FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Naturaleza y arte.

Pasa que a veces, en un recodo del camino, te encuentras con algo que es naturaleza y arte a  la vez. Era un grupo solitario de chopos, iluminados por el sol, la primera tarde de otoño. Bien podrían ser unos lienzos. Arte y naturaleza, naturaleza y arte. Belleza. Contemplación.










Pido disculpas.


 

Sucedió que en la anterior entrada puse el enlace a un video en el que Diego Méntrida se coronaba como el verdadero campeón de la carrera, pero algo pasó o algo hice mal, me inclino por esto último, que pulsando en el enlace no salía el vídeo en cuestión, sino que se abría el correo de quien pulsaba.

Pido disculpas por el error y dejo claro que el correo que se abría era el del que lo abría, ningún otro, con lo que la privacidad de todos los que entraron estuvo en todo momento a salvo. En cuanto me enteré lo borré inmediatamente, pero habían pasado varias horas.

Siempre que pongo un enlace compruebo que funcione adecuadamente, excepto esta vez; la puñetera ley de Murphy. ¡Qué le vamos a hacer! Reitero mis disculpas.

Si no habéis visto el vídeo de tan hermoso gesto y queréis verlo está en youtube. No hay más que teclear Diego Méntrida.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Muy bien Diego, muy bien. Y gracias.


Quiero hacerle un hueco en el blog al atleta Diego Méntrida, como agradecimiento y homenaje a su gesto que, como se dice ahora, se ha hecho viral. Y con razón.

Va el cuarto en la carrera, y ve cómo el que va por delante se despista y pierde unos segundos preciosos, con lo que él le adelanta; medalla de bronce. Se ve como titubea, se para y le deja pasar, renunciando a una legítima medalla. No tenía por qué haberlo hecho. Nadie le hubiera reprochado el no hacerlo. La competición es la competición, y respetando las reglas, lo importante es ganar. También fuera de ellas, piensan muchos.

Sí, en el mundo del deporte y en el de la vida hay tres niveles, porque la vida, de algún modo, es también una competición. El nivel más bajo, feo, sucio y rastrero; el de quien busca ganar, caiga quien caiga, a cualquier precio, más allá de reglas, normas y principios morales. El segundo nivel es el de quien para lograr sus objetivos sí respeta normas y reglas, pero no hay principios morales. Esas normas y esas reglar son su moral, y mientras no las quebrante está actuando bien, piensa.

Y el tercer nivel es el de Diego. Más allá de normas y reglas antepone unos principios morales que pueden hacerle actuar incluso en contra de él mismo. Eso es extraño, lo ha sido siempre, por eso es noticia. Y por eso causa admiración.

Habrá quien no entenderá ese comportamiento, incluso quien lo desprecie diciendo algo así como ese tío es gilipollas, así no llegará a nada en la vida; será un perdedor. Pero también habrá quien, como yo, lo considerará todo un caballero, y mucho más que un caballero, un hombre de esos cuya presencia entre nosotros nos dignifica y justifica.

Si como cuenta la Biblia, para salvar a las ciudades de Sodoma y Gomorra, Lot le dice a Dios, tras un curioso regateo, que si hay un solo justo las perdone, podríamos decir nosotros ahora, Señor, ahí vive Diego. Y no caería fuego sobre la ciudad.

Pero hay más Diegos, ¿no? Menos mal. Los hay, aunque sus actos no se hagan virales. 


martes, 22 de septiembre de 2020

Bienvenido sea el otoño.

Hoy, a las tres de la tarde y treinta y un minutos ha entrado el otoño. Es la estación del año que más me gusta, por ella misma y porque tiene todavía por delante el invierno y la primavera, que también me gustan.

Sí, también es bonita la primavera, pero tiene sobre ella la amenaza del verano, la única estación que no soporto. Quizás si viviera en Islandia o en la Patagonia no escribiría esto, pero vivo aquí, a orillas del Mediterráneo.

Voy a dar la bienvenida a la nueva estación, que espero se note pronto, con un poema de uno de esos poetas cuya memoria es denostada y perseguida por el actual régimen, por haber mostrado públicamente su adhesión al anterior, José María Pemán. (¡Qué pena que no seamos capaces de superar la historia!)

Me gusta el otoño, los cipreses y el verde de los pinares, como al poeta. La tristeza y esa risa sin risa, no, no me gustan, y a Dios gracias no las siento. Pero creo que es un hermoso poema. Y le acompañan tres fotos. Una de cipreses, otra de pinares y otra de la tristeza sin palabras de un chopo solitario aguardando el invierno.

¡Feliz otoño, pese a los tiempos que corren!

 

Estoy enamorado del otoño.

Adoro los cipreses porque son

como tu cuerpo, conjunción suprema

de arquitectura y música.

Y adoro

ese verde con sol de los pinares

tan parecido al verde de tus ojos.

Adoro esa tristeza sin palabras

que guardamos los dos como un tesoro...

Y esa risa sin risa

que, como una limosna,

por caridad, le damos a los otros.






Sorpresa matutina.


 

Cuando esta mañana he subido a la terraza me he encontrado con la desagradable sorpresa de ver algo como una arenilla amarilla y unos pocos escombros por el suelo, la mesa, el sillón, las plantas… Pronto me he dado cuenta de que en el ático de la finca colindante estaban haciendo alguna obra.

Tras limpiarlo todo he esperado a ver a alguien. Pronto he visto a un obrero al que he llamado y le he pedido que llevaran cuidado. Me ha respondido que era muy difícil acabar lo que estaban haciendo sin tirar nada abajo; que no era mucho y que iban a pasar a limpiarlo ellos.

Todo ha trascurrido muy correctamente, pero el pequeño incidente me ha hecho pensar lo diferente que sería hacer las cosas pensando en los demás, poniéndonos un poquito en su lugar. Porque a mí, que no me gustan los líos ni los malos rollos, me hubiera bastado con que me hubieran advertido que iban a caer cosas a mi terraza y que pasarían a limpiarla. Les hubiera dicho que no hacía falta, que ya la limpiaría yo, y que gracias por avisar.

Pero lo que no es de recibo es que suba yo esta mañana y me la encuentre hecha una porquería sin que nadie me haya advertido de nada. Eso no está bien. Y no está bien porque indica un desprecio por el otro, absoluto. Y ese desprecio por mi terraza, mis plantas, mi rincón de lectura y por quienes vivimos allí, es lo que me molesta. No es que tenga que barrer y limpiar, que no era mucho, ciertamente; aunque muy aparatoso.

Además, este modo de actuación, a menudo, acaba generando problemas que crecen y crecen hasta acabar, con demasiada frecuencia, en los tribunales. Y es que pensar en los demás, todos en esto fallamos muchas veces, yo el primero, suele ser, a la larga, un muy buen negocio.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Viene el poniente. Mal asunto.

NOTA DE LA SEMANA: 0

Dije el domingo pasado, Sigue el calor y no llueve. Y me equivoqué en lo de la lluvia. ¡Qué bonita equivocación! ¡Qué alegría más grande equivocarme! Tampoco es que haya sido una maravilla, pero 32 litros en toda la semanita es mucho de agradecer.

Y es que el tiempo, alrededor de los equinoccios, es complicado de predecir; ya lo decía también en la entrada. Para la próxima, en la que entramos en el otoño astronómico, la previsión es igual de complicada.

Sin haber nada claro parece que la larga racha de levantes se corta, predominando los ponientes. Unos modelos dicen que fuertes, otros que moderados e incluso suaves, pero todos hablan de ponientes. ¡Mala cosa!

En cuanto a las temperaturas máximas, entrando poniente, no bajarán, rondando o superando los 30. Las mínimas, en cambio, bajarán de los 20; noches agradables.

Y de lluvia, algunos modelos dan algo el jueves; la mayoría nada de nada. Pero, como ocurrió la semana pasada, todo esto puede cambiar en un santiamén porque estamos en el Mediterráneo y entrando el otoño.

En resumen. Lunes y martes, días agradables. En adelante, poniente y calor de día, de los 30 no bajamos, con paulatino descenso de las mínimas. Sólo el viernes puede ser algo más fresco.

Y crucemos los dedos para que no se establezca una situación del oeste de esas que duran semanas y que puede arruinarnos el otoño, secándolo todo, con el riesgo que eso supone, manteniendo el calor y poniendo a demasiada gente muy nerviosa, entre ellos a mí.

¿Nota? Pues un cero mondo y lirondo. Entrando poniente durante cinco días, de momento, no puedo menos que ponerle un cero a esta semana.

Entre Andilla, Bejís y El Toro.

Viene un tiempo en el que, si no nos encierran, ya se puede salir por nuestros montes sin tener que soportar los calores del verano. Aquí, como bien sabéis, es el verano la peor época para hacer excursiones, porque incluso en invierno se anda bien, con tal de abrigarse.

Como ya dije en su momento serán todas por pistas forestales y caminos. Nunca incluiré senderos, pues no quiero colaborar de ningún modo en los destrozos que determinados individuos están haciendo en ellos. Por un camino o una pista no hay ningún problema si se va corriendo, en bici, a caballo, en moto, en coche, en burra velera o, por supuesto, andando, que es lo que menos gente hace ahora, andar.

Bien; empezaré hoy por una larga y bonita ruta por los montes que hay entre Andilla, El Toro y Bejís, saliendo de Canales, pequeño pueblecito situado a 60 kilómetros de aquí y, dicho sea de paso, donde nieva todos los años, y a veces abundantemente. La ruta hasta allí es fácil, Liria, Alcublas, Sacañet y Canales.

Dejamos el coche en el pueblo y salimos, en dirección oeste, siguiendo unos caminos que nos llevarán a un collado desde donde veremos al sur, Andilla. Nuestra ruta sigue por una buena pista que bordea unas espectaculares paredes rocosas que quedan a nuestra derecha.

En un momento determinado tomamos un desvío, también a la derecha que, tras una buena subida nos dejará en el collado Bardés, desde donde seguimos subiendo por un paraje desolado y alto, sin casi árboles (ya los quemaron hace años) y desde donde los panoramas son extensísimos. A nuestra izquierda, y aún lejos, veremos la base militar abandonada de El Toro. Estaremos a más de 1400 metros de altitud.

Llegados a otra bifurcación podríamos regresar a Canales en una hora corta, pero nuestra ruta entra en el barranco del Resinero, que albergaba antaño un pinar impresionante que yo conocí, y que ahora está en plena regeneración tras un antiguo y gigantesco incendio. Bajaremos bastante por él, hasta otro collado desde donde sale un discreto y mal camino que nos lleva, en fuerte descenso, al barranco de las Arteas.

Y como habremos bajado tanto, la ruta, para retornar a Canales, vuelve a subir; y sube y sube hasta llegar a una buena pista por la que regresaremos al pueblo atravesando un entorno encantador.

La ruta es larga, casi 26 kilómetros y 617 metros de desnivel en ascenso. O sea un día entero. Para poderla seguir sería muy útil un GPS (podéis pedirme el track) o un mapa y saber utilizarlo, pues equivocarse de camino, y hay muchos, puede suponer un serio problema. Es una zona alta, despoblada y solitaria, ¡una maravilla!

Las fotos que podéis ver a continuación son de este verano, y estaba muy bonito. En primavera es una fiesta, y en invierno, si está nevado, una aventura exigente que puede requerir material de alta montaña.

Buen calzado, agua, comida, protección para el sol, y ropa de abrigo si no estamos en verano, son imprescindibles. Y en el caso de haber nevado, hasta las raquetas de nieve podrían ser útiles.





Canales muy de mañana. Era verano pero hacía un buen fresquito.

Al frente vemos las montañas por las que nos vamos a adentrar.

Este bonito camino entre cultivo y pinos nos va alejando del pueblo.

Nos acercamos a las murallas rocosas que presiden esta parte de la ruta.

No siendo muy altas, son bonitas.

Aunque apetece acercarse a la base de la roca el matorral lo hace imposible.

Nos vamos alejando de las murallas para pasar luego tras ellas, por arriba.

Me gustan. Les hago muchas fotos.

Hay que alejarse para volver hacia ellas y superarlas.

Seguimos subiendo. Al fondo, Andilla.

Abajo queda el camino por donde hemos venido.

Y llegamos al collado Bardés.

Esta caseta, con un libro dentro para escribir en él, marca el collado.

Y accedemos a parajes desolados, antaño cubiertos de espesos pinares.

Una nueva señal confirma nuestra ruta.

El camino sigue subiendo. Algunos pinos solitarios recuerdan lo que aquí hubo.

Andar en silencio y discretamente vestido permite ver animalillos, como este pajarito.

Donde no llegó el fuego, pinos viejos se agarran a las rocas.

Desde aquí, en una hora llegaríamos al coche, pero la ruta sigue hacia los Cloticos.

El barranco del Resinero, por el que vamos a bajar.

y empezamos a bajar.

Y seguimos bajando.

El pinar va haciéndose denso. Aquí no llegó casi el fuego.

Es un paraje muy bonito.

Otra señal para situarnos.

Bajaremos por el camino de la derecha y seguiremos a la izquierda.

Atravesamos una pequeña chopera.

Y siguiendo este bonito camino volveremos a Canales.