FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

sábado, 29 de agosto de 2026

Palabras para Sergio.


Hace algunos años, uno de mis alumnos entró en el seminario. Hoy ha sido ordenado diácono.

Buenas tardes. Sergio.

 A ti van dirigidas estas palabras esta tarde de sábado. Te conozco hace muchos años, y más te conocí cuando te tuve de alumno de filosofía en 4º de secundaria, en aquella aulita pequeñita, así la quise, en la que nos sentábamos en círculo para vernos las caras y hablar más y mejor.

No estabas aún bautizado. Me acuerdo del día de tu bautismo, y del de tu primera comunión, poco tiempo después. Todo discreto, sencillo y cierto, sobre todo cierto. Tu ingreso en el seminario no fue una sorpresa, al menos para nosotros. Tu vocación se iba dibujando como un trazo firme y vigoroso, a la vez que misterioso y sorprendente; y si no que se lo digan a tu padre, también exalumno mío, y a tu madre.

Y es que toda vocación es, en el fondo, un misterio sorprendente. Sabes bien que Dios llama de muchas maneras, en momentos distintos y a través de caminos que no siempre alcanzamos a comprender. Pero hay algo que permanece: Dios llama porque nos ama, y nos llama porque como dice san Agustín “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Por eso nos llama.

Cuando se es joven uno se plantea qué quiere hacer con su vida, qué queremos conseguir, qué profesión queremos ejercer o qué metas queremos alcanzar. Tú, como todos, a casi todos, lo hiciste. Pero encontraste en el Evangelio otra pregunta, una pregunta mucho más profunda: ¿para quién quiero vivir? Porque quizá el verdadero sentido de la existencia no consista en acumular experiencias más o menos exitosas o satisfactorias, sino en descubrir que más allá de todo eso nuestra vida tiene un destino y una misión, un sentido.

            La vocación cristiana, tu vocación, es precisamente eso: escuchar la voz de Dios y atreverse a responder. Y eso sí da sentido a la vida. Ya sabes que no significa tener todas las respuestas ni conocer de antemano todo el camino. Significa confiar en Aquel que te ha llamado y dar un paso adelante, sabiendo que en el camino, como en Emaús, está con nosotros, aunque no nos demos cuenta demasiadas veces. Por eso hay que decirle cada día, “quédate con nosotros, la tarde está cayendo.”

Y hoy, con la ordenación diaconal, ese camino adquiere una nueva dimensión: la del servicio.

El diácono recibe una misión hermosa y exigente: servir a Cristo sirviendo a los hermanos; anunciar el Evangelio, asistir a la comunidad y hacer visible, con su vida, que el amor cristiano no son palabras, sino una entrega concreta.

Por todo esto, al saber que hoy ya eres diácono, sentimos Isabel y yo alegría y gratitud. Alegría por verte avanzar en el camino al que Dios te ha llamado; y gratitud porque, de algún modo, quienes hemos tenido la oportunidad de acompañarte en alguna etapa de tu vida hemos sido también testigos del bonito proceso de tu vocación.

Querido Sergio, hoy comienza para ti una nueva etapa. Que nunca dejes de escuchar la voz de Cristo. Que tu oración te mantenga siempre unido a Él. Y que, cuando lleguen las dificultades, recuerdes que no caminas solo: Aquel que te llamó permanece contigo.

Que María, te enseñe a responder cada día con la misma confianza: “Hágase en mí según tu palabra.”       

Y que toda tu vida sea una respuesta sencilla y generosa a la llamada de Dios: una vida colmada de sentido, entregada a Cristo, al Evangelio y a los hermanos.

¡Enhorabuena, querido Sergio!. 

¡Que Dios bendiga!

viernes, 28 de agosto de 2026

Ama y haz lo que quieras.


 

Vuelvo al blog tras el paréntesis estival con tres frases de san Agustín, hoy que celebramos su día. Aunque muy conocidas, siempre es bueno recordarlas.

Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor.

Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.

No se accede a la verdad sino a través del amor.

viernes, 31 de julio de 2026

Bien está lo que bien acaba.


 

Estábamos comiendo en un bar y escuchando, sin querer, la conversación de la mesa contigua que giraba sobre todo alrededor de temas médicos y de salud. Hablaba sobre todo un señor muy arrugadito y encorvado, esto lo vimos después, y le escuchaban un señor y una señora, también arrugaditos y encorvados, y un chaval joven.

De repente el chaval se levanta rápido y al momento se desmaya cayendo aparatosamente sobre un mueble ligero, lo que le evita una peligrosa caída al suelo, pues queda tendido sin conocimiento.

De inmediato se forma el consabido círculo alrededor, sus compañeros, los camareros, otros comensales… Le levantan las piernas, le hacen aire y pronto vuelve en sí, y se va recuperando poco a poco. Al ratito, no mucho, se levanta y ya sonriendo, y por su propio pie, vuelve a la mesa.

Y pienso, ya ves, el joven de los cuatro es el que se desparrama. Pero bueno, bien está lo que bien acaba.

Al acabar de comer y salir del bar, vemos a un señor que habiendo salido solo de un coche, se dirige, cojeando un poco, con una pierna vendada, hacia una señora que, sonriendo y con los brazos abiertos corre hacia él. Se abrazan y él estalla en llanto, mientras la señora, sin dejar de sonreír, mantiene el abrazo. ¡Qué bonito!

Sí, dos historias muy juntas que han tenido en común el haber acabado bien. No sabemos por qué se ha desmayado el chaval ni porqué llora el señor. Pero bueno, todo parece estar ya en orden.

Pues eso, bien está lo que bien acaba.

martes, 28 de julio de 2026

Un jardín o un desierto.


 

Dije ayer que escribiría hoy sobre los incendios. Y eso voy a hacer. Y voy a hacerlo recordando la respuesta que un político, muy ecologista él, dio a un bombero que se quejaba de la falta de limpieza del monte. El monte no puede ser un jardín, le dijo.

Estúpidas palabras que mostraban su profunda ignorancia, justificando además, de paso, su absoluta incompetencia. Pensé, si no es un jardín será un desierto. Y hacia ahí vamos a marchas forzadas. Porque está claro que no están por la labor de que sea un jardín; a los hechos me remito.

El problema del fuego es complejo, y tiene varias causas bien definidas que voy a intentar explicar desde mi punto de vista que no es el de un técnico, sino el de alguien que siempre ha amado el monte, que por eso lo recorre incansable y lo conoce. Es ahí donde me siento de verdad libre, y yo soy más yo que en ninguna otra parte.

En primer lugar hemos de volver la vista al éxodo rural, a mediados del siglo pasado. El abandono masivo de los pueblos supuso dejar sin cuidado alguno miles de hectáreas de cultivos mayormente de secano, los caminos que a ellos accedían, las masías y las aldeas cuyos habitantes mantenían limpio el monte porque vivían de él y en él. La ganadería también fue a menos. Y hubo más consecuencias, pero para no hacerlo largo, podemos resumir diciendo que la interacción del hombre con la naturaleza se alteró profundamente.

Y ahí está el origen del problema. Desaparecido un ecosistema hombre-naturaleza muy arraigado en el entorno mediterráneo, la alternativa fue el abandono. Naturaleza sin hombre. No se buscó, ni se busca, crear otro ecosistema sostenible que incluya al hombre. El monte, como más, es polideportivo o parque de atracciones de una sociedad urbanita que desconoce y a menudo desprecia la naturaleza y su funcionamiento. Ignoran que es un ser vivo; para ellos son instalaciones deportivas.

Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Porque ante esta situación, nadie, nadie ha hecho nada serio para buscar una solución, más bien al contrario, se han puesto zancadillas a menudo a quienes han intentado hacer algo al menos en su ámbito más próximo.

Son los cuatro aliados de los incendios que, cual jinetes del Apocalipsis cabalgan cada verano, y a veces fuera del verano, por nuestros montes.

El primero son los políticos, quiero pensar que no todos. En cualquier caso no han sido capaces de ponerse de acuerdo en una planificación a largo plazo para establecer un plan nacional que responda a las consecuencias del éxodo rural en nuestros montes. Por eso no lo hay.

También son ellos responsables de promulgar leyes demasiado tibias ante los delitos contra el medio ambiente. Provocar un incendio, por descuido o deliberadamente, debería ser tratado como crímenes contra la humanidad, como terrorismo. El daño que nos hace a todos es descomunal, la devastación absoluta, las consecuencias irreversibles.

Y también son responsables de no invertir el suficiente dinero en prevención, limpieza de montes, arreglo de caminos, vigilancia con las nuevas tecnologías (cámaras térmicas, drones etc.) Y no hablo solo del dinero que se nos va con la corrupción, sino del que se emplea en cuestiones meramente ideológicas, más que discutibles, mientras se escatima, por ejemplo, en vehículos y personal, necesarios cuando el desastre se desata.

El segundo, los ecologistas, también espero que no todos. Con esa obsesión por no intervenir en la naturaleza, "dejadla en paz, ella sabe cómo hacerlo", he leído en algún cartelito, demuestran su ignorancia absoluta y una ideologización que les impide ver la realidad. Si el monte llegó a nosotros como llegó a mediados del siglo pasado, fue por la interacción constante y estrecha con el hombre. Y la alternativa no es el abandono, sino buscar otras formas de interacción. En el ecosistema mediterráneo el hombre es un elemento esencial. La población dispersa, la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca, la explotación forestal son imprescindibles para que el ecosistema sea sostenible. Sin la presencia adecuada del hombre el ecosistema mediterráneo se destruye.

No puedo olvidarme, permitidme decirlo así, de los imbéciles, de la mala gente que vive entre nosotros. De los que los provocan porque sí, o por cualquier peregrino motivo más o menos patológico; del de la barbacoa; del de la radial en la caseta; del de la motosierra; del que utiliza mal y a destiempo vete tú a saber qué máquina, de la basura echada por todas partes… En fin, mil formas hay de traer el infierno al paraíso y de quemar el presente y el futuro de pueblo enteros.

¿Y el cambio climático? Bueno, pues también. Pero si las cosas se hicieran como deberían hacerse, estoy convencido de que su impacto sería infinitamente menor. Más aún, creo que se podría reducir al mínimo. Impactaría en otros ámbitos, pero con el tema del fuego, no.

Pero bueno, ahí tenemos ardiendo Espadán, aquellas bellísimas montañas que no volveré a ver verdes. Eso aquí, que en otras partes… mejor no hablar. Y aún queda mucho verano, demasiado.

Por todo lo dicho concluyo que lo que dejaremos a las generaciones venideras, a los que no han nacido aún, a los niños y jóvenes de ahora, será un jardín o un desierto.

lunes, 27 de julio de 2026

La crónica de una muerte anunciada.


 

Fue el 14 de octubre del año 2012 el día en que inicié el blog. Una primera entrada explicando el porqué del nombre, Los ecos secretos del silencio, y una segunda, el mismo día, hablando de la devastación que el fuego había provocado aquel verano en muchos de nuestros montes.

Porque fueron los incendios los que me impulsaron a hacerlo. La brutal y rabiosa impotencia que sentía y siento ante esto, y la consiguiente necesidad de desahogo, es uno de los motivos. El hacer algo, por poco que sea, es el otro. Escribir, a veces, puede ser útil. ¡Qué más puedo hacer!

Decía un día un amigo que al escribir un blog uno lo que está haciendo es buscarse a sí mismo, buscar el reconocimiento de los demás. No es mi caso, y mucho menos en el tema del fuego. Si alguna de las muchas entradas sobre este tema alguien la hace suya y la publica en su nombre, lo que se llama plagio, no tengo ningún problema.

Todo el blog está abierto a cualquiera que desee hacerlo suyo. Permiso para plagiar. Porque, y hablando del fuego, la función de desahogo de mi impotencia ante los incendios estará cumplida, y si alguien con más predicamento que yo, hace públicas mis reflexiones y denuncias como si fueras suyas, ¡bendito sea Dios!

Y en esta línea escribo hoy, una vez más con el fuego como protagonista. Me he resistido a hacerlo porque me había planteado descansar dos meses y porque me cuesta mucho escribir sobre esto sin perder los estribos. Pero las trágicas circunstancias se imponen.

El tema del fuego es la crónica de una muerte anunciada. Mil veces anunciada. Pero poco o nada se hace para evitar esa muerte. Más aún, todavía hay quien tiene el cinismo y la sinvergonzonería de acusar del desastre al cambio climático en un simplificación de la realidad burda y ridícula.

No señor, no. No y mil veces no. Cínico y sinvergüenza hay que ser para decir eso y quedarse tan terne. Las causas son varias, y el cambio climático es una de ellas y no la más importante.

Pero claro, para eso hace falta ser capaz de hacer un análisis de la realidad más allá de ideologías y partidismos. Hace falta priorizar necesidades e invertir en atenderlas. Y prioridades hay tres, educación, sanidad y medio ambiente. Lo demás viene detrás.

Sobre todo esto hablaré en una próxima entrada que quiero publicar mañana. Hoy acabo reseñando algunas de las muchas que he escrito sobre este tema en la sección Montes verdes. Podéis leerlas tecleando el nombre en el buscador del blog, en su versión web, tanto en el móvil como en el ordenador.

Fue el verano de 2012.

¡¡¡Cuidadín!!! Estamos en un polvorín.

El monte vuelve a ser un polvorín.

Era muy bonito pero no hay que fiarse.

No estaría de más.

Evitar lo evitable.

Empieza el verano. Aviso importante.

¿A quién advierte el cambio climático, sr. Sánchez?

Desahogo desde el miedo y la tristeza.

Villanueva de Viver. Y dicen que progresamos.

viernes, 3 de julio de 2026

Muy mal, aunque podría ser peor.

No solo es que el fin de semana se presenta feo de narices por el calor, es que la semana que viene va a ser aún más fea e insoportable con la segunda ola de calor del verano.

Las máximas empezarán a subir mañana mismo, día tras día, hasta llegar a los 39-40 hacia el miércoles. Las mínimas se quedarán en los 22-23. Es posible que a partir de ahí bajen un par de graditos; menos da una piedra.

El cielo seguirá despejado y el levante también seguirá con nosotros, afortunadamente. Porque si con levante llegaremos a 40, no quiero pensar qué pasaría en una “ponentá”.

El otro peligro, aparte del calor desbocado, es la posible formación de tormentas que, aunque no está previsto que lleguen aquí, pueden provocar incendios por el interior, pues las cantidades de agua no serán muy cuantiosas y los rayos, en el monte seco…

En resumen, un fin de semana, preámbulo de otra mala semana. Como veréis mal, todo bastante mal aunque podría ser peor, mucho peor.

Y aún no hemos llegado a la canícula.


Sucedió en La Maladeta.


 

Tan poderosa por encima de nosotros, ¿no será solamente una cosa? No, ciertamente, si es verdad que nos llama y que la nombramos. Su vida humana comenzó con este cambio, con la mirada, que anima; con la voz, que despierta. Desde entonces hay en ella todo lo que es del hombre, todo lo que él ha puesto allí; y todo lo que le sobrepasa.

G. Sonnier.

Me contó ayer mismo un amigo una experiencia que tuvo no hace mucho en los Pirineos. Me impactó, por eso quiero recogerla en el blog y compartirla.

Era sábado, había subido esquiando el Aneto con un amigo, para luego dirigirse al pico Maladeta, pero su amigo optó por regresar ya al valle y él siguió solo hacia la que sería la segunda cima del día.

Tras ascender el glaciar de la cara norte llegó a la base del corredor que conduce a la cresta cimera. Allí había una cordada que no se decidía a acometer la ascensión de dicho corredor, y un chaval que iba solo, que también tenía sus dudas sobre si meterse en él o no.

Mi amigo, comprobando que el estado de la nieve era aún aceptable, se decidió a subir, y viéndolo este chaval se decidió a subir también con él. La cordada renunció e inició el descenso. Quedaron solos en la montaña.

Hicieron cima. Contemplación, silencio… Entonces, allá arriba, en la cumbre, mi amigo se sorprendió cuando le dijo “he subido hoy aquí por algo. Íbamos a venir mi novia y yo. Falleció hace mes y medio. Pero yo he venido”.

Ante tales palabras mi amigo, desbordado, le preguntó, ¿puedo abrazarte? Y allí, a 3312 metros de altitud, solos, dos desconocidos se fundieron en un abrazo y estallaron en llanto. Un llanto, profundo, largo… necesario y liberador.

“No hubiera subido solo, le dijo a mi amigo. Estoy aquí gracias a ti”. Afortunadas casualidades enlazadas de tal modo que aquello fue lo que tenía que ser. Sin más testigos que la montaña y el cielo, La Maladeta acogió todo lo que aquel hombre y su chica habían puesto en ella, y todo lo que les sobrepasaba. ¿Casualidades?

No es la montaña una cosa. Es mucho más. En aquel momento era lugar de encuentro de dos desconocidos que se abrazan, que lloran juntos, porque es mucho más lo que nos une que lo que nos separa a las personas. Era presencia en la cima de alguien que ya no está, y que de alguna forma, yendo allí, se hace presente en el límite mismo de la tierra de los hombres, más cerca del cielo. Era el deseo de seguir viviendo más allá del dolor y el sufrimiento. Era la montaña devolviéndote, como un ser que te quiere, mucho más de lo que tú le has dado. Era, en fin, si eres creyente, un regalo de Dios, que no es quien se la quitó, sino quien se la devolverá.

Sí, es una experiencia fuerte, profunda, en la que vemos con claridad diáfana, que la montaña es un ser desde que el hombre la miró y la nombró, iniciando así una larga y hermosa historia de amor.

No conozco a aquel chaval, solo sé que es uruguayo, pero quiero desde este blog, mi amigo se lo hará llegar, desearle de todo corazón que siga en las montañas; que esa ascensión a La Maladeta, triunfo de la vida sobre la muerte, ilumine su caminar, le colme de paz, y le dé la esperanza de volverse a encontrar con su chica en esa cima de la que ya no habrá que bajar, y en esa luz cuyo pálido reflejo encontramos algunos en el cielo de las montañas.