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Palacio real de Nibelungia Karchofera. |
Una luminosa
tarde de primavera, los dos amigos paseaban por la playa después de un día de
trabajo recogiendo frutos en el bosque. El agua les bañaba los pies y una suave
brisa agitaba levemente los hermosos cabellos de Clorinda. El sol se ponía
tiñendo el cielo de grana y oro sobre el bosque, y el horizonte lejano hacia
oriente, se tornaba violeta y malva.
Se
sentaron en la arena en silencio. Clotonio tomó a Clorinda de la mano y mirándola
a los ojos le dijo, “¿sabes que hace mucho tiempo que te quiero?” Y en aquel
momento, asomó la luna llena por el horizonte. Ella se le acercó y le besó.
Y
entonces los padres de Clorinda recobraron su forma humana, y Clorinda vio sus
manos como nunca las había visto. Vio sus uñas tubito y supo que era la
legítima heredera. Y entendió toda su vida. Corrió al encuentro de quienes ya no eran lagartos y se fundió con ellos en un emocionado abrazo. Y juntos lloraron de alegría y también de
tristeza, por la traición de Chichimulo, su hijo y hermano.
Mientras,
en Nibelungia Karchofera algo había sucedido. Chichimulo se sintió súbitamente
libre, y la bruja Gengiswalda entendió que algo había roto sus maléficos planes, y sabía que era el amor.
Entonces
el príncipe se dispuso a reparar todo el mal que había hecho. Mandó
inmediatamente encerrar a la bruja en una suntuosa estancia del castillo y allí
la colmó de atenciones y cariño. Buenas gentes, amables niños, gatitos dulces y fieles
perritos, la acogieron, escucharon su triste vida y fueron disolviendo su maldad
y su perfidia.
Luego,
él mismo, capitaneó el buque que le llevó a la isla Makalula. Cuarenta
cañonazos advirtieron a sus habitantes de su llegada. Y cuando Chichimulo,
desde la proa del navío, vio a sus padres y a su hermana en la orilla, gritó a
los nobles que le acompañaban, “ahí tenéis a la verdadera reina de Nibelungia
Karchofera”, y subiendo a un bote llegó a la playa acompañado de un nutrido
grupo de nobles que le seguían en otros botes.
Cayó
de rodillas ante sus padres llorando de arrepentimiento y pidiéndoles perdón.
Su padre lo levantó y le abrazó. Su madre le acarició los cabellos, como a él
le gustaba cuando era niño. Entonces pidió el cetro y la corona a un sirviente
y se la devolvió a sus padres que, volviéndose hacia su hija, le dijeron, “Majestad,
vuestra corona y vuestro cetro”. Y todos los presentes gritaron, “¡larga vida a
la reina Clorinda!¡viva la reina Clorinda!”.
Y la
reina tomó a su hermano de la mano, lo levantó del suelo y le dijo, “hemos de
reconstruir el reino, tenemos mucho trabajo” y le abrazó. Luego se volvió
hacia Clotonio que aguardaba asombrado junto a sus ancianísimos padres, y acercándosele le besó
largamente. Después, volviéndose a todos dijo, aquí tenéis a vuestro futuro rey,
Clotonio I.
Largos
y sonados fueron los festejos de las bodas de Clorinda y Clotonio, y no menos
los fastos de la coronación de ambos como reyes de Nibelungia Karchofera.
La
felicidad volvió al reino por largos años. La bruja, vencida por el amor, se
convirtió en fiel consejera e íntima amiga de la reina Clorinda. Y Chichimulo,
como príncipe del feliz reino, trabajó incasable por la felicidad de todos sus
súbditos.
Y
los padres de Clorinda y Clotonio se retiraron a una hermosa cabaña en las
montañas llamadas de La luz, al norte del reino, donde vivieron una muy feliz y
larguísima ancianidad.
Y
todos fueron felices, y comieron perdices, codornices y altramuces. Y colorín
colorado este cuento se ha acabado.
¡Qué
bonito! ¿verdad? Es que es un cuento.
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