FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 3 de mayo de 2026

Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández.


Comparto hoy, día de la madre, un poema de Miguel Hernández titulado Nanas de la cebolla. Es un poema impresionante, escrito en la cárcel, en Madrid,  en septiembre de 1939, como respuesta a una carta de su mujer diciéndole que solo tienen para comer pan y cebolla. Son tiempos duros, postguerra, hambre, el marido ausente, el futuro incierto. Y la madre amamanta y acuna al niño como puede, con lo que puede.

Y lo comparto porque me parece que el poema entero es como una pintura prodigiosa, creada con palabras a modo de pinceles, sobre el lienzo del tiempo y el espacio trocado en dolorosa distancia. Un  poema serio que bien se puede dedicar a las madres, alejado de tópicos y cursilerías tan abundantes un día como hoy.


La cebolla es escarcha

cerrada y pobre:

escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla:

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

 

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

 

Una mujer morena,

resuelta en luna,

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te tragas la luna

cuando es preciso.

 

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es tu risa en los ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que en el alma al oírte,

bata el espacio.

 

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.

 

Es tu risa la espada

más victoriosa.

Vencedor de las flores

y las alondras.

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor.

 

La carne aleteante,

súbito el párpado,

el vivir como nunca

coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea,

desde tu cuerpo!

 

Desperté de ser niño.

Nunca despiertes.

Triste llevo la boca.

Ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

 

Ser de vuelo tan alto,

tan extendido,

que tu carne parece

cielo cernido.

¡Si yo pudiera

remontarme al origen

de tu carrera!

 

Al octavo mes ríes

con cinco azahares.

Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.

 

Frontera de los besos

serán mañana,

cuando en la dentadura

sientas un arma.

Sientas un fuego

correr dientes abajo

buscando el centro.

 

Vuela niño en la doble

luna del pecho.

Él, triste de cebolla.

Tú, satisfecho.

No te derrumbes.

No sepas lo que pasa

ni lo que ocurre.

La sucesión de hermosísimos símiles y metáforas es abrumadora. El dolor contenido, impresiona, desbordándose no obstante los sentimientos que parecen fluir con serenidad. El niño y su madre son el futuro que el poeta no tiene, la vida que le falta, la libertad que añora.

Es la madre, que envuelve y arropa a su hijo trasformando la triste cebolla en ese hilo a hilo que lo vivifica, la que permite reír al bebé, la que también le da vida a él a través de la risa presentida de su hijo; la que le da un futuro. “Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor”.

Pero la realidad, brutal, se impone. Los cinco dientecitos del bebé “Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro”.

Y acaba diciéndole “Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre”. Porque mientras la madre esté ahí, triste de cebolla, el niño estará satisfecho. Y mientras el niño siga siendo niño junto a su madre, mejor que no sepa lo que pasa ni lo que ocurre.

Todo un triste e inmenso poema a la grandeza de ser madre.

¡Feliz día a todas las mamás!

 

NOTA: Este poema lo popularizó cantándolo Juan Manuel Serrat.

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