FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2026

Higueras y ajolotes.



 

Sería bueno, o igual no, ya no lo sé, hacer el esfuerzo de mirar el mundo de un modo más próximo y personal, menos estandarizado. Sí, creo que sería bueno.

Esto viene a cuenta de un viajecito que hemos hecho este fin de semana y de una anécdota que estuvimos comentando Isabel y yo.

El viajecito, tal y como lo hicimos, no consta en folletos turísticos ni es promocionado por empresa alguna, lo que garantiza tranquilidad y sosiego, para empezar.

Salimos de casa rumbo al suroeste, haciendo noche en Albacete, para pasar el sábado de allí a un pueblo de la serranía de Cuenca, segunda noche, y volver el domingo por el rincón de Ademuz y la Serranía. Esta ruta ahora, en el mes de mayo, es de una belleza absoluta.

Mapa en mano y con la ayuda del navegador, seguimos carreteras secundarias y solitarias, cruzamos pueblos pequeños y encantadores, descubrimos rincones sorprendentes. Cañones, barrancos, inmensas llanuras verdes, flores, y un cielo cambiante, azul, gris, casi negro, lluvia y viento… La Mancha, en mayo, es indescriptible, hay que verla, y la serranía de Cuenca no lo es menos. Y huelga decir que el buen comer por aquellas tierras está garantizado.

Pensábamos, no hay que irse muy lejos para disfrutar de una belleza rotunda y sorprendente. Está ahí, cerquita. Ni folletos ni propagandas que nos digan qué he de ver, dónde y cuándo.

Y cenando en un pueblecito el sábado, muy bien por cierto, salió el tema de que los niños de 2º de primaria saben todos lo que es un ajolote pero ninguno o casi ninguno lo que es una higuera. Terrible. Conocen un bicho feo, ajeno del todo a nosotros, y desconocen un árbol muy nuestro y que está por todas partes, a veces hasta donde no debe estar.

Es en el fondo lo mismo que lo del viaje. Ignoramos nuestra realidad próxima y conocemos realidades ajenas, estandarizadas. Cabría la pregunta, ¿cuál de las dos realidades es la real?

Quizá las dos, pero cuidado, porque no cabe duda de que ese bicho, el ajolote, existe, pero también la higuera. Y ese paisaje lejano que aparece en la propaganda de las agencias de viaje también existe, como existen La Mancha o la serranía de Cuenca cuya primavera no tiene parangón.

Pero el bicho en cuestión y el bonito y lejano paisaje nos lo venden. Los llanos verdes, los hondos barrancos, las paredes soberbias, las cabras montesas, los ciervos, y la higuera están ahí, muy cerca, y se nos ofrecen.

Quizá deberíamos reflexionar un poco sobre la realidad que mostramos a nuestros niños y jóvenes y la que nosotros mismos vivimos. Igual estamos, sin saberlo, viviendo una realidad prefabricada en la que no somos más que títeres en manos de quienes la diseñan en su propio beneficio, ocultándonos la nuestra, disolviendo así nuestras raíces y nuestra identidad.

miércoles, 9 de abril de 2025

De la envidia, no de la endivia.


Hablando un día de estos con un amigo de lo difícil que son en muchas ocasiones las relaciones sociales salió el tema de la envidia. Me dio ideas la conversación para escribir esta entradita sobre la envidia, que no sobre la endivia, aunque suena muy parecido. Y empezaré por lo que de tal pecado capital dice la RAE.

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.

Sin.: celo1, pelusa, dentera.

2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

Se podrá observar que las dos acepciones tienen significados bien diferentes, sobre todo desde una perspectiva moral. La segunda nos habla del “deseo de algo que no se posee”, lo que no significa que el hecho de no poseerlo nos tenga que causar tristeza o pesar. Esto sería lo que llamamos envidia sana, y es natural e inevitable.

La primera acepción es bien diferente. Digamos que es un paso más, o mejor dicho, el paso al lado oscuro. De esta voy a hablar.

Ese algo que deseo lo posee alguien y no yo. Y eso me causa tristeza o pesar. Y para exorcizar esa tristeza y ese pesar puedo hacer tres cosas, hacerlo también mío por cualquier medio moral y legalmente aceptable, si ello es posible. Arrebatárselo al otro si no hay posibilidad de hacerlo mío sin tener que quitárselo, o eliminar a aquel a quien le tengo envidia, que no significa necesariamente pegarle un tiro o prácticas semejantes, entre otros motivos porque son ilegales. Hay muchas formas de “eliminar” a alguien.

Es fea la envidia, muy fea, por eso rara vez aparece de un modo claro y evidente. Digamos que no actúa a cara descubierta casi nunca, porque quien la sufre es, de algún modo, consciente de la profunda miseria de ese sentimiento, le avergüenza tenerlo, porque en realidad envidiar a alguien hace que te sientas inferior a la persona envidiada, por eso nunca lo reconocerá, y se defenderá de esa miseria y esa vergüenza vistiendo su conducta de mil ropajes aparentemente dignos, de múltiples justificaciones a menudo lógicas e incluso loables.

Siempre es difícil mirarnos a nosotros mismos, entrar en lo hondo de nuestro corazón y tener el coraje de ver y aceptar lo que de negro albergamos en él. Hace falta para ello parar, detenerse, un rato de soledad, silencio. La acción y la multitud impiden ese duro, pero sano, ejercicio de introspección. Pero sí, es muy difícil hacerlo de verdad, bucear por las aguas turbias del mal que todos llevamos dentro y llegar a una de sus más poderosas raíces, la envidia.

Es lo que tradicionalmente se ha llamado examen de conciencia. 

No olvidemos que el “primer homicidio”, el de Abel a manos de Caín, la tiene como causa. Caín no aguanta la amistad de Abel con Dios. No es casualidad. La Biblia no da puntada sin hilo.

Sí es fea, y está oculta detrás de tantos comportamientos, actitudes, decisiones que vemos en la vida familiar, social y laboral, haciendo daño, hiriendo, enturbiando, generando sufrimiento, que haríamos todos muy bien haciendo un examen de conciencia para detectar qué partes de mi vida están infectadas por tan mal bicho.

Todos saldríamos ganando.

domingo, 29 de diciembre de 2024

Grandeza y miseria.


 

Cuando se cumplen dos meses de la DANA otra devastación se añade a la de aquel día negro, el triste espectáculo de echarse unos a otros las responsabilidades y el más triste aún de tratar de sacar tajada del dolor de tanta y tanta gente.

A nadie nos pilla por sorpresa. Así es la naturaleza humana, profundamente miserable a la vez que hermosa y digna, pues de esto, de esta grandeza, también hemos tenido y seguimos teniendo preciosas e inolvidables muestras.

Pero el lado oscuro está siendo tan oscuro, tan deleznable, que puede hacernos olvidar el otro, la luz que tanta gente nos ha regalado. Por eso no hay que perder la esperanza en la humanidad aunque, al menos en mi caso, cada vez que oigo o leo noticias, o escucho a demasiada gente, se me tambalea.

Porque hemos llegado mayoritariamente a donde no habría que haber llegado. Porque es mentira, es injusto y es estéril. Es una aberrante simplificación. La gente de “derechas” carga contra el Gobierno central, la de “izquierdas” contra el autonómico.

Y ni unos ni otros están en la verdad, porque lo sucedido es tan extremo y tan complejo, que un análisis sereno y objetivo de la realidad llevaría inevitablemente a aunar esfuerzos para, entre todos, y digo todos, curar, reconstruir y prevenir, en la medida de lo posible, futuras catástrofes.

No es eso lo que estamos viendo. No es eso lo que estamos haciendo. Hay que analizar la realidad, los hechos, desde ellos mismos, con objetividad, sin presupuestos ideológicos que deformen e incluso oculten esa realidad, que la interpreten a conveniencia de la ideología a la que uno está apuntado.

Dice el papa Francisco en su carta apostólica Sublimitas et miseria hominis, “Y las ideologías mortíferas que seguimos padeciendo en los ámbitos económico, social, antropológico y moral mantienen a quienes las siguen dentro de burbujas de creencia donde la idea ha reemplazado a la realidad”.

Y en esta misma carta cita un pensamiento de Pascal, “la realidad es superior a la idea”. Y si nos acercamos a la realidad desde nuestras ideas, nuestra ideología, no la veremos, y nuestros juicios, nuestras opiniones serán dañinas y además estériles. Nada aportarán, nada resolverán.

Es curioso que el título de esta carta del Papa sea Grandeza y miseria del hombre. Hemos visto en Valencia y estamos viendo esta grandeza y esta miseria de un modo tan claro, tan gozoso y doloroso a la vez, que parece estar escrita adrede para nosotros.

Apeémonos de nuestra ideología para poder ver la realidad. Y quedémonos en este final de año con la grandeza.

viernes, 19 de enero de 2024

La palabra iglesia viene de inglesia, inglés. Segunda parte.


 

Después de escribir la entrada titulada “La palabra iglesia viene de inglesia, inglés”, caí en la cuenta de que hacía falta una segunda parte, y voy a escribirla.

En la citada entrada hablo exclusivamente de educación. Ciertamente que un alumno de 4º de secundaria, que lleva toda su vida “aprendiendo”, que se supone que ha estudiado historia, arte, tres lenguas entre otras muchas disciplinas y alguna que otra imbecilidad, debe haber adquirido los conocimientos y las estrategias suficientes como para detectar que eso de que iglesia viene de inglesia, y esta de inglés, es una majadería.

Pero también ha podido ocurrir que algún adulto, leyendo la primera parte de la entrada, haya tragado, y que luego, al continuar leyendo, se haya sentido ofendido, pensando quizá que de esta forma me estaba burlando, tachándolo de inculto, falto de actitud crítica o de mente cerrada.

Nada más lejos de mi intención. Y si para alguien así ha sido, ruego acepte mis más sinceras disculpas. Porque que eso le pueda pasar a un adulto, se entiende; a un joven de 4º de secundaria, no. Ellos deben tenerlo todo fresco, y se supone que disfrutan de un excelente sistema educativo. Suposición falsa, por eso pasa lo que pasa. Y a fin de cuentas ellos no son los culpables de su situación.

Pero un adulto es diferente. Unos hace ya mucho que estudiaron, otros no pudieron estudiar demasiado, otros viven absorbidos por mil tareas y responsabilidades, y todos estamos sometidos a un constante bombardeo de mentiras y medias verdades que acaban por impedirnos distinguir lo verdadero de lo falso, pese a la cultura, la capacidad crítica y la apertura al mundo que tengamos.

Valgan pues estas dos entradas para hacernos caer en la cuenta de la inmensa mentira en la que vivimos, y no solo en la educación. Basta con hacer un razonamiento lógico, incluyendo datos ciertos junto a falsedades, y que lo exponga en el lugar y momento oportunos la persona adecuada, para que la mayor mentira sea verdad.

Me decía una buena amiga que leyó la entrada y se quedó a cuadros, pues pareciéndole verdad, y más habiendo sido escrita por mí, chocaba frontalmente con sus conocimientos e incluso el sentido común. Al seguir leyendo, quedó claro el asunto.

Pero si no hubiera escrito esa segunda parte, ella hubiera investigado, se habría informado y pronto habría descubierto la verdad. Esa es la actitud que hemos de tener ante el mar de información en el que vivimos. Una actitud crítica.

Y un apunte más. Una de las cosas que la descolocó fue el que lo hubiera escrito yo. Ahí está el famoso argumento de autoridad. Peligrosísimo. Una verdad nunca es verdad por quien la diga, por mucho aprecio y respeto que nos merezca. Esa es la herramienta que los líderes sin escrúpulos utilizan magistralmente. Y ante la que hay que defenderse siempre.

Poncio Pilato le dijo a Jesús, ¿qué es la verdad? Esa pregunta debemos hacérnosla continuamente. Está en juego nuestra libertad.


130 días sin llover. Solo 11 litros

Hoy llueve. Veremos cuánto. De momento, poco.

martes, 20 de septiembre de 2022

¡Cuánto daño hace la publicidad en la tele!


 

Sólo una breve reflexión, hoy no tengo tiempo de más, sobre algo que siempre me ha preocupado de la televisión, la publicidad y sus efectos en las personas, sobre todo si no tienen desarrollada una mínima actitud crítica ante los medios de comunicación.

Normalmente no veo la tele. Sólo el tiempo y alguna película. Los informativos tampoco, porque se nota demasiado a quien sirven y me enfada. Pero a veces, almorzando solo en casa, me pongo alguna serie, aunque veo más publicidad que la serie en cuestión.

Hoy mismo la sucesión de anuncios ha sido delirante. Primero uno de esa empresa que dice velar por la veracidad de la publicidad. A renglón seguido, uno que es una mentira monda y lironda, y peligrosa, del que ya hablé en una anterior entrada. Luego sale un médico pidiendo ayuda para los niños que mueren de hambre en el tercer mundo. Después uno de vacaciones no sé dónde, y para acabar otro de un perfume muy sensual.

Una sucesión caótica de mensajes contradictorios donde lo cierto y lo falso, lo urgente y lo banal se sitúan al mismo nivel. Todo es igual de importante, o nada es importante.

Queda en manos del espectador distinguir entre lo que es verdad y lo que no, lo que es importante y lo que es intrascendente, lo urgente y lo que puede esperar toda la eternidad, que no pasará nada.

¿Y cuánta gente hay en nuestra sociedad que no es capaz de hacer esto, que ni se lo plantea? Niños por estar aún en formación, y jóvenes por las características propias de su edad, son los más vulnerables. Pero todos estamos expuestos a esta agresión que la publicidad en la tele supone.

El resultado es un embrutecimiento de nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad, y una pérdida de capacidad crítica, lo que nos deja, indefensos, en manos de esos poderes ocultos que manejan nuestra vida.

miércoles, 29 de junio de 2022

Crea toda la felicidad que puedas...

 

Voy a compartir un texto del filósofo inglés, Jeremy Bentham, que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Lo he encontrado en un interesante libro que estoy leyendo del que hablaré cuando lo acabe.

De momento ahí van estas palabras que dirigió, poco antes de morir, a la hija de un amigo en su cumpleaños. Todo un programa de vida.

“Crea toda la felicidad que puedas, suprime toda la infelicidad que puedas. Cada día te dará la oportunidad de añadir algo al bienestar de los demás o de mitigar en algo sus dolores. Y cada grano de felicidad que siembres en pecho ajeno germinará en tu propio pecho, mientras que cada dolor que arranques de los pensamientos y los sentimientos de tus semejantes quedará sustituido por la paz y la alegría más hermosas en el santuario de tu alma”.

NOTA: Si quieres conocer más a este filósofo, entra en google. Te sorprenderá.

sábado, 18 de junio de 2022

Es el tiempo de la antítesis.

 

Me trasmitía un día de estos un amigo, muy joven, su preocupación y desazón por los excesos y despropósitos del feminismo radical que flaco favor está haciendo a tan noble causa. Así lo veía él; teniendo razón en principio se pasan tres pueblos, o cuatro o cinco…, me decía.

Siempre que hablo en serio con gente, y más si es joven, intento dar esperanza y herramientas para que puedan mantenerla. Y en este caso vino en mi ayuda, como tantas veces, la filosofía.

Enfoqué el asunto de este modo. La sociedad y las ideas que la impulsan, evolucionan de un modo dialéctico. Es decir, a una determinada situación social a la que vamos a llamar tesis, con el tiempo se le contrapone otra a la que llamaremos antítesis, y del enfrentamiento entre ambas surge la síntesis que recoge lo bueno de la una y de la otra. Y esta síntesis, a lo largo de los años se convertirá en tesis a la que se le opondrá otra antítesis, y así sucesivamente.

Y el progreso real no está ni en la tesis ni en la antítesis, sino en la síntesis que con el paso del tiempo, cuando se vaya “agotando”, se convertirá, como hemos dicho, en tesis a la que se le opondrá una nueva antítesis.

Es importante destacar el hecho de que quienes se identifican con la antítesis están convencidos de ser ellos quienes evolucionan frente al inmovilismo de quienes se sitúan en la tesis. Se creen que son el progreso, pero es una apreciación subjetiva y falsa, pues el verdadero progreso estará en la síntesis cuando la sociedad sea capaz de superar el enfrentamiento y dar a luz un estadio superior. La síntesis siempre tiene más verdad que la tesis y la antítesis.

Este planteamiento teórico puede resultar reconfortante y esperanzador. Ante una sociedad con la absoluta supremacía del varón, machista la llaman, (tesis) se levanta otra que, buscando la igualdad, se sitúa en el otro extremo, lo que en la práctica supone la absoluta supremacía de la mujer (antítesis). En esa tensión madura la síntesis que habrá de dar a luz una sociedad donde varón y mujer vivan, de verdad, en absoluta igualdad.

Ahora, le decía yo a mi amigo, estamos en esa situación. El feminismo, buscando afanosamente romper con todo lo que parezca o pueda parecer machismo, se radicaliza cayendo en extremos a menudo ridículos, a veces peligrosos, provocando lamentables daños colaterales y respuestas también lamentables.

Y por supuesto, están convencidos que son el progreso.

La síntesis llegará, gozaremos del verdadero progreso. Y recordaremos con humor los muchos excesos ridículos, y con tristeza los errores cometidos y a las víctimas. Pero ahora es tiempo de excesos y desacatos, excesos y desacatos que mezquinos intereses políticos alargarán todo lo posible; pero todo tiene su tiempo bajo el sol.

Mi amigo es joven, y creo que vivirá en una sociedad donde de verdad hombres y mujeres convivan en igualdad y armonía. Y así se lo hice saber. Pero de momento aún suenan tambores de guerra. Estamos lejos de la síntesis; es el tiempo de la antítesis, la tesis va quedando atrás.

NOTA: Uno de los filósofos que trata más a fondo el tema de la evolución dialéctica es el alemán Hegel.

viernes, 25 de marzo de 2022

... pero voz que no se apaga.


No hace mucho fue el día mundial de las enfermedades raras. La España vaciada se vació y sigue haciéndolo porque al ser pocos… Para conseguir algo de las autoridades hay que recoger muchas firmas. Ahora, con la huelga del transporte, el Gobierno negocia solo con la plataforma mayoritaria.

Como estos podríamos poner muchos ejemplos más para demostrar cómo lo que importa es el número. La mayoría se lleva siempre el gato al agua. La minoría, a la que ni siquiera se le escucha, queda olvidada y marginada. Excluida.

Pero no hemos de olvidar que en tiempos del nazismo, la mayoría era la que seguía a Hitler. Y en la Unión Soviética, la mayoría apoyaba a sus líderes, no más democráticos y respetuosos con los derechos humanos que el dictador nazi.

¿Qué quiero decir con esto? Que las mayorías no siempre tienen la razón, y que guiarse exclusivamente por ellas y gobernar tan solo en función de ellas, no solo ha provocado grandes injusticias, sino auténticos baños de sangre. Por eso creo que es muy importante escuchar y atender también a las minorías. También tienen algo que decir, y también tienen sus necesidades.

 Invertir en la investigación de las enfermedades raras no solo es justo, sino que puede arrojar luz sobre enfermedades no tan raras. Atender a los pueblos pequeños, dotándolos de buenos servicios sanitarios, educativos (la LOGSE fue un golpe mortal al mundo rural) y de buenas comunicaciones, no solo es justo, sino que redunda en beneficio de todos. Determinadas reivindicaciones, como la reciente de la atención personalizada en los bancos, no debería exigir recogidas de firmas, bastaría con escuchar a los que no se aclaran con las pantallitas, aunque sean pocos y “a extinguir”, porque eso es lo justo. En el conflicto del transporte, ningunear a quienes no están integrados en la plataforma mayoritaria solo lo alarga innecesariamente. Y tampoco es justo.

Todo esto se ve muy claro también en la dinámica actual de las redes sociales. El número de seguidores convierten a uno de pelagatos en “influencer”, como se  dice ahora. Pero el número de seguidores no garantiza que lo que esa persona trasmite con su gran influencia sea digno de ser trasmitido. Incluso puede ser, y hay casos en que lo es, contrario a los principios más elementales de la ética, o simplemente vulgar e intrascendente, inútil pues y perjudicial para los influenciados.

Ante esta situación, situación con mil caras, urge tener ante todo una actitud crítica. Pensar por uno mismo más allá de lo que piense la mayoría. No dejarse “comer el coco” por nadie ni por nada. Y cuando nuestro pensamiento nos lleve a sintonizar con los demás, ¡a disfrutar de ser uno entre todos, del calor de los otros! Pero cuando nos lleve a enfrentarnos, aguantar en paz el dolor de ser yo mismo, y el frío de la soledad y la incomprensión a la que puede conducirnos. Aceptar el ser voz que grita en el desierto, pero voz que no se apaga.

viernes, 11 de junio de 2021

Éxito y poder.


Escuché el otro día en la radio a una señora que presentaba un encuentro internacional de mujeres a las que, podríamos decir, las cosas les han ido bien en la vida en una sociedad dominada por los hombres. No sé en qué ciudad española se hacía este congreso; ni me importa, porque me dio toda la pena del mundo.

Los modelos a presentar eran mujeres que en distintos ámbitos de la vida han tenido éxito y alcanzado el poder, en lo suyo, claro, lo que les daba libertad. Este era el pérfido planteamiento.

Las palabras éxito, poder y libertad fueron reiteradamente utilizadas por esta señora en la entrevista que le hicieron. Y pensé el daño que a mucha gente, sobre todo joven, le puede ocasionar vivir con estas tristes metas.

De entrada estoy convencido qué éxito y poder no suelen ir asociados a la libertad. Más bien al contrario, la búsqueda de estos dos ídolos nos hace sus esclavos, esclavitud que se hace fuerte cuando pensamos que los estamos alcanzando, porque nunca, quien va tras ellos, cree haberlos conquistado plenamente. Y esa es una de sus condenas.

Además, quien basa su vida en el éxito y el poder, si acaba lográndolo, es sobre el fracaso de otros y el sometimiento de muchos, lo que ahuyenta cualquier posible principio moral, y bienes como la felicidad.

Otra cosa es que el éxito nos venga sin esperarlo, como consecuencia de nuestro trabajo honesto y nuestro esfuerzo, y que el poder se nos otorgue muy a nuestro pesar, en cuyo caso yo le llamo autoridad y se convierte en servicio.

No sé si en este encuentro del que hablo, las féminas exitosas y poderosas, brillantes modelos a seguir, tendrán esto claro. No lo sé. Lo que sí que sé es que la forma de presentar el asunto que oí en la radio me daba escalofríos. Por feo, sí; feo y peligroso. Porque eso hace daño.

Imagino que estas cosas son parte de los inevitables excesos de la revolución feminista que estamos viviendo. Pero veo muy triste que la mujer se iguale con el hombre copiando lo más miserable y rastrero de una sociedad secularmente dominada por los varones. Sociedad que ha tenido como dioses el éxito y el poder, lo que supone dinero. Dioses que han exigido a lo largo de la historia, y que siguen exigiendo, innumerables sacrificios humanos.

Era una bonita esperanza que la mujer, con su lucha, alumbrara una sociedad diferente. Que esta justa y necesaria revolución trajera aire fresco y rompiera de una vez por todas ese modelo de macho dominante, poderoso, encumbrado en el éxito, elevado sobre las ruinas de tantos que fueron derrotados en el combate por llegar a donde ellos están. Pero no, parece ser que de lo que se trata, oyendo a esta señora que oí en la radio, es de igualarse a ellos, a lo peor de ellos.

Por todo esto, aquella entrevista me dio toda la pena del mundo. Y me dije como tantas veces, este no es el camino.

viernes, 30 de abril de 2021

Heidi al poder, Rottenmeier al paredón.


Cuando estaba yo en la Universidad, hace ya más de mil millones de años, había una pintada que vi en muchos sitios, aseos, pasillos, puertas, paredes, que decía Heidi al poder, Rottenmeier al paredón. Eran los tiempos de Heidi en la tele.

Y siempre me hizo pensar eso del poder y el paredón; me inquietaba. El tiempo me ha ido clarificando aquel pensamiento y aquella inquietud juvenil ha encontrado su causa, causa que intuía, y que el paso de los años ha dejado bien al descubierto.

Todo poder, implica paredón.

Y ese es el problema. El poder, si es servicio, es legítimo; pero solo si es servicio, y entonces se le llama de otras formas. Si no lo es, es una de las muchas formas del mal, y genera rabia, enfrentamiento, odio, violencia…, muerte al fin y al cabo. Paredón.

Por eso, cuando escucho la palabra empoderamiento, palabra fea donde la haya, tiemblo. Si empoderas a alguien, llevas al paredón también a alguien. Eso es así aunque lo revistan de bellas palabras. Siempre ha sido así, y siempre lo será. Porque el poder es intrínsecamente perverso. Siempre supone un porque puedo lo hago, y el cómo he llegado a poder, ya es harina de otro costal. Y lo es porque decido desde el poder que así sea.

Pero si entiendo el poder como servicio ya no es poder, es autoridad. Y la autoridad auténtica, nunca deseada por quien la ejerce (prueba ésta de su autenticidad) se legitima en la entrega a los demás.

Si aplicamos este planteamiento a la política, a los movimientos sociales, a la empresa, incluso a las relaciones sociales, se llega a interesantes y sabrosas consecuencias.

Sí, Heidi al poder. Pero no Rottenmeier al paredón. En algún lugar habrá, debe haber, un encuentro entre la luminosa cabaña alpina del abuelo y el sombrío piso de la agria señorita Rottemmeier.


sábado, 17 de abril de 2021

Buenos pero feuchos.


Escuché el otro día, en un programa sobre extraterrestres que vi de pasada, el argumento que utilizaban para alertarnos de que en un hipotético contacto con una civilización alienígena llevaríamos las de perder, pues habría muchas posibilidades de que no fuera pacífico. ¡Vamos! que ni encuentros en la tercera fase, ni ET.

El argumento en cuestión era muy simple. Si vienen aquí es porque tienen que ser muy superiores a nosotros y por lógica histórica, el pez grande se come al chico, es decir, las culturas más poderosas han engullido siempre a las menos poderosas. Conclusión: si vienen se nos comen.

Y entonces vino mi reflexión. Una superioridad tecnológica tal que les permitiera llegar hasta nosotros, podría suponer una superioridad moral en la línea de un mayor respeto por otras civilizaciones inferiores. ¿Por qué pensar que el desarrollo tecnológico no puede ir de la mano con el desarrollo moral? Es un pensamiento muy negativo, basado desde luego en nuestra historia.

Y aún pensé más. Estoy casi seguro que un desarrollo tecnológico altísimo, si no está acompasado con un desarrollo moral proporcional, produciría, más pronto o más tarde, la destrucción de esa civilización.

En otras palabras. Veo más probable que nos destruyamos nosotros mismos por un desajuste entre ciencia y tecnología, y ética y moral, que la hipotética visita de extraterrestres que, puestos a llegar hasta nosotros, habrían tenido que superar la grieta entre lo que podían hacer y lo que debían hacer como especie.

Y haber logrado eso, asignatura que tenemos pendiente los humanos, creo que habría hecho que fueran buena gente, aunque quizá feúchos, cartilaginosos, verdes y con antenas.

sábado, 10 de abril de 2021

315.000.000 de litros de agua.


Se me ocurrió el otro día pensar en lo que llueve cuando llueve, ¡ya ves! Y el resultado de mi reflexión me sorprendió, y no sólo a mí, sino a las personas a las que se lo he contado.

Estos días grises y pochos, nos están dejando poca agua. Cinco litros, de momento. Con este dato empiezo. Cinco miserables litros por metro cuadrado.

Y aquí empieza la reflexión. Si un kilómetro cuadrado tiene 1.000.000 de metros cuadrados, eso significa que por cada kilómetro cuadrado han caído cinco millones de litros de agua. Y si el término municipal de Ribarroja tiene algo más de 63 kilómetros cuadrados, llegaremos a la conclusión de que en estos últimos días han caído sobre nosotros 315.000.000 de litros de agua. Y ha llovido muy poco.

Creo que los cálculos están bien hechos, aunque lo mío no han sido nunca las matemáticas. Si no es así, lo siento; hasta me dará risa, y prometeré, en ese caso, no hablar nunca más de números en el blog.

Pero si está bien, cosa que creo, eso me ha llevado a otra reflexión. ¡Qué fácil es engañarnos a las personas! Un mismo dato, según como lo digas, suena totalmente diferente, y provoca consecuencias del todo distintas en quien lo conoce.

Decir, han caído en el término municipal 5 litros por metro cuadrado en dos días; ¡bah, miseria! O decir, han caído 315.000.000 de litros de agua en dos días; ¡qué barbaridad!

Pues eso.

lunes, 20 de julio de 2020

Mientras yo me divierta...



"Otra consecuencia de este estado de cosas es la sobrevaloración de la diversión. Los programas "divertidos" tienen mucho rating y el rating es lo supremo, no importa a costa de qué valor, ni quién lo financia. Son esos programas donde divertirse es degradar, o donde todo se banaliza. Como si habiendo perdido la capacidad para la grandeza, nos conformáramos con una comedia de regular calidad. Esta desesperación por divertirse tiene sabor a decadencia."

Este texto de Ernesto Sábato tiene ahora una impresionante actualidad. Está escrito pensado en la televisión, pero es extrapolable a todos los ámbitos de la vida. Y señala además un problema que en estos momentos nos está costando muy caro. Y lo que nos costará.
La diversión, mi diversión, como un valor absoluto. Yo tengo derecho a divertirme por encima de todo. A costa de los derechos del vecino, al margen del más elemental buen gusto, en contra de cualquier valor, de cualquier principio moral, del medio ambiente, de la salud de todos… Yo me he de divertir.
¿No es esa enfermiza necesidad de diversión permanente una de las causas, no la única, de los imparables rebrotes que amenazan con estrangularnos del todo? ¡Claro! Pero hay que divertirse, por encima de todo hay que divertirse. Caiga quien caiga, hay que divertirse.
En una reciente entrada hablaba del significado etimológico de la palabra divertirse. Divertirse, del latín divertere ‘apartarse’ y ‘desviarse de algo penoso o pesado’.
Y en esta etimología está la clave de la cuestión. El porqué de todo esto. Necesitamos divertirnos en la medida en que necesitamos apartarnos, desviarnos de algo penoso o pesado. El ansia desmedida de divertirse, que tan cara nos está costando, ya antes de la pandemia, ahora más, indica que vivir, a mucha gente, le resulta penoso y pesado. Por eso, porque el día a día es penoso y pesado estamos desesperados por divertirnos, por huir de una vida gris, agobiante, anodina, sin sentido. Y desde luego hemos de hacerlo nunca solos. La soledad, aunque sea elegida, aterra. Nos hace falta la peña, el mogollón, el ruido, el alcohol y lo que haga falta, con tal de huir de nuestra propia vida.
Sí, sabe a decadencia. Y una sociedad decadente, un mundo decadente no puede hacer frente a este inesperado enemigo. En esto tiene razón el imbécil de Trump; la pandemia acabará cuando quiera acabarse. Lo máximo que podremos hacer es mitigar un poco sus efectos; poco más.
Altura de miras, solidaridad, justicia social, responsabilidad, capacidad de sacrificio, respeto por los otros, son algunos de los mejores antídotos contra el virus. Y de eso andamos escasos. Porque somos una sociedad decadente, y por eso, y volvemos al principio, tenemos esa necesidad imperiosa, desesperada, por divertirnos.
Que no nos engañen los cantos de sirena de lo políticamente correcto. Ya veis que son mentira. A la vista está.

lunes, 25 de mayo de 2020

No era una entrada triste.



Hay quien me ha dicho que la entrada anterior es muy, muy triste; preguntándome si yo me identificaba con Abderramán III. Pues no, no me identifico con Abderramán III.
Y si bien es cierto que lo que dice el califa es muy triste, y que triste debió ser su vida si lo que dice es verdad, no deja por eso de darnos una lección magistral. Y por eso compartí sus palabras.
Un hombre que lo ha tenido todo, vida social intensa y satisfactoria, riquezas y lujos, placeres y poder, una vida larga…, se da cuenta de que ha sido feliz , tan solo, catorce días.
Y esta es la gran lección. La felicidad no estaba ahí, en todo eso que él tuvo y todos desearíamos. Había que buscarla por otra parte, por otros caminos, por donde Abderramán no anduvo. Y se dio cuenta, y nos lo dice al final de sus días.
Lo triste será que a nosotros nos pase lo mismo que aquel hombre, porque todos tenemos el constante riesgo de que así sea. Y la prueba la hemos tenido en estos días pasados. Días en que muchas de las cosas que componían, por decirlo de algún modo, nuestra felicidad, han quedado suspendidas temporal o indefinidamente.
Es un ejercicio duro y exigente pensar esto, ahondar en este pensamiento hasta sus últimas consecuencias; pero si no lo hacemos, y ahora la ocasión la pintan calva, nos puede pasar lo que le pasó, hace ya mil años, al califa de Córdoba.
¿Veis? No pretendía ser la de ayer una entrada triste. Sólo seria.

domingo, 24 de mayo de 2020

Suman catorce.



En estos tiempos aciagos, de proyectos rotos, expectativas truncadas, futuro incierto, de un modo instintivo, y a menudo muy a nuestro pesar, nos hacemos preguntas inquietantes, buscando en las respuestas posibles un asidero donde agarrarnos para defendernos del vértigo que nos causa esa sensación de pesadilla de caer al vacío.
Y a veces sucede que, por casualidad, encontramos a una persona que dice algo que nos suena a respuesta; una respuesta a la que podemos agarrarnos, aunque en realidad sea otra pregunta, pero ésta más luminosa.
Y esa persona puede venir de muy lejos, de muy lejos en el tiempo. Ni más ni menos que del siglo X viene Abderramán III con estas palabras que, esta tarde de domingo, comparto sin más comentarios.

He reinado más de cincuenta años en la victoria o en la paz; amado por mis súbditos, temido por mis enemigos, y respetado por mis aliados. Riqueza y honores, poder y placer, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva.
En esta situación he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad: suman catorce:

(Escrito en su testamento)

martes, 21 de abril de 2020

Tiempo de grandes preguntas.



No sé dónde leí hace algún tiempo un artículo que creo que es del periodista Carlos Benito. Me pareció interesante y lo copié/guardé en mi ordenador. Hoy, cuando nos acercamos a los 40 días de confinamiento, que se dice pronto, lo he releído y me parece oportuno compartir un fragmento.
Si alguien lo quiere completo, me lo pedís por correo y os lo envío.

La filosofía es nuestro compañero inevitable de epidemia y cuarentena, aun en el caso de que las estanterías de nuestra casa –esa en la que permanecemos forzosamente enclaustrados– no guarden ni una sola obra de pensadores ilustres. En estos momentos de zozobra, cuando nuestras certezas y hábitos se han hecho añicos hasta volverse inservibles, se nos agolpan en la mente las grandes preguntas que han pellizcado desde siempre al ser humano. Por poco propensos a la reflexión que seamos, la filosofía se acaba colando en nuestros hogares y nuestras cabezas: ¿por qué nos está sucediendo esto? ¿Tan vulnerable es la humanidad? ¿Es justo que mis padres enfermen y los del vecino no? ¿Cuáles son los comportamientos éticos en estas jornadas difíciles? ¿Por qué en unos ánimos prima la solidaridad y en otros el egoísmo? ¿En qué consiste ese amor que nos hace añorar dolorosamente a los seres queridos, temer por ellos, sentirlos tan cercanos a pesar de la distancia? ¿Es legítimo experimentar momentos de felicidad familiar en mitad de tanto sufrimiento? ¿Cómo se debe resolver esa situación terrible en la que queda solo una cama y se acumulan varios enfermos?

sábado, 21 de marzo de 2020

Por si a alguien le sirve.



Salieron hace poco en El País una serie de pensamientos a propósito de la situación que nos está tocando vivir. Comparto algunos, por si a alguien le sirven para algo.

Marie Curie.
Nada en la vida debe ser temido, solamente debe ser comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para poder temer menos.

Haruki Murakami.
Cuando salgas de la tormenta, ya no serás la misma persona que había entrado en ella. En eso consiste la tormenta.

Winston Churchill.
La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor.

Albert Einstein.
En medio de la dificultad se esconde la oportunidad.

Nelson Mandela.
Aprendí que el coraje no era la ausencia del miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.

Stefan Zweig.
Toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y solo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo este ha vivido de verdad.

lunes, 27 de enero de 2020

El dedo en la llaga.



Mucho se ha dicho hoy con ocasión del 75 aniversario de la liberación de Auschwitz, y cuando ocurre esto pasa lo de siempre. Habla quien no debería hablar, porque no todos los que lo hacen tienen autoridad moral para hacerlo. Se dicen muchas tonterías, a veces por la obviedad de lo dicho, y otras porque lo son en sí mismas. Y también se dicen cosas ciertas que quien las dice puede decirlas.
Releyendo un poco por aquí, un poco por allá, he visto como hay quien sí pone el dedo en la llaga que no es, por cierto que sea, “lo malos que eran los nazis”, sino la ideología que eficazmente utilizada manipuló a todo un pueblo como el alemán, ni mejor ni peor que otros pueblos, y lo arrastró a crear un lugar como Auschwitz.
El victimismo histórico, el revanchismo, la conciencia de ser diferentes y superiores, el expansionismo, la utilización de la lengua para enfrentar y dividir, la sacralización de símbolos, la manipulación de la historia, la adulteración de la democracia, el nacionalismo exacerbado y excluyente, la creación de un enemigo oficial a batir…
Esta ideología, con la que Hitler regó Alemania, sigue estando actualmente demasiado presente, y con otros nombres, pero con el mismo veneno, sigue regando el mundo. Y las semillas del mal, del mal en estado puro, esparcidas por doquier, reciben ese riego perverso y germinan en demasiados rincones del planeta.
Por sus frutos los conoceréis, dice el Evangelio. Y es verdad. Cuando una ideología, un “ismo” de estos de los que hay tantos ahora, no pone la dignidad, la libertad y el bienestar del hombre, de cualquier hombre, por encima de todo, es hija del mal.
No quiero decir más, aunque la mano se pasea por el teclado con ganas de más. Pero no. Hoy no. Hoy, por respeto a toda aquella gente que sufrió y murió sólo por haber sido declarados “enemigo oficial”, callo.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Un decálogo antimanipulación.



Releyendo el texto que publiqué ayer de Baltasar Gracián y, ¿por qué no decirlo? disfrutando de su lectura, tanto por lo que dice como por la forma de decirlo, me ha parecido encontrar en él algo así como un decálogo antimanipulación, y me he dicho, voy a ver si de verdad salen diez principios para defendernos de los abductores de mentes y voluntades que nos rodean. ¡Y han salido!
Así pues, y con permiso de don Baltasar Gracián y Morales, expongo las diez normas básicas que hemos de seguir para que no nos coman el coco. Normas que ya nos dio este buen hombre hace más de 400 años. Primero repito el texto que ya puse ayer.

Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe agena. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde passa; tiñe de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste de lo falto y de lo falso.

Y ahora el decálogo.

Atención al informarse. Hemos de ser conscientes de que recibimos constantemente información. Hay que tener una actitud de atención activa ante la información. No vale tragar lo que me echen.

2ª Vívese lo más de información. Nuestra vida es lo que es según la información que recibimos. No olvidemos pues que no hay información inocua, construimos nuestra vida sobre ella.

Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe agena. No vemos casi nada de lo que ocurre. Sabemos lo que ocurre porque nos fiamos de quien nos lo cuenta. Seamos conscientes de que nos estamos fiando, casi siempre, de terceros y desconocidos.

Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. Si nos lo cuentan puede ser verdad o no. No nos creamos toda la información que nos llega. ¡Ojo con el famoso lo ha dicho la tele, o lo sé de buena tinta!

5ª La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye. Lo que vemos personalmente con claridad y contundencia suele estar más cerca de la verdad; si nos lo cuentan, ya es harina de otro costal. Intentemos en la medida de lo posible acudir a las fuentes, contrastarlas, verlo si podemos, que no nos lo cuenten.

Raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando viene de lejos. Cuanto más alejada de nuestra vida cotidiana está la información que nos “venden”, más fácil es que no sea verdad. Seamos cautos cuando nos hablan de realidades lejanas a la nuestra.

Siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde passa; tiñe de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. La información nos llega tanto más adulterada cuanto más largo ha sido su recorrido hasta nosotros. Atentos al maniqueísmo, o buenos o malos. Simplificaciones teñidas de los colores por donde pasa la noticia.

Tira siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. El sensacionalismo. Cuanto más impacte la noticia mejor. Lo bueno será excelente, y lo malo, pésimo. No hay moderación. No hay grises, o blanco o negro. No nos dejemos embaucar por lo radical, lo extremoso, lo impactante.

Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Hay que conocer quién nos da la información, a quien se debe, de quien cobra, con quien comulga. Identifiquemos las servidumbres de quien nos informan, sea la  prensa, la tele, la radio, internet o la vecina.

10ª Sea la reflexa contraste de lo falto y de lo falso. Y como un resumen de todo lo anterior es necesaria la reflexión para descubrir las tergiversaciones y mentiras, bien por omisión o acción. Reflexionemos, pensemos. Si no pensamos nosotros, otros pensarán por nosotros.

            Es esta última frase lo último que les dije a mis alumnos de filosofía. Mis últimos alumnos. ¡Ojalá no la olviden!

viernes, 29 de noviembre de 2019

Vivimos de fe ajena.



Decía Baltasar Gracián, nacido el año 1601, que hay que saber informarse. Tener, por decirlo de modo actual, actitud crítica ante la información que nos llega. Figuraos la información que llegaría a un ciudadano en el siglo XVII…
Pues si entonces ya, este hombre sabio, decía lo que decía ¡cuánta más actualidad tienen sus palabras en una época donde vivimos sumergidos en una permanente orgía informativa!
A continuación podéis leer el texto en el castellano del siglo de Oro. Cuesta un poco, pero vale la pena. No tiene desperdicio.

Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe agena. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde passa; tiñe de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste de lo falto y de lo falso.

No hacen falta comentarios, pues es muy clarito. Yo me quedo, por destacar algo, con eso de "es lo menos lo que vemos; vivimos de fe ajena". Y también con "la verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras veces llega en su elemento puro, y menos cuando viene de lejos".
Y una más, esa alusión directa al sensacionalismo, ¡brillante! "Tira siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera". Que en lenguaje de hoy sería algo así como, trata siempre de impresionar, mucho cuando alaba, más cuando critica o censura.
Baltasar Gracián, aragonés, jesuita, filósofo y escritor. Siglo XVII.