo sus amiguetes, para defender a uno de ellos que había hecho una peligrosa gamberrada, mentían acusando a un guarda de seguridad de una agresión que no fue tal.

Dijo, “este país se va a la mierda”.


                      233 litros en 375 días.

domingo, 9 de junio de 2024

Ese pozo de miseria y estupidez.


 

El 17 de mayo de 2018 publiqué una entrada sobre esas macrofiestas que se montan para hacer negocio, con los alumnos cuando acaban 4º de secundaria y después cuando acaban bachiller.

El 2 de junio de 2019 la volví a publicar tal cual porque releyéndola entonces creo que expresaba perfectamente mi forma de ver el asunto y el de mucha más gente.

Hoy, 9 de junio de 2024 vuelvo a publicarla por tercera vez porque creo que eso hay que decirlo, diría mejor, denunciarlo, y bien alto, aunque sirva para muy poco. Aunque sea una voz clamando en el desierto.

Pero en esta ocasión quiero añadir un breve apunte. Desde muy niños, aquí en Ribarroja, con el beneplácito de familias e instituciones, se les orienta en esa dirección año tras año. Ese tipo de fiesta, cuyos tristes ejes todos sabemos cuáles son, ya no les resulta ajena cuando acaban 4º o 2º BAC. Y nada pueden hacer los padres que saben educar, no todos saben, y los colegios e institutos que intentan hacer algo más que dar clase.

Quien tenga oídos para oír, que oiga.

 

Un año más vamos a asistir impotentes al triste espectáculo de ver a nuestros alumnos sumergidos en el absurdo que supone esa macrofiesta al acabar 4º, y ese viaje masivo al término de bachiller.

Ante esto hay que dejar varias cosas muy claras. La primera es que los institutos nada tienen que ver con estos montajes, aunque a veces los alumnos mientan diciendo que es cosa del cole y haya padres que se traguen la bola.

En segundo lugar hay que tener también claro que la organización de estos eventos corre a cargo de empresas privadas que obtienen de ellos sustanciosos beneficios.

En tercer lugar también hay que saber que las condiciones de traslado de los chavales, en ocasiones recuerda al trasporte de ganado. Yo he visto llenar un autobús interurbano de alumnos de 4º. La mayoría de pie y lógicamente sin cinturón de seguridad.

En cuarto lugar es importante conocer la realidad de lo que allí hacen o pueden hacer. Quien quiera creerse que son fiestas light, de música y cocacola o fanta, es muy libre de creérselo. Incluso habrá algún padre de esos de “mi hijo no me engaña” que se creerá que empiezan rezando el rosario y acaban con un padrenuestro por las morsas de Madagascar, si el mozalbete así se lo explica. Y no digo más porque a buen entendedor, pocas palabras bastan. Y a mal entendedor para nada sirve hablarle.

Por esto animo a que los padres se enfrenten sin miedo a sus hijos menores de edad y les digan, ¡no, tú no vas a esa fiesta! Admiro a los papás que lo hacen. Admiro a los pocos alumnos, los raros, que dicen, yo a eso no voy ¡Difícil y valiente decisión para un alumno de 4º de secundaria!

Y con los mayores de edad, poco pueden hacer los padres que no lo hayan hecho ya. Ahí han de ser ellos, los jóvenes, los que decidan qué hacer con su vida. Por eso admiro a los pocos que al acabar bachiller se van a un concierto a alguna ciudad más o menos lejana, se hacen una ruta en tren por Europa, o se montan un viaje de aventura, mochila a la espalda, y no se hunden en ese quemadero de dignidad y valores en el que se hunden casi todos.

Y yo, como educador, que junto a mis compañeros he intentado enseñarles qué es la verdadera libertad, hacerles conscientes de su dignidad; que he intentado desarrollar su capacidad crítica y ayudarles a que encuentren un sentido a su vida, siento en lo más hondo del alma verles caer en ese pozo de miseria y estupidez.

¡Qué forma más triste de acabar la secundaria, de acabar el bachiller! ¡Qué desolación como educadores! Es cierto que en la mayoría de los casos el asunto acabará ahí, y no pasará nada. Pero, ¡qué triste acabar así!

Yo ya no puedo hacer más de lo que he hecho. Ahora sólo me queda no pensarlo, no pensarlos en esa fiesta estúpida al acabar 4º, ni en ese viaje absurdo al acabar bachiller. No pensarlos allí, no imaginarlos allí, porque me duele. Y esperar que salgan indemnes de una experiencia que ninguna falta les hace.


88 litros en 271 días.

viernes, 3 de mayo de 2024

¡Ya era hora!


 

Muy buena noticia es la prohibición de los móviles en los colegios e institutos. ¡Ya era hora! Aunque habrá gente, de todo hay en la viña del Señor, que no le parecerá bien, ¡ya era hora!

Es cierto que los móviles, como todo instrumento, se puede utilizar para bien o para mal. Y hay que saber utilizarlo. Los niños y los adolescentes, en general no saben, y muchos adultos tampoco, pero esto es harina de otro costal.

Y como no saben, se hacen daño y hacen daño con el aparatito en cuestión. Que por lo menos, en el colegio o instituto no suceda esto. Y este es uno de los motivos para tomar esta medida.

Pero hay otro del que nadie habla. La indefensión del profesor ante alumnos que por el motivo que sea entran en conflicto con él (en educación esto pasa y debe pasar). Cualquier alumno lleva en su móvil, grabadora de voz, vídeo, cámara fotográfica e internet, aparatos estos con los que se puede hacer mucho daño, como por ejemplo sacando de contexto situaciones que en el aula o en un despacho se resolverían por si solas.

Está prohibido utilizar el móvil en horario escolar y en actividades extraescolares excepto por cuestiones didácticas o cuando el profesor lo autorice. Y si se le pilla a un alumno, se le retira; ahora eso es por fin legal. Y se le devolverá según el centro decida.

Sí, ya era hora. Una buena noticia que la Consellería acuda en ayuda de los docentes, porque como dice un amigo mío, nos mandan a las trincheras con una escoba, mientras el enemigo va armado hasta los dientes.


75 litros en 234 días.

jueves, 18 de enero de 2024

La palabra iglesia viene de inglesia, inglés.


 

La palabra iglesia, viene de inglesia. La explicación de esta curiosidad, que no conoce mucha gente, es muy sencilla. Hasta el siglo XII, los cristianos se reunían para hacer sus reuniones, celebrar la misa etc, en casas particulares o en edificios civiles. Esto sucedía porque en la Biblia, en el libro de Isaías, capítulo 66, versículo 1, dice, “así dice el Señor: el cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Dónde, pues, está la casa que podríais edificarme? ¿Dónde está el lugar de mi reposo?

En el siglo XII, el 3 de julio de 1156, el papa Adriano IV, nacido en Inglaterra, y que murió por asfixia al tragarse una mosca, autorizó la construcción de edificaciones exclusivas para los actos religiosos. De ahí que a esos edificios la gente empezara a llamarlos inglesias, de inglés. Un siglo más tarde, Alfonso X el sabio, escribe por primera vez esta palabra en su obra Cantigas de Santa María. Con el paso del tiempo, se perdió la n, quedándose la palabra iglesia tal y como la conocemos hoy.

 

Le propuse el otro día a un amigo que trabaja en educación que hiciera el experimento de explicar a sus alumnos de 4º de secundaria el origen de la palabra iglesia tal y como lo cuento al principio de esta entrada. A ver qué pasa.

Probablemente, un número muy elevado de sus alumnos, quizá todos, se la creerían sin más. Y he dicho 4º de secundaria, ¡ojito!

Es demoledor, descorazonador y peligroso.

Si un alumno, ya a esa edad, se cree semejante imbecilidad es por tres motivos. Uno, por la pavorosa falta de cultura en la que viven. Otro, por la nula capacidad crítica que tienen. Y finalmente, por la indiferencia hacia todo lo que no sea su próximo y estrecho mundo.

Este es el resultado, en gran parte, del sistema educativo que tenemos, en manos de políticos sin escrúpulos a los que les interesa que esto sea así, y de iluminados sinvergüenzas que se lucran de hacer experimento tras experimento con los niños y jóvenes sin comprobar objetivamente el resultado de dichos experimentos.

Ante esto, los docentes poco pueden hacer, pues después de todo, de algo hay que vivir. Y siempre hay quien se apunta a cualquier “modernez” con tal de que no le señalen como de la vieja escuela; son los esquiroles de cualquier intento de hacer las cosas de otra manera.

La consecuencia final es terrible. Si no tienen la capacidad de discernir que eso que les está contando el profesor es una solemne imbecilidad, ¿cómo la van a tener para votar con una actitud crítica y responsable cuando ya muy pronto puedan hacerlo?

Cualquier cantamañanas, con argumentos menos ridículos y absurdos que los arriba expuestos, pero tan falsos o más, les convencerá de que el círculo es cuadrado. Utilizarán además, no datos, no realidades objetivas, sino eslóganes, frases hechas, mantras que nada significan pero que funcionan con quien tiene poca cultura (aunque haya pasado por la universidad), con quien no se pregunta jamás el porqué de las cosas, con quien no sale de su mundo nunca, porque eso le haría hacerse preguntas embarazosas.

Y así estamos, y así seguiremos.

Amén.


130 días sin llover. Solo 11 litros.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Guarro y encima miente.


 

Se quejaba un amigo de que tiene alumnos no ya solo maleducados, sino amorales, es decir, sin un criterio mínimamente asumido que les ayude a discernir lo que está bien de lo que está mal.

Y es verdad. Esto está pasando, y cada vez más, pero no me extraña porque es la sociedad entera la que carece de ese criterio. Y ellos viven en esta sociedad.

Una prueba muy clara está, por ejemplo, en la publicidad de un producto para lavar la ropa. No lo nombro; lo reconoceréis enseguida.

Aparece un adolescente que dice a sus padres, muy alegre, que ya está todo recogido, y se va. Se quedan sorprendidos aunque suponen la verdad. A renglón seguido se ve cómo sus muy amables y complacientes progenitores sacan una camiseta sucia y maloliente del armario del chavalín. El anuncio acaba con él poniéndose la camiseta limpia, todo sonriente, ante la madre también muy sonriente.

¿Cómo queremos que este chaval aprenda a distinguir lo que está bien de lo que está mal? El chaval lo ha hecho mal y encima ha mentido. La consecuencia es que sus papás hacen lo que debería haber hecho él y más, y encima parecen la mar de contentos y “pagaos” con su hijo. ¡Cuántos papás hay de estos!

A su servicio, aunque sea un guarro y encima mienta.

El anuncio, como veréis, es perverso porque normaliza más todavía lo que lamentablemente es demasiado normal. Porque un chaval que funciona así en su casa, funciona así allá donde va. Y ¿qué puede hacer mi amigo ante esto? Desesperarse. Porque a ver quién es el guapo que les dice a esos papas que su hijo no cumple con sus obligaciones y encima miente.

A ver.

lunes, 5 de junio de 2023

Reflexión tras un sueño.


 

Hace unos días tuve un sueño de esos que recuerdas cuando te despiertas, al menos parcialmente. Y ese sueño me hizo pensar lo que voy a compartir hoy.

Tenía que acudir a un cursillo de formación permanente. Recuerdo que era en Blasco Ibáñez, por la mañana, y que estaban conmigo algunos compañeros ya jubilados también. El caso es que yo no tenía ningunas ganas de acudir al citado cursillo. Y ya en la sala donde se iba a impartir, pienso que si yo ya estoy jubilado, a santo de qué tengo que quedarme allí a perder la mañana. Y me largo, y me voy a almorzar. A partir de ahí, entrando al bar, el recuerdo del sueño se disuelve y se pierde.

Hasta el punto de soñarlo me han resultado insufribles la mayoría de cursillos a los que he tenido que acudir a lo largo de mi vida profesional. En mis primeros años pensaba que podían servirme de algo, pero pronto empecé a sospechar de qué iba la cosa, y con el paso del tiempo mis sospechas se fueron confirmando.

Aparte de ser un negocio bastante turbio que mueve importantes cantidades de dinero, a menudo europeo, son la herramienta que las autoridades educativas han utilizado para ir trasformando la educación en el bebedero de patos que es ahora.

Porque la pedagogía, desgraciadamente, no es más que la ideología del poder político disfrazada de ciencia. Y en España, desde el fiasco de la LOGSE, cada vez que han mandado sus mentores han continuado ahondado en el caos, y cuando han mandado "los otros", no han tenido ni tiempo ni valor para dar la vuelta a la tortilla. Porque acuerdo entre unos y otros, tristemente, ni ha habido ni creo que haya nunca.

Por eso, y cuando me fui dando cuenta, perder el tiempo con lo que llamaban formación permanente me resultaba poco menos que insoportable, porque no era realmente formación, era adoctrinamiento, excepto algún que otro caso de cursillo muy técnico.

No soy de los que ven conspiraciones por doquier, pero no hay que estar muy avispado para intuir el proceso en su conjunto. Los políticos saben que controlar la educación es a largo plazo la clave de su ascenso y mantenimiento en el poder. Para ello pintan de pedagogía su forma de entender al hombre y a la sociedad, su propia ideología, apoyándose en ciertos gurús que florecen en la universidad y que no han pisado un aula de colegio o instituto en su vida. Luego legislan sin acuerdo alguno con “los otros”,  y después aplican la legislación para lo que se sirven de decretos y de los cursillos básicamente.

Y el sufrido maestro, el profe de a pie tiene que pasar sí o sí por ese aro, porque de algo hay que vivir, claro. Los novatillos, los simpatizantes del el régimen, y los más incautos entran más o menos en el juego, y la mayoría aguanta estoicamente pensando en los problemas de verdad que tiene en el aula, en lo mucho que le queda por corregir o en lo bien que estaría en su casa.

Y sabiendo que, con o sin cursillo, tendrá que hacer lo que le digan, porque como he dicho, de algo hay que vivir. ¡Qué lástima! ¡Cuánto dinero, tiempo y esfuerzo echados a la basura!

Pues esto pensé recordando mi sueño. No fue una pesadilla, al contrario, fue un sueño liberador. La pesadilla hubiera sido quedarme en el cursillo.

sábado, 26 de noviembre de 2022

¡Es que juega Messi!


Me contaba un amigo que trabaja de profesor en un instituto que un día de estos vio a un alumno viendo un partido de fútbol en clase en su móvil. Le dijo que tal cosa no se hacía. El alumnuelo en cuestión se lo guardó para volver a sacarlo un momento después y seguir viendo el partido.

Mi amigo volvió a decírselo y entonces obtuvo una respuesta alucinante, ¡es que juega Messi! Como si tal cosa justificara el hecho de sacar el móvil en clase, estar viendo en él un partido y desobedecer dos veces consecutivas a un profesor.

Lo envió al aula de convivencia, eufemismo este para designar el aula a la que van los que hacen en clase lo que no deben pese a las reconvenciones y amonestaciones de los profesores. El aula de los expulsados de clase, sería más correcto, pero ya sabéis que en educación a nada se le llama por su nombre, y nada es lo que parece.

El caso es que el chaval se fue haciendo aspavientos y con la mirada desencajada, sintiéndose, a buen seguro, víctima inocente de una horrible injusticia.

Pero este es otro asunto. Mi reflexión es la siguiente. ¿Qué demoníaca deformación mental implica el pensar que porque juegue ese señor, puede haber bula para pasar de las normas más elementales de un instituto?

He de decir, en honor a la verdad, que ni a mi amigo ni a mí nos gusta el fútbol, y que hemos logrado sobrevivir hasta hoy sin saber la cara que tiene ese tal Messi, lo que ya es difícil.

Pero esto no quita que con anécdotas como esta, pensemos con preocupación la deriva que la sociedad entera y un sistema educativo desnortado y caótico han tomado desde hace tiempo. Porque aunque fuera mi amigo un forofo del fútbol, creo que tampoco hubiera permitido a este alumno hacer lo que hizo.

El fútbol, como otras cosas, está fuera de raíles, sobredimensionado, elevado a la categoría de lo absoluto, y eso nunca es bueno, nunca. Mirad cómo deforma la mente de un adolescente.

viernes, 21 de octubre de 2022

Una falla llamada educación.


De lo mucho interesante, y cierto en mi opinión, que dijo Pérez Reverte en la entrevista del otro día, destaco hoy lo siguiente:

"Yo repetí tres cursos en bachillerato, tres. Una con todos suspensos, me echaron del colegio y no fue ninguna tragedia"

La conclusión a la que llego oyendo esto del académico de la Lengua es que a él no le engañaron, y quizá ese sea uno de los motivos por los que hoy es quien es y es lo que es.

En aquel tiempo, también el mío, en educación, el pan era pan y el vino, vino, para bien y para mal. A mí mismo me aprobaron por pelos, en el colegio donde había estudiado toda la vida, en tercero de bachiller, invitándome a que no estudiara COU allí; no daba la talla.

Aunque no fue plato de buen gusto, tampoco fue una tragedia. Hice COU en otro centro, aprobé a la primera y en la universidad sacaba matrículas. Tampoco me engañaron. Allí no funcionaba, por lo que fuera, y era la verdad; en aquel momento no era mi sitio.

Hoy en día el sistema educativo es una falla. Nada es lo que parece, nada es verdad, nada es real. En una falla un plátano, por ejemplo, puede parecerlo, ser exactamente igual que uno de verdad, pero es cartón pintado.

Confundiendo la igualdad de oportunidades con la igualdad de capacidades y posibilidades reales, se acaba tratando a todos por igual aunque se predique lo contrario, limitando a unos y agobiando a otros.

Un afán desmedido de protección impide al niño fracasar al ocultarle siempre la verdad, con lo que no desarrolla defensas frente a la realidad de la vida que le espera en la que el fracaso forma inevitablemente parte de ella.

Una filosofía de la vida simplona y ridícula, de dibujitos animados ñoños, con frases como querer es poder y demás, aumenta el engaño, abocándolos a frustraciones frente a las que no tienen defensas, porque no les han dejado desarrollarlas.

Todo este cúmulo de desatinos y otros que omito por no hacerme largo, han tenido como lógica consecuencia situaciones tan absurdas como las dificultades para suspender a un alumno, hacerle repetir o mejorar su comportamiento. Estas dificultades son cada día mayores, y si los padres no están con el colegio de un modo activo y leal, el profesor que intenta hacer esto, necesario en un proceso educativo de calidad, se mete en un berenjenal de consecuencias imprevisibles.

Además, los que sí quieren estudiar, tengan más o menos capacidad, tienen que soportar a menudo la tiranía de los que no quieren aunque podrían y que bloquean día tras día el desarrollo de las clases con comportamientos inaceptables reiterados. Y ojito con lo que hace el docente y en cómo lo hace, ya que el sancionar, suspender o hacer repetir es para el colegio, como ya he dicho, un complejo proceso que incluso puede no llegar al final a buen puerto, con las consecuencias demoledoras para todos que ello conlleva. Porque además, como dicen, todos acaban pasando.

Es muy difícil hacerlo bien. Los docentes, maniatados, no tienen más opción que acabar colaborando en la inmensa mentira que deja a las nuevas generaciones “indefensos para cuando venga el apagón”, como dice también Pérez Reverte.

Me siento como un soldado forzado a ir a la guerra con una escoba como arma. El enemigo sí está muy bien armado. ¿Qué voy a hacer? Me decía un amigo, profesor y maestro, hace unos días.