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Hace ya mucho tiempo, me decía un amigo que es muy
posible que nos señalaran un árbol y nos quedáramos mirando el dedo que nos lo
señalaba. Es posible que ese dedo lo sacralizáramos, lo ritualizáramos, lo rodeáramos
de inciensos y oropeles y al fin nos olvidáramos del árbol.
Porque mirar el árbol cambiaría de verdad la
historia, cambia de verdad la vida de quien lo mira. Pero si nos quedamos
mirando el dedo…
Y mientras comían, Jesús tomó pan pronunció la
bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando
la copa, pronunció la acción de gracias
se la dio y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre, la sangre de
la alianza que se derrama por todos. Os aseguro que no beberé más del fruto de
la vid, hasta aquel día en que lo beba, pero nuevo, en el reino de Dios.
Mc 14, 22-25.
Jueves Santo de 2015.
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