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SIN MÁS CONSIDERACIONES |
Comulgar
con ruedas de molino es una expresión que indica algo muy, pero que muy actual.
Vamos, que tragamos con todo en estos tiempos que corren. Porque hay muchas
incoherencias que claman al cielo, pero parece ser que pocos oyen ese clamor. De
una de esas incoherencias, incluida en la nueva ley del aborto, quiero hablar
hoy.
Expongo
hechos. Para que una alumna de 16 o 17 años pueda salir del centro en horario
lectivo con sus compañeros mayores de edad, debe tener una autorización por
escrito de sus padres. Como para salir de excursión o ir a visitar un museo,
por ejemplo. Lo cual me parece muy bien.
Sin
embargo para abortar no necesita permiso alguno.
Y ya
está.
Que me
expliquen a mí si esto tiene algún sentido. Yo no se lo encuentro, a no ser que
sea para “proteger” a la joven en cuestión de tener que “cargar” en contra de
su voluntad el resto de su vida con un hijo no deseado, o que se lo tengan que “cargar”
sus padres a modo de hermanito inesperado.
El
problema es que llegados a este punto no hay salida limpia. O “cargas” con el
niño o con el peso en la conciencia de no haberle dejado ser. Y en esos
momentos no se puede saber qué será lo mejor para esa jovencita que metió la
pata. Incluso si no fue ella quien la metió, si no fue más que la pobre víctima
de un demente, un sinvergüenza o un niñato irresponsable.
Y yo
creo que en esa tesitura, sea la que sea, las jóvenes, niñas aún más bien, necesitan
a sus padres y su autoridad. Y si estos no están a la altura de las
circunstancias, vete tú a saber por qué motivos, habría que establecer
procedimientos que velaran por el bien de la joven, incluso obviando el permiso
paterno para poder abortar si así lo exigiera la situación. Y en esto, que no
sería tarea fácil, deberían haberse centrado los legisladores.
Pero no, es mucho más fácil basarse en una única premisa: la mujer es dueña de su cuerpo, y ya desde los 16 años, en plena adolescencia, puede hacer con él lo que le dé la gana. Sin más consideraciones. Y no será que no las hay. Consideraciones de tipo médico, psicológico, social, jurídico, religioso, espiritual…
En
fin, deben pensar que abortar es menos importante y tiene menos consecuencias
que salir del instituto a almorzar con los compañeros o irse de excursión a un
museo con tu curso y el profesor.
Debe
ser eso.
Sí,
quizá esta sea la segunda premisa que han tenido en cuenta. Que esto del aborto
no tiene ninguna importancia. Que hay que normalizarlo; como dicen ahora cuando
una aberración, por decreto ley, debe dejar de serlo.
Y el
aborto siempre es una desgracia, o consecuencia de una desgracia.
Si
esto no es comulgar con ruedas de molino…
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