Quiero
rendirle con estas breves palabras un homenaje a Maite, doña Maite, la que fue
mi compañera en el cole durante muchos años, hoy, día en que ha partido a la
Casa el Padre.
Cuando
hace ya muchos años entré a trabajar en el colegio, en la EGB, Maite trabajaba
en Primaria. Pronto me di cuenta de que era lo que llamamos una institución en
el cole y en el pueblo. Su forma de ser, vivir, y educar tenía un fuerte
magnetismo tanto sobre sus alumnos como sus familias y los compañeros.
Atraía,
daba seguridad. Quizá era su vitalidad desbordante, su alegría, su creatividad,
su capacidad de trabajo, su capacidad de mantener la disciplina con cariño y
con respeto. Sus alumnos la querían y las familias se fiaban, era doña Maite.
Y su
clase, siempre pensé que tenía eso que llamamos clase y que aunque no sabiendo
muy bien en qué consiste, si sabemos quién la tiene y quién no. Era, lo fue
para mí desde que la fue conociendo, la maestra por excelencia, toda una
maestra, y toda una señora. Y una persona enamorada de su tierra, Valencia.
De
algún modo nos fuimos encontrando, y aunque nunca trabajamos en la misma etapa,
se fue creando un vínculo discreto pero sólido porque creo que sin haber
hablado mucho de educación, tarea a la que ambos nos dedicábamos, estábamos
exactamente en la misma línea.
Una
maestra de las de antes, como la copa de un pino. De las que trabajaba sin
polvo y paja, entonces se podía. De las que se dedicaba a educar, y a eso entregaba
su vida con ganas y entusiasmo contagiosos.
Sé que
mucha gente del pueblo la tendrá para siempre en sus vidas, y que cuando se
vayan enterando de su partida, tendrán para ella un entrañable e íntimo
recuerdo y una oración.
Gracias
por tu vida, doña Maite.
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