FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

viernes, 3 de julio de 2026

Sucedió en La Maladeta.


 

Tan poderosa por encima de nosotros, ¿no será solamente una cosa? No, ciertamente, si es verdad que nos llama y que la nombramos. Su vida humana comenzó con este cambio, con la mirada, que anima; con la voz, que despierta. Desde entonces hay en ella todo lo que es del hombre, todo lo que él ha puesto allí; y todo lo que le sobrepasa.

G. Sonnier.

Me contó ayer mismo un amigo una experiencia que tuvo no hace mucho en los Pirineos. Me impactó, por eso quiero recogerla en el blog y compartirla.

Era sábado, había subido esquiando el Aneto con un amigo, para luego dirigirse al pico Maladeta, pero su amigo optó por regresar ya al valle y él siguió solo hacia la que sería la segunda cima del día.

Tras ascender el glaciar de la cara norte llegó a la base del corredor que conduce a la cresta cimera. Allí había una cordada que no se decidía a acometer la ascensión de dicho corredor, y un chaval que iba solo, que también tenía sus dudas sobre si meterse en él o no.

Mi amigo, comprobando que el estado de la nieve era aún aceptable, se decidió a subir, y viéndolo este chaval se decidió a subir también con él. La cordada renunció e inició el descenso. Quedaron solos en la montaña.

Hicieron cima. Contemplación, silencio… Entonces, allá arriba, en la cumbre, mi amigo se sorprendió cuando le dijo “he subido hoy aquí por algo. Íbamos a venir mi novia y yo. Falleció hace mes y medio. Pero yo he venido”.

Ante tales palabras mi amigo, desbordado, le preguntó, ¿puedo abrazarte? Y allí, a 3312 metros de altitud, solos, dos desconocidos se fundieron en un abrazo y estallaron en llanto. Un llanto, profundo, largo… necesario y liberador.

“No hubiera subido solo, le dijo a mi amigo. Estoy aquí gracias a ti”. Afortunadas casualidades enlazadas de tal modo que aquello fue lo que tenía que ser. Sin más testigos que la montaña y el cielo, La Maladeta acogió todo lo que aquel hombre y su chica habían puesto en ella, y todo lo que les sobrepasaba. ¿Casualidades?

No es la montaña una cosa. Es mucho más. En aquel momento era lugar de encuentro de dos desconocidos que se abrazan, que lloran juntos, porque es mucho más lo que nos une que lo que nos separa a las personas. Era presencia en la cima de alguien que ya no está, y que de alguna forma, yendo allí, se hace presente en el límite mismo de la tierra de los hombres, más cerca del cielo. Era el deseo de seguir viviendo más allá del dolor y el sufrimiento. Era la montaña devolviéndote, como un ser que te quiere, mucho más de lo que tú le has dado. Era, en fin, si eres creyente, un regalo de Dios, que no es quien se la quitó, sino quien se la devolverá.

Sí, es una experiencia fuerte, profunda, en la que vemos con claridad diáfana, que la montaña es un ser desde que el hombre la miró y la nombró, iniciando así una larga y hermosa historia de amor.

No conozco a aquel chaval, solo sé que es uruguayo, pero quiero desde este blog, mi amigo se lo hará llegar, desearle de todo corazón que siga en las montañas; que esa ascensión a La Maladeta, triunfo de la vida sobre la muerte, ilumine su caminar, le colme de paz, y le dé la esperanza de volverse a encontrar con su chica en esa cima de la que ya no habrá que bajar, y en esa luz cuyo pálido reflejo encontramos algunos en el cielo de las montañas.

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