Voy a
compartir las fotos que hice ayer por la mañana al cielo que teníamos sobre
Ribarroja. Ayer ya compartí una. Era muy bonito. Son muy parecidas, pues están
hechas en poco tiempo porque estos fenómenos atmosféricos a menudo son tan
hermosos como fugaces, y si te descuidas se han disipado. Como tantas cosas…
Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.
sábado, 9 de noviembre de 2024
El cielo que teníamos sobre Ribarroja.
viernes, 8 de noviembre de 2024
Actualización fin de semana del 9-10 de noviembre de 2024.
Ni de hoy para mañana se ponen de
acuerdo los partes que consulto. Por un lado está quien dice que sol y pocas
nubes tanto sábado como domingo, y sin lluvia. Por otro, que sol y
bastantes nubes con llovizna el sábado
tarde y más lluvia el domingo, casi todo el día. Y también quien da dos días
radiantes, de mucho sol y hasta calor, sobre todo el sábado. Tampoco en cuanto
al viento; unos lo dan de oeste noroeste flojo, con calmas, y otros de levante.
En lo único que coinciden todos es que
el domingo será más fresco que el sábado, un par de grados, porque mañana las
máximas pueden llegar a los 23-24 y las mínimas quedarse en 13-14.
Con este panorama estoy igual que el
domingo pasado. No sé qué tiempo hará este fin de semana. Puestos a decir algo,
pienso que serán dos días más bien de sol, con vientos flojos variables con
calmas, y sin lluvia o muy poca.
Desde luego, algo muy raro está pasando con el clima.
Es la esperanza.
Así
estaba el cielo esta mañana en Valencia.
Al
verlo he recordado estas palabras.
Yo,
Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva…
Y oí
una voz potente que decía desde el trono: Esta es la morada de Dios con los
hombres; él habitará con ellos y ellos serán su pueblo; Dios en persona estará
con ellos y será su Dios.
El
enjugará lágrimas de sus ojos, ya no habrá muerte ni luto ni llanto ni dolor,
pues lo de antes ha pasado.
Ap.21.
jueves, 7 de noviembre de 2024
miércoles, 6 de noviembre de 2024
martes, 5 de noviembre de 2024
Conocerla y respetarla.
Cuando
se cumple una semana de la catástrofe quiero compartir uno de los pensamientos
que desde el principio me ha ido rondando y que poco a poco va cristalizando en
un convencimiento que ya tenía, pero que ha cobrado con todo esto mucha más
fuerza todavía.
Hemos
dado la espalda a la naturaleza. Excepto los pocos, cada vez menos, que viven
directamente de ella, el resto, la mayoría, tan solo la utilizan como lugar
para divertirse y poco más.
Lo que
ocurre es que ningunear, incluso ignorar, la base sobre la que construimos
nuestra existencia es sencillamente suicida. Porque la última palabra la tiene siempre
ella, no nosotros.
El
macizo montañoso sobre el que se centró la DANA lo conozco muy bien. Lo he
recorrido muchas veces en todas direcciones y en todas las estaciones. Son
montañas altas, entre 1000 y 1300 metros, con impresionantes paredes, surcadas
por profundos barrancos y una flora y fauna muy ricas. Entre ellas, amplios
altiplanos donde se ha cultivado la tierra durante siglos.
La
sierra de Chiva, la de Santa María, el pico Ropé, el Hierbas, Cinco Pinos, la sierra de
Utiel, el pico Atalaya, El pico Tejo..., son nombres muy familiares y queridos
para mí.
Es una
tierra muy hermosa en la que el fuego ha dejado su huella a lo largo de los
años, convirtiendo en parte lo que antaño fueron inmensos bosques en matorral.
Choca mucho saber que la hoy llamada sierra de Chiva, en los mapas antiguos se
llamaba sierra de los Bosques, y que el pico Tejo, próximo a Requena, debe su nombre al bosque de
tejos que le arropaba, del que quedan tan solo unos pocos ejemplares.
Si
sobre este macizo se sitúa, como se situó, una gran tormenta alimentada por
fortísimos vientos de levante, lo lógico es que se produzca una precipitación
demencial. Y toda esa agua va a buscar el mar por los tres sitios por donde
puede ir. Hacia el Magro, por los barrancos de la sierra de Utiel. Al Turia por
la fosa tectónica de Chera, por los ríos Reatillo y Sot. A la albufera por el
barranco del Poyo y otros menores.
Pienso
que si en vez de matorral tuviéramos los bosques de antaño, mucha de esa agua
se habría quedado en la tierra. Si los barrancos estuvieran limpios, no solo de
cañas sino de todo tipo de escombros y basura, el agua discurriría por ellos
sin obstáculos. Si dejáramos vía libre a los cauces naturales de ríos y
barrancos, las avenidas serían tan solo un espectáculo. Si entendiéramos que conocer y cuidar nuestro entorno natural nos hace más completos como personas y que puede salvar
vidas, otro gallo cantaría.
Muchas
veces he dicho en el blog que hemos convertido la naturaleza en un
polideportivo, en un parque de atracciones. Grave error. La naturaleza es un
ser vivo del que nosotros, como seres vivos, formamos parte, queramos o no, lo
sepamos o no. Ella, no nosotros, nos da la vida y nos da la muerte. Nos lo da
todo y nos puede quitar todo. Por eso hemos de cambiar nuestra forma de
relacionarnos con ella.
Conocerla y respetarla agradeciendo sus dones y aprendiendo a defendernos de sus golpes
que siempre nos recordarán que es más fuerte que nosotros. Nos va la vida en
ello.
lunes, 4 de noviembre de 2024
Todo lo demás nos sobra.
Cuando
estos días nos vemos por la calle y nos preguntamos ¿Qué tal? ¿Cómo estamos?,
contestamos bien, pero es un bien pequeño, triste, que parece fuera de sitio,
quizá lo esté, que reclama una justificación que no encontramos.
Y es
que no estamos bien. La tragedia es demasiado grande, la devastación
inabarcable, el dolor demoledor. Y eso que los que podemos contestar con ese
bien opaco hemos tenido suerte, porque muchos, muchísimos no pueden decirlo ni
podrán decirlo durante muchos años, quizá ya nunca.
La
sociedad valenciana está herida, muy herida, rota. Rota de dolor, rota de
indignación, rota de rabia. Y necesitamos ayuda, consuelo y paz. Es la justicia
que necesitamos ahora. La otra vendrá luego.
Y esa
ayuda y ese consuelo nos ha venido de la gente no solo de aquí, sino de otras
muchas partes de España y de fuera de España. La solidaridad abrumadora
estremece; es la luz en medio de la tiniebla.
¿Y la
paz? También la necesitamos, y peligra. Porque como siempre, y desde el primer
momento, hay quien se aprovecha del horror para saquear comercios y hogares. Y
hay quien, desde sus obsesiones ideológicas, busca sacar provecho político de
lo que está sucediendo. Son peores que saqueadores, porque el daño que provocan
tiene mayores consecuencias. Determinados políticos, medios de comunicación,
grupos radicales, crispan a la gente, juzgando y sentenciando desde sus manías
y prejuicios (que llaman ideología), buscando linchamientos inmediatos.
Esta
gente nos está haciendo mucho daño. Y hemos de pararles los pies de la única
forma posible, ignorándolos.
Cierto
que la naturaleza ha sido brutal. Pero ni la prevención ni la gestión del
desastre se ha hecho bien. Nadie lo ha hecho bien, y estoy seguro que más de
uno lo intentaría, pero sus esfuerzos se perderían en un mar de protocolos,
informaciones cruzadas y decisiones equivocadas.
Primero
seguir ayudando, consolando, preservando la paz que también nos quieren quitar.
Luego, tiempo habrá, deberá analizarse lo sucedido. La parte técnica y la
política. Y tomar medidas. Atreverse a iniciar obras que pueden no inaugurar
los de tu cuerda, con inversiones que no se ven, que no dan votos. Establecer
protocolos ágiles, eficaces. Poner en los centros de decisión gente que no tema
perder su puesto por decretar una alerta roja y que luego no pase nada.
Y
después la otra justicia, la de los tribunales. Y que sea una justicia de
verdad independiente del poder político.
Pero
esa no es la justicia que ahora necesita el pueblo valenciano, la necesita,
pero no ahora. Ahora, la otra. Es justo que nos ayuden, que nos consuelen, que
no nos arrebaten la paz que necesitamos para reconstruirnos. Eso es lo justo
ahora.
Llorar
a los muertos, consolar como mejor podamos a quienes les conocían y querían.
Reconstruir hogares y negocios, calles y plazas. Que todos puedan dormir y
comer; volver a trabajar y al colegio. Reabrir carreteras y puentes, el tren y el metro. Brindar un
futuro a tantos que se han quedado sin nada.
Sí, eso es lo justo ahora.
Todo
lo demás nos sobra.









