En el
clima ya no hay procesos. Vamos a saltos. Hemos pasado de la primavera al
verano en unas pocas horas. De la funda nórdica a la sábana, y ni eso, de un
día para otro. Y eso no es bueno, nada bueno. Ni la naturaleza, ni nosotros,
que también somos naturaleza, tenemos tiempo de adaptarnos a cambios tan
bruscos.
La
semana próxima es ya de pleno verano. Máximas entre 30 y 33 y mínimas
ascendiendo día tras día, pasando de los 16 del lunes a los 19 del sábado. El
cielo estará despejado y el viento soplará flojo del este sureste; lo típico de
julio y agosto cuando no nos castiga el poniente o pasa una borrasca, pero en
mayo.
Mala
forma de empezar la peor estación del año, al menos para mí. Muy mala. Quienes
deseamos un clima más benigno, agradable, humano tendremos que esperar a
octubre o noviembre. Hay que hacerse a la idea o largarse al círculo polar.
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