Es
evidente que no estamos en el país de Alicia, ese de las Maravillas, por lo que
es imposible dar soluciones a la lamentable situación de nuestras montañas
sobre todo en verano, pero sí podemos proponerlas aunque no sirva para nada. Es
una forma de desahogarse a fin de cuentas.
Lo
primero que habría que hacer es moderar la publicidad. Es demencial seguir
haciendo propaganda de Ordesa, por ejemplo, cuando está desde hace años
absolutamente saturado. Y es de juzgado de guardia publicitar el Parque Natural
Posets-Maladeta, como un rincón del Pirineo tranquilo y sin casi turismo,
porque es lisa y llanamente mentira.
También
habría que afrontar dos de las grandes amenazas que tienen ahora en general
nuestras cordilleras y en particular los Pirineos. Las carreras de montaña y
las BTT. Son actividades deportivas poco sostenibles por muy de moda que estén
y mucha gente que atraigan. Un negocio que se desarrolla en las montañas pero es
ajeno a ellas. Habría que reducir tanto la cantidad de carreras como el número
de participantes en ellas, por el impacto que tienen sobre el medio por donde
discurren, y por la vulgarización de este que ante el gran público suponen. Si
van ellos corriendo y en zapatillas, ¿no puedo ir yo andando?
Y las
BTT deberían circunscribirse a pistas y caminos, o itinerarios predeterminados,
debidamente señalizados y con su pertinente mantenimiento, evitando los
senderos en la medida de lo posible ya que los destruyen en muy poco tiempo. Y
por supuesto, el circular por montaña, fuera incluso de sendero, y el helibike,
deberían estar prohibidos y además perseguidos por la ley de un modo muy
riguroso, pues el daño que hacen es incalculable.
Otra
cuestión es que habría que distinguir al montañero, del deportista y del
turista. Todos tienen derecho, pero cada uno va a actividades claramente
distintas, con distintas exigencias. Hoy en día los montañeros y escaladores,
son minoría. Pero existen, existimos. Deberían facilitarnos el acceso a la alta
montaña y no forzarnos a horarios de turista o de deportista. Esto en Francia
lo hacen muy bien. Aquí es una vergüenza. Si quieres iniciar una ascensión
importante a las 4 o las 5 de la mañana, en muchos sitios te has de pagar un
taxi. En el valle de Arán lo hacen particularmente mal; para ellos el montañero
no existe. Está todo orientado exclusivamente al deportista y al turista.
Triste e injusto desprecio a quienes dimos a conocer al mundo la existencia de
estos valles y estas montañas.
Los
accidentes deberían ser peritados de tal modo que si son consecuencia de una
imprudencia, el accidentado se pague el rescate. Un esguince si vas en
zapatillas por determinados terrenos, un golpe de calor, una hipotermia, un
enriscamiento, un resbalón en un helero, una desorientación, la fatiga extrema,
son casi siempre evitables si se va a la montaña como toca. Horarios
racionales, no salir con calor a las 10 de la mañana monte arriba, por ejemplo.
Material adecuado, calzado, bastones, gafas, filtro solar etc. Ropa adaptada a
la excursión a realizar y la época del año. Conocimiento del terreno o buena
utilización del mapa o del GPS. Agua y comida según esfuerzo previsto.
Conocimiento de los partes meteorológicos. Ser conscientes de nuestras
capacidades reales. Y sobre todo humildad. Saber renunciar, saber retroceder,
aceptar no lograr el objetivo. Eso exige, y lo sé por experiencia, mucho más
coraje que jugársela para ver quién puede más, la montaña o yo.
Porque
a las malas, ella es quien tiene la última palabra. Ella es la fuerte, y nosotros
los débiles. Si entramos en ella es porque nos deja entrar. Si llegamos al lago
es porque nos deja llegar. Si hacemos cima, es porque nos ha dejado hacer cima.
Valdría
para acabar decir respeta y serás respetado. Pero eso no va a ser así. Hay mucho
dinero en juego, mezquinos intereses políticos, como siempre, y una profunda
ignorancia de lo que es la montaña junto a una falta absoluta de respeto por el
medio ambiente en general, por extraño que nos parezca.
Y un
egoísmo esencial. Como el de aquel joven que bajaba a saltos por una ladera
pedregosa tirando piedras a los que caminaban por el sendero que subía haciendo
lazadas, y a la pregunta de ¿pero qué haces? ¿no ves que vas a matar a alguien?
respondió, es que me divierto.
No hay
más ni menos que hablar. Yo me divierto, lo demás, me importa un bledo.
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