El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;
Habitaban tierra de sombras y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo:
Se gozan en tu presencia, como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga,
el bastón de su hombro los quebrantaste como el día de
Madián.
Porque la bota que pisa con estrépito y la capa empapada en
sangre
serán combustible, pasto del fuego.
Porque uh niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado:
Lleva al hombre el principado, y es su nombre
Maravilla de consejero, Dios guerrero,
Padre perpetuo, Príncipe de la paz.
Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre
el trono de David y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor lo realizará.
Is.9, 1.6.
Con la esperanza en esa gran luz y esa paz sin límites, os deseamos Isabel y yo,
¡¡¡Feliz Navidad!!!.

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