Andaba
esta mañana por la montaña levantando con frecuencia la mirada a los montes,
por si venía alguna tormenta, pues en ocasiones así lo parecía. Al fin no ha
venido.
Lo que
ha pasado es que ese gesto, mil veces repetido a lo largo de mi vida, me ha
traído, una vez más, ese salmo que dice “Levanto mis ojos a los montes, ¿de
dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y
la tierra”. (Sal.120).
Y de
ahí he pasado a este otro “Sé valiente, ten ánimo, espera en Señor” (Sal.27) para
acabar con eso de “Alma mía recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída”.
(Sal.114).
¿Que
por qué comparto hoy estos tres salmos? No hace falta que ocurra nada especial
para que la naturaleza, la montaña me lleve de un modo natural a la oración. Si
encima pasan cosas, siempre pasan cosas…, pues con más motivo.
Ahí
van pues estos tres salmos, por si a alguien más le sirven.

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