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¡Corre que te persigue un chino maléfico haciendo
kung-fu, y te partirá las médulas y te licuará tus tripitas! Y Alfonso,
despavorido, sale corriendo y…se tuerce un
tobillo: ¡esguince!
Lo que pasa es que Alfonso es un poco tonto. Porque vamos a ver; primero, no
había ningún chino. Segundo, en caso de haberlo, no tenía por qué ser maléfico.
Tercero, fuera o no maléfico, no tenía por que saber kung-fu. Y cuarto, aún
siendo maléfico y sabiendo kung-fu, las médulas y las tripitas de Alfonso no
sufrirían daño alguno ya que, en el caso hipotético y muy poco probable de que
se cruzara con nuestro héroe semejante furia oriental, ¿a santo de qué iba a
salir corriendo detrás de él?
Pero mira, con muletas 20 días. Sí, Alfonso es un
poco tonto.
Igualito que todos aquellos individuos e individuas
(“pa´que no me s´enfanden”) que en las próximas elecciones votarán a la izquierda para que no gane la
derecha fascista y azulita, o a la derecha para que no vuelva la izquierda
revolucionaria y rojita.
Porque igual que no hay chino en la historia de Alfonso,
no hay derecha e izquierda en la
España de hoy.
Hay otra cosa, otras cosas mucho más serias y
complejas. ¡Ya está bien de manipular al personal con esas palabras actualmente
vacías de contenido! ¡Ya está bien de interpretar la realidad desde esa perspectiva
simplona, falsa y vetusta¡ ¡Ya está bien, sinvergüenzas!
Mirad cómo acabó Alfonso. A saber cómo acabaremos
nosotros.
NOTA:
El nombre de Alfonso no va con segundas. He usado ese
como podía haber utilizado otro.
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