Hay
carteles curiosos pero significativos. En el ascensor de un aparcamiento
público vimos hace ya tiempo un letrerito que decía: “Prohibido orinar. Hay
cámaras”. No se me ocurrió hacerle una foto, pero el asunto lo merecía.
El
otro día, en un pueblo próximo, me sorprendió el cartelito que había a la
entrada de un chalet y le hice una foto, esta vez sí. Es la que encabeza esta
entrada. Decía: “Prohibido defecar en la puerta”.
Me
acordé del otro, lógicamente, y me pregunté, ¿es necesario advertir que no se mee
en un ascensor o se defeque en la puerta de una casa? Pues debe ser que sí. De
lo contrario no pondrían los letreros. Hay gente que lo hace.
Y yo
que me indigno con los vecinos que aparan su coche en la calle ocupando dos
plazas cuando nada les costaría ajustarlo un poco para que quepa otro. No es
tan grave, claro. Pero en el fondo es lo mismo. Se llama pensar en los demás,
como los del pipí o la cacá, que evidentemente tampoco piensan en los demás.
Y es
que vivir en sociedad, a veces, da un poco de asquito.
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