Ayer
por la tarde, en un rescate, la Guardia Civil encontró la cruz del Aneto
semienterrada. Despeñada por la vertiente norte de la montaña, y dada la
abundancia de nieve, ha habido que esperar a que el deshielo la haya dejado a
la vista.
Está
entera aunque abollada, y ya ha sido llevada a las instalaciones del GREIM a la
espera de ser restaurada de nuevo para volverla a subir a la cima con la
esperanza de que siga allí muchos años más. La intención es colocarla antes de
que acabe el verano. De momento la policía judicial está buscando en ella
indicios que puedan conducir a la autoría de acto tan absurdo.
Y pienso que no fue
un acto vandálico. Es algo mucho más oscuro y siniestro. Es el odio irracional a
una forma de ser, pensar y vivir, que durante años se ha ido inculcando a mucha
gente y que da así sus tristes frutos. Es el deseo de abrir debates sin sentido
para enfrentar a la gente forzando posicionamientos innecesarios e imposibles.
Es la
gente que busca mantener muy viva la maldición de las dos Españas negando así
cualquier posible progreso al impedir la necesaria reconciliación nacional que
casi logramos con la Transición.
No es
un tema baladí. Me dolió cuando me enteré de lo que habían hecho con ella. Pero
me duele más y me preocupa mucho lo que ese acto significa. Veremos qué pasa.

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