FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 1 de septiembre de 2026

Legislación obsoleta.


El tema de los incendios forestales tiene muchas vertientes, y solo la implicación de todas ellas, de manera coordinada y eficaz, puede ayudarnos a reducirlos. Hoy, a propósito del reciente incendio de El Saler, quiero hablar de una de esas vertientes: la judicial.

Estoy convencido de que la legislación al respecto está obsoleta. Como los jueces deben ceñirse a ella, el resultado es que, por mucho que la Guardia Civil se esfuerce —y pienso que lo hace— en determinar el origen del fuego, las consecuencias para el responsable resultan insuficientes. Esto ocurre incluso cuando se demuestra que el incendio fue intencionado y se consigue detener a su autor, especialmente si comparamos la pena con el daño causado.

Decía un periodista, hablando del autor del gravísimo incendio de Riglos de este mes de agosto, que a quien lo inició podían caerle hasta seis años de cárcel. ¿Hasta seis años? Como si eso fuera mucho. La legislación actual puede imponer hasta veinte si el incendio pone en peligro vidas humanas. Y aunque no las ponga, diría yo. Eso sería más proporcionado. Además habría que añadir la obligación de asumir los costes de extinción y de posterior restauración, lo que hipotecaría para siempre la vida del delincuente.

En el momento en que vivimos, con el cambio climático en marcha, las consecuencias de los incendios son de extrema gravedad. El daño humano y medioambiental resulta difícil de calcular, de hecho es incalculable, y las posibilidades de reparar los ecosistemas afectados son cada vez menores. A ello se añaden las ingentes cantidades de dinero que cuesta extinguir los incendios y restaurar las zonas quemadas.

Si nuestros representantes políticos se tomaran verdaderamente en serio la protección del medioambiente y de la naturaleza, esta situación cambiaría por completo. Las penas por los incendios forestales, y mucho más si son intencionados, deberían ser pues mucho más severas, especialmente cuando el fuego ponga en peligro vidas humanas, afecte a espacios protegidos o cause daños ecológicos irreversibles.

Ya sé que el endurecimiento de las penas no resolvería por sí solo el problema, pero podría ser un elemento más. Como se dice en valenciano, tota pedra fa paret.

Sin embargo, temo que esto no ocurra. Ni los responsables políticos ni la ciudadanía, por mucho que a veces parezca lo contrario, nos tomamos suficientemente en serio eso que el papa Francisco denominó la «casa común». Y es la única que tenemos.

sábado, 29 de agosto de 2026

Palabras para Sergio.


Hace algunos años, uno de mis alumnos entró en el seminario. Hoy ha sido ordenado diácono.

Buenas tardes. Sergio.

 A ti van dirigidas estas palabras esta tarde de sábado. Te conozco hace muchos años, y más te conocí cuando te tuve de alumno de filosofía en 4º de secundaria, en aquella aulita pequeñita, así la quise, en la que nos sentábamos en círculo para vernos las caras y hablar más y mejor.

No estabas aún bautizado. Me acuerdo del día de tu bautismo, y del de tu primera comunión, poco tiempo después. Todo discreto, sencillo y cierto, sobre todo cierto. Tu ingreso en el seminario no fue una sorpresa, al menos para nosotros. Tu vocación se iba dibujando como un trazo firme y vigoroso, a la vez que misterioso y sorprendente; y si no que se lo digan a tu padre, también exalumno mío, y a tu madre.

Y es que toda vocación es, en el fondo, un misterio sorprendente. Sabes bien que Dios llama de muchas maneras, en momentos distintos y a través de caminos que no siempre alcanzamos a comprender. Pero hay algo que permanece: Dios llama porque nos ama, y nos llama porque como dice san Agustín “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Por eso nos llama.

Cuando se es joven uno se plantea qué quiere hacer con su vida, qué queremos conseguir, qué profesión queremos ejercer o qué metas queremos alcanzar. Tú, como todos, a casi todos, lo hiciste. Pero encontraste en el Evangelio otra pregunta, una pregunta mucho más profunda: ¿para quién quiero vivir? Porque quizá el verdadero sentido de la existencia no consista en acumular experiencias más o menos exitosas o satisfactorias, sino en descubrir que más allá de todo eso nuestra vida tiene un destino y una misión, un sentido.

            La vocación cristiana, tu vocación, es precisamente eso: escuchar la voz de Dios y atreverse a responder. Y eso sí da sentido a la vida. Ya sabes que no significa tener todas las respuestas ni conocer de antemano todo el camino. Significa confiar en Aquel que te ha llamado y dar un paso adelante, sabiendo que en el camino, como en Emaús, está con nosotros, aunque no nos demos cuenta demasiadas veces. Por eso hay que decirle cada día, “quédate con nosotros, la tarde está cayendo.”

Y hoy, con la ordenación diaconal, ese camino adquiere una nueva dimensión: la del servicio.

El diácono recibe una misión hermosa y exigente: servir a Cristo sirviendo a los hermanos; anunciar el Evangelio, asistir a la comunidad y hacer visible, con su vida, que el amor cristiano no son palabras, sino una entrega concreta.

Por todo esto, al saber que hoy ya eres diácono, sentimos Isabel y yo alegría y gratitud. Alegría por verte avanzar en el camino al que Dios te ha llamado; y gratitud porque, de algún modo, quienes hemos tenido la oportunidad de acompañarte en alguna etapa de tu vida hemos sido también testigos del bonito proceso de tu vocación.

Querido Sergio, hoy comienza para ti una nueva etapa. Que nunca dejes de escuchar la voz de Cristo. Que tu oración te mantenga siempre unido a Él. Y que, cuando lleguen las dificultades, recuerdes que no caminas solo: Aquel que te llamó permanece contigo.

Que María, te enseñe a responder cada día con la misma confianza: “Hágase en mí según tu palabra.”       

Y que toda tu vida sea una respuesta sencilla y generosa a la llamada de Dios: una vida colmada de sentido, entregada a Cristo, al Evangelio y a los hermanos.

¡Enhorabuena, querido Sergio!. 

¡Que Dios bendiga!

viernes, 28 de agosto de 2026

Ama y haz lo que quieras.


 

Vuelvo al blog tras el paréntesis estival con tres frases de san Agustín, hoy que celebramos su día. Aunque muy conocidas, siempre es bueno recordarlas.

Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor.

Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.

No se accede a la verdad sino a través del amor.

viernes, 31 de julio de 2026

Bien está lo que bien acaba.


 

Estábamos comiendo en un bar y escuchando, sin querer, la conversación de la mesa contigua que giraba sobre todo alrededor de temas médicos y de salud. Hablaba sobre todo un señor muy arrugadito y encorvado, esto lo vimos después, y le escuchaban un señor y una señora, también arrugaditos y encorvados, y un chaval joven.

De repente el chaval se levanta rápido y al momento se desmaya cayendo aparatosamente sobre un mueble ligero, lo que le evita una peligrosa caída al suelo, pues queda tendido sin conocimiento.

De inmediato se forma el consabido círculo alrededor, sus compañeros, los camareros, otros comensales… Le levantan las piernas, le hacen aire y pronto vuelve en sí, y se va recuperando poco a poco. Al ratito, no mucho, se levanta y ya sonriendo, y por su propio pie, vuelve a la mesa.

Y pienso, ya ves, el joven de los cuatro es el que se desparrama. Pero bueno, bien está lo que bien acaba.

Al acabar de comer y salir del bar, vemos a un señor que habiendo salido solo de un coche, se dirige, cojeando un poco, con una pierna vendada, hacia una señora que, sonriendo y con los brazos abiertos corre hacia él. Se abrazan y él estalla en llanto, mientras la señora, sin dejar de sonreír, mantiene el abrazo. ¡Qué bonito!

Sí, dos historias muy juntas que han tenido en común el haber acabado bien. No sabemos por qué se ha desmayado el chaval ni porqué llora el señor. Pero bueno, todo parece estar ya en orden.

Pues eso, bien está lo que bien acaba.

martes, 28 de julio de 2026

Un jardín o un desierto.


 

Dije ayer que escribiría hoy sobre los incendios. Y eso voy a hacer. Y voy a hacerlo recordando la respuesta que un político, muy ecologista él, dio a un bombero que se quejaba de la falta de limpieza del monte. El monte no puede ser un jardín, le dijo.

Estúpidas palabras que mostraban su profunda ignorancia, justificando además, de paso, su absoluta incompetencia. Pensé, si no es un jardín será un desierto. Y hacia ahí vamos a marchas forzadas. Porque está claro que no están por la labor de que sea un jardín; a los hechos me remito.

El problema del fuego es complejo, y tiene varias causas bien definidas que voy a intentar explicar desde mi punto de vista que no es el de un técnico, sino el de alguien que siempre ha amado el monte, que por eso lo recorre incansable y lo conoce. Es ahí donde me siento de verdad libre, y yo soy más yo que en ninguna otra parte.

En primer lugar hemos de volver la vista al éxodo rural, a mediados del siglo pasado. El abandono masivo de los pueblos supuso dejar sin cuidado alguno miles de hectáreas de cultivos mayormente de secano, los caminos que a ellos accedían, las masías y las aldeas cuyos habitantes mantenían limpio el monte porque vivían de él y en él. La ganadería también fue a menos. Y hubo más consecuencias, pero para no hacerlo largo, podemos resumir diciendo que la interacción del hombre con la naturaleza se alteró profundamente.

Y ahí está el origen del problema. Desaparecido un ecosistema hombre-naturaleza muy arraigado en el entorno mediterráneo, la alternativa fue el abandono. Naturaleza sin hombre. No se buscó, ni se busca, crear otro ecosistema sostenible que incluya al hombre. El monte, como más, es polideportivo o parque de atracciones de una sociedad urbanita que desconoce y a menudo desprecia la naturaleza y su funcionamiento. Ignoran que es un ser vivo; para ellos son instalaciones deportivas.

Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Porque ante esta situación, nadie, nadie ha hecho nada serio para buscar una solución, más bien al contrario, se han puesto zancadillas a menudo a quienes han intentado hacer algo al menos en su ámbito más próximo.

Son los cuatro aliados de los incendios que, cual jinetes del Apocalipsis cabalgan cada verano, y a veces fuera del verano, por nuestros montes.

El primero son los políticos, quiero pensar que no todos. En cualquier caso no han sido capaces de ponerse de acuerdo en una planificación a largo plazo para establecer un plan nacional que responda a las consecuencias del éxodo rural en nuestros montes. Por eso no lo hay.

También son ellos responsables de promulgar leyes demasiado tibias ante los delitos contra el medio ambiente. Provocar un incendio, por descuido o deliberadamente, debería ser tratado como crímenes contra la humanidad, como terrorismo. El daño que nos hace a todos es descomunal, la devastación absoluta, las consecuencias irreversibles.

Y también son responsables de no invertir el suficiente dinero en prevención, limpieza de montes, arreglo de caminos, vigilancia con las nuevas tecnologías (cámaras térmicas, drones etc.) Y no hablo solo del dinero que se nos va con la corrupción, sino del que se emplea en cuestiones meramente ideológicas, más que discutibles, mientras se escatima, por ejemplo, en vehículos y personal, necesarios cuando el desastre se desata.

El segundo, los ecologistas, también espero que no todos. Con esa obsesión por no intervenir en la naturaleza, "dejadla en paz, ella sabe cómo hacerlo", he leído en algún cartelito, demuestran su ignorancia absoluta y una ideologización que les impide ver la realidad. Si el monte llegó a nosotros como llegó a mediados del siglo pasado, fue por la interacción constante y estrecha con el hombre. Y la alternativa no es el abandono, sino buscar otras formas de interacción. En el ecosistema mediterráneo el hombre es un elemento esencial. La población dispersa, la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca, la explotación forestal son imprescindibles para que el ecosistema sea sostenible. Sin la presencia adecuada del hombre el ecosistema mediterráneo se destruye.

No puedo olvidarme, permitidme decirlo así, de los imbéciles, de la mala gente que vive entre nosotros. De los que los provocan porque sí, o por cualquier peregrino motivo más o menos patológico; del de la barbacoa; del de la radial en la caseta; del de la motosierra; del que utiliza mal y a destiempo vete tú a saber qué máquina, de la basura echada por todas partes… En fin, mil formas hay de traer el infierno al paraíso y de quemar el presente y el futuro de pueblo enteros.

¿Y el cambio climático? Bueno, pues también. Pero si las cosas se hicieran como deberían hacerse, estoy convencido de que su impacto sería infinitamente menor. Más aún, creo que se podría reducir al mínimo. Impactaría en otros ámbitos, pero con el tema del fuego, no.

Pero bueno, ahí tenemos ardiendo Espadán, aquellas bellísimas montañas que no volveré a ver verdes. Eso aquí, que en otras partes… mejor no hablar. Y aún queda mucho verano, demasiado.

Por todo lo dicho concluyo que lo que dejaremos a las generaciones venideras, a los que no han nacido aún, a los niños y jóvenes de ahora, será un jardín o un desierto.

lunes, 27 de julio de 2026

La crónica de una muerte anunciada.


 

Fue el 14 de octubre del año 2012 el día en que inicié el blog. Una primera entrada explicando el porqué del nombre, Los ecos secretos del silencio, y una segunda, el mismo día, hablando de la devastación que el fuego había provocado aquel verano en muchos de nuestros montes.

Porque fueron los incendios los que me impulsaron a hacerlo. La brutal y rabiosa impotencia que sentía y siento ante esto, y la consiguiente necesidad de desahogo, es uno de los motivos. El hacer algo, por poco que sea, es el otro. Escribir, a veces, puede ser útil. ¡Qué más puedo hacer!

Decía un día un amigo que al escribir un blog uno lo que está haciendo es buscarse a sí mismo, buscar el reconocimiento de los demás. No es mi caso, y mucho menos en el tema del fuego. Si alguna de las muchas entradas sobre este tema alguien la hace suya y la publica en su nombre, lo que se llama plagio, no tengo ningún problema.

Todo el blog está abierto a cualquiera que desee hacerlo suyo. Permiso para plagiar. Porque, y hablando del fuego, la función de desahogo de mi impotencia ante los incendios estará cumplida, y si alguien con más predicamento que yo, hace públicas mis reflexiones y denuncias como si fueras suyas, ¡bendito sea Dios!

Y en esta línea escribo hoy, una vez más con el fuego como protagonista. Me he resistido a hacerlo porque me había planteado descansar dos meses y porque me cuesta mucho escribir sobre esto sin perder los estribos. Pero las trágicas circunstancias se imponen.

El tema del fuego es la crónica de una muerte anunciada. Mil veces anunciada. Pero poco o nada se hace para evitar esa muerte. Más aún, todavía hay quien tiene el cinismo y la sinvergonzonería de acusar del desastre al cambio climático en un simplificación de la realidad burda y ridícula.

No señor, no. No y mil veces no. Cínico y sinvergüenza hay que ser para decir eso y quedarse tan terne. Las causas son varias, y el cambio climático es una de ellas y no la más importante.

Pero claro, para eso hace falta ser capaz de hacer un análisis de la realidad más allá de ideologías y partidismos. Hace falta priorizar necesidades e invertir en atenderlas. Y prioridades hay tres, educación, sanidad y medio ambiente. Lo demás viene detrás.

Sobre todo esto hablaré en una próxima entrada que quiero publicar mañana. Hoy acabo reseñando algunas de las muchas que he escrito sobre este tema en la sección Montes verdes. Podéis leerlas tecleando el nombre en el buscador del blog, en su versión web, tanto en el móvil como en el ordenador.

Fue el verano de 2012.

¡¡¡Cuidadín!!! Estamos en un polvorín.

El monte vuelve a ser un polvorín.

Era muy bonito pero no hay que fiarse.

No estaría de más.

Evitar lo evitable.

Empieza el verano. Aviso importante.

¿A quién advierte el cambio climático, sr. Sánchez?

Desahogo desde el miedo y la tristeza.

Villanueva de Viver. Y dicen que progresamos.

…

viernes, 3 de julio de 2026

Muy mal, aunque podría ser peor.

No solo es que el fin de semana se presenta feo de narices por el calor, es que la semana que viene va a ser aún más fea e insoportable con la segunda ola de calor del verano.

Las máximas empezarán a subir mañana mismo, día tras día, hasta llegar a los 39-40 hacia el miércoles. Las mínimas se quedarán en los 22-23. Es posible que a partir de ahí bajen un par de graditos; menos da una piedra.

El cielo seguirá despejado y el levante también seguirá con nosotros, afortunadamente. Porque si con levante llegaremos a 40, no quiero pensar qué pasaría en una “ponentá”.

El otro peligro, aparte del calor desbocado, es la posible formación de tormentas que, aunque no está previsto que lleguen aquí, pueden provocar incendios por el interior, pues las cantidades de agua no serán muy cuantiosas y los rayos, en el monte seco…

En resumen, un fin de semana, preámbulo de otra mala semana. Como veréis mal, todo bastante mal aunque podría ser peor, mucho peor.

Y aún no hemos llegado a la canícula.


Sucedió en La Maladeta.


 

Tan poderosa por encima de nosotros, ¿no será solamente una cosa? No, ciertamente, si es verdad que nos llama y que la nombramos. Su vida humana comenzó con este cambio, con la mirada, que anima; con la voz, que despierta. Desde entonces hay en ella todo lo que es del hombre, todo lo que él ha puesto allí; y todo lo que le sobrepasa.

G. Sonnier.

Me contó ayer mismo un amigo una experiencia que tuvo no hace mucho en los Pirineos. Me impactó, por eso quiero recogerla en el blog y compartirla.

Era sábado, había subido esquiando el Aneto con un amigo, para luego dirigirse al pico Maladeta, pero su amigo optó por regresar ya al valle y él siguió solo hacia la que sería la segunda cima del día.

Tras ascender el glaciar de la cara norte llegó a la base del corredor que conduce a la cresta cimera. Allí había una cordada que no se decidía a acometer la ascensión de dicho corredor, y un chaval que iba solo, que también tenía sus dudas sobre si meterse en él o no.

Mi amigo, comprobando que el estado de la nieve era aún aceptable, se decidió a subir, y viéndolo este chaval se decidió a subir también con él. La cordada renunció e inició el descenso. Quedaron solos en la montaña.

Hicieron cima. Contemplación, silencio… Entonces, allá arriba, en la cumbre, mi amigo se sorprendió cuando le dijo “he subido hoy aquí por algo. Íbamos a venir mi novia y yo. Falleció hace mes y medio. Pero yo he venido”.

Ante tales palabras mi amigo, desbordado, le preguntó, ¿puedo abrazarte? Y allí, a 3312 metros de altitud, solos, dos desconocidos se fundieron en un abrazo y estallaron en llanto. Un llanto, profundo, largo… necesario y liberador.

“No hubiera subido solo, le dijo a mi amigo. Estoy aquí gracias a ti”. Afortunadas casualidades enlazadas de tal modo que aquello fue lo que tenía que ser. Sin más testigos que la montaña y el cielo, La Maladeta acogió todo lo que aquel hombre y su chica habían puesto en ella, y todo lo que les sobrepasaba. ¿Casualidades?

No es la montaña una cosa. Es mucho más. En aquel momento era lugar de encuentro de dos desconocidos que se abrazan, que lloran juntos, porque es mucho más lo que nos une que lo que nos separa a las personas. Era presencia en la cima de alguien que ya no está, y que de alguna forma, yendo allí, se hace presente en el límite mismo de la tierra de los hombres, más cerca del cielo. Era el deseo de seguir viviendo más allá del dolor y el sufrimiento. Era la montaña devolviéndote, como un ser que te quiere, mucho más de lo que tú le has dado. Era, en fin, si eres creyente, un regalo de Dios, que no es quien se la quitó, sino quien se la devolverá.

Sí, es una experiencia fuerte, profunda, en la que vemos con claridad diáfana, que la montaña es un ser desde que el hombre la miró y la nombró, iniciando así una larga y hermosa historia de amor.

No conozco a aquel chaval, solo sé que es uruguayo, pero quiero desde este blog, mi amigo se lo hará llegar, desearle de todo corazón que siga en las montañas; que esa ascensión a La Maladeta, triunfo de la vida sobre la muerte, ilumine su caminar, le colme de paz, y le dé la esperanza de volverse a encontrar con su chica en esa cima de la que ya no habrá que bajar, y en esa luz cuyo pálido reflejo encontramos algunos en el cielo de las montañas.

jueves, 2 de julio de 2026

La cascada del Cervino.

 


Como si se tratara de la primera secuencia de una de estas películas catastrofistas vemos asombrados la cara norte del Cervino con una gigantesca cascada. Lo que ocurre es que no es una película. Esta impresionante y bellísima montaña de los Alpes, de la que se ha dicho que es el más noble escollo de Europa, escenario de grandes gestas, terribles tragedias y profundas alegrías es uno de los símbolos del alpinismo y probablemente una de las montañas más conocidas del mundo.

Con su inconfundible presencia eleva solitaria sus 4478 metros, rodeada, de glaciares y, a respetuosa distancia, otros muchos cuatromiles. Pienso que es una de las montañas más bonitas del mundo. Quizá la montaña por excelencia.

Su cara norte, de 1200 metros, oscura, helada, a menudo nevada en verano, ha sido escenario de algunas  de las ascensiones clásicas de los Alpes, reservada a quienes gozan de un alto nivel de escalada.

He podido disfrutar de ella en varias ocasiones, contemplándola desde el pueblo, Zermatt, desde un pequeño lago a sus pies donde pasé varios días acampado; desde el refugio de la vía normal por Suiza, el refugio de Hörnli y desde las montañas a las que he ascendido en aquel valle suizo donde ella reina como dueña y señora, eclipsando incluso con su presencia a la segunda más alta de los Alpes que se eleva frente a ella, el Monte Rosa.

Pues bien, como he dicho, desde hace unos días una monumental cascada que se ve desde el pueblo cae por su cara norte. En alguna ocasión en veranos muy cálidos, o después de fuertes tormentas, se han visto pequeñas caídas de agua, pero nunca lo que ahora estamos viendo.

Y esto es significativo y muy peligroso. El calor excesivo no es que sea malo para nosotros, que lo es, es la naturaleza entera la que está afectada, transformándose de un modo muy acelerado con consecuencias que no sabemos a dónde nos pueden llevar, y ni si seremos capaces de adaptarnos nosotros a dichas trasformaciones.

En el mundo de la montaña está teniendo un impacto directo, cerrando, quizá para siempre, rutas de ascensión clásicas, forzando a abrir otras nuevas, aumentando su dificultad e incluso haciendo inviable el acceso a ciertas cimas, aparte de disparar el número de accidentes.

La norte del Cervino, ahora con su enorme cascada, es tan hermosa como trágica, es un grito de la montaña, de la naturaleza, diciéndonos alto y claro, que nada va a ser como era hace tan solo unas pocas décadas.

La pregunta es ¿cómo estará la humanidad en este nuevo horizonte hacia el que cada vez más y de un modo más evidente se encamina el planeta? Porque la vida se adaptará a los cambios, como lo ha hecho desde que surgió en la tierra, durante millones de años, pero nosotros ¿seremos capaces de hacerlo?

Ante la gran cascada de la norte del Cervino me viene a la mente el final de un himno de la liturgia de las horas:

Que el hombre no te obligue,

Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.

 

A continuación tenéis el himno entero. 

 

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto, los primeros animales.

 

De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro,

Vigor, Origen, Meta

de los sonoros ríos de la vida.

 

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía,

tus manos son recientes en la rosa;

se espesa la abundancia

del mundo a mediodía,

y estás de corazón en cada cosa.

 

No hay brisa, si no alientas,

monte, si nos estás dentro,

ni soledad en que no te hagas fuerte.

 

Todo es presencia y gracia.

Vivir es ese encuentro:

Tú, por la luz; el hombre, por la muerte.

 

¡Que se acabe el pecado!

¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

 

Que el hombre no te obligue,

Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.




domingo, 28 de junio de 2026

Malos tiempos para la vida.

Mientras veo cómo el radar capta una precipitación importante sobre nosotros que no llega al suelo, el agua se evapora antes por el calor, escribo que lamentablemente nos espera otra semana muy caliente.

Las máximas estarán entre 35 y 36 grados, bajando el jueves, con un poco de suerte, a 32. Las mínimas no bajarán de 22 o 23, o sea que el refrescamiento nocturno será mínimo, y nulo en los cascos urbanos donde el asfalto, los edificios y los aires acondicionados retienen el calor.

El cielo, con el sol como dueño y señor castigará sin compasión desde que salga hasta que se oculte. Y el viento, el único aliado en estos momentos, seguirá entrando del mar, afortunadamente.

Porque aunque aumenta la sensación de calor siempre será mejor que el poniente, que tal y como están las cosas, dispararía las temperaturas por encima de los 40 lo que podría desencadenar una auténtica devastación.

Malos tiempos para la vida.


Hasta el cuarenta de mayo...


 

Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, y en agosto frío en rostro. Estos dos refranes delimitaban los veranos de antes. Empezaba a hacer calor hacia el diez de junio y a partir del quince de agosto, fuera de las horas centrales del día, ya hacía una temperatura agradable, incluso fresca en ocasiones.

Cierto que había algunos días que el termómetro se disparaba, pero algunos días. Yo recuerdo aquellos veranos humanos, en La Cañada donde veraneaba. Y pienso también en Fuente la Higuera, donde pasábamos la primera quincena de septiembre, que al salir de la novena por las tardes, mis padres nos ponían bufanda.

Aquello pasó. Estos refranes quedan como testimonio triste de otros tiempos porque ahora son absolutamente falsos. Es muy grave lo que está pasando.

Riesgo extremo de incendios. Aragón, por ejemplo, ha restringido este fin de semana el acceso a zonas forestales, incluido el Pirineo, donde por ejemplo, en Benasque, han suspendido el servicio de autobús a Besurta, Vallibierna y Espigantosa.

En muchas zonas, la sequía asoma el hocico. Aquí en Ribarroja, en los tres meses de primavera han caído cuarenta y seis litros. Y con este sol implacable y estos calores, el monte está terriblemente seco y con una ingente carga de combustible.

En los Alpes cierran el acceso a muchas montañas por riesgo de avalanchas y rotura de los glaciares. Extreman la vigilancia de los que están sobre zonas habitadas.

Los vencejos y gorriones jóvenes que aún no saben volar, huyen de sus nidos recalentados y se estrellan contra el suelo. He visto ya varios.

En Francia el sistema de salud está saturado y muchas funerarias desbordadas. Golpes de calor, ahogamientos, infartos, agravamiento de enfermedades crónicas… Y así en otras partes de Europa.

Cierran ferrocarriles, vuelos, cancelan eventos de todo tipo. El turismo se contrae, saturando las zonas presuntamente más frescas y vaciando otras.

La agricultura se altera severamente al romperse los ritmos naturales de temperatura y humedad, ambientales y del suelo.

Y aún podríamos seguir desgranando las consecuencias de lo que nuestra torpe y egoísta forma de relacionarnos con la naturaleza está provocando.

La falta de una intervención en el mundo rural a largo plazo que facilita la despoblación y dispara el riesgo de incendios forestales; la reducción de la naturaleza a un polideportivo con actividades como el ciclismo o las carreras, con un fuerte impacto ambiental; la basura que orla carreteras, pistas y senderos, y otras muchas acciones u omisiones cotidianas, son la prueba del poco aprecio y nulo respeto que pese a lo que pueda parecer tenemos por el planeta en el que vivimos.

Y no es que por todo lo que le estamos haciendo a la naturaleza se esté vengando. No, no es una venganza, es que estamos rompiendo el casco del hermoso buque, ese prodigio de vida, por el que navegamos por el Universo. No se venga, lo estamos hundiendo nosotros mismos.

Por eso, porque lo estamos hundiendo, hemos de quitarnos el sayo mucho antes del cuarenta de mayo y esperar el frío en el rostro más allá del Pilar, bastante más allá.

sábado, 27 de junio de 2026

Es una actividad simplemente insostenible.

Es un tema del que he hablado muchas veces en el blog, pero voy a hacerlo otra vez, a las puertas de julio. Es el de las bicicletas de montaña por los senderos. Y vuelvo porque es a mi entender un asunto mucho más grave de lo que parece, y que se agrava en verano.

De entrada, las que llevan motor son vehículos a motor, por lo que por lógica deberían estar totalmente prohibidas en los senderos. Pero las otras, también.

No es cuestión de opiniones, son hechos, aunque no hay peor ciego que el que no quiere ver. La rueda no pisa, como el pie, arrastra y tritura abriendo una zanja que el agua se encarga de agrandar. En pocos años, muy pocos, un sendero de siglos se convierte en una zanja impracticable incluso para las bicis, por lo que para evitarla van ensanchándolo, por lo que acaba convirtiéndose en una rampa pedregosa de difícil tránsito y que facilita enormemente la erosión con las graves consecuencias que de ello se derivan.

También los hay que van más allá bajando a campo través sin respeto ni al terreno, ni a la vegetación, ni a casi nada que se les ponga por delante. De estos, afortunadamente no hay tantos.

Los senderos son un bien natural, forman parte del paisaje, cultural e histórico al que tienen derecho las futuras generaciones. Y la naturaleza no es un polideportivo, es un ser vivo toda ella, en la que se dan millones de interacciones (clima, suelo, vegetación, fauna…) que es necesario por el bien de todos respetar.

No me vale eso de que la naturaleza es de todos, porque precisamente porque es de todos nadie tiene derecho a agredirla ni a deteriorarla de ninguna forma, porque es de todos.

Y no es un problema de educación, como algunos piensan. “Yo voy despacio y respeto a los senderistas, las plantas, los bichos…” De muchos no lo dudo, lo he visto; es un problema de sostenibilidad.

El ciclismo en senderos es insostenible lo mires por donde lo mires. Y punto. Es un hecho, solo hay que salir y verlo.

Ante esto nadie está haciendo nada, simple y llanamente porque mueve dinero, mucho dinero. Ni las administraciones, ayuntamientos incluidos, ni los ecologistas. Todos miran a otra parte. Y callan. Luego se les llena la boca hablando de sostenibilidad.

Pero es mentira. Salid a los senderos de la Calderona. Un parque natural. O a los de aquí cerca, Las Rodanas, zona también protegida. En todas partes el deterioro de la red de senderos está siendo rapidísimo, y más desde que declararon legal esta actividad con unos argumentos absurdos e incluso cínicos.

Haría falta gestionar con valentía y ecuanimidad. Porque si la situación actual es hasta denunciable si alguien se pusiera a ello, la prohibición total pura y dura también sería un error. Ges-tio-nar, que es lo que no saben hacer, o no tienen lo que hay que tener para hacerlo.

            Esto acabará como acabó la acampada libre, prohibida. Y espero que no sea así, sin más, pero dudo mucho que haya gestores capaces de hacer esto bien. O seguiremos como ahora, la devastación, o lo prohibirán.

            Escribí en el blog una entrada en la que proponía una serie de medidas para reconducir esta situación sin radicalismos tan estériles como irritantes y a la postre, injustos. Si queréis leerla teclead en el buscador urge regular el ciclismo de montaña.

En fin, triste panorama el que tenemos delante. Calor desmesurado, grave peligro de incendios, basura, senderos reventados, actividades masivas en el medio natural…

Triste panorama.

A continuación podéis ver algunas fotos de senderos, todos ellos de zonas protegidas. Algunos los conocí antes de que las bicis los reventaran.










lunes, 22 de junio de 2026

No da más de sí.


Acaba de llegarme una foto de un termómetro de Zarrautz, hecha hace un momento, muy significativa y que no necesita comentarios. Allí, cuando lo instalaron nadie pensaba llegar a ver lo que ven hoy. Pensaban en los 15 bajo cero, era posible, pero 35… El termómetro no da más de sí.

Es grave, muy grave lo que está pasando. Da que pensar y asusta, porque estas aberraciones climáticas van a tener muchas e indeseables consecuencias.

domingo, 21 de junio de 2026

Maldito verano.

El verano, que ha empezado hoy, entra con ganas de hacer daño, mucho daño. Tener en junio temperaturas caniculares durante tantos y tantos días es una aberración climática con muchas consecuencias graves que van más allá de las molestias que puedan ocasionarnos. Pero es lo que tenemos, y poco podemos hacer.

La semana se presenta exageradamente cálida, sobre todo la primera parte. Temperaturas máximas de 35-37 y mínimas de 21-22. A partir del miércoles irán bajando un poco, situándose las máximas en 32-33, siguiendo las mínimas más o menos igual.

El cielo dejará que un sol implacable nos castigue muchas horas, y la atmósfera, del propio calor, estará turbia, agobiante. El viento entrará del este y sureste aumentando la sensación de calor, pero evitando que las temperaturas suban más todavía y el peligro de incendios sea más que extremo.

En fin, un parte que nunca hubiera querido escribir. Malditos veranos; antes no eran así, no, no eran así.


sábado, 20 de junio de 2026

Gracias por tu vida, doña Maite.

 


Quiero rendirle con estas breves palabras un homenaje a Maite, doña Maite, la que fue mi compañera en el cole durante muchos años, hoy, día en que ha partido a la Casa del Padre.

Cuando hace ya muchos años entré a trabajar en el colegio, en la EGB, Maite trabajaba en Primaria. Pronto me di cuenta de que era lo que llamamos una institución en el cole y en el pueblo. Su forma de ser, vivir, y educar tenía un fuerte magnetismo tanto sobre sus alumnos como sus familias, y los compañeros.

Atraía, daba seguridad. Quizá era su vitalidad desbordante, su alegría, su creatividad, su capacidad de trabajo, y de mantener la disciplina con cariño y con respeto. Sus alumnos la querían y las familias se fiaban, era doña Maite.

Y su clase, siempre pensé que tenía eso que llamamos clase y que aunque no sabiendo muy bien en qué consiste, si sabemos quién la tiene y quién no. Era, lo fue para mí desde que la fui conociendo, la maestra por excelencia, toda una maestra, y toda una señora. Y una persona enamorada de su tierra, Valencia.

De algún modo nos fuimos encontrando, y aunque nunca trabajamos en la misma etapa, se fue creando un vínculo discreto pero sólido porque creo que sin haber hablado mucho de educación, tarea a la que ambos nos dedicábamos, estábamos exactamente en la misma línea.

Una maestra de las de antes, como la copa de un pino. De las que trabajaba sin polvo y paja, entonces se podía. De las que se dedicaba a educar, y a eso entregaba su vida con ganas y entusiasmo contagiosos.

Sé que mucha gente del pueblo la tendrá para siempre en sus vidas, y que cuando se vayan enterando de su partida, tendrán para ella un entrañable e íntimo recuerdo, y una oración.

Gracias por tu vida, doña Maite.

miércoles, 17 de junio de 2026

Han encontrado la cruz del Aneto.


Ayer por la tarde, en un rescate, la Guardia Civil encontró la cruz del Aneto semienterrada. Despeñada por la vertiente norte de la montaña, y dada la abundancia de nieve, ha habido que esperar a que el deshielo la haya dejado a la vista.

Está entera aunque abollada, y ya ha sido llevada a las instalaciones del GREIM a la espera de ser restaurada de nuevo para volverla a subir a la cima con la esperanza de que siga allí muchos años más. La intención es colocarla antes de que acabe el verano. De momento la policía judicial está buscando en ella indicios que puedan conducir a la autoría de acto tan absurdo.

Y pienso que no fue un acto vandálico. Es algo mucho más oscuro y siniestro. Es el odio irracional a una forma de ser, pensar y vivir, que durante años se ha ido inculcando a mucha gente y que da así sus tristes frutos. Es el deseo de abrir debates sin sentido para enfrentar a la gente forzando posicionamientos innecesarios e imposibles.

Es la gente que busca mantener muy viva la maldición de las dos Españas negando así cualquier posible progreso al impedir la necesaria reconciliación nacional que casi logramos con la Transición.

No es un tema baladí. Me dolió cuando me enteré de lo que habían hecho con ella. Pero me duele más y me preocupa mucho lo que ese acto significa. Veremos qué pasa.

domingo, 14 de junio de 2026

Irremediablemente verano.

Tenemos por delante una semana monótona de verano. Continuidad de lo que ha sido el fin de semana. Las máximas oscilarán entre los 32 y 34 grados, y las mínimas alrededor de los 20, más por arriba que por bajo. Todos los días entrará levante, y el cielo estará despejado o con algunos nubes, según días.

La previsibilidad de estas jornadas es bastante alta, pero considerando que tierra adentro se pueden formar tormentas, podría haber alguna sorpresa, aunque no creo que tal cosa vaya a suceder.

Ya es, irremediablemente verano. Irremediablemente.


domingo, 7 de junio de 2026

Semana suave y tranquila.

Parece que la próxima semana será bastante tranquila, aunque lo mismo parecía esta pasada y no lo ha sido tanto. En principio el cielo estará despejado o casi, el viento entrará del este y sureste, flojo y no se esperan lluvias.

En cuanto a las temperaturas, ojalá se comporten como parece hoy que se van a comportar. Las máximas rondarán alrededor de los 29-30 aunque a media semana pueden quedarse en 25 ó 26, una delicia. Las mínimas se alejarán unos dos o tres grados de los 20, quedándose en los 17 ó 18 algunos días, ideal para dormir bien.

En resumen, una semana más propia de estas fechas, de finales de la primavera, y no de verano puro y duro, como ya hemos tenido que sufrir en más de una jornada.


Me elevaré por encima de los símbolos...


 

Hoy, domingo de Corpus, me he acordado de un fragmento de un texto que leí hace muchos años, siendo aún adolescente, y que me impactó profundamente, hasta el punto de convertirse en uno de los faros que han iluminado mi vida desde entonces.

Hablo de Teilhard de Chardin. Sacerdote jesuita, paleontólogo y filósofo. En su obra unió ciencia y fe de un modo, a mi parecer, hermosísimo y sorprendente.

Estando en Mongolia, en el desierto de Ordos, en unas excavaciones, el 6 de agosto de 1923, día de la Trasfiguración, se encontró sin pan ni vino para celebrar la eucaristía.

Y vive al amanecer de ese día una profunda experiencia de fe que comparte con este precioso texto.

"Ya que, una vez más, Señor, como en los bosques del Aisne, también en las estepas de Asia, no tengo ni pan, ni vino, ni altar; me elevaré por encima de los símbolos hasta la pura majestad de lo real, y te ofreceré, yo tu sacerdote sobre el altar de la tierra, el trabajo y el dolor del mundo.        

El sol acaba de iluminar, allá lejos, la franja extrema del Lejano Oriente. Una vez más la superficie viviente de la tierra se despierta, se estremece y vuelve a iniciar su tremenda labor bajo la capa móvil de sus fuegos. Yo colocaré en mi patena, Dios mío, la esperada cosecha de este nuevo esfuerzo. Derramaré en mi cáliz la savia de todos los frutos que hoy serán molidos…”

El texto completo se titula “La misa sobre el mundo”, y eso, justamente eso es lo que hizo aquel día, una misa, elevándose por encima de los símbolos hasta la pura majestad de lo real. 

Siempre que he tenido la dicha de vivir la eucaristía en alguna cumbre, me han venido a la mente estas palabras.

Creo que hoy es un buen día para compartirlo una vez más, pues no es la primera vez que lo escribo en el blog.

sábado, 6 de junio de 2026

¡Bienvenido, Santidad!


Dicen que el Papa no da puntada sin hilo, y tampoco en sus viajes; y considerando que el momento que vivimos en España es particularmente crítico, esperaba con expectación sus palabras y sus gestos.

No porque vaya a cambiar algo, ¡ojalá!, sino porque al menos nos quedará el consuelo de que nos lo advirtieron, "ya os lo dije, ese no es el camino". Y también por ver hasta qué punto se entera de lo que pasa en el mundo, al menos en este país.

Y no ha tardado nada en cumplir mis expectativas. "La tentación de ganar popularidad, avivando el fuego de las polarizaciones, parece crecer en lugar de disminuir. La dignidad humana no deja de ser violada (...) Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad”.

Estas palabras, recién pronunciadas, ponen el dedo en la llaga, y demuestran que sí sabe lo que se cuece por estas tierras.

Es España un país dividido y enfrentado desde que las llamadas izquierdas decidieron finiquitar el espíritu de la transición, espíritu de concordia y consenso, iniciando una progresiva radicalización, lo que provocó un fuerte resurgir de la extrema derecha que estaba reducida a grupúsculos irrelevantes. Y en esas estamos.

Mantener abiertas, con un maniqueísmo cargante y simplón, las heridas de la Guerra Civil, es una de las tareas más innobles que pueda concebirse. Erosionar la división de poderes, base de la democracia, es jugar con fuego. Llevar la corrupción, aliada con inconfesables intereses políticos, hasta las más altas esferas del estado, es vergonzoso e inadmisible. Manipular la educación hasta límites, en ocasiones ridículos, es reventar el futuro.

No va desencaminado León XIV cuando habla de cultura, interioridad y educación libre y de calidad. No se equivoca cuando dice que está en juego la dignidad humana, violada, por ejemplo, en los niños y adolescentes, cuando el profe de turno, sea del signo que sea, manipula sus mentes según sus personales y discutibles criterios.

Tiempos difíciles para el diálogo, el consenso y la paz. El mismo miedo me da los que arrancan cruces o hacen burla de creencias y símbolos religiosos, que los que a la sombra de estandartes y entre velas e inciensos hablan de la cristiandad, concepto este con rancias y peligrosas connotaciones.

Le doy la bienvenida a León XIV con la esperanza de que su presencia, sus palabras y sus oraciones curen, aunque sea un poco, las profundas heridas que nos afligen.

¡Bienvenido Santidad!