FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.
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viernes, 11 de julio de 2025

Actualización fin de semana del 12-13 de julio de 2025.

Si se cumplen las previsiones este fin de semana va a tener dos caras bien distintas. Mañana, lluvias y tormentas y el domingo, soleado. Las temperaturas serán prácticamente iguales, máximas de 30-31 y mínimas de 22-23. El viento seguirá de levante, flojo, los dos días.

El único problema es que aunque estaremos en alerta naranja por lluvias, no veo que en ningún parte de los que consulto den cantidades importantes. Y eso, si hay mucho aparato eléctrico, es muy peligroso para el monte. ¡Ojalá llueva en abundancia, sin pasarse claro, y remoje todo bien!

sábado, 5 de julio de 2025

Se ha perdido el respeto a la montaña.


 

Este verano ha empezado bravo con el asunto de los rescates en la montaña, y va a ir a más. La Guardia Civil trabaja sin descanso y los medios de comunicación se hacen eco de la situación todos los días.

Las causas de esto las tengo muy claritas hace ya tiempo, y por eso sé que no hay solución posible. Y sé también que cuando se decidan a darla lo harán de tal manera que pagarán justos por pecadores, como pasa siempre, lo que no será realmente solución.

Se ha perdido el respeto a la montaña, sería una frase que resumiría lo que está sucediendo, pero que no es operativa sin ir más allá y buscar qué es lo que ha hecho que se le pierda el respeto.

La masificación del turismo de montaña, provocada por una publicidad exagerada e innecesaria que impulsa a muchísima gente a ir sin saber a dónde va, ni a qué va, ni por qué va, es la primera causa.

También hay quien sabe a qué va. A un polideportivo o a un parque de atracciones donde todo está permitido. Y el problema es que no lo es; ni una cosa ni la otra. Las BTT y las carreras están detrás de esto. La montaña, y más aún la alta montaña no son un polideportivo ni un parque de atracciones. A ver quién pone el cascabel a este gato.

Sucede también que ante tan desmedida afluencia de una mayoría no preparada para ir a la montaña, se prepara a la montaña para la gente. Pero las exigencias del terreno y el clima son lo que son; sin contar con las propias limitaciones a menudo distorsionadas. Todo esto supone para más de uno una auténtica trampa.

Porque, y es otra causa, vivimos en la época de ese eslogan ridículo y falso de que tú quieres, tú puedes. Esto es verdad solo a veces, y en la montaña también solo a veces. ¿Y cuando no es así?

Tampoco hay que olvidar la vanidad que está detrás de muchos accidentes. Ir al Aneto o al Monte Perdido para luego decir que he estado allí, porque suena muy bien. Eso no es hacer montaña ni ser montañero. Es pura tontería que puede ser además peligrosa.

Hubo una época, que afortunadamente viví, en que en la montaña solo había montañeses y montañeros. Y campamentos juveniles, no hay que olvidarlos. Los unos estaban en su tierra, los otros la habían descubierto y la amaban, y en los campamentos nos iniciábamos en ese amor los que no habíamos nacido allí.

Tampoco éramos demasiados, y para todos, la montaña era un mundo soberbio, salvaje, que nos infundía respeto y nos llenaba de admiración. Pero tristemente pasó lo que el ilustre pirineísta Henry Russell dijo que pasaría.

Cuando un rincón de la naturaleza se descubre, los Pirineos, primero se da a conocer. Cuando lo conocen demasiados, se vulgariza. Y cuando se vulgariza, se destruye. Y no solo la montaña, sino algunos de los que se acercan a ella. Porque si rompemos el ecosistema nos rompemos nosotros con él. Y es lo que está pasando.

¿Significa esto que no tiene todo el mundo derecho a disfrutar de las montañas como le plazca? ¿Cómo negar este derecho? No se puede negar, evidentemente, pero sí podríamos quedarnos en el conocimiento y evitar la vulgarización y por consiguiente la destrucción, evitando así además la mayoría de los accidentes.

En una próxima entrada expondré lo que pienso que se podría hacer si estuviéramos en el País de las Maravillas de Alicia.

miércoles, 23 de octubre de 2024

Amanecer en la montaña.

Describe así el conde Russell un amanecer en la montaña después de una noche gélida y oscura:

“Amanece. Nuevas magnificencias. Había que cantar un Hosanna o caer de rodillas. Las nieves, heridas por la luz tenían un color rojo sangre, las otras azul marino…”

Es un amanecer en el valle de Benasque, en el Aneto en concreto, el que describe. No hacía fotos, así que hemos de recurrir a los ojos e la imaginación para ver con él estas maravillas. O no, si has tenido la inmensa suerte de poder contemplarlas una y mil veces con tus propios ojos.

Remirando algunas fotos de este verano pasado vi las de un amanecer también en Benasque que me recordaron enseguida las palabras de mi admirado conde. Y voy a compartir unas pocas.

Salí del pueblo de noche y de noche anduve un buen rato valle arriba. Iba solo, hacía frío y un cielo caótico, mezcla de nubes, claros y montañas auguraban un amanecer impresionante. Y así fue.

A medida que ascendía el silencio era más profundo. Los sonidos de ríos y cascadas, y el del viento en el bosque van quedando atrás. La luz, imperceptiblemente va disolviendo la oscuridad.

Y llega la apoteosis. El sol, que aún no ha salido, tiñe la nieve de rojo, malva, morado, gris, amarillo, y también las rocas y las nubes que se mueven entre ellas. Mientras, el cielo va buscando el azul.

No dura mucho, pero ese rato es mágico, solemne, sublime. Hay que sentarse y contemplar. Salir de ti mismo y verte pequeño, débil, torpe en medio de tan grandiosa belleza. Para el creyente es oración este momento.

Sí señor conde, tiene usted razón, habría que cantar un hosanna o caer de rodillas.

Pues bien, ahí tenéis algunas fotos.













Por cierto, tanta alerta amarilla, lluvias torrenciales, semana de lluvia y un litro en todo el día. Y mañana y pasado, sol.


                              249 litros en 407 días.

domingo, 1 de enero de 2017

Atardecer en Pirineos, desde 11.000 metros.

¡Ahí está, el macizo de la Maladeta! De bajo a arriba, el pico Maladeta, el collado Maldito, el pico Maldito, el pico del Medio, el pico Coronas, el Aneto, el pico Tempestades, el pico Margalida y los picos de Russell. Arriba, a la derecha, el pico Vallibierna. La cara sur al sol. La norte, ya en sombra.

En este primer día del año 2017, quiero compartir algunas fotos que hice desde el avión, viniendo de Bruselas, el día 30. No son unas fotos cualesquiera, al menos para mí, porque justamente pasamos sobre el Pirineo central.
A mi izquierda quedaban, entre otros, los valles de Benasque y Arán, los del Pallars, y la cordillera extendiéndose hacia el Mediterráneo. Los vi muy claramente. Identifiqué estos valles tantas veces recorridos y muchas cimas donde he sido y soy feliz, pero de entre todo lo que veía, destacaba gran parte del macizo de la Maladeta, iluminado por el sol poniente. Ya todo lo demás estaba en sombra.
Desde allá arriba, a unos 11.000 metros, viéndolos extenderse a mis pies, soberbios, impresionantes, entrando ya en la noche, hice mías una vez más, las palabras del conde Russell, “por ciego que sea el amor, creo que tengo razón al admirar más que nunca a los Pirineos”.
¡Ojala este año recién estrenado este lleno de valles y cumbres, de amaneceres y atardeceres, de sano cansancio, de cenas reparadoras con sabrosas tertulias en buena compañía! ¡Ojalá así sea!


Bajo el ala, en el centro, la Ribera de Torán y a la derecha, Varradós. Más allá, la ribera del Uñola. Entre ambos valles, el collado de Varradós, a la izquierda del macizo presidido por el Tuc d´era Pincela, en el corazón del valle de Arán.

El Medio y Alto Arán. En la parte inferior, un poco a la izquierda, el Montcorbison. Bajo él, la Artiga de Lin. Después se aprecian muy bien los valles del Nere, Valartíes, Tredós, e incluso el valle de Ruda.

Empieza a aparecer el macizo de la Maladeta. Bajo, a la izquierda, la Artiga de Lin. Detrás, a la derecha, los valles del Noguera Ribagorzana y de Bohí. Aún el sol tiñe las crestas de los  Besiberri. En el Noguera Ribagorzana, arriba de la Maladeta, se aprecian los valles de Salenques y Mulleres, y frente a ellos, los de Conangles y Besiberri.

Vamos dejando atrás el macizo de la Maladeta. Se ve muy bien su cara sur, iluminada por el sol. También se ve muy claro, a la derecha de la Maladeta, el macizo de Vallibierna, aún con luz y tras él, el embalse de Llauset.

Nos alejamos de la cordillera hacia el sur. Aún se ve algo de la Maladeta y de Vallibierna, con las últimas luces del día. Pronto no se verá mas que las nieblas que cubrían el valle del Ebro, y un cielo azul cada vez más desvaído.

domingo, 10 de julio de 2016

Gracias, amigo Juancho.


           Amigo Juancho:

Cuando has escrito en Facebook: “Gracias Jesús por llevarme contigo a las montañas cuando yo tan sólo tenía 13 años. Gracias por todo lo que me has enseñado, por haberme hecho partícipe de tu pasión -que también es la mía-, la de disfrutar de las montañas cuidando la naturaleza y respetándola en todas sus vertientes”.
Y cuando luego has escrito también, “y gracias Diego por este “finde” montañero, que seguro no será el último. ¡Has superado con nota el curso de iniciación al montañismo!” estabas, quizá sin saberlo, respondiendo a una de las más profundas inquietudes de Russell que es también una de mis inquietudes “existenciales”.
Dice en su libro Recuerdos de un montañero, “Si mis exploraciones han sido inútiles a la ciencia, que se me permita decir, en mi defensa, que es por mí, y no por los demás que me he dedicado a esto. Era una vocación; la he seguido.”
Yo, parafraseándolo, podría decir, si mis ascensiones han sido inútiles a la ciencia, y no solo a ella, sino a todo lo demás, que se me permita decir, en mi defensa, que es por mí, y no por los demás que he dedicado gran parte de mi vida a esto. Era una vocación; la he seguido.
Y ha sucedido que, siguiendo esta vocación que sentí ya desde muy niño, he encontrado un sentido a la vida, un camino a la felicidad que, al colmarme plenamente, me ha llevado a compartirlo con los demás.
Yo he sido y soy feliz en las montañas. Y compartir esa felicidad con toda esa gente que la vida a puesto en mi camino y a la que quiero, es un impulso natural al que doy rienda suelta y que me llena de satisfacción y secreto orgullo.
Por eso Juancho, cuando he visto la intensa alegría con la que has vivido el encuentro de tu hijo con la montaña, justo 25 años después de tu primer tresmil ¡y qué primer tresmil!, me haces sentir muy feliz.
Me alegro mucho por Diego, tu hijo; por ti, mi amigo; y por mí mismo, porque me dices con tus palabras que mi amor a las montañas no ha sido estéril, no ha acabado en mí, sino que ha dado fruto. Y pensar que esa felicidad, ese bienestar, esa paz que yo he encontrado allá arriba, tú también la has descubierto y se la has regalado, gozoso, a tu hijo, es para mí un regalo que me llena de intensa satisfacción. De verdad.
Hago plenamente mías las palabras de Russell justificando su vocación montañera, “No me arrepiento; es con la mano en la conciencia y en el  corazón que yo puedo gritar ¡que sean tres veces bendecidas, las horas y los años que he pasado en estas regiones serenas y luminosas de donde siempre se vuelve más puro y más feliz. Han sido las más puras y las más inocentes de mi vida!”
Y tú has llevado a tu hijo allí, a esas regiones serenas y luminosas, a donde yo te llevé hace ya muchos años. Y habéis vuelto, como diría el conde, más puros y más felices. ¡Qué más puedo pedir!

NOTAS:
1ª Me he permitido, ya has visto, publicar en esta entrada, una foto tuya, cuando acampamos en la Pleta de la Vall.
2ª Me voy a permitir también publicar, este miércoles, las fotos que hice el 13 de julio de 1991, cuando se cumplirán 25 años de la ascensión al Balaitús.



Acampada en la Pleta de la Vall. ¿Te acuerdas?
"Torrá" en Remuñe. ¡Qué tiempos aquellos!

jueves, 4 de febrero de 2016

Fuerte y libre.

Todos los años me pasa que, por estas fechas, palmo arriba, palmo abajo, cojo una faringitis que me deja “espachurrao”. Suele coincidir también que es una época de mucho trabajo y no siempre fácil. Esta combinación, cuando se da, y se está dando, pesa.
Por eso, buscando protección y paz acudo, entre otros cobijos, a las montañas literariamente hablando, pues como he dicho, no estoy para muchas roscas. Y ojeando esta tarde, junto al fuego, un antiguo y bonito libro titulado El Aneto y sus hombres, de Jean Escudier, publicado en 1972, he leído estas líneas que voy a compartir.
Son de mi venerado maestro, el Conde Russell, y como siempre, mi identificación con sus experiencias y sentimientos es total.
Yo también subí solo al Aneto, el 20 de julio de 1984. Fue mi primera ascensión al techo de los Pirineos. También “he huido” en medio de la ventisca o de la tormenta muchas veces y he sentido la exaltación que produce sentirte vivo en medio de la naturaleza salvaje y desatada.
Pero no quiero hablar más yo. Veamos qué le pasa al Conde y escuchémoslo.
A las 11 de la mañana del 9 de agosto de 1871, llega al Aneto. Escribe en el libro de la cima, “Conde H. Russell (4ª vez) Subido aquí solo. Tiempo horrible. Tengo hambre. He subido por la parte alta del glaciar. Nieva, intensa niebla, ¡oh preciosa brújula mía! ¿Qué haría yo sin ti? ¡Cuánta soledad! ¡Nadie!
La tormenta está a punto de estallar. El viento le azota. Graniza. Sale raudo hacia la Renclusa. Ese descenso va a describirlo después así.
"Solo entre la niebla, con kilómetros de nieve alrededor mío, abismos debajo de los pies, el trueno y el granizo sobre mi cabeza, sentía estremecerse el cuerpo; pero el alma crece, se eleva, y se siente más poderosa que la tempestad y la electricidad…El hombre se siente más fuerte que la naturaleza".
Y no sólo eso. Aún más añado yo, el hombre se siente libre, porque en esas circunstancias, lo único que importa es lo que de verdad es importante, y eso libera. Fuerte y libre. Sé que el señor Conde haría suyas estas palabras mías.
Por eso ahora, desde mi debilidad “faringítica” y desde las preocupaciones, agobios y tensiones cotidianas, me gusta ver al Conde fuerte y libre, volando sobre el glaciar, me gusta verme a mí, fuerte y libre, allá en nuestras montañas.
          Y eso me llena, me rodea, me protege…


El Aneto, el 26 de agosto de 2014.
La cima del Aneto, con su mítica cruz. Un día os hablaré de ella.
El famoso Paso de Mahoma, más imponente que difícil.
De regreso las nubes lo cubrieron. Pero tuvimos buen día, no como Russell.

lunes, 18 de mayo de 2015

¡Cómo estaba el valle de Benasque!

¡Ay, ay, ay! Cómo estaban los Pirineos este fin de semana. Los calores exagerados de este mes de mayo que también hasta allí han llegado, han llevado a las montañas y a los valles una primavera anticipada soberbia, espectacular.
Nieve en las montañas, mucha agua, prados muy verdes llenos de flores. Hemos gozado en Benasque, Isabel y yo, de dos días azules, con viento de norte, muy, muy azules y muy limpios.
El domingo salí a encontrarme con el sol al pico de Cerler, preciosa pirámide granítica de 2418 metros. Una ascensión breve pero hermosísima que me permitió bajar a desayunar al hotel. Luego hicimos una excursión deliciosa por el fondo del valle.
Y el obligado regreso. No nos fuimos, nos arrancamos dolorosamente de allí, diciendo con el Conde Russell “que sean tres veces benditas las horas y los años que he pasado en estas regiones serenas y luminosas de donde siempre se vuelve más puro y más feliz” y a dónde al igual que él, sólo deseamos volver.

Las primeras luces del día iluminan el Posets, de 3375 metros, la segunda cima del Pirineo. 
Cerca de la cima del Pico Cerler, el macizo de Posets ya está todo iluminado por el sol. Hace fresco.
El macizo de los Eriste, de 3053 metros. A sus pies, aún oscura, la Pleta del Vall, ¡el paraíso!
Bonito panorama del macizo de Posets.
Desde la cima del pico de Cerler, el Perdiguero, de 3221 metros, uno de los gigantes del valle
Primer plano del Posets, desde la cima del pico de Cerler.
El árido macizo de Cotiella. Sublime desierto de roca y soledad. Desde la cima del pico de Cerler.
El Aneto, 3404 metros, desde la cima del pico de Cerler. En primer plano la preciosa Serra Negra
Mall Pintrat, de 2851 metros, una de mis cimas preferidas, siempre solitarias.
Primer plano del macizo de Perdiguero, de 3221 metros, todo un tresmil.
Picos de Aiguas Pasas, Lliterola y Remuñe desde las proximidades del Hospital de Benasque.
Mall Pintrat y Estaouas desde las proximidades del Hospìtal de Benasque.
El Salvaguardia desde el fondo del valle, yendo a la Besurta.
Contraste de verdes entre el haya y el abeto, cerca de los Baños.
Pla de los Baños con el Salvaguardia al fondo. No es un montaje.

martes, 23 de septiembre de 2014

¡Feliz otoño! Sea fresco y lluvioso.

Esta madrugada, cuando faltaba un minuto para las cuatro y media ha entrado el otoño. ¡Por fin! Esperemos que sea fresco y lluvioso, y poco a poco vaya devolviendo la vida a nuestros campos y a nuestros montes.
Para recibirlo como merece, pues hemos de esperar que “se porte bien”, os ofrezco un bonito texto del Señor Conde, muy otoñal, y doce fotos del Pirineo en esta época del año que acaba de empezar. A mí es cuando más me gusta.
Dice el Señor Conde:

…pero el final de los días buenos se acercaba. Había suspiros en la brisa; las elegías pasaban por los bosques, cuyas hojas comenzaban a caer como lágrimas; y los torrentes, electrizados por el soplo melancólico de los vientos de otoño, tenían un tono conmovido, severo y triste, como nunca lo habían tenido. Se hacían más sonoros. Al sol, todavía hacía calor, pero a la sombra, la naturaleza temblaba.

Hojas de Arce en otoño.
Hojas otoñales de parra virgen.
Montgarri, en el valle de Arán.
Río Noguera Pallaresa bordeado por abedules.
Río Noguera Pallaresa, aguas abajo de Montgarri.
Lago en el valle de Gerber
Río Noguera Ribagorzana.
Salt del Pix en Varradós, valle de Arán.
Cerezo silvestre destacando sobre el verde.
Serbal con su característica coloración otoñal.
Haya destacando en el bosque con sus tonos amarillos y ocres.
Camino otoñal en Arán.

Y si quieres más, pulsando a continuación tienes 150 fotos del otoño en el Pirineo.
Otoño en el Pirineo.