FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 5 de febrero de 2019

Han desaparecido misteriosamente.



Soy muy torpecito en cuestiones informáticas. A veces me pasan cosas que no entiendo y necesito que mentes claras y sabias me ayuden a resolver los misterios que me surgen. El último ha sido que HAN DESAPARECIDO HACE UN MOMENTO, SIN QUE YO HAYA HECHO NADA, CREO, TODOS LOS COMENTARIOS A LAS ENTRADAS DEL BLOG.
Lo digo para que conste que no las he eliminado yo, al menos conscientemente. En cualquier caso, el tema de los comentarios a las entradas siempre ha sido un lío. Hay quien lo hace sin problemas, hay quien no puede por mucho que lo intente, hay quien cree que lo ha hecho y no ha hecho nada…
Misterios. Trabajaré en descubrir este último. Lo siento.

De Portaceli a Rebalsadores. Pinos, panoramas e historia.

Buena semana para disfrutar del monte, quien pueda. Hasta el sábado, como hoy, un día precioso, pero es posible que el domingo se vuelva a levantar viento, veremos. Sin embargo, con o sin viento, es buena para la excursión que propongo.
Dejamos el coche en la cartuja de Portaceli, o cerca de ella, y tomamos la pista que se interna en la sierra dejando el monasterio a la derecha. La seguimos mientras va ascendiendo retorciéndose por la ladera de la montaña. Por aquí, si callamos, oiremos las campanas que en el silencio del monte dan una indescriptible sensación de paz.
El paisaje gana amplitud divisándose todo el golfo de Valencia hasta el Montgó. Ya no perderemos este panorama, más que en algún tramo, hasta llegar a la cima de Rebalsadores. Veremos también a nuestra derecha, en un rincón escondido entre pinares y bajo unas hermosas paredes, la masía de La Pobleta, del siglo XIV, donde estuvo Manuel Azaña durante la Guerra Civil, cuando Valencia fue capital de la República.
Muy poco después de que a nuestra pista le salga una por la izquierda, y en una curva muy marcada, con un inmenso panorama hacia el mar, sale un sendero a la derecha. Lo tomamos y lo seguimos hasta un collado. El sendero es precioso. Desde ese collado, si seguimos recto bajaríamos a Serra. Cogemos nosotros el que sube a la izquierda que nos llevará directamente al impresionante mirador de Mireia, o de Rebalsadores.
Podríamos regresar por el mismo camino, pero a mí me gusta dar la vuelta completa siguiendo por la pista que baja hacia Serra. Cuando ésta llega a la que va de Serra a Gátova, seguimos a la izquierda, y luego, en las dos siguientes bifurcaciones, otra vez a la izquierda. Llegaremos entonces al inicio del sendero que habíamos cogido al subir. Y a partir de ese momento, el camino es el mismo que ya hemos hecho, pero de bajada.
El itinerario es sobre todo de buena pista, excepto el tramo de sendero que es de unos 3 kilómetros cortos. Hay un par de fuentes, la del Marche y la del Poll, pero es más seguro llevarse agua.
Y una advertencia. Ojo con las bicis si vais en fin de semana, muchas de las cuales, no todas, bajan por estos caminos sin respetar nada ni a nadie, siendo un verdadero peligro. Constituyen actualmente un problema al que alguien tendrá que hacer frente alguna vez.
En fin, es una ruta, muy, muy bonita, tiene un total de 15 kilómetros, y un  desnivel de 513 metros, con bonitos pinares, grandes panoramas y un toque de historia. En una mañana o una tarde se hace sin problemas, en un día, llevándose comida y agua, se hace aún mejor.

La cartuja de Portaceli.

Una de las curvas de la pista.

El depósito de la masía La Pobleta,

La masía. Edificio principal.

La cartuja va quedando abajo.

Panorama hacia la ciudad de Valencia.

Torre de vigilancia en una montaña próxima.

El mirador de Rebalsadores.

La Mola de Segart, con el mar detrás.

Aquel día, un chubasco nos regaló frescor, aroma a tierra mojada y un arco iris doble.

El alto del Sapo, ya regresando.


        A continuación tenéis la ruta sobre el mapa, y el perfil. Si queréis el track, me lo pedís.



lunes, 4 de febrero de 2019

Se quedó de pasta de moniato.



Me hablaba una buena amiga a la que conozco, como quien dice, de toda la vida, del cansancio que le produce seguir trabajando en educación en los tiempos que corren. Os hablaré primero de ella para que entendáis mejor lo que me decía.
Es una persona con una gran preparación profesional por haber desempeñado su labor en su centro en diversas tareas bien diferentes, trabajadora incansable, entregada siempre a sus alumnos en cuerpo y alma, creativa, comprometida, responsable y con una larga experiencia. Y no digo más para que no se me ponga roja cuando lea esto.
Pues bien, dadas estas cualidades, la han asignado en su centro a un equipo de innovación, eso tan de moda ahora en educación. En una de las reuniones de este equipo, y hablando de cómo hacer los grupos de alumnos para una determinada actividad, uno de sus jóvenes compañeros, muy serio y sesudo, le dijo heterogéneos, y siguió muy puesto en lo suyo.
Ella se quedó de pasta de moniato, que dicen por aquí, porque esa respuesta era tan obvia, tan evidente, que sólo se podía dar desde la prepotencia más detestable y el más contundente desprecio al compañero.
Y me decía, estoy harta. No todos, pero muchos de los jovencitos que están entrando (su colegio es muy, muy grande) vienen con una prepotencia, una soberbia y un convencimiento de que nada de lo hecho hasta ahora tiene valor alguno, y de que hay que cambiarlo todo y ya, que da nauseas. Están convencidos de que nadie ha educado antes como debe hacerse. Y van en plan rompe y rasga, aquí estoy yo porque lo valgo.
Muchas teorías que se las dan de científicas, no siéndolo ninguna; mucha nueva tecnología, como si el cómo fuera más importante que el qué; muchos palabros en inglés para designar cosas que se han hecho toda la vida, pero que por llamarlas en inglés son innovación; muchos acrónimos para que la pedagogía parezca una ciencia, cuando ni lo es ni lo será nunca; y una filosofía de la educación, quien la tiene, que no es más que ideología aplicada al arte de manipular niños. En el fondo, una abrumadora ignorancia de lo que es educar.
Ignorancia y como guinda del pastel un ansía descomunal de “prosperar en el negocio”, de afianzarse en la plaza aunque, eso se entiende, son jóvenes y han de buscarse pronto la vida; y esto un buen trepa lo tiene más fácil que una buena persona.
La experiencia no cuenta, no sirve. Y quien la tiene, o se le ignora o, si molesta, se le arrincona. Y ahí está ella, con una amplísima experiencia, viendo como casi nada de lo que están haciendo ahora en su centro tiene ni pies ni cabeza, sin saber muy bien ya qué hacer. O seguir al pie del cañón, intentando que haya un poco de cordura, o dejarse arrastrar por “un progreso” que en realidad no lo es, y vivir tranquila. Pero tiene conciencia y no puede hacer esto.
Estoy convencido que en educación hay tres pilares básicos. Uno es la experiencia; otro, la relación con el alumno; y otro, la filosofía de la vida y del hecho de educar, que el profesor tenga. Lo demás viene después.
Quizá la primera innovación que nos hace falta es reconocer esto. Reconocer el inmenso valor de la experiencia, la trascendencia de la relación personal entre el maestro y sus alumnos, y la importancia absoluta de conocer qué filosofía tiene éste para garantizar que el acto docente no sea manipulación. Pero claro, para esta innovación ni hacen falta las pseudocientíficas teorías de los gurús de moda, ni las nuevas tecnologías, ni los palabros en inglés, ni los acrónimos por doquier.
¡Animo buena amiga! Tu compañero no imaginaba que tú, que puedes ser su madre, y que ya educabas antes todavía de hacerlo como profesional, ya sabías que 3+3=6. Y te lo dijo. Sólo fue eso, una obra de misericordia. Habrá pensado ¡Estos abueletes…!

domingo, 3 de febrero de 2019

No es lo que ahora nos hace falta.

NOTA DE LA SEMANA: 3

¡Ojalá me hubiera equivocado! Pero no, el viento nos ha castigado hasta hoy y seguirá haciéndolo, pero menos, mañana, perdiendo fuerza a lo largo de la semana. A partir del martes será menos desagradable, mucho más flojo y variable. Soplará del oeste, del noroeste, del sureste, del sur… Al menos no será siempre seco y fuerte. Incluso puede haber algún día de calma hacia el sábado o domingo.
Las temperaturas bajarán ya mañana, sobre todo las mínimas, aunque irán subiendo poco a poco. Las máximas serán casi primaverales.o primaverales del todo. La humedad irá y vendrá a días, y la lluvia no aparecerá ni de lejos. El cielo, o despejado o con nubes de adorno y poco más.
La nota de la semana, si aquí hubiéramos tenido aunque fuera un poco del agua y la nieve que han tenido en casi toda España,  sería muy alta, un 8 o un 9 lo menos; pero tras el largo anticiclón del final de otoño y principios de invierno, y el agobiante temporal de viento seco que seguimos aguantando, a esta semana no le puedo dar más que un 3.
No es lo que ahora nos hace falta. No aporta nada. Ni calma total, ni agua, (ya llevamos casi dos meses sin una gota) ni la humedad necesaria, ni el frío propio de febrero. Con un 3, va que se mata.
Eso sí, para actividades al aire libre será una semana aceptable, más que aceptable hacia el final, pero para el monte… En fin, así es este clima. Si yo pudiera cambiarlo aunque fuera un poquito....
Por cierto, si alguien quiere y puede irse a esquiar, esta puede ser la mejor semana del invierno. Lloverá algún día, pero poca cosa. Para hacer montaña no tanto, por el altísimo riesgo de aludes.

Mañana será un día deslumbrante en los Pirineos.



Ha nevado mucho en los Pirineos.,en todas las cotas de la cordillera. Días y días de temporal los han dejado listos para brillar en toda su grandeza cuando llegue el buen tiempo. Y ese momento será mañana lunes.
Será un día azul, con nubes pasajeras, algo de viento, fuerte en las cumbres, y frío. En la cima del Aneto la sensación térmica será de 31ºC bajo cero, de 25 en el Bisaurín, de 13 en Bielsa, de 14 en Canfranc… Pero ¡qué hermoso estará!
Cierro los ojos y los veo casi como si estuviera allí. Las grandes paredes, desprendiéndose poco a poco de la nieve al calor del sol; las aristas, dibujando los contornos de las montañas; las cornisas en las crestas, saliendo sobre el abismo; las grandes laderas de un blanco inmaculado; las cimas, con sus penachos de nieve arrastrados por el viento; los pueblos, como si estuviesen dibujados en la nieve. Y todo casi en blanco y negro, excepto el azul del cielo y el gris de las nubes.
¿Lo echo de menos? Con toda mi alma, pero lo que sí puedo decir es que, cuando lo he disfrutado, he sido plenamente consciente del privilegio de poder hacerlo. Y le he dado gracias a Dios por ello.
Con ocasión de este lunes 4, en el que mis Pirineos lucirán en todo su esplendor, rindo tributo a su belleza absoluta compartiendo unas pocas fotos de días pasados, algunos ya lejanos, en los que pude disfrutar de jornadas como será la de mañana.

El humilde pero hermoso Comodoto, en el valle de Pineta.

El pico Sabocos, en la sierra de Tendeñera, al sur del valle de Tena.

El macizo de Monte perdido, desde las proximidades del Tozal Blanco, en Pineta.

Las paredes del collado de Añisclo sobre el valle de Pineta.

El Monte Perdido desde el Tozal Blanco, en Pineta.

El pico Tendeñera, desde el Pelopín, en el valle de Broto.

El Musales, desde el Pinindalluelo, en el valle de Tena.

El macizo de Cotiella desde el valle de Gistaín.

El esbelto Arriel, en el valle de Tena.

El Balaitús, en el valle de Tena.

El Tebarray, en el valle de Tena.

El Monte Orhy desde el Soum de Lêche, en Belagua.

La sierra de Partacúa, en el valle de Tena.

El Vignemale se eleva sobre el alto Ara.

La Peña Telera en el valle de Tena.

El bosque de Larra, en Belagua.


sábado, 2 de febrero de 2019

Receta. Caldereta de bogavante.



Si te gustan los arroces marinos, esta recetita es muy aconsejable. Y no demasiado cara ni difícil de hacer. De hecho, en una horita y algo lo tenemos en la mesa, y es muy poco laboriosa.

Ingredientes para cuatro personas.

2 bogavantes congelados o frescos.
1 bolsita de gambas congeladas o media docena de langostinos.
1 bote de tomate triturado.
1 cebolla.
2 ñoras.
Pimentón rojo.
Tres pastillas de caldo de pescado.
Aceite de oliva.

Empezaremos preparando los bogavantes, es decir separando el cuerpo de la cabeza (decapitándolo) y las pinzas (desmembrándolo) y partiendo cabeza y cuerpo por la mitad. Las pinzas las romperemos con un mazo. Esta tarea, de brutal aspecto, la haremos sobre un plato para recoger todos los jugos que salgan de los bichos.
Luego sofreiremos la cebolla picadita y el tomate, añadiendo las gambas, los bogavantes, y los jugos que hayamos recogido en el plato, antes de que el sofrito se sofría demasiado.
Y poca más faena hay. Cuando esté todo bien sofritito, espolvorearemos con pimentón dulce, removeremos y añadiremos unos cinco litros de agua, las pastillas de caldo y las ñoras. Y a dejarlo reducir a fuego medio un horita, palmo arriba, palmo abajo.
Después echaremos el arroz, unos 300 gramos, y vigilaremos durante los 20 minutos pertinentes para que no se nos pegue.
Y ya está. Un poquito de reposo y a comer. Sale muy bueno.

Advertencias:

-El recipiente debe ser amplio y cómodo, y más bien ancho que hondo.
-Sale más bueno si uno de los litros de agua es caldo de pescado. Yo siempre tengo en el congelador el caldito que hago con las cabezas y las espinas del pescado que compro.

viernes, 1 de febrero de 2019

Evocando aquel atardecer...


Evocando aquel atardecer, en agosto del 83, a más de 3000 metros, en el Pic Brulle, sobre el Circo de Gavarnie.

Cuando las nubes arrancan a las montañas de sus raíces, y se asemejan éstas a arrecifes perdidos en un mar extrañamente ingrávido, los que tenemos el privilegio de presenciar el espectáculo, sentimos siempre la certeza inmensamente gratificante de haber podido penetrar, una vez más, en un reino mítico, remoto, casi prohibido, accesible tan sólo a unos pocos hombres.
Siempre he deseado eternizar estos momentos de pura contemplación, y he soñado con vivir sobre las nubes, más allá de la historia, al borde de la vida.
Porque sé que allá abajo, esta luz, este silencio, esta quietud, esta pureza absoluta, no existen jamás; porque sé que aquí abajo el horizonte es siempre estrecho, siempre limitado por lo inmediato.
Vi atardecer desde los 3093 metros del pico Central de la Cascada, sobre el Circo de Gavarnie. Vi cómo el sol caía entre costas irreales, proyectando sombras en un blanco mar caótico, rosado y violeta más tarde, gris al fin.
Era julio y un frío intenso envolvía la hora solemne y callada. Una helada y suave brisa enturbiaba la vista, difuminando a lo lejos las montañas de poniente que aún retenían las últimas luces de aquel día de verano.

El macizo de Vignemale se eleva al fondo, sobre las nubes.

Abajo de las nubes está el Circo de Gavarnie. A la izquierda el Taillon, mi primer tresmil.

En la cima del Pic Brulle contemplo el atardecer.

Mi piolet, que aún conservo.

Los Astazus quedan bajo de nosotros.

Las nubes caen en cascada sobre el Balcón de Pineta.