La
noticia de la muerte hoy mismo, a causa de un alud en Panticosa, de Jorge
García-Dihinx y su pareja, junto a una tercera persona, ha sorprendido
tristemente al mundo montañero.
Era
Jorge García-Dihinx pediatra en el hospital San Jorge de Huesca. Amante apasionado
de la montaña lo conocí a través de su popular blog La meteo que viene donde daba partes meteorológicos muy ajustados a
lo que luego sucedía, boletines de riesgo de aludes en invierno y primavera, y
vídeos y fotografías de sus muchas y continuas excursiones y ascensiones.
También, como médico trabajó mucho los temas relacionados con la salud y la
montaña. Aparte del blog, artículos y libros completaban su aportación nada
desdeñable a ese mundo del que estaba enamorado.
Durante
tiempo lo seguí en su blog hasta que me fui alejando por mi oposición frontal a
las carreras de montaña a las que él, y según tengo entendido más aún Natalia, su
pareja, eran también aficionados y divulgadores.
Pero
esto no es óbice para que lamente sus inesperadas y tempranas muertes, pues he de reconocer que hay muchas formas de acercarse a las montañas, de
vivir en ellas, de amarlas, y no soy yo quien para juzgarlas. Solo digo que las
carreras de montaña están en las antípodas de lo que para mí es la montaña.
La noticia me ha impactado. Que unas personas expertas como
ellos, modelo y guía para muchos, hayan muerto de esa forma es difícil de
asumir. En Panticosa, en el patio de su casa como quien dice. En un pico fácil,
el Tablato de 2701 m. Si hubiera sido en
una gran y difícil montaña, o en los Alpes, o en cualquier otra gran
cordillera…
Y esto
me ha llevado a una reflexión. La montaña es así. Te puede dar la vida y
quitártela con la misma facilidad. Siempre sorprendente, inesperada, en ella
puedes pasar, y lo sé por experiencia, del más intenso y arrollador gozo, al
infierno más espantoso; de la alegría desbordante al horror sin límites.
Tiene
además la capacidad de sacar en las personas, y lo sé también por experiencia,
desde lo más hermoso y noble que podemos tener hasta lo más ruin y vergonzoso.
Nunca
hay que perderle el respeto. Hay que ser consciente de que cuando entramos en
ella nos ponemos en sus manos, y ella es más fuerte, mucho más fuerte que
nosotros, y tan bella como caprichosa. Lo que hacemos en ella es porque nos
deja hacerlo. Y esto en todas, desde las más altas a las más humildes. Desde el
Himalaya hasta las Rodanas donde en un mal paso te puedes abrir la cabeza, o
morir de hipotermia si en una noche fría de invierno, inmovilizado por cualquier
causa, tardan en encontrarte.
En
estos tiempos de vulgarización y masificación de las montañas, donde peligrosas
filosofías baratas venden esas majaderías de que querer es poder, y de que
todos podemos hacer de todo y otras sandeces semejantes, una tragedia como esta
debe hacernos reflexionar muy seriamente.
Quiero
acabar estas líneas con una frase, no sé ahora dónde la leí ni de quién es, que
dice, la montaña, a veces, gusta de quedarse con quienes más la han amado. Y no
dudo que esta pareja, Jorge y Natalia, con Eneko, la amaban profundamente.
Que su
ascensión al Tablato, gozando de la vida, haya sido el primer paso a su entrada
en la Vida para siempre.
La luz
de la alta montaña, y más cuando está nevada, tiene algo de divino.
Descansen
en paz.

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