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Cervantes en el Quijote.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Un alud en Panticosa.


 

La noticia de la muerte hoy mismo, a causa de un alud en Panticosa, de Jorge García-Dihinx y su pareja, junto a una tercera persona, ha sorprendido tristemente al mundo montañero.

Era Jorge García-Dihinx pediatra en el hospital San Jorge de Huesca. Amante apasionado de la montaña lo conocí a través de su popular blog La meteo que viene donde daba partes meteorológicos muy ajustados a lo que luego sucedía, boletines de riesgo de aludes en invierno y primavera, y vídeos y fotografías de sus muchas y continuas excursiones y ascensiones. También, como médico trabajó mucho los temas relacionados con la salud y la montaña. Aparte del blog, artículos y libros completaban su aportación nada desdeñable a ese mundo del que estaba enamorado.

Durante tiempo lo seguí en su blog hasta que me fui alejando por mi oposición frontal a las carreras de montaña a las que él, y según tengo entendido más aún Natalia, su pareja, eran también aficionados y divulgadores.

Pero esto no es óbice para que lamente sus inesperadas y tempranas muertes, pues he de reconocer que hay muchas formas de acercarse a las montañas, de vivir en ellas, de amarlas, y no soy yo quien para juzgarlas. Solo digo que las carreras de montaña están en las antípodas de lo que para mí es la montaña.

La noticia me ha impactado. Que unas personas expertas como ellos, modelo y guía para muchos, hayan muerto de esa forma es difícil de asumir. En Panticosa, en el patio de su casa como quien dice. En un pico fácil, el Tablato de  2701 m. Si hubiera sido en una gran y difícil montaña, o en los Alpes, o en cualquier otra gran cordillera…

Y esto me ha llevado a una reflexión. La montaña es así. Te puede dar la vida y quitártela con la misma facilidad. Siempre sorprendente, inesperada, en ella puedes pasar, y lo sé por experiencia, del más intenso y arrollador gozo, al infierno más espantoso; de la alegría desbordante al horror sin límites.

Tiene además la capacidad de sacar en las personas, y lo sé también por experiencia, desde lo más hermoso y noble que podemos tener hasta lo más ruin y vergonzoso.

Nunca hay que perderle el respeto. Hay que ser consciente de que cuando entramos en ella nos ponemos en sus manos, y ella es más fuerte, mucho más fuerte que nosotros, y tan bella como caprichosa. Lo que hacemos en ella es porque nos deja hacerlo. Y esto en todas, desde las más altas a las más humildes. Desde el Himalaya hasta las Rodanas donde en un mal paso te puedes abrir la cabeza, o morir de hipotermia si en una noche fría de invierno, inmovilizado por cualquier causa, tardan en encontrarte.

En estos tiempos de vulgarización y masificación de las montañas, donde peligrosas filosofías baratas venden esas majaderías de que querer es poder, y de que todos podemos hacer de todo y otras sandeces semejantes, una tragedia como esta debe hacernos reflexionar muy seriamente.

Quiero acabar estas líneas con una frase, no sé ahora dónde la leí ni de quién es, que dice, la montaña, a veces, gusta de quedarse con quienes más la han amado. Y no dudo que esta pareja, Jorge y Natalia, con Eneko, la amaban profundamente.

Que su ascensión al Tablato, gozando de la vida, haya sido el primer paso a su entrada en la Vida para siempre.

La luz de la alta montaña, y más cuando está nevada, tiene algo de divino.

Descansen en paz.

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