FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 21 de mayo de 2023

Risa me da.

Risa me da la previsión para esta semana, y espero tenerme que tragar estas palabras. Según dicen casi todos los partes lloverá de lunes a sábado, unos días más, otros menos, pero lloverá.

Sinceramente, no me lo creo.

Hasta puede ser que no llueva ningún día, o que como máximo caigan cuatro gotas mal contadas. Que llueva como siempre, al norte, al sur, al este y al oeste, pero aquí no. En Ribarroja y alrededores, no.

Puede ser.

O igual va y sí llueve.¡¡¡¡Ojalá!!!!

Lo que parece seguro es que serán días de mucha nube, vientos de levante y temperaturas suaves. Eso parece bastante seguro.

Así que aún nos queda la esperanza de que nos den alguna porción de la tarta y no, como tantas veces, que se la coman otros, a veces en exceso, y nosotros pasemos las manos por la pared.

Que se lo digan a las Rodanas, o a la montaña del Flare si les vendría bien un poquito, aunque sea un poquito de esa tarta.


viernes, 19 de mayo de 2023

Actualización fin de semana del 20-21 de mayo de 2023.

Seguimos exactamente igual, con la misma tónica. Cada parte dice una cosa, con lo que la conclusión lógica es que nadie sabe si lloverá o no ni a dónde este fin de semana. En algún sitio lloverá, desde luego, pero aquí ¿?

Eso sí, las temperaturas serán agradables, frescas de noche y suaves de día, el viento no molestará demasiado y el cielo, a ratos limpio, sobre todo por las mañanas y más nuboso a medio día y por la tarde.

O sea que, igual nos pilla una tormenta de refilón y deja cuatro gotas, nos esquiva, como han hecho hasta ahora o nos pilla de lleno y nos remoja bien, que falta hace.


jueves, 18 de mayo de 2023

Limpia de polvo y paja.

Hay muy poca nieve en la cara sur del Pirineo este año. Cuando nos acercábamos a él este pasado fin de semana nos parecía estar a finales de agosto o septiembre. Pero esa misma noche la cosa cambió, poco, pero lo suficiente para recordarnos que aún estamos en mayo.

Aunque los partes anunciaban lluvia y nieve, salí a las cinco de la mañana a subir una montaña que me permitía bajar a desayunar hacia las diez. En el pueblo no llovía, pero a media ascensión, justo cuando salía del bosque, empezó a nevar; no mucho, pero sí lo suficiente para ir tiñendo el paisaje de ese blanco pardo característico de cuando empiezan a caer copos sobre las montañas peladas.

El ambiente me hacía sentirme muy a gusto. Las cumbres envueltas en nubes, la nieve difuminando el paisaje, la luz gris, el silencio, el frío, la soledad. La alta montaña, limpia de polvo y paja.

De regreso entré en un precioso bosque de pinos y bojes tan denso que no dejaba entrar la nieve. Al salir ya no nevaba, pero el cielo seguía bien cerrado; así estuvo todo el día.

Fue una bonita forma de empezar la temporada. A continuación, algunas fotos.























miércoles, 17 de mayo de 2023

¿Lloverá, no lloverá?

 

Esto, aunque casi no lo parece, es una mata de romero. Así está pese a los doce miserables litros que cayeron el fin de semana por aquí. Y es que, desde que empezó el año, llevamos tan solo 24 litros, al menos en el pluviómetro de casa.

Los pinos soltando hoja han perdido su verde oscuro y brillante, muchos olivos no darán fruto, las jaras casi no han florecido, flores hay pocas y pequeñas, muchas fuentes ya no manan, las charcas están secas, los caminos, duros y polvorientos…

Está siendo dura esta sequía, y aunque hay reservas en el subsuelo y en algunos embalses gracias a las lluvias abundantes del año pasado, la superficie está al límite. Y estamos en la antesala del verano.

¿Lloverá estos días? No lo sé. Cada parte dice una cosa y además cambian continuamente. En estas situaciones puede pasar de todo. Desde no caer una gota, hasta inundaciones; desde ligeras lloviznas hasta piedra.

Es lo que puedo decir. Ninguna certeza, ni siquiera a corto plazo. Sólo la esperanza de que de verdad se cumpla el refrán de que cuando marzo mayea, mayo marcea. La esperanza de que al menos, en algunos de los muchos días que dicen que puede llover, llueva de verdad y bien.

Veremos.

martes, 16 de mayo de 2023

Vuelvo.


Hace hoy un mes que el blog entró en silencio. El silencio más largo desde que lo inicié. Y quiero romper este silencio pidiendo disculpas a todos los que me leen por haberlo hecho sin explicación alguna.

Sí, ya sé que no tengo ninguna obligación de escribir, ni de justificar, si dejo de hacerlo, el por qué lo dejo. Pero creo que es una falta de respeto no decirlo al menos. Callar sin más.

Reconozco que me cuesta escribir, y no porque no tenga materia para hacerlo, sino porque en la mayoría de la secciones escribir me obliga a enterarme de lo que pasa, a analizarlo y a comprometerme de algún modo escribiéndolo y compartiéndolo. Y dejar el blog solo con lo que no compromete de ninguna manera, me parece mutilarlo.

He estado tranquilo este mes, y cuando me venían ideas o acaecían acontecimientos que me impulsaban a escribir de nuevo, rechazaba la tentación, no sin esfuerzo.

Voy a intentar seguir. No prometo nada. Quiero encontrar el difícil equilibrio entre la denuncia y la lamentación, al estilo del profeta Jeremías, y el “buenismo” actual, rosa y empalagoso, que pinta un mundo happy flower tan irreal, como cómplice por omisión de los desatinos de la cruda y a menudo fea realidad.

Y el arranque es esta foto, hecha esta misma mañana en unos de nuestros bonitos caminos, flanqueados por basura y algunas flores, pocas esta primavera seca.

Las vides silvestres, con su rotundo verde nuevo y sus flores humildes exhalando su delicado aroma que te envuelve fugazmente cuando pasas junto a ellas.

¡Hasta pronto!

domingo, 16 de abril de 2023

El hombre de la viña.


Andaba un día de estos por un antiguo y bonito sendero, prohibido explícitamente para cualquier tipo de vehículo, con o sin motor, con un cartel al inicio, cuando casi tras dos horas de marcha vi que parecía acabarse en unos bien cuidados viñedos.

Había allí, trabajando, una persona de cierta edad con su sombrero de paja y esa vestimenta característica de nuestros hombres de campo. Se movía entre las vides cual si fuera un pastor en su rebaño. Quitaba algo de una, movía algo en otra, miraba detenidamente alguna…

Como iba a pasar cerca le saludé y le pregunté si el sendero atravesaba su campo. Creo que es lo menos que se puede hacer. Me contestó, muy amable, que sí, que siguiera y llegaría a un camino que era la continuación del que llevaba. Y añadió:

-¡Huy! mi campo, mi campo. Por aquí pasan todos, motos, metiendo ruido, y bicis a montón; andando, muy pocos. Yo no sé, se meten por esa senda que no van ni las cabras. Si se abren la cabeza por esas peñas, a ver quién va a recogerlos.

No percibí acritud en sus palabras, sino una especie de fatalismo, una aceptación de los hechos por sentirse ya fuera de lugar, por no entender lo que pasa ahora y no poder hacer nada por evitarlo. Me sentí inmediatamente identificado con él.

Cambió de tercio diciéndome que si ya me había cansado de andar el volvía a comer al pueblo en un momento, ya que si tardaba, su hija se preocuparía; que podía bajarme con él.

Decliné la amable invitación, pues quería acabar la ruta que había iniciado y pasarme todo el día en el monte, pero me hubiera encantado aceptarla y poder estar charlando un buen rato con aquel hombre cuyo mundo ya no es este, y que se refugia del paso del tiempo en su viña, como yo me refugio en su tierra.

Y como siempre que tengo estos encuentros con gentes del campo pensé en la gran diferencia entre lo que era y lo que es. Pensé en cuando el campo y el monte eran, junto al pueblo, el hogar de quienes allí habitaban; en ellos vivían y de ellos vivían. El abandono causado por el éxodo rural desarraigó a muchos, y dejó su tierra, sin la mano que la cuidaba y la conocía, abandonada a su suerte. Y ahora, desde no hace demasiado tiempo, convertida en un descomunal polideportivo al que una marea de urbanitas, con intereses ajenos a ella, acuden a desfogarse sin el respeto de quien conoce.

Y demasiadas veces con el beneplácito de los ayuntamientos de esos pueblos que queman así los últimos cartuchos que les quedan en un postrer intento para recordarnos que aún están ahí, que siguen vivos.

Un rato después pasó por la pista por la que andaba un coche; paró a mi lado. Era el hombre de la viña.

-¿Todo bien?

-Sí señor, muy bien.

-Pues que tenga buen día. Me voy a comer, que mi hija me estará esperando.

-Vaya con Dios, buen hombre. Y gracias.

viernes, 14 de abril de 2023

Actualización fin de semana del 15-16 de abril de 2023.

Fin de semana feo y extremadamente peligroso, sobre todo la primera parte. Es la combinación perfecta para un nuevo desastre. El panorama es desolador: el monte, seco hasta el límite de la sequedad tras casi medio año sin llover casi nada, con poniente y calor sobre todo el sábado, y puente.

Peor imposible.

Porque tradicionalmente, el puente de san Vicente saca al monte a muchísima gente, a hacerse la “torraeta” o la “paelleta” pascueras. Y considerando que hay un porcentaje de descerebrados superior al deseable, puede pasar cualquier cosa.

En días como estos deseo haber nacido en la Antártida o al menos haber sido un playero recalcitrante y no conocer más monte que el que veo en la tele.