FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 20 de enero de 2026

Raíces.



 


Andaba un día de estos por un bonito sendero, a orillas de un río cuyas limpias aguas saltaban entre las rocas, permitiéndome disfrutar de lo que podríamos llamar el canto del agua. No había nadie.

De pronto un perrito minúsculo vino alegre hacia mí. Le saludé y enseguida llegó el dueño al que también saludé. Era un señor muy mayor que andaba como podía, apoyado en un bastón.

Seguí mi camino y un momento después vi a una señora que sería su mujer. Muy mayor, también andaba como podía. Paró junto a mí y me preguntó, -¿conoce usted esto?-. Le dije que sí, que algo lo conocía y entonces me hizo una pregunta que todos los años me hacen en los Pirineos en verano, -¿falta mucho para el lago?- Me hizo gracia.

Le dije que no, que ya estaba muy cerquita, pero que no era un lago sino un ensanchamiento del río que tras atravesar una estrecha garganta se remansa entre paredes y pinares para poco después seguir su curso, ya más sereno.

Como le di toda la explicación tuvo a bien decirme que su marido estaba mal de la cadera y ella de la rodilla, pero que excursiones cortitas aún hacían.

Ya me había dado cuenta de que su forma de hablar era inequívocamente argentina, y quizá por eso se sintió en la obligación de decirme que ella era valenciana. Y lo dijo con orgullo y satisfacción. Pero que de muy pequeña sus padres emigraron y había vivido allí hasta que sus chicos, como dijo, la “rescataron” a ella y a su marido y se los trajeron a vivir a España, y en concreto a Valencia. También me contó que vivían en la zona 0 de la DANA. -¡Qué miedo pasamos!-

-Ya somos muy mayores, y estamos conociendo nuestra tierra mientras aún podamos, aunque sea cojeando y poquito a poco-. Y yo, a modo de despedida, le deseé que siguiera mucho tiempo con su marido conociendo esa tierra que le vio nacer.

Fue un encuentro agradable, y la conversación breve y entrañable. Seguí caminando, aún me quedaban muchas horas, pensando en esas raíces invisibles pero poderosas que a muchos nos atan a esa pequeña parte del mundo donde nacimos y donde vivimos la infancia.

Es el hogar, es “la terreta”, y pensé también en lo cruel y lo injusto que es que millones de personas se vean obligadas a abandonar su tierra para seguir viviendo.

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