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Titular en el Heraldo de Aragón del pasado 8 de enero. |
Vaya
por delante que me cuesta ser comedido a la hora de escribir esta entrada, pues
la rabia y la indignación, junto a la impotencia, me generan una extraordinaria
violencia que, como es lógico, he de contener. Por eso trataré de ser comedido
sobre todo con los adjetivos.
Me
llega la noticia de que la empresa que organiza esa aberración del helibike ha
denunciado a un Agente de Protección de la Naturaleza de Bielsa, a quien han abierto
un expediente sancionador por parte de la Administración, por su lucha contra
esta barbaridad. Se da
la circunstancia de que el individuo que puso en marcha por las redes sociales
este “deporte”, tras hacerlo él en Bielsa y Benasque, y contar sus excelencias,
es Jesús Calleja, muy amigo del presidente Sánchez con quién ha estado estas
fiestas practicando la bici de montaña en la casa que el “aventurero” tiene
en León. Llegados
a este punto, cualquiera que me conozca o me siga en el blog comprenderá por
qué me cuesta escribir estas letras sin perder la educación. Afortunadamente
ha habido un importante movimiento de solidaridad con este agente por parte de
partidos políticos, asociaciones ecologistas, colectivos profesionales, clubs
de montaña y particulares. Movimiento de solidaridad al que me adhiero. Pero
sé que todo va a ser en vano. Porque todo es mentira. El sr. Calleja y el sr.
Sánchez, como tantos otros, dicen una cosa y hacen otra. Venden una imagen de
preocupación por el medio ambiente, de respeto a la naturaleza, que no es
verdad. Es justo lo contrario. Uno es
un parásito que rompe y contamina el medio natural allá por donde pasa. Ha
encontrado el filón para enriquecerse y divertirse a la vez, apareciendo como
un adalid del proteccionismo y amante de la naturaleza cuando es justo lo
opuesto. El otro, estoy convencido de que tiene tantos frentes abiertos, que la
naturaleza no es desde luego el más importante para él, así que le importa un
bledo, y solo hará algo por ella si le da votos. Y a
ambos, mira por dónde, les encanta la bici de montaña que es una actividad
extremadamente agresiva con el medio en el que se desarrolla. No me extraña.
Revientan los senderos, erosionan las laderas, afectan severamente a la flora y
la fauna, y si encima los suben en helicóptero a una cima y bajan de ella, la
aberración es ya absoluta. Si descienden por caminos los rompen, y si lo hacen fuera
de ellos, peor todavía. Pero qué más da, se divierten. Pues
bien, al agente en cuestión que ha plantado cara a esta barbaridad de un modo
contundente, lo expedientan porque la empresa lo ha denunciado por persecución
y acoso. Cuando lo único que está haciendo es defender la Casa Común, la
naturaleza, esa maravillosa naturaleza de los Pirineos a la que tienen derecho
las generaciones venideras tal y como la recibimos nosotros o mejor. Pero
no soy optimista. Viendo esto que está sucediendo allí no puedo menos que
pensar en lo que también pasa aquí. Pienso en los senderos del Paraje Natural
Municipal de las Rodanas, por ejemplo, por donde está prohibido explícitamente
ir en bici, y los fines de semana son un putiferio, y nadie hace nada por
evitarlo. Y así todo, la Calderona, Espadán, La Serranía… Todo. Porque ya no es
cuestión de regular esto de las bicis de montaña, es cuestión, además, de hacer
cumplir la regulación. Pues lo más sangrante es que al regular esta actividad
están reconociendo que hace daño, y el no vigilar el cumplimiento de la
regulación hace cómplice, por omisión, a la autoridad que regula. Yo, a
mi edad, bien puedo decir “que me quiten lo bailao”, pero pienso en los que
vienen detrás y me dan toda la pena del mundo. Porque a fin de cuentas esto de
las bicis de montaña no es más que una muestra de la enfermiza relación que
tenemos con la naturaleza, enfermiza y destructiva. Insostenible, ahora que
paradójicamente han puesto de moda la palabra sostenibilidad. Y es
que dime de qué presumes y te diré de qué careces. No
vamos por buen camino. |
122 días sin llover. Solo 9 litros.
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