Es una
prueba, desde mi punto de vista, de la incultura y el fanatismo (suelen ir
unidos) a los que estamos llegando en virtud sobre todo de la manipulación
descarada a la que estamos sometidos.
Hablo
del falso debate que airean los medios sobre el papel de España en América.
Fuimos muy malos y aviesos para unos, y muy buenos y valerosos para otros. Para
unos debemos pedir mil perdones y avergonzarnos de nuestras tropelías. Para
otros, deben estarnos eternamente agradecidos y erigirnos monumentos por doquier.
En
fin, falso y pernicioso, pero muy útil para manipular al personal. Por eso,
siendo falso se mantiene y alimenta. Y digo falso porque en realidad no puede
haber un debate serio sobre el asunto; sería tan imbécil como debatir si la
tierra es redonda o no.
El
asunto está más que claro y cualquiera con un mínimo de cultura y libre de
prejuicios se dará cuenta de que en realidad no hay nada que debatir.
Primero.
Juzgar cualquier época pasada de la historia con la mentalidad actual no se
debe hacer nunca. Y menos cuanto más lejana esté esa época. Hacer esto nos
lleva inevitablemente a conclusiones falsas e injustas, pero muy aprovechables
para los sinvergüenzas que con esas falsedades manipulan a la gente.
En
segundo lugar, decir que fuimos muy malos, que arrasamos, destruimos pueblos y
culturas, y que tan grande fue la devastación que 500 años después hemos de
pedir perdón a sus presuntos descendientes, es una solemne majadería. Asumir la
leyenda negra como cierta, cuando está más que estudiado de donde surgió y por
qué, es un incomprensible haraquiri cultural. Este planteamiento es falso en sí
mismo aparte de incompleto y tendencioso.
En
tercer lugar, decir que fuimos buenísimos, que les llevamos la civilización, la
religión verdadera, que usamos la violencia solo en situaciones excepcionales,
que no hubo abusos, que les dimos todo lo bueno que tienen y demás
glorificaciones patrias tan útiles a ciertas ideologías, como la leyenda negra
los es a otras, también es falso en sí mismo aparte de incompleto y tendencioso.
Claro
que hay que quitarse la venda en los ojos de las ideologías para poder entender
esto. Que la mentalidad, la forma de ser y vivir de la gente de los siglos XV,
XVI, XVII no era la nuestra. Que la política y la sociedad europea y española
tenían su propia dinámica muy diferente a la que nos ha tocado vivir; y ver y
juzgar a aquella gente desde nuestros paradigmas actuales es del todo
inadmisible, una vergüenza y una injusticia.
Y algo
más. Humanos somos y humanos eran. Ni ángeles ni demonios como nos quieren
ahora hacer creer los que se creen ángeles. Que hubo abusos, ¡claro! ¿Qué ahora
no? Que hubo miles y miles de víctimas inocentes, ¡claro!; ¿Qué ahora no? Destruimos,
sí; pero también construimos. Robamos, sí; pero también regalamos. Que hubo
gente mala, sí, muy mala; pero también buena, gente honesta, buena y generosa.
Es
triste, muy triste y muy descorazonador, que uno de los más importantes
capítulos de la historia de la humanidad protagonizado por paisanos nuestros, sea 500 años después objeto de patéticos debates sin fondo ni sentido.
No, ni
ángeles ni demonios. Personas a las que el devenir de los tiempos puso en la
vanguardia de la historia para bien y para mal. Para escribir con sus vidas un
largo capítulo lleno de muchas sombras, pero también de muchas luces, un capítulo sobre el que mezquinos
intereses políticos echan toda la basura que pueden, buscando la condena o la
glorificación. Matando la verdad.
No, no
hay nada que debatir sobre esto, ni condena ni glorificación. El debate más
bien debería ser ¿por qué os empeñáis en matar la verdad? No fuimos ni buenos ni malos, solo fuimos humanos haciendo historia.

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