Hablaba
con un amigo que no son tiempos bonitos los que ahora nos está tocando vivir.
Los hubo mejores, en nuestra juventud, años llenos de esperanza, en los que
parecía que por fin el mundo se encaminaba hacia un futuro feliz para todos.
Mires
a donde mires no hay luz. El mal crece sin que nadie lo pare. La “guerra” entre
Israel y Hamas, con miles y miles de víctimas inocentes. La de Rusia contra
Ucrania, tanteando ahora a Polonia, y a través de ella a Europa. Los delirios
de Trump en los Estados Unidos y fuera de ellos. La inquietante alianza entre
Rusia y China. Todas esas guerras que, pese a no ser mediáticas, generan horror
y sufrimiento. Los muertos en el Mediterráneo. La descomposición de las
democracias accidentales erosionadas por la corrupción y la manipulación
social. La polarización de la vida política incitando al odio de unos
ciudadanos contra otros. Los independentismos excluyentes y xenófobos
dividiendo y debilitando más aún a Europa. Un cambio climático que mata, y que
cada vez matará más…
¿Sigo?
Podría seguir, sí. Esto solo es una muestra de donde estamos y hacia dónde
vamos. Y me da mucho miedo.
No soy
politólogo, ni sesudo tertuliano, ni nada de eso. Pero veo y pienso. Y
demasiadas veces acierto. Y creo que todo lo que está pasando, aunque no esté
planificado, está siendo aprovechado por algunos para llevarnos a donde casi
nadie queremos ir.
Veo un
proceso de dos tiempos. Y el primero se está acabando. Ya está maduro. Se trata
de destruir las democracias desde dentro. ¿Cómo lo han hecho? Simplificando y radicalizando
las posiciones políticas y haciendo así imposible el diálogo y el consenso. En
España se ve muy claro. Esta línea de actuación la inicio Zapatero a quien le
cabe “el honor” de cargarse la transición resucitando la Guerra Civil. Luego ya
fue cuestión de seguir ahondando en la división, radicalizándolo todo en nombre
de una supuesta “izquierda progresista”, hasta la exasperación, lo que ha
acabado despertando a una supuesta “extrema derecha” que era muy minoritaria.
Ese “honor” le cabe a Podemos. Estoy convencido que Vox es hijo de Podemos.
Esto
en España. En otros países europeos, con diferentes realidades está pasando lo
mismo. Hace muchos años, ya decía yo que si no superábamos la milonga de la “derecha
fascista” y la “izquierda progresista”, acabaría pasando esto. Si se ganan las
elecciones para machacar al contrario no hay futuro. Una democracia sin
consensos no es democracia.
Y esto
abre la segunda fase, de la que tanto se habla ahora. El choque frontal, democracias
debilitadas, países divididos y enfrentados, contra potencias totalitarias. Y
esas potencias sí son fuertes y están unidas, aunque sea a base de delirios y
de miedo. La historia es muy manipulable, y más cuando no hay una mínima
cultura.
Esa
fase es la tercera guerra mundial de la que hablan tanto ahora. No sé cómo
será, pero será. Y lo que se va a enfrentar es la democracia contra el
totalitarismo.
Y
pienso que ha sido la patética incapacidad de superar la imbecilidad de
derechas e izquierdas, y la demonización del oponente haciendo imposible el
diálogo y el consenso, lo que va a provocar la tragedia que ya vivimos y que
irá a más. Nos va a costar cara la estupidez.
No
hemos estado a la altura de los tiempos. Hemos prostituido la democracia, caerá
por su propio peso, podrida por dentro. Les va a resultar fácil acabar con ese
sueño que nos encandiló a millones de personas en toda Europa, y de un modo muy
intenso y bonito en España.
Somos
nuestro peor enemigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario