A la
hora de comunicarnos las personas es muy importante conocer el significado de
las palabras que utilizamos. El no conocerlo o, peor aún, conocerlo
parcialmente es motivo de confusiones y si lo hacemos deliberadamente una forma
de manipulación intolerable.
Viene
esto a cuento de la palabra progreso y progresista, sustantivo y adjetivo que
de entrada suenan muy bien y se ven como algo siempre positivo, algo bueno,
algo deseable.
Y es
verdad, el progreso es positivo, bueno y deseable. Pero ahora viene la
pregunta. ¿Qué decimos cuando hablamos de progreso y progresistas? ¿Qué
significan exactamente estas palabras? ¿Qué queremos decir cuando hablamos de
progreso en educación, en sanidad, en medio ambiente, en migración, en justicia,
en cultura…?
Nadie
lo sabe realmente; además para cada persona puede tener, y tiene de hecho, un
significado diferente. Y esto nos lleva a la conclusión de que en realidad son
hoy en día palabras vacías de contenido, o sea que significan todo y nada a la vez. Solo son bonitas
y suenan bien porque designan algo deseable, pero ese algo deseable es humo,
nada tangible, nada concreto ni evaluable. Y por supuesto nada consensuado a
nivel social.
Apropiarse
de una palabra así usándola como bandera de una ideología es a todas luces una
vergonzosa y hasta burda manipulación que bloquea el verdadero progreso, al que
solo se llega a través del diálogo y el consenso.
Se
puede admitir que exista una ideología llamada izquierdas, término este más que
discutible hoy en día, pero identificarlo con progreso, progresistas, es una
falacia, una falsedad que no resistiría un mínimo análisis semántico serio y
objetivo.
El
hecho de hablar de derechas e izquierdas es una simplificación de la realidad
falsa y maniquea, pero muy útil para manipular a la ciudadanía y alcanzar o
mantenerse en el poder, impidiendo así el verdadero progreso social. Pero el
identificar izquierdas con progreso y progresistas, es el colmo de la
manipulación porque son las tres palabras vacías de contenido, huecas, que para
nada describen la rica y compleja realidad social.
Estoy
convencido que la gran mayoría de los ciudadanos, sobre los temas más
importantes y candentes que vivimos en estos momentos, pensarían lo mismo o muy
parecido, y si les preguntáramos luego si son de derechas o de izquierdas se
decantarán a un lado o al otro por partes iguales.
Y ahí
estaría el progreso de verdad. En lo que pensarían si les fuera posible pensar
en libertad, sin el corsé lamentable, y trasnochado de derechas fascistas e
izquierdas progresistas.
Pero
como dice la triste y odiosa frasecita, es lo que hay. Sí, es lo que hay. Una
inmensa mentira, una gigantesca construcción donde nada es lo que parece. Y
donde la verdadera comunicación es imposible.

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