Hace
ya muchos años nos apuntamos a la lectura continuada de la Biblia en una
parroquia de Valencia. El fragmento que me tocó leer a mí fue el de las
bienaventuranzas, el evangelio de hoy. Muchas veces he pensado en esa
“casualidad”, muchas veces... Por eso hoy lo comparto.
En
aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron
sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en
el espíritu,
porque de ellos es el reino de
los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la
tierra.
Bienaventurados los que
lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán
saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán
misericordia.
Bienaventurados los limpios de
corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que
trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados
hijos de Dios.
Bienaventurados los
perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de
los cielos.
Bienaventurados vosotros
cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo»
Mt 5,1-12a.

