FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.
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viernes, 3 de julio de 2026

Sucedió en La Maladeta.


 

Tan poderosa por encima de nosotros, ¿no será solamente una cosa? No, ciertamente, si es verdad que nos llama y que la nombramos. Su vida humana comenzó con este cambio, con la mirada, que anima; con la voz, que despierta. Desde entonces hay en ella todo lo que es del hombre, todo lo que él ha puesto allí; y todo lo que le sobrepasa.

G. Sonnier.

Me contó ayer mismo un amigo una experiencia que tuvo no hace mucho en los Pirineos. Me impactó, por eso quiero recogerla en el blog y compartirla.

Era sábado, había subido esquiando el Aneto con un amigo, para luego dirigirse al pico Maladeta, pero su amigo optó por regresar ya al valle y él siguió solo hacia la que sería la segunda cima del día.

Tras ascender el glaciar de la cara norte llegó a la base del corredor que conduce a la cresta cimera. Allí había una cordada que no se decidía a acometer la ascensión de dicho corredor, y un chaval que iba solo, que también tenía sus dudas sobre si meterse en él o no.

Mi amigo, comprobando que el estado de la nieve era aún aceptable, se decidió a subir, y viéndolo este chaval se decidió a subir también con él. La cordada renunció e inició el descenso. Quedaron solos en la montaña.

Hicieron cima. Contemplación, silencio… Entonces, allá arriba, en la cumbre, mi amigo se sorprendió cuando le dijo “he subido hoy aquí por algo. Íbamos a venir mi novia y yo. Falleció hace mes y medio. Pero yo he venido”.

Ante tales palabras mi amigo, desbordado, le preguntó, ¿puedo abrazarte? Y allí, a 3312 metros de altitud, solos, dos desconocidos se fundieron en un abrazo y estallaron en llanto. Un llanto, profundo, largo… necesario y liberador.

“No hubiera subido solo, le dijo a mi amigo. Estoy aquí gracias a ti”. Afortunadas casualidades enlazadas de tal modo que aquello fue lo que tenía que ser. Sin más testigos que la montaña y el cielo, La Maladeta acogió todo lo que aquel hombre y su chica habían puesto en ella, y todo lo que les sobrepasaba. ¿Casualidades?

No es la montaña una cosa. Es mucho más. En aquel momento era lugar de encuentro de dos desconocidos que se abrazan, que lloran juntos, porque es mucho más lo que nos une que lo que nos separa a las personas. Era presencia en la cima de alguien que ya no está, y que de alguna forma, yendo allí, se hace presente en el límite mismo de la tierra de los hombres, más cerca del cielo. Era el deseo de seguir viviendo más allá del dolor y el sufrimiento. Era la montaña devolviéndote, como un ser que te quiere, mucho más de lo que tú le has dado. Era, en fin, si eres creyente, un regalo de Dios, que no es quien se la quitó, sino quien se la devolverá.

Sí, es una experiencia fuerte, profunda, en la que vemos con claridad diáfana, que la montaña es un ser desde que el hombre la miró y la nombró, iniciando así una larga y hermosa historia de amor.

No conozco a aquel chaval, solo sé que es uruguayo, pero quiero desde este blog, mi amigo se lo hará llegar, desearle de todo corazón que siga en las montañas; que esa ascensión a La Maladeta, triunfo de la vida sobre la muerte, ilumine su caminar, le colme de paz, y le dé la esperanza de volverse a encontrar con su chica en esa cima de la que ya no habrá que bajar, y en esa luz cuyo pálido reflejo encontramos algunos en el cielo de las montañas.

jueves, 2 de julio de 2026

La cascada del Cervino.

 


Como si se tratara de la primera secuencia de una de estas películas catastrofistas vemos asombrados la cara norte del Cervino con una gigantesca cascada. Lo que ocurre es que no es una película. Esta impresionante y bellísima montaña de los Alpes, de la que se ha dicho que es el más noble escollo de Europa, escenario de grandes gestas, terribles tragedias y profundas alegrías es uno de los símbolos del alpinismo y probablemente una de las montañas más conocidas del mundo.

Con su inconfundible presencia eleva solitaria sus 4478 metros, rodeada, de glaciares y, a respetuosa distancia, otros muchos cuatromiles. Pienso que es una de las montañas más bonitas del mundo. Quizá la montaña por excelencia.

Su cara norte, de 1200 metros, oscura, helada, a menudo nevada en verano, ha sido escenario de algunas  de las ascensiones clásicas de los Alpes, reservada a quienes gozan de un alto nivel de escalada.

He podido disfrutar de ella en varias ocasiones, contemplándola desde el pueblo, Zermatt, desde un pequeño lago a sus pies donde pasé varios días acampado; desde el refugio de la vía normal por Suiza, el refugio de Hörnli y desde las montañas a las que he ascendido en aquel valle suizo donde ella reina como dueña y señora, eclipsando incluso con su presencia a la segunda más alta de los Alpes que se eleva frente a ella, el Monte Rosa.

Pues bien, como he dicho, desde hace unos días una monumental cascada que se ve desde el pueblo cae por su cara norte. En alguna ocasión en veranos muy cálidos, o después de fuertes tormentas, se han visto pequeñas caídas de agua, pero nunca lo que ahora estamos viendo.

Y esto es significativo y muy peligroso. El calor excesivo no es que sea malo para nosotros, que lo es, es la naturaleza entera la que está afectada, transformándose de un modo muy acelerado con consecuencias que no sabemos a dónde nos pueden llevar, y ni si seremos capaces de adaptarnos nosotros a dichas trasformaciones.

En el mundo de la montaña está teniendo un impacto directo, cerrando, quizá para siempre, rutas de ascensión clásicas, forzando a abrir otras nuevas, aumentando su dificultad e incluso haciendo inviable el acceso a ciertas cimas, aparte de disparar el número de accidentes.

La norte del Cervino, ahora con su enorme cascada, es tan hermosa como trágica, es un grito de la montaña, de la naturaleza, diciéndonos alto y claro, que nada va a ser como era hace tan solo unas pocas décadas.

La pregunta es ¿cómo estará la humanidad en este nuevo horizonte hacia el que cada vez más y de un modo más evidente se encamina el planeta? Porque la vida se adaptará a los cambios, como lo ha hecho desde que surgió en la tierra, durante millones de años, pero nosotros ¿seremos capaces de hacerlo?

Ante la gran cascada de la norte del Cervino me viene a la mente el final de un himno de la liturgia de las horas:

Que el hombre no te obligue,

Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.

 

A continuación tenéis el himno entero. 

 

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto, los primeros animales.

 

De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro,

Vigor, Origen, Meta

de los sonoros ríos de la vida.

 

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía,

tus manos son recientes en la rosa;

se espesa la abundancia

del mundo a mediodía,

y estás de corazón en cada cosa.

 

No hay brisa, si no alientas,

monte, si nos estás dentro,

ni soledad en que no te hagas fuerte.

 

Todo es presencia y gracia.

Vivir es ese encuentro:

Tú, por la luz; el hombre, por la muerte.

 

¡Que se acabe el pecado!

¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

 

Que el hombre no te obligue,

Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.




miércoles, 17 de junio de 2026

Han encontrado la cruz del Aneto.


Ayer por la tarde, en un rescate, la Guardia Civil encontró la cruz del Aneto semienterrada. Despeñada por la vertiente norte de la montaña, y dada la abundancia de nieve, ha habido que esperar a que el deshielo la haya dejado a la vista.

Está entera aunque abollada, y ya ha sido llevada a las instalaciones del GREIM a la espera de ser restaurada de nuevo para volverla a subir a la cima con la esperanza de que siga allí muchos años más. La intención es colocarla antes de que acabe el verano. De momento la policía judicial está buscando en ella indicios que puedan conducir a la autoría de acto tan absurdo.

Y pienso que no fue un acto vandálico. Es algo mucho más oscuro y siniestro. Es el odio irracional a una forma de ser, pensar y vivir, que durante años se ha ido inculcando a mucha gente y que da así sus tristes frutos. Es el deseo de abrir debates sin sentido para enfrentar a la gente forzando posicionamientos innecesarios e imposibles.

Es la gente que busca mantener muy viva la maldición de las dos Españas negando así cualquier posible progreso al impedir la necesaria reconciliación nacional que casi logramos con la Transición.

No es un tema baladí. Me dolió cuando me enteré de lo que habían hecho con ella. Pero me duele más y me preocupa mucho lo que ese acto significa. Veremos qué pasa.

domingo, 31 de mayo de 2026

¡Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!


 

Revisando unas fotos esta tarde me ha encontrado, y digo que me ha encontrado y no que la he encontrado, la foto que comparto. Al verla me ha trasladado a aquella mañana brumosa del verano pasado en que ascendía por una empinada ladera a un pico del Pirineo central.

Aquel día iba solo y hacía frío. Me detuve un momento a descansar y al volverme me encontré con un paisaje del que la foto es tan solo una humilde aproximación. Me impactó, no sé por qué, pero me impactó, aunque muchas veces, afortunadamente, he gozado de panoramas como este.

Aquel día, como otros muchos, me vino a la boca una vez más, ese salmo que me sé de memoria y que muchas veces he recitado ante la belleza de la naturaleza. Y eso hice otra vez.

 

¡Señor, Dios nuestro,

¡qué admirable es tu nombre

en toda la tierra!

 

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

 De la boca de los niños de pecho

 has sacado una alabanza contra tus enemigos,

 para reprimir al adversario y al rebelde.

 

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos,

 la luna y las estrellas que has creado,

 ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él;

 el ser humano, para darle poder?

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

 lo coronaste de gloria y dignidad,

 le diste el mando sobre las obras de tus manos,

 todo lo sometiste bajo sus pies:

 

rebaños de ovejas y toros,

 y hasta las bestias del campo,

 las aves del cielo, los peces del mar,

 que trazan sendas por las aguas.

 

Señor, Dios nuestro,

 ¡qué admirable es tu nombre

 en toda la tierra.

sábado, 23 de mayo de 2026

Se empieza arrancando cruces.


Vuelven a tirar la cruz del Aneto, hoy mismo, la de madera que subió a hombros un joven francés hace unos diez días. Y los periodistas ponen nombre al asunto, la guerra de las cruces. Y los “progres” hablan de abrir un debate sobre los símbolos religiosos en las cumbres. Y la gente toma postura, sí o no. La polarización de la sociedad, tan útil para determinados intereses políticos, sigue avanzando. El enfrentamiento está servido y va a más.

Pero que nadie se engañe. En realidad no hay debate posible. No hay guerra de las cruces. Es el asunto mucho más profundo y peligroso. Son  frutos del árbol maldito que nos llevó a donde nos llevó el año 36 y que creímos talado con la Transición, pero que han conseguido revivir.

Y no hay guerra de las cruces, porque es en realidad otra guerra que al no haber sido capaces de superar vuelve a enseñar los dientes. Y no hay debate, simplemente porque es absurdo quitar de las cumbres cruces y otros símbolos, religiosos la mayoría, porque han trascendido hace muchos años a lo religioso.

Llevan cientos de años en nuestro mundo por lo que han adquirido un alto valor histórico y cultural. Además tienen un significado, a veces muy profundo, para mucha gente. Por respeto a nuestra historia, nuestra cultura y a muchas personas, hay que dejarlos donde están.

Por otra parte, resulta paradójico que en Francia, estado laico por excelencia, haya cruces y vírgenes por todas partes. En cimas, en collados, en pueblos, en carreteras y caminos, y a nadie se le ocurre quitarlas o agredirlas. Lo asumen como su historia, su cultura, su paisaje, el de sus antepasados y el de sus hijos.

También sería interesante ver si a toda esta gente les parecería bien que quitaran en el Himalaya las banderas de oración con las que, estoy seguro, muchos de ellos adornan sus casas o jardines. Son un símbolo religioso, igual que una cruz.

Por todo esto tengo muy claro, desgraciadamente muy claro, que no es esto una cuestión baladí que afecta a una montaña, o a todas las que tengan cruces, y poco más. Se empieza arrancando cruces…

Miedo me da acabar la frase, por eso no voy a hacerlo, porque el asunto es más grave de lo que parece y más profundo. Llegue a la conclusión que crea que puede llegar quien hasta aquí haya leído.

Solo una cosa añadiré. No es vandalismo. Es estar enfermo, enfermo de odio. Y esa enfermedad es muy contagiosa.

NOTA: Hoy mismo, por la tarde a última hora, me han comunicado que unos chavales que subían la han recogido y subido a la cumbre.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Una cruz de madera se alza en el Aneto.


 

Pasan cosas buenas y bonitas muchas veces. Y voy a contar una de ellas de la que he tenido noticias hoy mismo, 13 de mayo, un día muy especial para Isabel y para mí. Un montañero francés de 18 años, ha subido a la cima del Aneto una cruz de madera de nogal tallada por él mismo y de 35 kg. de peso; y lo ha hecho cargándola sobre sus hombros en una dura ascensión. Su nombre es Mael Le Lagadec.

El alcalde de Benasque ha dicho que allí estará, al menos, hasta que repongan la otra, que de momento se halla desaparecida tras ser despeñada, oculta por la gran cantidad de nieve que hay; y sigue nevando.

Mi más profundo y sentido agradecimiento a este chaval que recogiendo el sentir de miles y miles de personas, con su trabajo y su esfuerzo, ha dado una lección a quienes nada saben, por su estrecha y triste visión del mundo, de respeto y tolerancia.

Quiero acabar esta buena noticia reproduciendo el final del libro el Aneto y sus hombres, de Jean Escudier, editado por la editorial Montblanc y el Centro Excursionista de Cataluña, en Barcelona, el año 1972. Un libro que junto a otros pocos marcó mi forma ser montañero.

Dice así.

El macizo de los Montes Malditos ha dejado de merecer su nombre, pues en su punto culminante, se eleva un símbolo de paz y amor entre los vivos y hacia aquellos que han encontrado su muerte en la montaña.

Desde el 12 de agosto de 1951, en la cima del Aneto, en pleno cielo de España, resplandece una gran cruz de metal en cuyos brazos leemos Protege Domine plebum tuam per signum Sanctae Crucis.

Ha sido llevada allí, trozo a trozo, sombre hombros españoles y franceses, por una fe que no conoce fronteras.

Gracias Mael.

jueves, 7 de mayo de 2026

Tormenta y comida junto al fuego.


 

He salido esta mañana con dos amigos a hacer una ruta por la Calderona. Sabíamos que había riesgo de lluvia y posibles tormentas, pero como cada parte decía una cosa y últimamente nunca llueve aunque todos lo digan, pese a la alerta amarilla nos hemos decidido.

Tras el pertinente almuerzo hemos iniciado la ruta en Segart. Cielo gris con ratos de sol, hasta que del mar una masa oscura de nubes avanzaba borrando el paisaje con una densa y hermosa cortina de agua.

Cuando atravesábamos el altiplano de la Penya Roja, un trueno nos ha indicado que era una tormenta lo que unos momentos después se abalanzaba sobre nosotros.

Cada vez llovía con más fuerza, granizaba con cierta ternura, y los truenos se sucedían uno tras otro. Un altiplano, sin árboles, abierto al mar, de donde venía la tormenta, era el peor sitio posible para estar. Así que deprisa, pero sin correr, no se debe correr en estas situaciones, lo hemos atravesado con cierta inquietud.

El camino que nos llevaría al restaurante donde íbamos a comer era un hermoso río de aguas rojas e impetuosas. Ya no nos podíamos mojar más de lo que ya estábamos, así que avanzábamos con calma, agradeciendo esta lluvia tan necesaria para el monte y gozando de la perspectiva de una inminente comida junto al fuego.

Porque sí, hay en la sierra un restaurante donde aparte de comer muy bien, siempre tienen un buen fuego encendido para hacer brasa. Y claro, llegar calados de arriba abajo, pese a los chubasqueros, y encontrarse con una mesa junto al fuego… ¡Qué queréis que os diga!

Buena compañía y buena comida, mientras fuera llueve, todo un placer. Y luego, regreso a Segart bajo un cielo de nuevo amenazante, pero llegada en seco, por pelos, pero en seco.

¿Qué más puedes pedirle a un día de montaña?

lunes, 20 de abril de 2026

La cruz volverá a la cumbre del Aneto.

 

El 6 de agosto del año pasado fue repuesta en la cima. Pude verlo desde muy cerca.

He esperado unos días para escribir algo sobre lo ocurrido con la cruz del Aneto porque no quería hacerlo con los sentimientos que me causó conocer la noticia. He querido serenarme un poco.

Alguien, más de uno, claro, la ha segado con una radial y la ha despeñado. Tras su restauración llevaba solo unos meses en la cima. Esa cruz tiene un profundo significado para mí. Cualquiera que me siga más o menos en el blog, o que me conozca lo sabe. No hay más que teclear en el buscador las palabras cruz y Aneto y saldrán todas las entradas que hacen referencia a ella.

La última vez que la vi se elevaba sobre el valle llevada por un helicóptero de la Guardia Civil para reponerla en la cima tras su restauración. Y yo estaba allí viéndolo, sin esperarlo. También la llevé a hombros por Benasque, todo un honor. Isabel llegó hasta ella en su primera ascensión pirenaica, el Aneto. Y he visto más de una vez a gente abrazarla, y hasta llorar de alegría por lo que ese gesto significaba en sus vidas.

Sinceramente, la noticia me causo primero estupor, luego ira, una profunda ira, y rabia, e indignación, y odio. Me da miedo pensar que si tuviera delante a quienes lo hicieron y estuviera en mis manos desgraciarlos para siempre es posible que lo hiciera. Sí, en caliente es posible que lo hiciera. .Por esto he tardado en escribir.

Lo que siento ahora, y por eso escribo ya, es algo bien diferente. Tristeza y lástima. Tristeza que comparto con miles y miles de personas en cuyas vidas esa cruz tiene un hermoso lugar. Y lástima por la gente que lo ha hecho. Solo una triste amalgama de rencor, ignorancia, fanatismo, prejuicios, falta de respeto y otros muchos turbios sentimientos es la fuerza siniestra que impulsa a hacer algo así. Y eso me da lástima porque no son más que pobre gente que está en el mundo sin conocer para nada lo que de verdad puede dar sentido a sus vidas. Son enfermos de odio que dan pena y necesitan ayuda, porque el odio hace daño sobre todo a quien lo tiene. .

La cruz volverá a la cumbre, en lo más alto de mis queridos Pirineos, bajo el cielo de Aragón. Tardará en hacerlo pero lo hará. Y si vuelven a segarla, volverá de nuevo. Es la resistencia ante el fanatismo y la intolerancia el arma más eficaz que tenemos.

Sí, la cruz volverá a su sitio, a los 3404 metros del Aneto. Y quizá alguno de los que han hecho esta infamia, y muchos de los que se habrán alegrado por ello, algún día entenderán que a quien de verdad han hecho daño ha sido a ellos mismos.


miércoles, 25 de marzo de 2026

Y todo es contemplación.

Me gustan y me impresionan las montañas, la inmensidad del mar, la grandeza de los desiertos, las selvas y los ríos. Me siento muy pequeño ante la naturaleza cuando exhibe su grandeza, pero también disfruto con lo pequeño que a menudo pasa inadvertido.

Esa doble dimensión, inmensidad y pequeñez, me lleva a adoptar dos actitudes bien diferentes pero complementarias. Las dos de admiración, pero una se me impone y la otra la he de descubrir.

Hay en la sierra Calderona un rincón al que le tengo especial aprecio. Quizá por el impacto que me causó el día que lo descubrí. Una hermosa pared se alza majestuosa en medio del pinar, y si estás ante ella en el amanecer de un día claro, es un espectáculo verla iluminarse por el sol.

Y también hay en primavera, a sus pies, flores como las jaras en las que muchas veces, pequeños insectos como este de la foto hacen su faena, en silencio.

Todo un lujo de colores, formas y texturas. La belleza rotunda de la Casa Común, como decía el papa Francisco. La pared dorada por el sol, el bichito de un bonito verde sobre el naranja y malva de la jara.

Y todo, todo, es contemplación.




martes, 20 de enero de 2026

Raíces.



 


Andaba un día de estos por un bonito sendero, a orillas de un río cuyas limpias aguas saltaban entre las rocas, permitiéndome disfrutar de lo que podríamos llamar el canto del agua. No había nadie.

De pronto un perrito minúsculo vino alegre hacia mí. Le saludé y enseguida llegó el dueño al que también saludé. Era un señor muy mayor que andaba como podía, apoyado en un bastón.

Seguí mi camino y un momento después vi a una señora que sería su mujer. Muy mayor, también andaba como podía. Paró junto a mí y me preguntó, -¿conoce usted esto?-. Le dije que sí, que algo lo conocía y entonces me hizo una pregunta que todos los años me hacen en los Pirineos en verano, -¿falta mucho para el lago?- Me hizo gracia.

Le dije que no, que ya estaba muy cerquita, pero que no era un lago sino un ensanchamiento del río que tras atravesar una estrecha garganta se remansa entre paredes y pinares para poco después seguir su curso, ya más sereno.

Como le di toda la explicación tuvo a bien decirme que su marido estaba mal de la cadera y ella de la rodilla, pero que excursiones cortitas aún hacían.

Ya me había dado cuenta de que su forma de hablar era inequívocamente argentina, y quizá por eso se sintió en la obligación de decirme que ella era valenciana. Y lo dijo con orgullo y satisfacción. Pero que de muy pequeña sus padres emigraron y había vivido allí hasta que sus chicos, como dijo, la “rescataron” a ella y a su marido y se los trajeron a vivir a España, y en concreto a Valencia. También me contó que vivían en la zona 0 de la DANA. -¡Qué miedo pasamos!-

-Ya somos muy mayores, y estamos conociendo nuestra tierra mientras aún podamos, aunque sea cojeando y poquito a poco-. Y yo, a modo de despedida, le deseé que siguiera mucho tiempo con su marido conociendo esa tierra que le vio nacer.

Fue un encuentro agradable, y la conversación breve y entrañable. Seguí caminando, aún me quedaban muchas horas, pensando en esas raíces invisibles pero poderosas que a muchos nos atan a esa pequeña parte del mundo donde nacimos y donde vivimos la infancia.

Es el hogar, es “la terreta”, y pensé también en lo cruel y lo injusto que es que millones de personas se vean obligadas a abandonar su tierra para seguir viviendo.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Un alud en Panticosa.


 

La noticia de la muerte hoy mismo, a causa de un alud en Panticosa, de Jorge García-Dihinx y su pareja, junto a una tercera persona, ha sorprendido tristemente al mundo montañero.

Era Jorge García-Dihinx pediatra en el hospital San Jorge de Huesca. Amante apasionado de la montaña lo conocí a través de su popular blog La meteo que viene donde daba partes meteorológicos muy ajustados a lo que luego sucedía, boletines de riesgo de aludes en invierno y primavera, y vídeos y fotografías de sus muchas y continuas excursiones y ascensiones. También, como médico trabajó mucho los temas relacionados con la salud y la montaña. Aparte del blog, artículos y libros completaban su aportación nada desdeñable a ese mundo del que estaba enamorado.

Durante tiempo lo seguí en su blog hasta que me fui alejando por mi oposición frontal a las carreras de montaña a las que él, y según tengo entendido más aún Natalia, su pareja, eran también aficionados y divulgadores.

Pero esto no es óbice para que lamente sus inesperadas y tempranas muertes, pues he de reconocer que hay muchas formas de acercarse a las montañas, de vivir en ellas, de amarlas, y no soy yo quien para juzgarlas. Solo digo que las carreras de montaña están en las antípodas de lo que para mí es la montaña.

La noticia me ha impactado. Que unas personas expertas como ellos, modelo y guía para muchos, hayan muerto de esa forma es difícil de asumir. En Panticosa, en el patio de su casa como quien dice. En un pico fácil, el Tablato de  2701 m. Si hubiera sido en una gran y difícil montaña, o en los Alpes, o en cualquier otra gran cordillera…

Y esto me ha llevado a una reflexión. La montaña es así. Te puede dar la vida y quitártela con la misma facilidad. Siempre sorprendente, inesperada, en ella puedes pasar, y lo sé por experiencia, del más intenso y arrollador gozo, al infierno más espantoso; de la alegría desbordante al horror sin límites.

Tiene además la capacidad de sacar en las personas, y lo sé también por experiencia, desde lo más hermoso y noble que podemos tener hasta lo más ruin y vergonzoso.

Nunca hay que perderle el respeto. Hay que ser consciente de que cuando entramos en ella nos ponemos en sus manos, y ella es más fuerte, mucho más fuerte que nosotros, y tan bella como caprichosa. Lo que hacemos en ella es porque nos deja hacerlo. Y esto en todas, desde las más altas a las más humildes. Desde el Himalaya hasta las Rodanas donde en un mal paso te puedes abrir la cabeza, o morir de hipotermia si en una noche fría de invierno, inmovilizado por cualquier causa, tardan en encontrarte.

En estos tiempos de vulgarización y masificación de las montañas, donde peligrosas filosofías baratas venden esas majaderías de que querer es poder, y de que todos podemos hacer de todo y otras sandeces semejantes, una tragedia como esta debe hacernos reflexionar muy seriamente.

Quiero acabar estas líneas con una frase, no sé ahora dónde la leí ni de quién es, que dice, la montaña, a veces, gusta de quedarse con quienes más la han amado. Y no dudo que esta pareja, Jorge y Natalia, con Eneko, la amaban profundamente.

Que su ascensión al Tablato, gozando de la vida, haya sido el primer paso a su entrada en la Vida para siempre.

La luz de la alta montaña, y más cuando está nevada, tiene algo de divino.

Descansen en paz.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Jugando en el sendero.

Andaba hace unos días con unos amigos por el alto Mijares que bajaba caudaloso entre paredes y pinares, atravesando un bosque de ribera aún en otoño, cuando sorprendimos a esta pareja de cabras jóvenes jugando en el sendero.

Tan entregadas estaban a su juego que no se percataron de nuestra presencia, lo que nos permitió hacerles unas cuantas fotos. Esta que comparto es la que más me gusta de las que hice.

En cuanto nos vieron, se fueron con el resto del rebaño, saltando sobre el río y encaramándose de un modo inverosímil por las paredes que nos envolvían.

Todo un espectáculo.



martes, 18 de noviembre de 2025

70 años. Gracias.

Llevo días sin encontrar un momento para escribir en el blog, pero voy a hacerlo ahora aunque solo sea para agradecer a todos los que me han tenido presente y me lo han hecho saber en mi 70 cumpleaños.

Fue el sábado y estábamos en Benasque. Un día frío, gris y lluvioso, una delicia, que dio paso a un domingo de nubes y claros en el que se unía el otoño aún en los valles con el invierno en las montañas ya nevadas.

¡Todo un espectáculo!

Gracias.

Cara sur del Aneto tras la nevada.


sábado, 11 de octubre de 2025

Otoño de verdad.

Está siendo un otoño como debe ser el otoño. Cierto que en algunos lugares las lluvias están siendo excesivas en todos los sentidos, pero queramos o no es lo propio de estas tierras. También, a veces, hay otoños terriblemente secos, como el del año 2023 que hizo mucho daño, un daño silencioso como es el causado por la sequía.

Este año llueve, y por aquí está lloviendo muy bien, al menos de momento, porque parece que el festival aún no ha terminado.

El campo, el monte está esplendorosos; limpio, verde, húmedo. El agua corre por arroyos, forma pequeñas cascadas, se embalsa formando lagunas. Las fuentes manan y la vegetación entra en esa fiesta de color que por aquí también podemos disfrutar sobre todo en las riberas de los ríos y ramblas. El verde de los pinos se intensifica, y los troncos se oscurecen dándole a los pinares un ambiente norteño. El romero, que ya amarilleaba, vuele al verde intenso y el musgo se esponja. El agua decora con pequeñas gotas, telarañas, hojas y frutos de otoño. Y pronto saldrán las setas.

El cielo, gris, oscuro a ratos, azul otras veces dejando pasar los rayos de un sol incierto, es también un hermoso espectáculo. Y las nubes van y vienen, enganchándose en las montañas, acercándose al suelo, transformándose en niebla, descansando en las sierras.

Comparto, mientras llueve otra vez, unas cuantas fotos hechas ayer mismo cerca de aquí. No hay que irse muy lejos para disfrutar de la naturaleza cuando las cartas le vienen bien dadas.

Si podéis no os lo perdáis.











viernes, 10 de octubre de 2025

Era la cruz del Aneto, elevándose sobre el valle.

 

Son muchos los acontecimientos que de diversas maneras han enlazado mi vida con la cruz del Aneto. Desde mi primera ascensión, solo, el 20 de julio de 1984, hasta el 23 de agosto en el que tuve el honor con Isabel y mi amigo José Ángel, de llevarla a hombros por  Benasque tras su restauración, he vivido alrededor de ella increíbles “casualidades”.

La cruz, que debían haber subido a la cima en helicóptero ya el verano pasado, tras su traslado solemne desde el pueblo al hangar del cuartel de la Guardia Civil de montaña siguió en allí, pues hasta agosto de este año no encontraron el momento idóneo para subirla. Volvió a estar expuesta este verano en el palacio de los Condes de la Ribagorza a donde fuimos de nuevo a visitarla.

Y sucedió que el día 6 de agosto salí muy temprano, aún de noche, a hacer una ruta por el macizo de la Maladeta entrándole por La Renclusa y Paderna. Caminaba por la carreterita del Hospital a La Besurta, cerrada al tráfico, cuando me sorprendió ver pasar a dos turismos a esas horas. Poco después un camioncito con una pequeña grúa y al momento dos coches de la Guardia Civil de montaña. Seguí caminando y pronto el camión regresó. Clareaba.

Pensé en algún grave accidente, aunque lo del camión no me encajaba. Al poco rato llegué al prado que hay bajo mismo de La Besurta donde vi a los ocupantes de los turismos y a la Guardia Civil charlando amigablemente. Descarté el accidente, pero ¿qué hacían allí?

Saludé, ¡buenos días! y seguí mi camino. Y entonces, no sé por qué, se me ocurrió cambiar la ruta y dirigirme hacia el Port de la Picada para subir a algunas montañas de la zona, que sabía solitarias y con inmensos panoramas. El motivo de ese cambio repentino será siempre un misterio.

Empezaba a subir por el sendero cuando el sol ya iluminaba las cumbres descendiendo hacia los valles. Vi entonces llegar al helicóptero de la Guardia Civil. Recogió a dos o tres personas y volvió a ascender.

Intrigado me detuve y me dispuse a ver de qué iba todo aquello. Estaba justo encima de ellos, en la ladera de la montaña. Al poco rato volvió y empezó a hacer unos movimientos extraños sobre el prado. Y entonces vino la sorpresa. Cuando se elevó de nuevo vi que llevaba algo colgado de un cable. ¿Qué era? Me fije y la vi. Era la cruz del Aneto que iban a devolver a la cima después de su restauración. No me lo podía creer. Aún no me lo creo. Otra “casualidad”. Contemplé feliz, sintiéndome indigno de tal honor, como cuando la llevé a hombros por el pueblo, cómo se elevaba sobre el valle y los bosques, cómo se recortaba contra el cielo, rumbo a la cima.

Si hubiera hecho la ruta prevista no hubiera visto nada de nada.

Llamé a Isabel y se lo dije, y ella a José Mari, nuestro amigo del hotel Ciria quien a su vez lo comunicó a un periodista, pues el día y la hora en que la subirían se habían mantenido en absoluto secreto y la noticia era una primicia.

Otra “casualidad”, sí, como cuando también por “casualidad” subí a la cima el día en que se celebraba el 150 aniversario de su conquista con una eucaristía a la que llegué puntual sin haberlo previsto, y puede comulgar allá arriba, a 3404 metros, a los pies de la cruz.

“Casualidades”, acontecimientos vitales que encuentran allí, en el límite de la tierra de los hombres, hondos significados. Por todo esto y mucho más, no es para mí, nunca lo ha sido, subir al Aneto un logro deportivo. Ni al Aneto ni a ninguna otra montaña.

Y esa cruz a la que me unen tantas y tan ricas y profundas experiencias, ha formado parte de nuestra vida desde hace ya mucho tiempo, porque también es la primera cima pirenaica de Isabel. Junto a ella se encontró con la alta montaña a la que ya amaba antes de conocerme a mí.

Y esas experiencias son vivencias que resuenan en el silencio de las cumbres, en ese silencio solemne que solo en ellas encuentro. Allí, el silencio, habla.


El sol ya iluminaba el macizo de La Maladeta.

Hacia el este, más en sombra, destacaba La Forcanada

Y hacia el oeste Posets y Perdiguero ya bañados por el sol.

La cruz sobrevolando el bosque.

Hay que saber pilotar un helicóptero para elevar la cruz...

que se recorta contra el cielo azul.

Cada vez más arriba, hacia la cumbre más alta del Pirineo.

Un rato después la vi ya en la cima.

Y con el zoom de la cámara la vi otra vez donde había estado desde el 12 de agosto de 1951.


NOTA: En el blog hay más entradas referidas a la cruz del Aneto. Para leerlas no hay más que teclear en el buscador del blog, versión web, las palabras cruz Aneto.

lunes, 22 de septiembre de 2025

Bienvenido sea el otoño. ¡Ojalá se comporte!

Hoy, a las 20,19 horas de la mano del equinoccio entra el otoño. Es la estación que más me gusta del año por muchos motivos, uno de los cuales es que queda lejos del próximo verano. Aún quedarán después el invierno y la primavera, antes de una nueva tortura.

Antes no era como ahora. El verano era también bonito, tenía su gracia, se pasaba bien, no había que soportarlo, como ahora. Aun así siempre he preferido el otoño. El frío ganando terreno, los días más cortos, los cielos grises y los azules, que también los hay, más azules, la lluvia, también antes llovía más,  y sobre todo el espectáculo que la naturaleza nos ofrece cada año.

Para recibirlo, con la esperanza de que no sea como han sido los dos últimos, el pasado no llovió demasiado pero cuando lo hizo fue a lo bestia, y el anterior no llovió prácticamente nada, comparo unas fotos de un otoño en el valle de Tena.