No es
propiamente una receta sino un descubrimiento que hice por casualidad. Igual
alguien que lea esto ya lo conocía y diga, ¡pues vaya descubrimiento! En
cualquier caso para mí ha sido un descubrimiento.
Se
trata de un postre sanísimo, buenísimo y elegante si queremos vestirlo de
fiesta. Ahora bien, barato no es. Los ingredientes son muy sencillos.
Fresas.
Arándanos.
Azúcar
o sacarina.
Batiremos
los ingredientes, fresas y arándanos, a partes más o menos iguales, y el azúcar
o la sacarina según lo dulce que queremos que esté. Advierto que al batirlo
reduce mucho por lo que hay que poner buena cantidad, por eso no es barato.
Y ya
está. Veremos que tras batirlo todo bien quedará un líquido muy espeso y de un
bonito color rojo muy oscuro. Lo verteremos en los recipientes donde vayamos a servirlo,
vaso de agua ancho, taza, bandeja, y lo dejaremos fuera de la nevera un par de
horitas o algo más.
Y
ahora viene la sorpresa; lo que era un espeso líquido se habrá convertido en
una especie de flan vegetal, con una textura que hará que nos pregunten por la
gelatina.
No, no
lleva gelatina ni hay que enfriarlo en la nevera. Es así porque es así. Será
porque fresas y arándanos, al ser de bosque y montaña, se llevan muy bien, y
forman una sola sustancia (parece filosofía y todo). Bueno, supongo que habrá
una explicación física para el fenómeno.
La
decoración es muy fácil. Hay mil formas. Podemos ponerle encima unas fresas, o
una sola con sus hojitas verdes, o unos arándanos en círculo o en cruz, o según
caigan… En fin, según nuestra creatividad nos ilumine.
¡A
disfrutarlo!

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