No es la primera vez que comparto
este poema de Dámaso Alonso en el blog. Hoy, día de la madre, lo hago una vez
más.
Es un poema largo, por eso he
seleccionado el principio y el final. Y habla de cuando ya la madre es mayor,
muy mayor, y el hijo, yendo más allá del implacable paso de los años, se
encuentra con ella de niña. Para el hijo ella es siempre joven.
Pero pese a esa juventud compartida,
esencial e íntima, ella parte y se sumerge en esas “lentas aguas, en esas aguas
poderosas”. Y el hijo sigue cantándole, arrullando su sueño oscuro.
Pero ella ya está oyendo “la oculta
música, la música que rige el universo”. Y cree que es su hijo quien “la
envía”. Y en ese bosque de la primera mañana, en ese bosque compartido, le dice
que no tema, que le espere allí. Porque "tal vez sea verdad: que un corazón es lo que
mueve el mundo”.
Es precioso el final del poema.
“Madre, no temas. Dulcemente
arrullada, dormirás en el bosque el más profundo sueño.
Espérame en tu sueño. Espera allí a
tu hijo, madre mía”.
No me digas
que estás llena de arrugas, que estás llena de sueño,
que se te han caído los dientes,
que ya no puedes con tus pobres remos hinchados,
deformados por el veneno del reuma.
No importa, madre, no importa.
Tú eres siempre joven,
eres una niña,
tienes once años.
Oh, sí, tú eres para mí eso: una candorosa niña.
***
Y verás que es verdad si te sumerges en esas lentas aguas, en
esas aguas poderosas,
que te han traído a esta ribera desolada.
Sumérgete, nada a contracorriente, cierra los ojos,
y cuando llegues, espera allí a tu hijo.
No tengas miedo, madre. Mira, un día ese tu sueño cándido se
te hará
de repente más profundo y más nítido.
Siempre en el bosque de la primer mañana, siempre en el
bosque
nuestro.
Pero ahora ya serán las ardillas, lindas, veloces llamas,
llamitas de verdad;
y las telas de araña, celestes pedrerías;
y la huida de corzas, la fuga secular de las estrellas a la
busca de Dios.
Y yo te seguiré arrullando el sueño oscuro, te seguiré
cantando.
Tú oirás la oculta música, la música que rige el universo.
Y allá en tu sueño, madre, tú creerás que es tu hijo quien la
envía.
Tal vez sea verdad: que un corazón es lo que mueve el mundo.
Madre, no temas. Dulcemente arrullada, dormirás en el bosque
el más profundo sueño.
Espérame en tu sueño. Espera allí a tu hijo, madre mía.
Poema titulado la madre, en el libro Hijos de la ira.
75 litros en 236 días.
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