FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 10 de junio de 2025

Tontos y sin principios.


 

Están machacándonos últimamente en la tele con un par de anuncios de un banco que me impactó por lo desagradable y lo ofensivo, hasta el punto de que si tuviera alguna relación con dicha entidad, la cancelaría, aunque me costara trabajo.

Lo identificaréis enseguida. Son en blanco y negro. En uno de ellos aparece una señorita hablando a gritos a un supuesto equipo deportivo, en plan mitin, (forma de hablar que nunca he soportado), a una audiencia que escucha muy atenta y que corrobora su discurso con gestos y palabras, para acabar demostrando que no se enteran de lo que les está diciendo, que escuchan arrebatados por la elocuencia y las formas de la susodicha sin entender lo que realmente dice. O que son tontos.

En el otro, de la misma forma, (nunca he escuchado a nadie que me hable de esa manera), se les invita a un grupo de adultos, cada uno con su niño, a una carrera para obtener ciertos beneficios económicos simbolizados por un móvil sobre una silla, que es la meta de la carrera. Y son los niños los que salen, excepto una mujer que, se entiende que haciendo trampa, es la que lo consigue. Gana la tramposa.

Nos ven como tontos y sin principios.

Siento vergüenza ajena por cómo tratan a la gente, cómo nos tratan. Como tontos, manipulables y miserables, que escuchamos arrobados a cualquier charlatán grandilocuente y que nos matamos por alcanzar un beneficio material insignificante aunque sea de un modo deshonesto.

Y ahí está el problema. Porque el problema no son unos anuncios de mal gusto, el problema es que el equipo de publicistas contratado por el banco ha vendido su producto con el convencimiento de que mejorará  los resultados de la entidad. Y si lo hacen es porque han comprobado que así será.

Es decir, saben que hay quienes ante estos anuncios, no solamente no se indignan, sino que les mueven a seguir lo que se les indica. Unos anuncios desagradables y chabacanos que dejan la dignidad de las personas a la altura del betún.

Pero si están es porque sirven. Esto es lo terrible. Los anuncios me molestan. Pero el que de verdad sirva para mejorar los resultados del banco es lo que me preocupa, y además me da miedo y pena.

Por lo que significa.

¿Qué banco es?

lunes, 9 de junio de 2025

La otra selectividad.


 

Todos los años, desde hace ya demasiados, llegados a estas fechas, tras la selectividad, llega otra selectividad, ésta más profunda y con unos resultados siempre tristes.

Hablo de Magaluf, de ese viaje masivo de miles y miles de jóvenes que ponen fin a una etapa de su vida de un modo tan hueco y decepcionante, poniendo en evidencia el fracaso de un sistema educativo que no les dota de la madurez necesaria para decir que no a ser víctimas de semejante negocio.

Pero eso no pasa con todos. Hay algunos que son capaces de encontrar alternativas a este modo de acabar su vida escolar. Por eso digo que esto es la otra selectividad.

He conocido bonitos ejemplos. Viajar por Europa en tren o en coche, haciendo las mil cosas posibles que a esa edad se pueden hacer, es la alternativa más frecuente.

Sí, ya sé que alguien puede decirme que eso lo hacen los friquis, los que no están integrados, los raros… Es posible, pero si para estar en el calor del grupo hay que renunciar a los propios criterios, incluso a rasgos importantes de la propia personalidad, y uno es capaz de no hacerlo, con respeto y sin despreciar a nadie, ni sentirse superior, es de admirar.

Tampoco quiero decir que caer en ese viaje sea una gran desgracia, un desastre, ni que tenga por qué tener consecuencias indeseables, solo que me parece una triste forma de acabar una etapa importante de la vida y de entrar, en el mundo de los adultos. Y además yo lo veo, como ya he dicho, como un indicador del fracaso de la educación de nuestros niños y adolescentes, por parte de todos.

Nunca olvidaré a un padre que cuando llevó a su hijo al puerto, abatido, me dijo: me dio la sensación de llevar al chaval como a un cordero al matadero. No vi personas, vi un rebaño inconsciente pero feliz. E imaginé gente frotándose las manos y babeando de placer ante la perspectiva de sustanciosos beneficios… Y eso me dolió mucho.

Sí, lo veo como otra selectividad. Pero en esta, la mayoría suspende.

domingo, 8 de junio de 2025

Verano moderado.

Semana puramente estival. Temperaturas máximas alrededor de los 30, más bien algo por encima. Mínimas, difícilmente bajando de 20, pero sin alejarse de ahí. El viento, entrando todos los días del este sureste, flojo, y el cielo, con nubes pero sin faltar el sol cada día.

En cuanto a las lluvias, habrá que ver. Parece que entra una DANA por el oeste de la península que traerá tormentas importantes a muchas partes y que aquí no llegarán, aunque tal y como se ve hoy, el martes y el viernes podría acercarse alguna, poca cosa.

Remarco lo de hoy porque estas perturbaciones y en verano, pueden dar sorpresas. Solo con que entrara un poco más al sur de lo que parece que entrará, cambiaría todo, pudiendo entonces ser las tormentas muy importantes por aquí.

Ya veremos qué pasa.


La torre de Babel.


 

Es interesante observar cómo las ideologías, unidas a intereses ajenos a ellas, pero tras las que se ocultan, alteran profundamente la percepción de la realidad, hasta el punto de afirmar la cuadratura del círculo, o que la tierra es plana porque yo la veo así, con absoluto convencimiento.

El espectáculo patético, patético significa que da pena, que con la cuestión de las lenguas estamos montando día tras día en este país, es una buena muestra de esto que he dicho.

Si prescindimos de ideologías e intereses, el problema dejaría de serlo en un santiamén. Porque el multilingüismo de España no es un problema, es cuanto menos una riqueza; el problema surge cuando esta realidad la vemos desde una ideología determinada y con unos intereses más o menos ocultos tras ella. Lo que vemos entonces ya no es la realidad, sino mi realidad particular, por lo que cualquier acuerdo es imposible con quien vea otra realidad, aunque sea la real.

Creo que hay unas pocas afirmaciones sobre las que poder llegar a acuerdos, pero claro, habría que quitarse los prejuicios ideológicos y dejar a un lado determinados intereses para afrontar esta tarea.

1º.- Cuando se reúnen un grupo de personas de lenguas diferentes, lo natural, lo lógico, lo práctico, lo eficaz, para facilitar la comunicación, es utilizar, si tenemos la fortuna de que exista, la lengua que conozcan todos, sea lo que sea. Todo lo demás es, cuanto menos poco práctico, y como más, mala educación o una provocación.

2º.- En un país con diversas lenguas todas deben ser respetadas y apoyadas, porque las lenguas son algo más que un instrumento de comunicación. Son historia, cultura e identidad. Y deben ser respetadas, y cuidadas siempre y todas por igual.

3º.- Una lengua no se puede imponer, porque no es el territorio en el que se nace, sino el devenir de la vida de cada persona, el que le dota de la lengua o las lenguas con las que va construir su existencia. Y cualquier persona debe sentirse y ser libre para hacerlo como crea que debe y puede hacerlo, haya nacido donde haya nacido y viva donde viva.

4º.- Cuando una lengua, en vez de ofrecerse, donarse como lo que es, un gran regalo, se impone a base de exclusión sistemática de otra, de persecución, de legislación no consensuada, de multas, exhibe su debilidad y se condena a una reacción en contra que tarde o pronto llegará. Siempre pasa cuando se machaca la libertad. Es el peor servicio que se le puede hacer. Pan para hoy y hambre para mañana.

Creo que ninguna de estas cuatro afirmaciones es descabellada. Se basan en los derechos humanos, el respeto a la libertad de las personas, y me atrevería a decir, el sentido común.

Pero no son asumibles por demasiada gente en este país, cegados por ideologías contrapuestas, incapaces de superar la historia, y con intereses particulares, a menudo inconfesables.

El problema de las lenguas es la punta del iceberg de un conflicto no superado. El de una España inviable como la querrían unos, e igualmente inviable como la querrían otros. Curiosa paradoja esta, cuando la inmensa mayoría quiere la que tenemos, la que fuimos capaces de alumbrar en aquella transición que también quieren arrebatarnos. Y creo que esta es la sencilla realidad.

viernes, 6 de junio de 2025

Actualización fin de semana del 7-8 de junio de 2025.

Fin de semana de verano, sin excesos. Mañana, cielos despejados, el domingo algo más nubosos pero con sol. El viento, afortunadamente sigue de levante, y las temperaturas, menos calurosas el domingo que el sábado. Máxima de  27, mientras que mañana se acercarán a los 30 o poco faltará. Las mínimas entre 18 y 19 los dos días.

Y de lluvia nada de nada. No pinta bien la cosa, un verano que entra en tromba y con poca agua, mal rollo. Por otras muchas partes sí llueve y en abundancia.

En fin, veremos. Sigue salvándonos el levante, sobre todo porque el mar aún está fresquito. Cuando se vaya calentando…


jueves, 5 de junio de 2025

El niño pobre, de Juan Ramón Jiménez.


 

Este poema de Juan Ramón Jiménez, largo pero fácil de leer, vuelve una vez más sobre el tema de la infancia, y de un modo especial sobre la infancia desfavorecida. El mismo título, El niño pobre, lo dice todo.

Os aconsejo que lo leáis sin más comentario, y después del mío, volvedlo a leer. Es muy bonito y muy triste.

Le han puesto al niño un vestido

absurdo, loco, ridículo;

le está largo y corto; gritos

 de colores le han prendido

 por todas partes. Y el niño

 se mira, se toca, erguido.

 Todo le hace reír al mico,

 las manos en los bolsillos...

 La hermana le dice –pico

 de gorrión, rizos lindos

 los ojos, manos y rizos

 en el roto espejo–: «¡Hijo,

 pareces un niño rico…!».

 

 Vibra el sol. Ronca, dormido,

 el pueblo en paz. Solo el niño

 viene y va con su vestido...

 viene y va con su vestido...

 En la feria, están caídos

 los gallardetes. Pititos

 en zaguanes... Cuando el niño

 entra en casa, en un suspiro

 le chilla la madre: «¡Hijo

–y él la mira calladito,

 meciendo, hambriento y sumiso,

 los pies en la silla–, hijo,

pareces un niño rico...!».

 

 Campanas. Las cinco. Lírico

 sol. Colgaduras y cirios.

           Viento fragante del río.

La procesión. ¡Oh, qué idílico

 rumor de platas y vidrios!

 ¡Relicarios con el brillo

 de ocaso en su seno místico!

 ...El niño, entre el vocerío,

 se toca, se mira... «¡Hijo,

le dice el padre bebido

–una lágrima en el limo

 del ojuelo, flor de vicio–,

 pareces un niño rico...!».

 

 La tarde cae. Malvas de oro

endulzan la torre. Pitos

despiertos. Los farolillos,

aún los cohetes con sol vivo,

 se mecen medio encendidos.

Por la plaza, de las manos,

bien lavados, trajes limpios,

vienen ya los niños ricos.

El niño se les arrima,

y, radiante y decidido,

 les dice en la cara: «¡Ea,

yo parezco un niño rico!»

 

Nos habla de un niño pobre al que han vestido, para las fiestas del pueblo, con lo que tienen en casa. El resultado es loco, ridículo. Diríamos que es un fantoche, un esperpento. Pero el niño está contento con su vestido de fiesta, de niño rico.

En la primera estrofa nos cuenta cómo lo visten, y frente al espejo roto, su hermana le dice, hijo, pareces un niño rico. Él está feliz. Se ríe, se yergue, se toca.

En la segunda se adivina que el niño ha salido a la calle con su vestido. A estrenarlo. A exhibirlo. Es mediodía, no hay nadie. Y cuando vuelve a casa, hambriento, ¡quién sabe qué comerá!, es su madre la que le dice, le grita, hijo, pareces un niño rico.

En la tercera, cae la tarde, la procesión, ya las calles se llenan de gente, y es entonces cuando el padre, bebido, se lo encuentra en el bullicio de la fiesta, y le dice también, hijo, pareces un niño rico.

En la cuarta, tras la procesión queda el ambiente de día grande, cohetes, farolillos, gente bien vestida y se encuentra entonces con los niños ricos. Y el niño pobre, radiante, decidido, diríamos feliz, se les arrima y les dice, «¡Ea, yo parezco un niño rico!»

No hace falta una quinta estrofa, ¿verdad? Queda en el aire, escrita en el aire, tan cierta y tan triste como si estuviera escrita en papel. Grandeza de la literatura que habla a menudo más allá de las palabras.

Es este magnífico poema una auténtica obra de arte. Nos pinta con palabras un cuadro perfecto. Observad en las tres primeras estrofas una palabra clave en cada una. Roto, el espejo. Hambriento, el niño. Bebido, el padre. No son palabras puestas al azar. Cada palabra es como una certera pincelada.

Como en la última. No dice soy, dice parezco. Él lo sabe, la realidad se impone dura, cruel, más allá de la ilusión. Pero en ese momento, el niño vive la ilusión. A fin de cuentas es un niño, y solo ellos son capaces de, aun conociendo y sufriendo la realidad, elevarse sobre ella a ese mundo ideal vedado a los adultos.

Para muchos, demasiados, es su única forma de sobrevivir.

miércoles, 4 de junio de 2025

Receta. Sopa de cebolla al huevo.


 

Me gusta la cebolla, de cualquier forma. Soy cebollero. Por lo tanto es natural que me guste la sopa de cebolla, plato muy francés, por cierto. Pues bien, un día de estos me apetecía cenar sopa de cebolla según la receta que tengo en el blog, pero me faltaba un ingrediente básico, el queso rallado. Por otra parte tenía medio paquete de torta de gazpacho bambando por la despensa ya unos días.

Entonces se me ocurrió esta receta. Y me encantó.

Ingredientes para dos personas:

Una cebolla grande.

Tres o cuatro ajos.

Dos o tres puñados de torta de gazpacho.

Pimentón dulce.

Vino blanco.

Media pastilla de caldo de carne.

Agua.

Sal y pimienta en polvo.

Dos huevos.

Queso rallado. Podría añadirse también.

Empezamos por sofreír la cebolla troceada, no picada, con los ajos. Cuando ya estén doraditos, añadimos el pimentón dulce, removemos para que no se queme y enseguida un vaso grande de agua y otro de vino blanco, la pastilla de caldo y la pimienta. Lo llevamos a ebullición y tras cinco minutos (probamos el punto de sal) añadimos la torta de gazpacho.

Atención ahora. Diez minutos de cocción, removiendo y controlando que no se quede sin caldo. Si así ocurriere, añadiremos vino y agua a partes iguales, hasta obtener una sopa densa pero caldosa. Y entonces dejamos caer los dos huevos y removemos el conjunto durante unos minutos a fuego medio hasta que quede todo bien trabado.

Así está buenísima, pero aún podemos darle una vuelta más. Espolvorear con queso rallado y gratinar.

El plato es, sencillamente exquisito, sano y barato.