Cuando
se cumplía medio año menos un día de la tragedia de la DANA, el gran apagón nos
sorprende como otro golpe impensable e inesperado. Como la DANA, nadie pensaba
que podían caer cientos y cientos de litros en un día en una zona montañosa ya
saturada por lluvias anteriores y en gran parte deforestada. Tampoco nadie
podía pensar que toda la península Ibérica, en unos segundos, se quedara sin
suministro eléctrico durante horas y horas.
Que
pueden pasar estas cosas es un hecho indiscutible. Ni dominamos la naturaleza,
ni nuestra propia obra, más frágil cuanto más compleja. Somos mucho más
vulnerables de lo que pensamos. Nada es tan seguro como creemos.
Por
eso, ante estas situaciones hay que dar respuestas a la altura de su gravedad y
de sus consecuencias. Y no las estamos dando. Porque para darlas habría que
elevarse por encima de la mezquindad de los intereses políticos y de la
deformación de la realidad de las ideologías.
Y a la
vista está una vez más. Lo mismo que con la DANA va a pasar con el gran apagón.
Manipulación política en ambos sentidos para ver quien consigue llenar más las
urnas en las próximas elecciones. Lo demás debe ser que no importa. Las vidas
humanas, las pérdidas millonarias, el miedo instalándose poco a poco en la
sociedad, la inseguridad que va lentamente paralizando, nublando el futuro…
La
solución a todo esto es muy simple, pero imposible. Dejarse de ideologías,
superar esa imbecilidad esterilizante de las derechas y las izquierdas con la
que no encajamos la gran mayoría, y así tener el coraje de analizar la realidad
juntos y encontrar entre todos salidas concretas y realistas a estas
situaciones.
Pero
es imposible, ¿verdad? De la DANA toda la culpa la tiene Mazón y el PP. Del
gran apagón, Sánchez y el PSOE.
Y
todos tan contentos.
A esperar
por donde nos viene el próximo golpe.

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