FRASES PARA PENSAR.

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QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

sábado, 23 de mayo de 2026

Se empieza arrancando cruces.


Vuelven a tirar la cruz del Aneto, hoy mismo, la de madera que subió a hombros un joven francés hace unos diez días. Y los periodistas ponen nombre al asunto, la guerra de las cruces. Y los “progres” hablan de abrir un debate sobre los símbolos religiosos en las cumbres. Y la gente toma postura, sí o no. La polarización de la sociedad, tan útil para determinados intereses políticos, sigue avanzando. El enfrentamiento está servido y va a más.

Pero que nadie se engañe. En realidad no hay debate posible. No hay guerra de las cruces. Es el asunto mucho más profundo y peligroso. Son  frutos del árbol maldito que nos llevó a donde nos llevó el año 36 y que creímos talado con la Transición, pero que han conseguido revivir.

Y no hay guerra de las cruces, porque es en realidad otra guerra que al no haber sido capaces de superar vuelve a enseñar los dientes. Y no hay debate, simplemente porque es absurdo quitar de las cumbres cruces y otros símbolos, religiosos la mayoría, porque han trascendido hace muchos años a lo religioso.

Llevan cientos de años en nuestro mundo por lo que han adquirido un alto valor histórico y cultural. Además tienen un significado, a veces muy profundo, para mucha gente. Por respeto a nuestra historia, nuestra cultura y a muchas personas, hay que dejarlos donde están.

Por otra parte, resulta paradójico que en Francia, estado laico por excelencia, haya cruces y vírgenes por todas partes. En cimas, en collados, en pueblos, en carreteras y caminos, y a nadie se le ocurre quitarlas o agredirlas. Lo asumen como su historia, su cultura, su paisaje, el de sus antepasados y el de sus hijos.

También sería interesante ver si a toda esta gente les parecería bien que quitaran en el Himalaya las banderas de oración con las que, estoy seguro, muchos de ellos adornan sus casas o jardines. Son un símbolo religioso, igual que una cruz.

Por todo esto tengo muy claro, desgraciadamente muy claro, que no es esto una cuestión baladí que afecta a una montaña, o a todas las que tengan cruces, y poco más. Se empieza arrancando cruces…

Miedo me da acabar la frase, por eso no voy a hacerlo, porque el asunto es más grave de lo que parece y más profundo. Llegue a la conclusión que crea que puede llegar quien hasta aquí haya leído.

Solo una cosa añadiré. No es vandalismo. Es estar enfermo, enfermo de odio. Y esa enfermedad es muy contagiosa.

NOTA: Hoy mismo, por la tarde a última hora, me han comunicado que unos chavales que subían la han recogido y subido a la cumbre.

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