FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.
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jueves, 11 de diciembre de 2025

Jugando en el sendero.

Andaba hace unos días con unos amigos por el alto Mijares que bajaba caudaloso entre paredes y pinares, atravesando un bosque de ribera aún en otoño, cuando sorprendimos a esta pareja de cabras jóvenes jugando en el sendero.

Tan entregadas estaban a su juego que no se percataron de nuestra presencia, lo que nos permitió hacerles unas cuantas fotos. Esta que comparto es la que más me gusta de las que hice.

En cuanto nos vieron, se fueron con el resto del rebaño, saltando sobre el río y encaramándose de un modo inverosímil por las paredes que nos envolvían.

Todo un espectáculo.



sábado, 16 de septiembre de 2023

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.


 

A menudo pensamos hacer muchas cosas que luego no hacemos. Y estamos convencidos de que deberíamos hacerlo. Más aún, queremos hacerlo. Y sería bueno que lo hiciéramos. Haríamos bien haciéndolo. 

¡Ya lo haré mañana!

Para nombrar esta conducta se ha puesto de moda el verbo procrastinar o los sustantivos procrastinación y procrastinador. Palabras estas que define la RAE como diferir, aplazar, y que vienen del latín procrastināre.

Como no es de fácil pronunciación, se está extendiendo la forma errónea procastinar, que nos resulta más pronunciable, lo cual me parece una majadería teniendo a mano las menos ostentosas palabras diferir o aplazar. Si la utilizamos, la utilizamos bien, y si nos cuesta, pues echamos manos de sus sinónimos. O de la conocida expresión no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Y a propósito de esta costumbre de decir que haré, de querer hacer, pero no hacer, en un diálogo de la película El guerrero pacífico, dirigida por Víctor Salva y estrenada en 2006.

Dice así, y ahí lo dejo.

-Sé más de lo que piensa.

-Y piensas más de lo que sabes. Conocimiento no equivale a sabiduría.

-¿Y dónde está la diferencia?

-¿Sabes cómo limpiar un parabrisas?

-Sí.

-La sabiduría consiste en hacerlo.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Lubricán en la niebla.

Es una palabra poco conocida y por lo tanto poco utilizada. Lubricán. Su etimología nos introduce en su significado que es crepúsculo, es decir el tiempo que hay entre las primeras luces y la salida del sol, o la puesta y la caída de la noche. Viene de lobo y perro, lupus y canis, y está influida por la palabra lóbrego.

La hora lóbrega de los lobos y los perros. Esos dos momentos del día en que la luz, avanzando o retirándose, crea un ambiente casi podríamos decir que mágico, sobre todo si lo vives en la naturaleza. Es el momento en que la vida bulle en montes y campos; los animales, tanto diurnos como nocturnos, se unen en lo que me atrevería a llamar la danza del lubricán.

Hora de silencio, los sonidos de la naturaleza no lo rompen; soledad, es pronto o se hace tarde; esperanza, de la luz o del reposo. Es el lubrican el momento en que más disfruto en mis excursiones y ascensiones. Una ascensión en el lubricán para encontrar al sol en la cima. Un tranquilo descenso esperando que la noche nos envuelva. Lubricán.

Si además le añades la niebla en el bosque el ambiente es de cuento, de cuento de hadas, de gnomos, de brujas, de lobos y osos… Así empezamos este verano una ascensión, atravesando un denso bosque de hayas. Tardamos en salir por encima de las nubes, ya había amanecido, pero siendo siempre bonito ese momento, no lo fue menos la larga travesía en el lubrican por el hayedo envuelto en niebla.











lunes, 2 de enero de 2023

Bonito espectáculo lingüístico.


Almorzábamos hoy en un pueblo no muy lejos de aquí, muy bien por cierto, cuando a la mesa contigua han llegado seis jóvenes, unos más que otros, pero jóvenes.

Pronto nos hemos dado cuenta de que hablaban simultáneamente tres idiomas. Castellano, valenciano e inglés. Se pasaban del uno al otro, y luego al otro, con absoluta naturalidad y fluidez.

La escena me ha encantado, de verdad. Unos dominarían más uno que otro. Cada uno tendría su lengua nativa. Pero daba igual, se entendían a las mil maravillas.

Y no he podido evitar el pensar en toda esa gente que utiliza las lenguas para dividir, enfrentar y excluir. Que las imponen a golpe de decreto empleando en ello fabulosas cantidades del dinero de todos.

Y me han dado pena, porque se pierden uno de las maravillas del ser humano; la capacidad de disfrutar de la lengua como herramienta privilegiada de encuentro y de diálogo. Porque al perder el respeto por las lenguas, excepto por la suya, pierden el respeto por quienes las hablan y por todo lo que hay detrás de ellos, acabando en un patético narcisismo lingüístico que les empobrece y aísla del resto del mundo

¡Qué bonito escuchar a la vez estas tres lenguas! Y de verdad, no había predominio de una sobre otra. Un bonito acompañamiento a un excelente almuerzo.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Perlas perdidas.


Hay palabras que se pierden desechadas por la falta de cultura y el insano gusto por utilizar extranjerismos, sobre todo anglicismos del todo innecesarios. Una de ellas es la palabra lubricán.

Es sinónima de crepúsculo, más conocida pero mal utilizada casi siempre. El crepúsculo o lubricán es el tiempo que hay desde que raya el alba hasta que sale el sol, o desde que se pone hasta que ya es de noche. Con sol, por bajo que esté sobre el horizonte, no hay lubricán, ni crepúsculo.

Su etimología es interesante. Viene del latín lupus, lobo y canis perro, y está influenciado por la palabra lóbrego, o sea, oscuro, tenebroso. Bonita etimología que nos lleva a tiempos pasados en los que a esas horas de luz incierta era peligroso aventurarse lejos del hogar.

Esta, como otras muchas palabras olvidadas, son perlas que ignoramos y despreciamos, empobreciendo así nuestro lenguaje y nuestro pensamiento. Porque un lenguaje pobre es un pensamiento pobre.

Así pues, atrevámonos a quedar con un amigo a tomar unas cervezas cuando acabe el lubricán.

 

miércoles, 6 de abril de 2022

La invasión de los diferenciales.

¿Este será también diferencial?

Atención, atención, dentro de nada aparecerán jugadores diferenciales por doquier; una auténtica invasión. Ya no serán diferentes, ahora serán diferenciales. Hoy mismo, en la tele, he visto ya dos.

Probablemente no conoceremos nunca al imbécil que inició esta ola de diferenciales. Incultura, esnobismo, papanatismo… De eso hay mucho por ahí, y en el mundillo del deporte más aún.

Resulta que (según la RAE) el adjetivo diferencial se aplica a cosas, objetos, características, no a personas, mecánica aparte. Un jugador puede tener rasgos o características diferenciales, pero él no es diferencial, es diferente.

Estos bonitos matices enriquecen la lengua haciéndola más bella y exacta, pero claro, pedir que a muchos de esos individuos “deportivo-maléficos” les preocupe la belleza y la exactitud de la lengua es pedir peras al olmo.

En fin, una “puñalá trapera” más a nuestro idioma. Y aún habrá quien diga que así evolucionan las lenguas. Bonita evolución, sobre la ignorancia y la estupidez derivada de ella. A eso yo le llamo involución.

Y el adjetivo diferente que se vaya preparando la jubilación y buscando plaza en un asilo de ancianos, aunque ahora se llama residencia. 


 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

El latín que hablamos sin saberlo II.


 

Ave. Significa hola, salud. Era un saludo habitual. Se utiliza mucho en el ámbito religioso.

        Subió al AVE y le dijo al primer pasajero que vio, ave, y este le contestó crem.

Ave, Caesar, morituri te salutant. Significa Ave César, los que van a morir te saludan. Famosa frase que pronunciaban los gladiadores antes del combate. Se utiliza a menudo antes de hacer algo peligroso, difícil, importante.

        Dijo, Ave, César, morituri te salutant, y se tiró por el puente en su primer salto de puenting.

Campus. Significa campo. Se utiliza para designar el terreno de colegios o universidades, y actualmente para actividades programadas de tipo lúdico o docente.

        El campus de tu colegio es muy grande pero no tiene árboles.

Caritas. Significa amor al prójimo, piedad, compasión. Es el nombre de una institución de la Iglesia Católica: Cáritas.

        Cáritas denuncia, a menudo, las injusticias sociales.

Carpe diem. Significa disfruta del día presente. Famoso verso de Horacio. Se utiliza mucho para indicar que hay que aprovechar el momento presente.

        Bebamos amigos, ¡carpe diem!

Confer. Significa consulta, compara. Rara vez se ve así escrito, pues se abrevia como cf. o cfr. Tampoco se utiliza en el lenguaje oral.

Contra naturam. Significa contra naturaleza. Suele pronunciarse sin la m final para referirse a algo que parece ir contra las leyes naturales.

        Su forma de comer es decididamente contra naturam.

Corpore insepulto. Significa con el cuerpo sin sepultar. Se utiliza para los actos funerarios previos al entierro, sobre todo para la misa.

        La misa de corpore insepulto será mañana.

Cum laude. Significa con alabanza, con honor. Se utiliza para exámenes u obtención de títulos de modo muy brillante.

        Obtuvo al final el título cum laude.

Curriculum vitae. Significa carrera de la vida. Es un documento donde constan los datos completos de una persona, estudios, méritos etc., con vistas sobre todo al mundo laboral. En sentido más amplio puede referirse a la vida en general de una persona.

        Tiene un curriculum vitae que déjalo suelto al “gachó”.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

El latín que hablamos sin saberlo I.


Nuestra lengua, como todas las lenguas romances, está llena de latinismos, es decir, de palabras y expresiones latinas que utilizamos tal cual, o de modo muy parecido a como se utilizaban en Roma hace 2000 años. A menudo no se escriben bien o no se utilizan adecuadamente. Incluso en ocasiones las utilizamos sin saber que son latinismos. Por eso, y en la sección del blog Cuidemos el lenguaje, voy a dedicar unas cuantas entradas a algunos de estos latinismos en homenaje a nuestra lengua madre, el latín, que por cierto, no tiene nada de muerta aunque se empeñen en matarla. A continuación veréis que está vivita y coleando.

Accessit. Significa acercarse, se acercó, por eso denomina a un premio menor, que no siendo el principal, se le acerca. La RAE establece así su escritura: accésit.

        No le dieron el primer premio, pero ganó un accésit en el concurso de cría de gambas.

Agenda. Significa lo que ha de hacerse, por eso designa a una libreta o cualquier dispositivo en el que anotamos lo que tenemos que hacer.

        Anótatelo en la agenda o se te olvidará y te arrearé un sopapo.

Álbum. Significa blanco. Libro o cuaderno en blanco, vacío, para rellenar con fotos, dibujos, cromos etc.

        Te compraré el álbum el sábado si te comes la alcachofa y la pechuga.

Alea iacta est. Significa la suerte está echada. Es la famosa frase de Julio César tras cruzar el río Rubicón en su marcha contra Roma. La utilizamos para decir que algo ya está decidido, que la decisión está tomada, que no hay marcha atrás.

        Ya he firmado el contrato. Alea iacta est. O millonarios o a la cárcel.

Alias. Significa de otra forma, por eso lo ponemos delante de apodos tras el nombre.

        Han detenido a  Fulgencio, alias el Tuerceignacios.

Alma mater. Significa madre que nutre, que alimenta. Lo utilizamos para referirnos a alguien cuya presencia es muy importante en un grupo de personas, familia, amigos, empresa etc.

        Es el alma mater de la pandilla desde que llegó, pero es tan tontín el pobre, tan-ton-tín.

Altius, citius, fortius.  Significa más alto, más rápido, más fuerte. Es el lema de las Olimpiadas. Se utiliza para indicar que queremos y podemos llegar más allá de nuestras posibilidades.

        Nosotros altius, citius, fortius, contra viento y marea, aunque nos hinchen a leches.

Annus horribilis. Significa año terrible, horroroso. Muy adecuada expresión para referirnos a estos años que estamos viviendo.

        El año 2020 para mucha gente ha sido un annus horribilis, y el 21 parece que no se quiere quedar atrás.

A priori. Significa antes de algo. Expresión muy extendida y utilizada con ese mismo significado.

        A priori no me parece bien que te vayas con él a Madagascar a cazar monas.

A posteriori. Significa después. Al igual que la anterior, muy utilizada también con el mismo significado.

        El problema vendrá a posteriori, cuando vean que el artilugio no funciona y se le mueren los pollos de frío.

viernes, 1 de octubre de 2021

Yo seguiré llamándole excursión.


El otro día pensaba yo en qué es lo que hago cuando cojo mi mochila y me voy al monte. Dar un garbeo, un paseo, una excursión, una ruta… ¡No! No hago ninguna de estas cosas, hago una ecoruta biosaludable. ¡Ni más, ni menos! Por lo que debo ser un ecorutense biosaludabilísimo, porque salgo mucho. Y mejor aún, en inglés, que es lo que mola, un healthy-life eco-route man, lo que por abreviar podría denominarse heliecorro man. Sí, debo ser un heliecorro man.

Esta reducción al absurdo entrando de lleno en lo ridículo, no es invento mío de este momento, sino algo muy habitual, y cada vez más en, nuestra sociedad donde hay que renombrar la realidad con palabras cuanto más complejas mejor, y si es posible en inglés.

Si yo me voy a andar por Porchinos, por decir un lugar próximo, estoy en un entorno natural (eco), desplazándome por él (ruta), y es, indudablemente, sano (saludable) para mi vida (bio). Eso siempre se ha llamado paseo, excursión o ruta. ¿A santo de qué viene ese palabrerío del todo innecesario, de ecoruta biosaludable? Sobran el eco, el bio y el saludable, por obvios y redundantes. Y menos mal que no lo han dicho en inglés, como el indigesto palabro "runner", para los corredores, al que no logro acostumbrarme, o ese otro de "descender" para los ciclistas que bajan por los montes arrasando senderos y laderas.

La verdad es que me resulta divertida tanta tontería lingüística, que es en el fondo, tontería de pensamiento, porque las palabras son pensamiento, y pensamos con palabras.

Pero entonces, cuando pienso esto, valga la redundancia pensativa, deja de resultarme divertido, y me da una mezclilla de rabia y pena bastante desagradable. Porque tras palabras tontas, suele haber pensamientos tontos. Y cada vez hay más.

En fin, yo seguiré saliendo de excursión, no a hacer ecorutas biosaludables. Y si no es mucho tiempo, será un paseo. ¿Qué queréis que os diga? Soy del siglo pasado.

martes, 22 de junio de 2021

Y mucho.


Como algo vivo que es, el lenguaje nos sorprende cada día con nuevas formas de decir lo mismo, de decir lo de siempre. A mí me resulta divertido, aunque a veces me parece ridículo y cargante, primero porque en realidad no aporta nada nuevo, y luego porque si se pone de moda acaba siendo del todo excesivo. Pero es que los humanos somos así de tontitos.

Hablo hoy del “y mucho”. Esa y, conjunción, delante del adverbio de cantidad, mucho, es un intento de aumentar la intensidad de su significado. Parece ser que no es lo mismo decir que va a llover mucho, que decir que va a llover, y mucho. No sé en cuantos litros está la diferencia entre que llueva mucho, o que llueva y mucho. Creo que nadie lo sabe, aunque igual alguna universidad o la mismísima NASA lo están investigando.

Lo que ocurre es que, siendo este un recurso útil y correcto, cuando se utiliza en exceso, desplazando sistemáticamente al adverbio mondo y lirondo, acaba resultando hasta ridículo, por repetitivo e innecesario.

Si queréis hartaros de “ymuchos”, en los partes meteorológicos de la tele, en cualquier cadena, podéis hacerlo, y en algunos noticiarios también. La semana pasada conté en el tiempo de la primera, más de nueve “ymuchos”. Una auténtica orgía “ymúchica”. Y el caso es que, si la dama en cuestión no hubiera dicho ninguno, el parte meteorológico hubiera sido exactamente el mismo.

Esto va en la línea del exceso al que tan a gusto nos entregamos en esta sociedad ansiosa de extremos y radicalismos. Los superlativos de toda la vida no son suficientes, se quedan cortos para expresar lo que queremos decir. Por eso, decir que algo es chulo, muy chulo, chulísimo es poco decir. Hay que decir que es superchulísimo, o mejor aún, hiperchulísimo, o megachulísimo, o gigachulísimo, o quizá terachulísimo, o incluso terachulérrimo, ¡quién sabe hasta dónde podemos llegar para decir lo bonito que es el móvil que me he comprado!

Es el futuro; pero a mí, ¡qué queréis que os diga!, no me gusta. Porque si todo esto estuviera acompañado de una mayor riqueza de vocabulario y un mejor conocimiento de nuestra incomparable lengua, pues muy bien, pero no es el caso. Por eso me desagrada, y mucho.

sábado, 8 de mayo de 2021

¡Que no decaiga!


Empezando porque eso de que el estado de alarma decae esta noche está mal dicho, y acabando porque nos pasa directamente al estado de desmadre, no me hace ninguna gracia este “decaimiento”. Levantarme mañana sabiéndome mucho más desprotegido que hoy, no me resulta plato de buen gusto.

Pero no quiero hablar de la incomprensible (lo haré solo un poquito) dejación de funciones del Gobierno, pasándole la patata caliente a los jueces que tienen ahora la difícil alternativa entre aplicar la ley o el sentido común. No quisiera estar yo en su piel. Un mesecito más hubiera asegurado el verano. Así, veremos.

Pero esto no me sorprende. Lo que sí me ha sorprendido es que todo el mundo habla de que el estado de alarma decae. ¡Cómo que decae!

El verbo decaer indica proceso. Decae el vigor con la edad, decae el equipo de fútbol que va a peor, decae el bareto al que cada vez van menos clientes, decae la fiesta cuando la gente se larga…

Pero el estado de alarma no, ¡merluzos! No hay proceso alguno. Hoy sí, mañana no. No decae, se acaba, finaliza, termina, concluye, pero no decae. A no ser que sea esto de decaer un término jurídico que de serlo, por muy jurídico que fuera, estaría mal utilizado desde un punto de vista lingüístico. De hecho no está registrado como tal en el diccionario de la RAE.

Pero nada, todo el mundo tan contento diciendo que decae. Lo que decae, lo que está en decadencia es la inteligencia, el saber hablar, la responsabilidad, la honestidad… Eso sí decae, pero el estado de alarma no.

Hay que ser tonto.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Es ridículo, pienso.

 

Hace ya tiempo que me di cuenta de que en la publicidad de los perfumes, casi siempre, acaban con una parrafada normalmente en inglés, y a veces en francés. Y me he dicho, voy a comentar el asunto, que desde luego no es grave,  esta tarde de primavera.

Ridículo, estúpido y pueril me parece el asunto; pero voy más allá. Si lo hacen es porque les sirve, es decir, porque hay gente con la que esos spots funcionan. Las imágenes y la música a veces están bien, pero la parrafadita, normalmente con voces marcadamente masculinas o femeninas, según casos, se me indigesta. Y me sale del alma un ¡gilipollas! que se queda en el aire, ¡claro!

Pero el personal va y compra el producto. Y ahora viene mi pregunta, ¿tanta gente tonta del culo hay? Porque yo creo que hay que ser un poquito tonto para que me digan en una lengua que debe ser que "mola" más que la mía, las bondades de la pócima con la que perfumaré mi persona.

Os confieso que esos anuncios me dan vergüenza ajena en sí mismos, y un poquito de rabia, porque al existir son un buen indicador del mar de tontería en el que navegamos.

lunes, 15 de marzo de 2021

Más de mil millones.


Me enteré ayer de un dato que da que pensar. El diccionario de la lengua española de la RAE recibió el año pasado más de mil millones de consultas. Sí, mil millones, que se dice pronto. Y eso me alegra mucho, y me enorgullece. ¡Qué vivo está el castellano o español, que de ambas formas se le llama!

Y también me hace pensar que, por motivos ajenos del todo a la lengua y la cultura, en demasiados rincones de la tierra que le vio nacer, está hoy en día poco menos que perseguido, excluido, prácticamente prohibido.

Y que generaciones de niños y jóvenes tienen vetado el poder estudiar en una lengua que hablan más de 580 millones de personas, que es idioma oficial en 21 países, que tiene una literatura inmensa, y la riqueza incalculable que le da el hecho de ser hablada por gentes muy diversas durante siglos. Y eso es robarles un tesoro al que tienen todo el derecho del mundo.

Es patético ver cómo a golpe de decreto intentan “poner puertas al campo” desde el revanchismo ideológico, el chovinismo cultural y la necedad sin límites. Porque ese no es el camino. El bilingüismo real es enriquecedor y posible, el impuesto es totalitarismo puro y duro, y nunca llega a buen puerto, porque al final, la gente habla, lee y escribe en la lengua que le da la gana. Y está en su derecho. Lograrán un bilingüismo oficial, pero no real.

La gente pasará por el aro hablando en la lengua que les imponen cuando no tengan más remedio, pero cuando se sepan libres, hablarán su lengua, la suya, no la impuesta que nunca harán suya. La historia nos enseña esto. ¿Por qué repetirla?

Esto es lo que he pensado al hilo de los mil millones. Y más cosas que me callo.

sábado, 30 de enero de 2021

Es que hay que ser tonto.


 

Hace ya mucho tiempo que se impuso la moda, por decirlo de algún modo, de no llamar a nada por su nombre, bien utilizando anglicismos, siglas o circunloquios. De eso en educación sabemos mucho.

Siempre he creído que el motivo de fondo de todo esto es el deseo de edulcorar la realidad para que quede “más monina”, pensando ingenuamente que así nos hará menos daño. Porque la realidad, a veces duele, y no pocas veces, porque aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Esto, cuando los días, los meses y los años se sucedían con una cierta tranquilidad, nunca completa, resultando molesto era hasta cierto punto soportable; pero todo ha cambiado, y la brutalidad contundente de la realidad actual hace que esas gilipolleces lingüísticas se me hagan del todo insoportables, hasta el punto de apetecerme soltarle un soberano sopapo a cada uno de los soplapollas, con perdón, que actualmente hacen gala de estar muy al día con un lenguaje políticamente correctísimo. Tendría demasiada "faena".

No, no voy a hablar hoy de la imbecilidad del padres, madres, clientes, clientas y demás majaderías referentes al género. Hoy voy a comentar dos estupideces que han saltado a la palestra recientemente y que van en el mismo ridículo paquete de las cuestiones referentes al masculino y femenino en el lenguaje.

Una de ellas es el debate que se montó alrededor de la expresión toque de queda. Escuché a señores, muy importantes y sesudos, decir que eso sonaba mal, resultaba muy duro al oído, y que habría que llamarlo de otra manera menos agresiva. Como si llamarlo de otra forma cambiara en algo la gravedad de la situación que exige una medida tan dura y agobiante. No sé el tema cómo acabó, porque no quiero saberlo, prefiero no indagar.

La otra, la escuché a raíz de la reciente gran nevada. Ahora resulta que ya no se dice zona catastrófica, se dice zona de especial afectación o algo así. ¡Se tiene que ser imbécil! Dígale al señor que se le ha caído el techo encima que lo suyo no es una catástrofe, es una afectación especial. Dígaselo, que igual las afectadas especialmente son sus narices. No sé tampoco el asunto en qué ha acabado, pero lo intención va por ahí.

No es tiempo de ocultar con ñoñerías la realidad. Es tiempo de llamar a las cosas por su nombre. Y el toque de queda es toque de queda con todas las de la ley, y una zona catastrófica es una zona catastrófica, porque zona catastrófica está siendo la sociedad entera desde hace ya casi un año, y negar eso es de ser tonto del bote, del haba, del culo o vete tú a saber de qué, pero tonto “rematao”.

Porque solo podremos intentar cambiar la realidad, al menos intentarlo, si la miramos cara a cara y la llamamos por su nombre. Eso para empezar.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Suena a asunto de huevos.


 

Nunca te acostarás sin saber una cosa más, dice el refrán. Y así es. El otro día, oyendo un rato la radio en el coche, me raspó el oído y el entendimiento un palabro que no había oído nunca, pero que debe ser ya de uso frecuente en determinados ámbitos muy cultos y avanzados.

El término en cuestión, cuyo contenido intuí por el contexto y por su misma construcción, era webinario. Me sonó fatal, me pareció malsonante y extremadamente ridículo, más pronto descubrí que ya está en la Wikipedia, con el siguiente significado: neologismo obtenido al asociar las palabras Web y seminario, y que designa todas las formas de reuniones interactivas del tipo seminario, que en forma total o parcial incluyen la realización de sesiones no presenciales vía Internet, y que generalmente se orientan al trabajo colaborativo o a la enseñanza a distancia.

Lo que imaginé cuando lo oí en la radio. ¡Qué cosa! Webinario. Realmente la palabra no está bien construida del todo, porque el sufijo ario, que viene del latín, arius y que significa conjunto de algo o perteneciente a algo, se basta y se sobra para significar lo que con este feo neologismo se quiere denominar.

Pero claro, sería peor el remedio que la enfermedad, porque la palabra que así nos saldría es webario, que aún suena peor, y que inevitablemente nos hace pensar en un conjunto de huevos, a saber de qué. Porque decir que vamos a organizar un seminario mediante un webario, pues ¡qué quieres que te diga!

Por eso, puestos a nombrar un seminario que utiliza muchas webs, mejor decir webinario, que aún sonando mal, no suena tan mal. Unen web y seminario y asunto concluido.

A fin de cuentas el castellano es una lengua viva, muy viva, y estas cosas pasan en las lenguas vivas. Yo, por mi parte, y haciendo uso de mi libertad personal, no utilizaré este palabro porque no me gusta, me da vergüenza ajena, aunque sé que cuando la RAE, según sus criterios, considere que ha de incluirla en el diccionario, la incluirá. Aunque no creo que haga ninguna falta.

Porque hay muchas palabras en castellano para designar todas las formas de reuniones interactivas del tipo seminario, que en forma total o parcial incluyen la realización de sesiones no presenciales vía Internet, y que generalmente se orientan al trabajo colaborativo o a la enseñanza a distancia. Como por ejemplo, la palabra seminario, y punto; sea presencial o no, utilice webs o pergaminos egipcios, porque los medios, siendo importantes, no son lo que debe determinar un seminario. Digo yo.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Un nuevo socio en el Gobierno.


 

Tiempos aciagos estos que nos está tocando vivir. Y no solo por la pandemia, sino por todo lo que a la sombra siniestra de esta tragedia colectiva están haciendo con los últimos restos de aquella España soñada en la Transición, y casi alcanzada.

La España unida y en paz, definitivamente reconciliada, con su historia asumida, donde hubiera un lugar para todos, es ya, una vez más, un sueño roto. Otro sueño roto en tiempos de sueños rotos.

Lo veo claro. En medio de una crisis sanitaria brutal, con la economía hecha trizas, y con la sociedad cansada, asustada y confusa, aliados con el virus convertido en útil compañero, continúan desmontando el estado de derecho que muchos construimos con esperanza e ilusión tras la dictadura.

El golpe al español, quitándolo como lengua oficial y vehicular de España, es uno más de los muchos que están dando. Es además este un golpe, no sólo a la Constitución, sino al pluralismo y a una cultura inmensa y admirable, como es la cultura que arropa a la lengua de Cervantes, que quedará arrinconada, cuando no prohibida, en algunos lugares de España.

Y todo para satisfacer al independentismo, y al radicalismo llamado de izquierdas, que no son, ni de lejos, mayoría en este país. Pero ya se sabe, utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia. Y lo que es más repulsivo, al amparo, como ya he dicho, de la pandemia.

Cada vez lo veo más claro. Y lo veo con tristeza y miedo. El señor Sánchez tiene, junto a independentistas y comunistas, un nuevo socio, el coronavirus. Creo, a la vista de los acontecimientos, que lo tuvo desde que nos cambió y amargo la vida el maldito “bicho”.

Tiempos aciagos, tiempos recios, tiempos negros en los que una vez más digo con don Miguel de Unamuno, me duele España. Y digo también que, si pudiera, me exiliaría; desilusionado, triste y derrotado, como el bueno de don Quijote, derrotado, mira por dónde, en la playa de Barcelona.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Yo seguiré diciendo la presidente y la juez.


Voy a pasar al blog un interesante comentario, que me han hecho en Facebook, a la entrada del pasado lunes sobre la lengua. Y digo interesante porque saca a la palestra uno de los puntos clave de toda esta historia, la función de la RAE.

Dice el comentario:

Bueno, la señora tiene razón con lo de la terminación -ente, excepto en el caso de la palabra Presidenta. Ésta ya está aceptada desde hace tiempo por la RAE. Así que Presidenta es correcto.

Yo he respondido en Facebook brevemente. A continuación amplío mi respuesta.

Sí, pero no. La RAE no tiene poder ejecutivo de ningún tipo, ni impone nada, como sindicatos y otras asociaciones que se autodenominan culturales han hecho y siguen haciendo. Sólo aconseja desde su profundo conocimiento de la lengua, y da fe de lo que sucede en ella.

Por eso, el dar por correcto presidenta, como jueza, también admitido, por ejemplo, no significa que gramaticalmente sean palabras correctas, sino que su uso es tan extendido y masivo que a la RAE no le queda más remedio que darle carta de ciudadanía, por decirlo de algún modo, al palabro, pero no deja de ser un palabro. 

En el caso de presidente o juez, el género lo establece el artículo, porque ni la terminación -ente, ni -z indican género. La presión política e ideológica, con criterios totalmente ajenos a la lingüística, han impuesto lo de presidenta y jueza. Una considerable dosis de incultura y la indiferencia social ante estas cuestiones, han consumado el desacato que la RAE no puede "prohibir", nunca ha sido su estilo, y que sólo puede reconocer como hecho consumado. Y estoy seguro de que muy a su pesar. Pero es esa una de sus funciones, quizá  la más ingrata.

Por eso pienso que quienes conocemos algo el lenguaje, y la razón de ser de todos y cada uno de sus elementos, estamos en nuestro derecho, y diría obligación, de preservar lo más íntegramente posible ese maravilloso legado de nuestros antepasados que es nuestra lengua. Y quizá algún día, cuando los delirios y excesos de la revolución feminista acaben, como pasa en todas las revoluciones, y quede solo lo bueno conseguido, puedan reconstruir nuestros descendientes todo lo arrasado del lenguaje.

Mientras, yo seguiré diciendo la presidente, la juez, y utilizaré el futuro de subjuntivo cuando fuere necesario.

¿Habéis visto la película Fahrenheit 451? Si la habéis visto entenderéis que me sienta como aquellos que se hicieron fuertes ante las presiones políticas e ideológicas para salvar los libros de una quema sistemática, tras la que se escondía el verdadero objetivo: destruir la libertad de pensamiento. Yo intento hacer lo mismo con la lengua. 

Y si no la habéis visto, igual un día de estos hablo de ella en el blog.

lunes, 31 de agosto de 2020

Adecuado para el día antes.


 

Me ha llegado por Facebook, enviado por una amiga, la carta de una profesora de un instituto público con acertadísima y lapidaria frase final, dedicada a nuestra ministra de igual/da. La titula Para los “ignorantos e ignorantas”; la autora es Marieta Vigo.

Es muy buen momento compartirla hoy, la víspera de la reanudación de las clases, en un sistema educativo que siendo ya una piltrafa sin el virus, va a alcanzar con él, sin lugar a dudas, la “sima piltráfica” más honda que imaginar podamos.

Porque si un sistema serio, vigoroso, bien organizado, coherente, libre de manipulaciones ideológicas y políticas, lo tendría difícil, no os digo yo cómo lo va a tener el patético circo educativo que tenemos en España.

PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS"

Yo no soy víctima de la Ley Orgánica de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.

En el jardín de infancia (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación inicial") empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña"... En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias... En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota. En Bachillerato, estudié historia, geografía, matemáticas, química, biología, física, latín, literatura y filosofía.

Leí El Quijote y El Lazarillo de Tormes; leí Lanzas coloradas, Casas muertas, Doña Bárbara y otros... Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.

Y... vamos con la Gramática:

En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente".

¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene identidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "ente".

Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.

Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos, y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).

Les propongo que pasen el mensaje a sus amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: *el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Si este asunto no te da igual, pásalo por ahí. Con suerte termina llegando a los ministerios. Porque no es lo mismo tener un cargo público que ser una carga pública.

jueves, 9 de enero de 2020

Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.


El 1 de marzo de 2012 la RAE aprobó el documento Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer en el que, con argumentos lingüísticos, que no ideológicos, exponía su punto de vista sobre la agresión que el lenguaje está sufriendo desde determinados ámbitos sociales y políticos.
En este 2020 la agresión continúa elevada hasta límites inaceptables, alimentada sobre todo por la ignorancia y el fanatismo, suelen ir de la mano, de demasiados “hijos de la LOGSE”. Además, los medios de comunicación, en su mayoría, impulsan y amplifican esta agresión, siguiendo las directrices de los poderes a los que están sometidos.
Leía en un periódico, no hace mucho, que la RAE prohíbe utilizar el “todos y todas”. Falacia y manipulación descarada. La RAE no prohíbe nunca, los que sí prohíben, y de un modo a veces brutal, son los políticos, a través de los  sindicatos, los partidos, los gobiernos…
Es esto la historia de un enfrentamiento entre el conocimiento y el fanatismo, entre el consejo fundamentado y la imposición  totalitaria. Y va a ir a más.
Por eso es importante informarse, saber de qué va el asunto, porque aunque sé que llevamos las de perder, se puede perder con dignidad y con la cabeza bien alta, sabiendo que una vez más el dogmatismo y la intransigencia saldrán ganando, y todos, hasta los que crean que han ganado algo, saldremos perdiendo. No será la primera vez.
Aquí tenéis el enlace al documento al que he hecho alusión al principio y que no es la primera vez que os propongo leer. Y recordad, no es una imposición, son consejos para salvaguardar nuestra hermosa lengua del fanatismo y el totalitarismo, hermanos gemelos, hijos de la incultura y la manipulación.

Si quieres conocer el documento de la RAE pulsa Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.

miércoles, 1 de enero de 2020

Argumentos y eslóganes.



La historia de las palabras, su etimología, aparte de asombrosa es muchas veces esclarecedora, y nos permite entender mejor el mundo en el que vivimos, muy difícil de entender, por cierto.
Fijaos. Las palabra argumento y argumentar vienen de la palabra latina argumentum que viene a significar literalmente, instrumento que nos permite sacar brillo a una idea, es decir, pulir, cuidar, perfeccionar una idea, con el lógico objetivo de exponerla sensata y convincentemente. Por otra parte, la palabra eslogan viene del celta, y significa literalmente grito de guerra.
¡Qué increíble y bonita reflexión nos permite contemplar la etimología de ambas palabras juntas! Y digo que la reflexión es bonita por lo clarificadora que es, no porque en sí misma sea bonita; más bien es terrible.
Ahora, como siempre, pero ahora de un modo mucho más general y contundente, pensamos y actuamos sobre eslóganes, tras los cuales no hay nada más que la vehemencia de un grito de guerra. Ningún análisis, ninguna reflexión, tan solo un grito tan alto como vacío. Un grito para asustar al adversario, amedrentarlo, ponerlo en fuga. Un grito de guerra.
No hay argumentos o son tan pobres y mal hilvanados que, en realidad, no son más que un triste conjunto de eslóganes. Los argumentos de verdad requieren tiempo, sabiduría, análisis concienzudo, apertura de miras. Es sacar brillo a la idea. El argumento es justo lo contrario al grito de guerra. El argumento permite el diálogo y busca el consenso. El eslogan, el enfrentamiento.
Me ha encantado descubrir a los “abuelos” de estas dos palabras que tanto nos dicen de sus descendientes, argumento y eslogan. Pero al igual que no escuchamos mucho a nuestros mayores, tampoco lo hacemos a los “mayores” de las palabras. Y así nos va.
Más argumentos y menos eslóganes sería un buen propósito para este nuevo año, pero mucho me temo que asistiremos a un auténtico festival de eslóganes y a una huida masiva de argumentos.

NOTA: Esta entrada la he escrito gracias al libro Latin Lovers, de Emilio del Rio, donde he encontrado, entre otras muchas reflexiones sobre las palabras de nuestra lengua, esta que hoy he compartido.