Sería
bueno, o igual no, ya no lo sé, hacer el esfuerzo de mirar el mundo de un modo
más próximo y personal, menos estandarizado. Sí, creo que sería bueno.
Esto
viene a cuenta de un viajecito que hemos hecho este fin de semana y de una
anécdota que estuvimos comentando Isabel y yo.
El
viajecito, tal y como lo hicimos, no consta en folletos turísticos ni es
promocionado por empresa alguna, lo que garantiza tranquilidad y sosiego, para
empezar.
Salimos
de casa rumbo al suroeste, haciendo noche en Albacete, para pasar el sábado de
allí a un pueblo de la serranía de Cuenca, segunda noche, y volver el domingo
por el rincón de Ademuz y la Serranía. Esta ruta ahora, en el mes de mayo, es
de una belleza absoluta.
Mapa
en mano y con la ayuda del navegador, seguimos carreteras secundarias y
solitarias, cruzamos pueblos pequeños y encantadores, descubrimos rincones
sorprendentes. Cañones, barrancos, inmensas llanuras verdes, flores, y un cielo
cambiante, azul, gris, casi negro, lluvia y viento… La Mancha, en mayo, es
indescriptible, hay que verla, y la serranía de Cuenca no lo es menos. Y huelga
decir que el buen comer por aquellas tierras está garantizado.
Pensábamos,
no hay que irse muy lejos para disfrutar de una belleza rotunda y sorprendente.
Está ahí, cerquita. Ni folletos ni propagandas que nos digan qué he de ver,
dónde y cuándo.
Y
cenando en un pueblecito el sábado, muy bien por cierto, salió el tema de que
los niños de 2º de primaria saben todos lo que es un ajolote pero ninguno o
casi ninguno lo que es una higuera. Terrible. Conocen un bicho feo, ajeno del
todo a nosotros, y desconocen un árbol muy nuestro y que está por todas partes,
a veces hasta donde no debe estar.
Es en
el fondo lo mismo que lo del viaje. Ignoramos nuestra realidad próxima y conocemos
realidades ajenas, estandarizadas. Cabría la pregunta, ¿cuál de las dos
realidades es la real?
Quizá
las dos, pero cuidado, porque no cabe duda de que ese bicho, el ajolote,
existe, pero también la higuera. Y ese paisaje lejano que aparece en la
propaganda de las agencias de viaje también existe, como existen La Mancha o la
serranía de Cuenca cuya primavera no tiene parangón.
Pero
el bicho en cuestión y el bonito y lejano paisaje nos lo venden. Los llanos
verdes, los hondos barrancos, las paredes soberbias, las cabras montesas, los
ciervos, y la higuera están ahí, muy cerca, y se nos ofrecen.
Quizá
deberíamos reflexionar un poco sobre la realidad que mostramos a nuestros niños
y jóvenes y la que nosotros mismos vivimos. Igual estamos, sin saberlo,
viviendo una realidad prefabricada en la que no somos más que títeres en manos
de quienes la diseñan en su propio beneficio, ocultándonos la nuestra,
disolviendo así nuestras raíces y nuestra identidad.


