FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.
Mostrando entradas con la etiqueta Escuela de padres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escuela de padres. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de octubre de 2015

Los celos. Prevención y tratamiento.


A lo largo de los ya muchos años que llevo atendiendo papás y mamás en el departamento de orientación del colegio donde trabajo, he visto, como es natural, mil historias diferentes, pero puedo decir que en casi un tercio de estas historias, algunas muy graves y dolorosas, estaban detrás, directa o indirectamente, los celos.
Por eso inicio en el blog, en la sección Escuela de padres, una serie de artículos en los que voy a intentar, de un modo práctico y breve, aclarar ideas y dar algunas pautas para ayudar a los muchos papás que, sabiéndolo y a veces sin saberlo, se enfrentan a los celos de sus hijos, pasándolo a menudo, muy, muy mal.
A continuación expongo el guión que seguiré.

1. Conocimientos teóricos.
1.1. Conocer la naturaleza de los celos.
1.2. Entender la naturaleza psico-biológica del niño.

2. Prevención.
2.1. No siempre ha de ser el centro de todos.

3. Tratamiento.
3.1. Formar frente común padre y madre.
3.2. Combinar situaciones familiares diversas.
3.3. Cuidado con vecinos, amigos etc.
3.4. No decirle que tiene celos.
3.5. No discutirle cuando se queja. No tratar de demostrar nada.
3.6. No tratarlo igual que al otro. Reconocer diferencias.
3.7. No “comerle el coco” y menos con argumentos morales.
3.8. Si utiliza conductas inadecuadas: ignorar.
3.9. No demostrarle que puede controlar nuestro ánimo.
3.10. Demostrarle el cariño y atención adecuados.

lunes, 6 de julio de 2015

Acabando etapas. 4 Tiempo de decisiones.


Ahora que estamos acabando el curso, es momento de reflexionar sobre cómo vuestros hijos promocionan. Con el objeto de ayudaros a esa reflexión, continúo una serie de tres entradas, en forma de carta dirigida a los padres, y una dirigida a los alumnos de 6º de Primaria.

1.      A los padres de 1º o 2º de Primaria.
2.      A los padres de 6º de Primaria.
3.      A los alumnos de 6º de Primaria. Decálogo para ir bien en la ESO.
4.      A los padres de 4º de Secundaria.

Estimados padres:

Se ha acabado Secundaria. ¡Por fin! Es momento de decisiones, de decisiones importantes, con consecuencias, pero lamentablemente en un momento en el que en muchas ocasiones es bien difícil precisamente eso, el tomar decisiones adecuadas y con futuro. Hay demasiadas cosas importantes en las vidas de vuestros hijos, en estos momentos, a parte de los estudios.
En primer lugar, ya no es obligatorio estudiar, o hacer como que estudian, y eso lo cambia todo.
Y además, a partir de ahora, al acabar 4º, se les abre un ancho mundo, que bien poco tiene que ver con la inmensa guardería descafeinada y políticamente correcta en la que la sociedad y los sucesivos gobiernos han convertido a la escuela.
La realidad de fuera que algunos van a experimentar ya, y otros de aquí a un par de años como más, es rotunda. Competencia constante e implacable. No se considerarán sus actitudes, sino los resultados. No le dirán que necesita mejorar y le pondrán un apoyo, sino esto otro: “o lo haces bien o no hay renovación de contrato”. No le subirán de bien a notable con trabajitos, sino que por unas décimas suspenderá la oposición y se quedará sin trabajo, o no entrará en la carrera que quería. Y en los exámenes estará solo. Estará solo.
 Esta es la realidad que la gran mayoría no ven. Esta es la realidad que, incomprensiblemente, el sistema les ha ocultado y que por eso mismo no han visto. Y ante esta dura realidad que ya se nos viene encima, ¿no será fundamental plantearnos las cosas en serio?
Es momento de pensar, de hablar, de tantear opciones. En familia, con un buen amigo, con alguien del “cole”, cosa que debería haberse hecho a lo largo del curso, para que en septiembre vuestros hijos sepan a dónde van, por qué van a donde van, y qué posibilidades reales tienen de llegar al final del camino iniciado. Y además, que sean felices.
Porque no se trata sólo de qué estudiar o en qué trabajar, sino de algo mucho más profundo. Se trata de tener lo más claro posible qué quiero hacer con mi vida, porque la elección de un trabajo o unos estudios tendrá sentido y dará fruto en la medida que se integre en un proyecto de vida. De eso se trata, ni más ni menos.
Y a vosotros, alumnos, os recuerdo una vez más algo mil veces dicho, pero no por eso menos cierto, y de un modo especial en este momento de vuestra vida: no se trata de buscar lo difícil porque sí, sino sabiendo a dónde voy, no rehuir nunca el esfuerzo que me exige ir a donde quiero ir. Soñad, es gratis; enamoraos de un sueño; trabajad hasta el agotamiento para alcanzarlo.
Y si buscáis el camino fácil, preguntaos antes ¿a dónde me lleva? Porque si el criterio de vuestra elección es ése, lo fácil, puede llevaros a, algunos años más adelante, haceros esa pregunta, a menudo sin respuesta: "¿Y si yo hubiera...?".
Y sólo se vive una vez.

miércoles, 24 de junio de 2015

Acabando etapas. 3 Los diez mandamientos de la ESO.

Ahora que estamos acabando el curso, es momento de reflexionar sobre cómo vuestros hijos promocionan. Con el objeto de ayudaros a esa reflexión, continúo una serie de tres entradas, en forma de carta dirigida a los padres, y una dirigida a los alumnos de 6º de Primaria.

1.      A los padres de 1º o 2º de Primaria.
2.      A los padres de 6º de Primaria.
3.      A los alumnos de 6º de Primaria. Decálogo para ir bien en la ESO.
4.      A los padres de 4º de Secundaria.


¡Ya casi estoy en eso que llaman ESO!
¡¡Yuju, barrabadudu, dudu, dudu, du!!
Me puede ir bien o me puede ir mal.
¿De quién depende?
Sobre todo de mí.
¿Qué puedo hacer para que me vaya bien?

Cumplir los diez mandamientos de la ESO

I
Respetaré siempre tanto a mis compañeros como al profesor. ¡¡¡¡¡SIEMPRE!!!!
Mal: Iré de chulo por la vida, hablaré mal de otros, me burlaré de quien no me caiga bien, pasaré del  “profe” etc.           

II
Seré ya autónomo. Es decir que yo solito ya sabré qué faena tengo cada día. Usaré agenda.
Mal: Mi papis me lo hacen todo porque yo no me sé organizar aún. Soy chiquitín…

III
Haré cada día la faena del día, tanto en el cole como en casa. Me apetezca o no. Eso da igual.
Mal: Yo hago sólo lo que me apetece, cuando me apetece y como me apetece, porque sólo tengo derechos y ninguna obligación.

IV
Estaré en clase como se debe estar. Atento y en silencio cuando haga falta. Participando ordenadamente cuando deba hacerlo.
Mal: Estaré en clase con risitas, miraditas, charraditas, pasando del “profe”, mal sentado, en resumen, demostrando mi poca educación.

V
Entre clase y clase estaré como una persona normal esperando al profesor siguiente.
Mal: Correré, gritaré, saltaré, saldré al pasillo, haré el burro hasta que venga el “profe” porque no me se controlar.

VI
Sabré estar también fuera de clase. En el patio, en el comedor, en excursiones, en viajes etc.
Mal: Siempre estaré dando la nota, haciendo el bobo, llamando la atención, molestando a los compañeros…

VII
Estudiaré entendiendo siempre lo que estudio. Nunca sin entenderlo, nunca, nunca, ¡¡¡ nunca!!!
Mal: Yo me aprendo las cosas de memoria sin entenderlas, aunque hacer eso es aburrido y no sirve para nada porque se me olvida pronto.

VIII
Cuando algo no lo entienda le preguntaré al “profe”, o a quien pueda aclarármelo.
Mal: Me da igual entender o no lo que dice el “profe”. Siempre son rollos.

IX
Si un examen no me sale bien se lo pediré al “profe” para ver en qué he fallado.
Mal: Me da igual saber en qué he fallado. Además me da corte preguntarle. Y además me dirán mis amigos me dirán empollón y pelota.

X
Si las cosas no me van bien, pediré ayuda a los papás, en el “cole” a un profe de confianza, pero pediré ayuda. Sé que no estoy solo en el mundo.
Mal: Yo no digo nada a nadie, me lo trago todo y al final, un día explotaré.

¡Y feliz ESO! ¡Sin miedo! ¡A por ella!

miércoles, 17 de junio de 2015

Acabando etapas. 2 ¡Vamos a por la ESO!

¡Vamos a por él!

Ahora que estamos acabando el curso, es momento de reflexionar sobre cómo vuestros hijos promocionan. Con el objeto de ayudaros a esa reflexión, continúo una serie de tres entradas, en forma de carta dirigida a los padres, y una dirigida a los alumnos de 6º de Primaria.

1.      A los padres de 1º o 2º de Primaria.
2.      A los padres de 6º de Primaria.
3.      A los alumnos de 6º de Primaria. Decálogo para ir bien en la ESO.
4.      A los padres de 4º de Secundaria.


Estimados padres:

Ya se ha acabado la Primaria. En estos seis últimos años, vuestros hijos han experimentado cambios muy importantes, muchos de ellos bien visibles, otros no tanto, que nos hacen recordar, no sin cierta nostalgia, a aquel pequeñín que salió de Infantil y que ya ha quedado tan atrás.
Vamos a entrar en Secundaria. Otro mundo. Allí vuestro hijo va a tener que empezar a demostrar y a demostrarse que es capaz de responder a nuevas exigencias. Va a tener que aplicar unas habilidades escolares y sociales sin las cuales la Secundaria se convertirá, de un modo asombrosamente rápido, en el inicio de una serie de situaciones que bien pueden acabar conduciéndole al fracaso escolar. Y el fracaso escolar generalmente provoca conflictos familiares, se generaliza en fracaso personal y acaba derivando en situaciones de riesgo social.
¿Cuáles son estas habilidades a las que me estoy refiriendo? Podíamos formularlas de muchas formas, pero siendo lo más concretos posible, las resumiríamos en tres. A saber:
1ª Una autonomía personal demostrada.
2ª Un sentido del  deber, ya bastante claro.
3ª Un saber estar.
A lo largo de Primaria han debido de ir creciendo en esa autonomía personal. Una autonomía que no se refiere sólo a lo específicamente escolar, sino a todos los ámbitos de la vida del niño. Una autonomía que les ha de permitir ir estableciendo su identidad, y además responder satisfactoriamente a las exigencias del entorno, entre ellas las del colegio. Si a estas alturas hay que estar siempre detrás de ellos para que hagan los deberes, sepan qué libros han de llevar cada día a clase, cuiden su aseo personal, cumplan en las tareas domésticas, etc. algo está fallando. Y nos pasará factura ya, sin demora.
También en este momento debe haberse desarrollado el sentido del deber. Las cosas deben hacerse porque debo hacerlas, no por premios o castigos (terrible camino este si lo hemos iniciado) que acaban frecuentemente en un absurdo cotidiano insostenible. Y además han de hacerlas les apetezca o no. El que me apetezca o no hacer algo, es cuestión insignificante. Digámosles y demostrémosles que el “me apetece o no me apetece” no es criterio digno de la conducta humana, aunque sea muy frecuente.
Y finalmente en Secundaria ya deben saber estar. Deben saber estar en casi cualquier sitio y, por supuesto, en la clase. De aquí surgen situaciones problemáticas (también en el vestir, posible problema ya inminente), que se pagarán caras ahora, y carísimas en cursos venideros. Tienen que tener ya muy claro que el acto docente es algo serio, que exige respeto y compostura, pues sólo así  podrán atender y entender, punto de arranque de todo proceso  de aprendizaje.
Ninguno de estos tres aspectos es de aplicación específicamente escolar, pero incide en la escuela directamente. Por eso, en contra de la tendencia social de cargar sobre la escuela el peso de la educación de los niños, os recordamos que este peso debe caer fundamentalmente sobre la familia. En la escuela colaboramos.
Y para que esta colaboración sea eficaz,  creemos importante deciros, como ya os hemos dicho en otras ocasiones, que vuestro hijo necesita vernos juntos al “cole” y a los “papis”. El abismo de desconfianza que desde determinados ámbitos están abriendo entre el colegio y la familia, perjudica gravemente a vuestros hijos; a nosotros también, pero sobre todo a vuestro hijos.
Hay que insistir, y lo hago con las mismas palabras que hace seis años. Mirad, de cara al niño, en casa el “cole” siempre tiene razón, y viceversa. Y si pensamos que no es así, hablemos, pero nunca delante del niño, como no sea para mostrarle y reafirmar nuestra mutua confianza y colaboración. Lo contrario es hacerle daño, mucho daño a vuestro hijo, maniatarnos todos, echarnos arena a los ojos…y eso siempre se paga, porque el niño es alumno durante un tiempo, pero siempre será hijo de sus padres.
Por lo demás, feliz Secundaria. No hay que tenerle miedo. Si hacemos todos las cosas bien, aunque nos equivoquemos de vez en cuando, pueden ser cuatro años muy bonitos.

viernes, 12 de junio de 2015

Acabando etapas. 1 ¡Que viene 3º!


Ahora que estamos acabando el curso, es momento de reflexionar sobre cómo vuestros hijos promocionan. Con el objeto de ayudaros a esa reflexión, inicio una serie de tres entradas, en forma de carta dirigida a los padres, y una dirigida a los alumnos de 6º de Primaria.
1.      A los padres de 1º o 2º de Primaria.
2.      A los padres de 6º de Primaria.
3.      A los alumnos de 6º de Primaria. Decálogo para ir bien en la ESO.
4.      A los padres de 4º de Secundaria.

Estimados padres:

En este momento, al acabar 1º, quizá 2º de primaria, el niño está dando unos pasos muy importantes en su vida escolar, y de no darse en condiciones adecuadas, tendremos un elevado riesgo de comprometer todo el proceso educativo posterior.
Esto no es una afirmación gratuita, sino una observación contrastada en base al seguimiento que, desde hace largos años, vengo haciendo de muchos niños.
Básicamente la cuestión es la siguiente: todo alumno que no tenga un nivel adecuado de lectoescritura, entendiendo por esto no sólo la ausencia de alteraciones, sino una comprensión verbal suficiente, debería, repetir 1º o como más tarde 2º, o en el caso de que promocionara al curso siguiente, hacerlo con unas medidas de “atención a su diversidad” que nos garantizaran, en la medida de lo posible, su normalización e integración en el grupo con la máxima brevedad.
Evidentemente, ni la repetición, ni las anteriormente citadas medidas, nos pueden asegurar que no vaya a haber problemas, como tampoco podemos decir en cada caso, con absoluta seguridad, cuál es la solución adecuada. La pedagogía no es una ciencia exacta.
Por otra parte, también hay que decir que, aún yendo bien todo lo referente a la lectoescritura, tercero no es un curso fácil, pues en él, el niño deberá aplicar ya determinadas habilidades personales, escolares y sociales que deben haberse iniciado en Infantil. Además, esto os exigirá a vosotros una forma ordenada y “disciplinada” de vivir en familia, pues de lo contrario “el pitufo” no logrará madurar esas habilidades. El niño necesita un norte, y ese norte sois vosotros.
Por todo esto, es este un momento clave, un momento en el que el paso de curso no debe ser automático (nunca debería serlo), sino analizado, meditado, y con las medidas adecuadas que nos den las máximas garantías de que vuestro “arbolito” no está empezando a torcerse.
            Y en el caso de que sí se esté empezando a torcer, no tengamos miedo; tengamos el coraje de reconocerlo y la capacidad de “entutorarlo” pidiendo ayuda a quien sea necesario, ahora que aún se puede. Ahora estamos a tiempo.
¡Ah!, y otra cosa no específica de estos cursos, pero que creo importante deciros. Vuestro hijo necesita y necesitará vernos juntos al “cole” y a los “papis”. El abismo de desconfianza que desde determinados ámbitos están abriendo entre el colegio y la familia, perjudica gravemente a vuestros hijos.
Mirad, de cara al niño, en casa el “cole” siempre tiene razón, y viceversa. Y si pensamos que no es así, hablemos, pero nunca delante del niño, como no sea para mostrarle y reafirmar nuestra mutua confianza y colaboración. Lo contrario es hacerle daño, mucho daño a vuestro hijo, maniatarnos todos, echarnos arena a los ojos…y eso siempre se paga, porque el niño es alumno durante un tiempo, pero siempre será hijo de sus padres.
Si os fijáis, lo que he escrito en negrita hace referencia a las cuatro cuestiones que considero clave en este momento de la escolaridad de vuestros hijos: la lectoescritura, las habilidades del niño, el ambiente familiar y la confianza y respeto mutuo entre la familia y el colegio. Y no preguntéis cuál es la más importante; no sabría decirlo, pues las cuatro están íntimamente ligadas de tal modo que interactúan entre ellas y actúan sobre vuestro hijo a modo de una unidad.
Muy rápido y breve, ¿verdad? De cada uno de estos aspectos podríamos decir muchas más cosas, pero de momento ahí va esta sencilla reflexión en forma de carta a los “papis” por si a alguien le sirve.
y ¡feliz Primara!

jueves, 9 de enero de 2014

Ideas para educar. 3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”

1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.

Sí, así tal como suena. Hemos de valorar si vale la pena entrar en "combate", porque muchas veces educar es "combatir". Nene, guarda la ropa, y no la guarda. Nene, no le pegues a tu hermano, y le arrea un sopapo. Nene dale un besito al abuelito, y no se lo da. Nene, nene, nene…¡Estoy hasta el moño del nene que hace lo que le da la gana! ¿Qué hago con el nene? ¡Harto me tiene! Eso son combates, desafíos a los que hay que responder, a los que siempre hay que responder, y ganarlos nosotros.
Sí, hemos de responder a los desafíos que continuamente de un modo más o menos explícito nos plantean los niños. De eso no podemos escapar, no debemos escapar. Se paga caro. Pero lo que sí podemos hacer es no provocar el desafío, y muchas, demasiadas veces lo hacemos.
Me explico. Hemos de tener claro que el niño va a ponernos a prueba siempre que pueda, intentando salirse con la suya. Eso es normal. Pura biología. No es porque sea malo. Es naturaleza. Pero es sano y necesario que aprenda y entienda que quien manda no es él. Quien manda es papá, mamá, la "seño", el “profe”. No él.
Pero para aprender esto tiene que experimentar que cada vez que hay un “combate” lo pierde, así de claro, lo pierde. Y como ganar los papás todos y cada uno de los "combates" que pueden plantearse es muy difícil, agotador, hay que reducirlos. Si no, nos volveremos locos.
Vamos a "combatir" sólo cuando sea de verdad importante, cuando con el consenso no lleguemos a donde queremos, evitando por lo tanto, dar tantas órdenes, muchas de ellas innecesarias y que en el fondo no son más que provocaciones nuestras que generan respuestas desafiantes a las que no somos capaces de responder adecuadamente porque se nos amontona la faena.
Esto implica que tengamos claro qué es de verdad importante y qué es accesorio y que pensemos también que en el momento en el que decimos, nene baja de la mesa, el nene baja de la mesa, así se hunda el mundo. Y si no estoy dispuesto a entrar en ese "combate", no le digo nada, porque lo que digo se hace. Por eso hay que decir menos y pensar bien lo que decimos. Incluso hacer la vista gorda es necesario a veces y si es sólo a veces, no pasa nada.
Recuerdo en un viaje a Pirineos, en un bar de Calamocha, a un niño de unos seis años que estuvo todo el almuerzo subido encima de una mesa, y todo el almuerzo, su santa madre diciendo nene baja de ahí, nene baja de ahí, nene que bajes de ahí. Cuando nos fuimos, aún seguía encima de la mesa.
Señora, o se calla o lo baja. Si ha decidido entrar en el "combate" gánelo, y si no, no entre. Pero deje de hacer el imbécil, y de fabricar un monstruito con el que luego tendremos que lidiar otros que no tenemos la culpa de que usted sea una tonta del bote.
Ahora, una cosa sí. Lo pagarán. Lo pagarán muy caro. El niño y ella. Es el consuelo que nos queda. Pero qué triste consuelo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Ideas para educar. 3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.


1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.

Uno de los errores más frecuentes en el que caemos los educadores, es exigir al niño un comportamiento que nosotros no seríamos capaces de tener ni de lejos. Esperamos de ellos lo que, siendo honrados, no esperamos de nosotros mismos.
Y esto, normalmente lo hacemos porque no nos paramos a pensarlo. Estamos en nuestro papel, y no nos planteamos ponernos en el suyo. Nos falla la empatía.
Y si lo hiciéramos con más frecuencia, diríamos menos tonterías y nuestra acción sería más educativa y eficaz. Y honesta.
Voy a poner un ejemplo. Vas por la carretera (imagina cuando pasas por delante de Masía de Traver) y pone máxima 60. Puedes hacer dos cosas. Una, saltarte la señal y seguir a 90. Ya no tienes autoridad moral para exigirle al niño que no se salte las normas, pero éste es un camino por el que no vamos a seguir en este artículo (Ver art. 3.4). Dos, poner el coche a 60. Bien, vale. Pero esto ¿lo haces por sentido de la responsabilidad, como buen ciudadano, o porque tienes miedo a la multa? La respuesta mayoritaria estará clara, ¿no?
Y ahora viene la conclusión. Si nosotros, adultos responsables (se supone), para cumplir las normas, incluso en algo en lo que nos puede ir la vida, necesitamos del miedo a la multa (miedo al castigo), ¿cómo esperamos de los niños que cumplan normas (hacer deberes, lavarse los dientes, arreglar la habitación…), normas en las que no les va ni la vida, ni nada de nada, por pura responsabilidad y amor al buen hacer?
Desde esta sencilla perspectiva creo que podemos calificar nuestro comportamiento de incongruente e incluso cínico. Pretendemos, con palabritas y “concienciación” que hagan lo que ni quieren, ni les apetece, ni les interesa, cuando nosotros, si no hubiera multas, si no hubiera inspectores, si no hubiera… y entonces nos volvemos locos, nos desesperamos.
Pero, ¡ojo!; antes incongruencias y cinismo que pensar palabras políticamente incorrectas, y mucho menos decirlas ¿no? porque la palabra miedo lo es, y mucho.
Pero hay que decirlo, y bien alto. El miedo es natural y necesario. Es el mecanismo primario que nos advierte que “por ahí” es peligroso ir. Y en educación tenemos que administrarlo, no eliminarlo, con sabiduría y prudencia, sin perder nunca de vista la dignidad y la libertad de los demás y la nuestra propia, que en esta lid deben prevalecer.
Por supuesto que yo desearía una sociedad en la que el miedo no fuera necesario. ¡Pues claro! Muchas veces cuando, en clase, mis alumnos hablan demasiado les digo: “a ver, chavales, no quiero que calléis ahora por miedo a que os deje sin recreo u os ponga faena doble. Quiero que calléis porque es importante esto que os voy a explicar y, si os despistáis, luego tendréis problemas”, por ejemplo. Y ellos, entonces, callan, callan un poquito, porque lo entienden, y también ellos quisieran que el mundo fuera así. Pero no, tarde o pronto hay que recordar que existen otros “procedimientos” menos agradables para conseguir que la clase, todos los días, vaya bien… han de tener miedo a esos “procedimientos”.
¿Cómo les voy a exigir que cumplan la norma de callar y atender en clase, por sentido de la responsabilidad y amor al saber, cuando muchos de sus padres, y a veces yo mismo, necesitamos del miedo a la multa para no ir a 150 por la autopista? Les exigimos a ellos, lo que no somos capaces de hacer nosotros.
El miedo es necesario para educar y para vivir. Hay que aceptarlo. Hay que asumirlo. No es bonito. No suena bien. Es triste. Pero es cierto. Es este un planteamiento ético, no estético, por eso no está de moda. Pensadlo, pensadlo sin prejuicios.

martes, 24 de septiembre de 2013

Ideas para educar. 3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.


1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.
.
“Me vas a matar a disgustos”,”mira como estoy de triste por tu culpa”,”mira a tu padre, que no tiene ni ganas de cenar”…y además gritos, golpes, pérdida evidente de papeles, cambio de planes porque “con el soponcio que nos has dado”…y más, verdad, y mucho más.
Mal camino éste si lo recorremos con frecuencia. Mal camino. Es una de las formas más rápidas de conseguir que los niños nos controlen a nosotros en vez de nosotros a ellos.
Pensemos un poco. ¿Qué conseguimos con estas afirmaciones y estos comportamientos? Dos cosas, a cada cual peor. Primera: crear en ellosl un sentimiento de culpa que en nada les beneficia, pues aunque sean unos bichos, peores que Barrabás, nos quieren. Segunda: que descubran que son capaces de controlarnos hasta el punto de afectar directamente nuestro estado de ánimo, de hacer que variemos nuestra conducta en función de la suya.
De este modo, crecerán con indeseables sentimientos de culpa y aprendiendo a ser unos manipuladores. Porque no lo dudéis, si un niño sabe que puede manipular a papá, a mamá, al “profe” o a la “profa”, lo hará en beneficio propio siempre que le interese, y ¡claro! demasiadas veces, lo que los niños quieren, lo que les apetece, lo que piensan que es bueno para ellos, pues va y no lo es; ¿a que no?
Pero fijaos en una cosa. No he dicho que no controlen nuestro estado de ánimo. Muchas veces lo hacen, ¡y tanto que lo hacen! Lo que digo es que no se den cuenta de que lo están haciendo. Que mantengamos el tipo.
Ignorar las conductas no deseadas (punto 3.7) y mantener la calma y la serenidad aunque por dentro se nos lleven los diablos, es mano de santo. Difícil, sí, no lo niego, pero extraordinariamente eficaz.
La autoridad ejercida desde la calma, aunque sea aparente, desde el control de uno mismo, no solamente es muy eficaz como acabo de decir, sino que inspira en los niños una gran confianza hacia esa autoridad y les envuelve en una atmósfera de seguridad que les beneficia en todos los aspectos.
Pensad que vuestro hijo, por puro instinto, va a tratar de controlar y dominar su entorno y vosotros formáis parte de él. Y pensad también que os quiere un montón. Estos dos impulsos, el de dominaros y el de quereros, a menudo son contradictorios. Y las contradicciones emocionales generan mucha ansiedad y más a quienes todavía no saben identificar y gestionar sus propios sentimientos y emociones.
No dejéis que os domine y será más feliz y todo irá mejor en casa. Crecerá libre de sentimientos de culpa innecesarios y perturbadores y no habiéndose educado en la manipulación, sabrá identificar a los manipuladores, de los que sabrá defenderse. Y esto, en la sociedad en la que vivimos es garantía de libertad, de dignidad y a la postre un paso más en el camino de la felicidad.

martes, 28 de mayo de 2013

Ideas para educar. 3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.

Esto sí. Cuando haga el tonto, pasando, que es gerundio.


1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.


            Si vuestro hijo de tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… años cuando llegarais un día a casa por la tarde, él solito dejara la mochila del “cole” en su sitio; merendara dejando la cocina limpia y aseada, él solito también; luego hiciera los deberes, ¡cómo no! él solito; después, al acabarlos, estuviera jugando a su aire y luego guardara los juguetes en su sitio; se duchara antes de cenar y el baño quedara bastante bien y finalmente cenara lo que le pusierais en la mesa sin más historias, vosotros ¿qué harías? Pensadlo en serio.
            Hay quien me dice, cuando hago este planteamiento, que llevar al niño corriendo al psiquiatra. Pero, bromas aparte, me contestáis, frecuentemente sonriendo: “mis cosas, haría mis cosas”. Porque es verdad que siempre hay mucho que hacer.
Y sonreís porque ya estáis captando el planteamiento, cayendo en la cuenta de que lo hacemos exactamente al revés de cómo deberíamos hacerlo. Y así nos va.
¡Claro!, si el niño deja la mochila donde se le antoja, nos da la murga para merendar, para hacer los deberes, para jugar, para ducharse y finalmente para cenar, porque hoy no quiero tortilla, estamos toda la tarde encima de él; aunque sea riñendo, pero encima de él.
¿Qué conclusión saca el niño? Si lo hago bien, como dicen que lo he de hacer, pasan de mí. Si lo hago mal, como dicen que no lo he de hacer, están toda la tarde encima de mí. Y como el niño, por encima de todo, lo que necesita es que estemos con él, como sea, aunque sea riñendo, pero con él, pues ya sabe el camino. No es rentable ser “nene güeno”.
Y es que, si nos paramos a pensar, estamos más tiempo regañando, corrigiendo, advirtiendo que disfrutando. Porque cuando están de buenas, como están bien, pasamos de ellos. Con lo que a la postre, no los disfrutamos, los padecemos.
Sí, aquí está uno de los errores más graves y frecuentes en la educación; un error de consecuencias demoledoras si lo repetimos día tras día.
Hay que ignorar radicalmente, rotundamente, las conductas no deseadas. El único límite, su propia seguridad física. Y ¡ojo!, ignorar es ignorar de verdad, aunque nos duela. No hablarle, no mirarle, no hacerle ningún caso, haga lo que haga, aunque nos ponga nerviosos, aunque haya gente mirando, aunque nos de mucha penita, aunque nos pida perdón. Porque somos nosotros los que decidimos cuándo ignoramos y cuándo dejamos de ignorar, no él por tierno y melodramático que se nos ponga.
Y otra cosa. Cuando dejemos de ignorarle, porque así lo decidimos, sin moralinas, sin reflexiones sobre lo ocurrido. Normalicemos la situación como si no hubiera pasado nada. Como hizo Fray Luís de León, en el siglo XVI, cuando tras cinco años de cárcel continuó su clase en la Universidad de Salamanca con el aquel ya famoso “como decíamos ayer”.
Mirad, el niño, incluso el adolescente, a su manera, lo que quiere, lo que necesita, como el aire y como el agua, es a sus padres, a sus papás. Es triste que desde muy pequeñitos descubran que es más fácil y rápido conseguir esto haciendo el tonto, dando la vara, siendo “nene malo”, que siendo “nene güeno”. Y como a estas edades, y para ciertas personas a cualquier edad, el fin justifica los medios, pues ya está. Ya la hemos liado.

miércoles, 24 de abril de 2013

Ideas para educar. 3.6 Hablar poco. "No comerle el coco".



1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.

            Bla, bla, bla, bla y bla… Mucho bla. Es inútil y contraproducente. Tanto bla, bla y bla…y bla.
            Voy a empezar exponiendo la conclusión. Para corregir conductas, sí o no y punto. Y a veces ni eso. Para disfrutar de hijo, cuando está de buenas, hablar mucho, mucho, cuanto más mejor.
            Uno de los errores más frecuentes en la práctica educativa diaria, es el de dar innecesarias y continuas explicaciones a los niños de por qué han de hacer esto o aquello o por qué no han de hacerlo.
            Creemos que hablando mucho llegamos a algún sitio. Pues no. Bueno sí. Llegamos a que acaben haciendo lo que les venga en gana y nosotros cabreándonos.
            Hay varios motivos por los cuales, a los niños (con los adolescentes es otra historia) no hay que darles demasiadas explicaciones y mucho menos comerles el coco con largos discursos y moralinas.
            Primero. El niño aunque utiliza las mismas palabras que nosotros, no las utiliza de la misma manera, ni tienen el mismo significado que lo tienen para nosotros. Da la impresión de que nos entienden, pero muchas veces no es así.
            Segundo. El niño utiliza el lenguaje en clave emocional. Nosotros en clave racional. Frecuentemente, la comunicación no es real, aunque lo parezca.
            Tercero. El niño puede ser muy persuasivo (pesado, pelma) si sabe que la repetición de las mismas palabras una y mil veces, le llevará a salirse con la suya; nosotros no tenemos ni de lejos tanta paciencia. Ante su insistencia, la mejor respuesta es nuestro silencio e indiferencia. No tratemos de ahogar su verborrea con la nuestra.
            El planteamiento es muy simple. Ellos, normalmente ya saben lo que han de hacer y lo que no. No hace falta repetírselo mil veces, ni justificarlo, ni explicarlo. Por lo tanto, lo mejor es “si” o “no”; y si pregunta por qué, “tú, ya lo sabes”. Y ya está. Si insiste: ignorar, ignorar, ignorar. A ver quien aguanta más. Es un pulso, a veces muy duro. Pero lo hemos de ganar porque nos jugamos mucho.
            Ahora bien. Si somos parcos en palabras para corregir, dirigir, adiestrar, sancionar, habituar, seamos generosos para disfrutar de ellos. Contémosles cuentos, hablémosles del mundo, respondamos a sus por qués con calma y paciencia.
            Cuando un niño de tres años pregunta a su papá, “papá, ¿por que las personas cuando se hacen viejas se mueren? el papá, como pueda, ha de responder…aunque tampoco pasa nada si se toma un tiempo para hacerlo, y cambia de tema en ese momento.
            Pero cuando dice que quiere el “petisuis” antes de cenar, no hay nada que hablar. O cuando no quiere ponerse el cinturón de seguridad, tampoco. Y si llora, que llore. Eso es sano para los pulmones, y relaja.
            Es que ¿sabéis lo que pasa?, que somos nosotros los que necesitamos darles la explicación, los que necesitamos justificar ante nosotros mismos nuestra conducta, porque en el fondo, nos duele no satisfacer el deseo del niño, de nuestro hijo, aunque algo nos diga que no es bueno que lo hagamos.
            Y es que educar es duro, muy duro. Duele. A veces mucho. El educador al que no le duele educar, no es educador.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Ideas para educar. 3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.



1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.

Es muy frecuente escuchar cómo antaño, cuando hablaba el padre o el abuelo, eso “iba a misa”; no tenía ni que levantar la voz, dicen; a veces ni que hablar, solo con la mirada era suficiente. Y ahora, ahora es todo lo contrario. No hay manera de que los niños hagan caso, y menos aún los adolescentes.
Cierto que esto tiene muchas y variadas causas, pero una de ellas es la que hemos subrayado en el guión. Las normas que damos cuando educamos son demasiadas veces excesivas, innecesarias e imprecisas; y además, su incumplimiento no tiene consecuencias,  siendo esto lo más habitual. Por otro lado, la moda de no poner normas ni límites, no merece ni comentario, por ser una aberración pura y dura de consecuencias catastróficas. 
             Vayamos pues a lo normal, a lo que con la mejor intención hacen los papás por el bien de sus hijos. Poner normas, poner límites, pero, ¿cómo? Como hemos dicho, a menudo excesivas,  innecesarias, e imprecisas.
            Son excesivas. Para darnos cuenta de ello, no hay más que ponernos en lugar del niño, o del adolescente. Nosotros no aguantaríamos el estar sometidos casi constantemente a semejante bombardeo. Y ellos no son tontos. Saben lo que han de hacer y lo que no. Desde bien pequeñitos lo saben. No hace falta pasarnos el día diciéndoles qué han de hacer y cómo han de hacerlo. Además, cuanto más se lo dices más cuesta que lo hagan, ¿no?
            Son innecesarias. Muchas de las normas que les damos, no hace falta darlas, por evidentes. Otras por “incumplibles”. Otras por inoportunas. Otras porque no tienen la más mínima importancia, porque después de todo, pues no pasaba nada.
            Son imprecisas. Sí, muy imprecisas. Nene “sé güeno”, pórtate bien…" ¿Qué es ser bueno?,¿qué es portarse bien? Son normas tan poco concretas, que es como si no hubiésemos dicho nada. No hay criterio que permita saber al niño qué es lo que queremos realmente de él. 
            Y en último término, para acabar de estropearlo, si la norma no se ha cumplido, no pasa nada. No tiene consecuencia alguna. Y eso que le hemos advertido que si no la cumple le quitaremos el…¿el qué?
            El  padre, el abuelo de antaño del que hablábamos al principio, tenía pocas normas, eran las importantes, estaban muy claras y si no se cumplían, había muy serias consecuencias. Por eso no tenía ni que hablar.
               Normas, pocas, las importantes, bien claras y si no se cumplen, con consecuencias contundentes, y además sin enfadarse. Esta es la clave. Es cuestión de tenerlo claro y de practicar mucho. Y paciencia, mucha paciencia.

miércoles, 9 de enero de 2013

Ideas para educar. 3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.


1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.
.
            Le digo gritando, ¡no grites! Le recrimino que es un  guarro y tiro la colilla al suelo. Le pido que me escuche cuando le hablo, y sigo mirando la tele cuando me habla. Le obligo a comerse las lentejas, pero yo nunca pruebo el pescado…
            Es uno de los fallos más frecuentes en los educadores, nuestra falta de coherencia. Una falta de coherencia a veces tan exagerada, que puede llegar a dar hasta risa, sino fuera porque…estas cosas no da risa.
            Y el problema es que tanto los niños como los adolescentes son especialmente sensibles a la falta de coherencia, aunque ellos también sean incoherentes. Nos “la pillan” enseguida, y entonces, quizás sin darnos cuenta, perdemos ante ellos toda autoridad moral. Y luego, cada vez, nos hacen menos caso, ¡claro!
            Coherencia significa que entre lo que pensamos, decimos y hacemos, o no existe diferencia, o existe una diferencia mínima. Si yo pienso que no hay que gritar, digo que no hay que gritar, sin gritar. Si pienso que el niño no ha de ser un guarro, le digo que no haga guarradas y no las hago yo. Si pienso que es bueno que nos escuchemos, le exijo que me escuche cuando le hablo, y le escucho cuando me habla él. Si pienso que ha de comer de todo, le obligo a que coma de todo, pero yo también como de todo…
            Es más difícil de lo que parece esto de la coherencia en uno mismo, y educar en la coherencia, es el más difícil todavía. Pero es importante, y hay que hacerlo, porque la coherencia, como casi todo, también se aprende. Y además, porque educar en la coherencia fortalece tres principios básicos de la conducta específicamente humana: la reflexión, la asertividad y la voluntad.
            La coherencia supone, primero un pensamiento, una reflexión; luego el ser capaz de verbalizar oportunamente ese pensamiento, la asertividad; y finalmente, la voluntad de actuar en consecuencia con lo dicho. Lo pienso, lo digo y lo hago. El niño debe aprender esto.
            Las personas coherentes nos atraen, nos inspiran confianza, nos dan seguridad, nos merecen respeto, aunque no pensemos como ellos. En la coherencia vemos solidez, claridad, transparencia, autenticidad. Las personas coherentes educan aún sin saberlo, porque actúan de modelo, dan ejemplo, y como todos sabemos, se educa con el ejemplo.
            Y además, los cristianos tenemos precisamente en Jesús, al hombre coherente hasta las últimas consecuencias.