FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

jueves, 24 de enero de 2013

¡Qué regalo esta mañana!



¡Qué regalo esta mañana! Hacia las nueve, una tormenta breve, pero espectacular nos ha recordado que en estas tierras a veces también llueve, y mucho. El cielo negro, el viento recio, la lluvia intensa, algunos rayos y truenos…una mañana de enero, y por sorpresa.
Estaba en el colegio y nos hemos dejado llevar, mis alumnos y yo por el magnífico espectáculo. Hemos interrumpido la clase y apagado las luces del aula. Desde la penumbra que nos ha envuelto, a través de los ventanales, hemos admirado las furias desatadas de la naturaleza.
Veía la tormenta, y los veía a ellos disfrutando de la tormenta. Y yo he disfrutado de ambos espectáculos. Han sido no más de diez minutos, pero han valido la pena.
Reanudada la clase, aún con el cielo oscuro y lloviznando, alguien ha dicho: ¡mirad, ya viene el azul!, y otro, ¡qué cielo! Me ha parecido pura poesía, y... estábamos en clase de lengua y literatura.
Conserven siempre mis alumnos y yo mismo, esa capacidad de asombro y admiración ante la naturaleza poderosa y salvaje. Y ojalá se asombren y admiren también, y si no lo hacen aprendan a hacerlo, las pequeñas flores del campo, la brisa suave, el color malva del cielo del este al atardecer…

martes, 22 de enero de 2013

Me puse malito.

Aspecto aproximado del  virus que me atacó el  domingo por la noche.
Resulta que el domingo pasado por la noche me puse malito. Casi de repente, poco después de cenar, un virus venenoso de esos que hay por ahí sueltos, me dejó en "un tres y no res" hecho polvo. Hoy martes, ya voy remontando, aunque estoy hecho una piltrafilla. 
Y como estoy algo mejor, puedo pensar, y pienso, ¡qué negativos somos los humanos! ¿Por qué no disfrutamos y gozamos de la salud, de lo bueno, de lo hermoso en la misma medida que nos quejamos de la enfermedad, de lo malo y de lo feo?
Estamos bien, pero podemos enfermar; hoy me ha ido muy bien la faena, pero puede irme mal; un bosque es hermoso, pero pueden quemarlo.
Creo que deberíamos aprender a gozar y celebrar lo bueno, al menos, en la misma medida que sufrimos y lamentamos lo malo. Viviríamos mejor.

domingo, 20 de enero de 2013

Ética y deporte.

Puede ser bueno, muy bueno, pero hemos de hacer que sea bueno.

Voy a plantear un tema que a la vista de mucha gente, no haría falta plantear, lo sé, porque se presupone que es bueno, muy bueno para la educación: el deporte.
Pero es que resulta que puede no ser tan bueno, incluso puede ser absolutamente contraproducente para nuestros niños y adolescentes.
          Ahora bien, antes de entrar en materia, dejemos bien clara una cosa. El deporte  en sí mismo, es bueno y más aún, necesario para la educación de nuestros hijos. El problema no está en el deporte, está en cómo lo utilicemos; sucede algo así como cuando con un buen cuchillo de cocina, ideal para cortar jamón, uno se lía a dar cuchillazos a diestro y siniestro. La “culpa” no es del cuchillo.
En esta ocasión nos centraremos en uno de los muchos aspectos a considerar: el de la destrucción de la ética a través del deporte. Veamos un posible ejemplo.
           Rodolfín Buscapinos, de seis, ocho, doce, quince años, da igual, vive en Villaranas del Rey Sancho y pertenece a un equipo de fútbol, aunque bien podría ser otro deporte. Entrena dos veces a la semana y los sábados juega una liga de verdad, con espectadores, con árbitro (con tarjetas y todo), en un campo grandote…
         Rodolfín, Rodol para los amigos, hizo el sábado pasado una cosa… ¿buena, mala? Como iban a meterles un gol,  antes de entrar el contrario en el área, le sacudió, con discreción, una patadita que lo tumbó. Le sacaron tarjeta amarilla, pero no pasa nada. Gracias a Rodol, se evitó el gol, y al final pudieron acabar al menos con empate. Él sabía que eso, según el reglamento, no debía hacerse, pero... también sabía que era lo que tocaba hacer en ese momento, y que el “mister” después le diría, bien chaval, menos mal que cortaste la jugada, y que los compañeros aprobarían su acción, y que incluso su padre le diría: ¡que macho eres...!
Sé que no siempre pasa esto, pero pasa. Y cuando pasa digo yo, ¿sabéis vosotros lo que Rodolfín está aprendiendo? Está aprendiendo del modo mas eficaz de aprender, viviéndolo, que el fin justifica los medios, que más allá de la ley, está lo que a mí y los míos conviene, que incluso más allá del lo bueno y lo malo, está lo que a mí me interesa, lo que a los míos les interesa.
            Rodol, (para los amigos), está aprendiendo que en esta vida “o siegas o te siegan”. ¿Y sabéis lo que os digo?, pues... que lo que está aprendiendo es cierto, tan cierto como triste. Pero también os digo que no es el camino de la felicidad, ni de la madurez personal; no es el camino, desde luego, hacia la dignidad humana y una sociedad mejor. Y además, es exactamente lo contrario de lo que anuncia el Evangelio.
            En este momento alguien estará pensando: ¡venga hombre, no es para tanto, eso es sólo un juego!
            Sí, es sólo un juego, por eso me asusta, porque si por un juego hacen eso y queda justificado, cuando crezcan, cuando vivan la vida, cuando lo que esté en juego sea algo más que un triste gol, en un perdido campo de fútbol, ¿no harán lo mismo? Perdonad que no me crea eso de que sabrán diferenciar. Entonces, en la vida en serio, serán peores, porque habrá más en juego, porque habiendo mamado desde pequeñitos que el bien y el mal son mi bien y mi mal, y que la ley, la ética, la moral, pueden ser violadas por mil motivos personales y con la conciencia bien tranquila, no tendrán escrúpulos en tomar determinadas decisiones, que nunca deberían tomar.
            Y a lo mejor hasta les va bien... Pero, ¿es eso lo que queréis de vuestros hijos? Ahora, eso sí, no los volváis locos utilizando una medida en el deporte, otra en la escuela y otra en la calle. Si el fin justifica los medios, lo justifica en todas partes. No os engañéis. No les engañéis.
            Con lo bueno y útil que sería, que es el deporte, para enseñar a niños y jóvenes a ser personas honradas, limpias y honestas, no “figuritas”, campeones, y otras zarandajas de igual calaña... Pero claro, probablemente, tal como anda el mundo, quienes actúen así serán los últimos de la clasificación. Y eso, claro está, no “mola”, ni a los chavales, ni a los entrenadores, ni a los papás.
            Y ¡ojo!, sé que hay excepciones. Conozco excepciones. Pero mucho me temo que no hayan “bastantes excepciones” como para que, esta forma de vivir el deporte, no nos traiga a la larga, tristes consecuencias.
             ¡Bien por las excepciones!

Fueron ellos, mis padres.

Son fotos antiguas, pero es que hace tiempo de esto, y el tiempo deja su huella, también en las fotos.

En el valle de Hecho.
En la Artiga de Lin. Arán.
En el valle de Tena.
En el valle de Benasque.

Fueron ellos, mis padres, los que desde muy pequeño, nos indicaron a mis hermanos y a mí, el camino de las montañas. La Cañada y Fuente la Higuera, los lugares del primer encuentro.
Después, el paso del tiempo fue conduciéndonos por otras montañas: la sierra Calderona, el Javalambre, Sierra Nevada. El Pirineo, entrevisto desde viajes a Lourdes, a Andorra, al principio con un 600…Un primer viaje a  Ordesa…
La semilla estaba echada, y creció y fructificó.
Por eso es justo, que con el paso del tiempo, llegara el momento de ser nosotros los que les mostráramos ese mundo, que ellos nos habían señalado sin conocerlo apenas.
Han sido muchos los viajes que hemos hecho juntos. Muchos los paisajes, las excursiones, las cenas en pueblos, en refugios, en el monte. Hemos ido en primavera, en verano, en otoño y en invierno. Nos ha llovido y nevado. Ha lucido el sol. Hemos sentido, sufrido y gozado los cuatro vientos.
Pero de todos los viajes, son los de este tiempo de noches largas, nieves, fríos y lluvias, los que recuerdo de un modo más entrañable.
Quizá por ese ambiente dulce y sosegado, un punto melancólico, que tienen las montañas en estos meses del otoño y el invierno. Quizá porque tras las duras jornadas estivales, gozaba más del reposo que daba un día gris, lluvioso, o una mansa nevada, con quienes me habían enseñado el camino a aquella tierra, que ellos, aún sin casi conocerla, también amaban.
Ya mi padre realizó su última ascensión; sé que vela por nosotros, desde las cimas más altas, en la luz más pura y en el gozo más completo.
No puedo menos que agradecerle profundamente a él y a mi madre, que sigue deseando ir a los Pirineos, y va, cuantas más veces mejor, los tres regalos más grandes que me han hecho: la vida, la fe y las montañas.
Y siempre que voy, pero sobre todo en estos meses, tengo la sensación de que allí me encuentro con algo más que montañas y bosques, viendo con qué belleza, con qué serenidad, con qué paz se prepara todo para la primavera.

miércoles, 16 de enero de 2013

El misterio del metro a Ribarroja.



A lo largo de mi vida he tenido que convivir con diversos misterios, algunos de los cuales dejaron de serlo y otros han continuado siéndolo hasta hoy. Desde hace algunos años hay uno que me resulta profundamente intrigante. Es un misterio insondable, un enigma indescifrable que está aconteciendo en la villa en la que habito y trabajo hace más de treinta años.
Sita a orillas del Turia, y a veinte kilómetros de la ciudad de Valencia, Ribarroja estaba antaño comunicada con ésta por una vía férrea, por la que circulaba un tren que hacía gran servicio a estudiantes, damas, caballeros y demás habitantes que, o no tenían, o no podían, o no querían (cosa muy ecológica) utilizar su coche.
Se explicó en su momento que el tren dejaría de circular y se pondría en su lugar una línea de metro, alargando hasta aquí la que primero iba a llegar a la próxima ciudad de Manises. Bien. Más cómodo y todo.
Dicho y hecho. El tren voló un 31 de marzo de 2005 y vino el autobús provisional; pero no era lo mismo, no es lo mismo. Tiempo después, se iniciaron las obras de trasformación de la línea. La línea de metro llegó hasta Manises… aeropuerto… ¡Ya quedaba menos para que llegara hasta nuestra villa! Se puso el balasto, los raíles, tan monos ellos, los postes para la catenaria y… ¡huy!, ¿qué ha pasado? Llegó la crisis antes que la catenaria y ahí nos quedamos. Y el tiempo sigue pasando. Y seguimos sin catenaria, y los potenciales usuarios buscándose la vida como pueden.
Y este es el misterio. ¿Por qué estamos todavía sin metro, sólo porque falta la catenaria? El personal se pregunta:
A.- ¿Será por causas económicas?, ¿tan caro es electrificar diez kilómetros? Dicen que ocho millones de euros. Pese a la crisis, el Consell está invirtiendo en proyectos mucho más caros. ¿Por qué aquí no? Misterio misterioso.
B.- ¿Será por causas políticas? No es posible. En Madrid, Valencia y aquí manda el mismo partido. No es lógico un “autoputeo”.
C.- ¿Será porque no somos suficientes habitantes? Más de veintemil y en aumento, entre el pueblo y alrededores. ¿No es suficiente? Igual hay que criar más…
D.- ¿Será porque sólo protestamos de vez en cuando y civilizadamente? ¿Será porque no montamos numeritos que atraigan a los medios de comunicación, y hablamos entonces desgarradora e indignadamente delante de las cámaras?
         En fin, ¿qué será, será…? ¡Ché!, un misterio mondo y lirondo. Pero para mí, lo más misterioso de este misterio misterioso y en extremo enigmático es  lo siguiente: ¿no sabe el partido en el gobierno municipal, que si no viene el metro antes de las próximas elecciones, el coste electoral puede ser muy alto, quizá decisivo? Por la cuenta que le trae, debería coger la antorcha de la reivindicación con determinación y energía, porque si lo sabe y no actúa con contundencia, flipo; y si no lo sabe, cosa que no creo…, pues fliparía más todavía.
         Bueno pues eso, que flipo. Misterios insondables. Pero el pueblo sin metro. 

martes, 15 de enero de 2013

La injusticia, de Dámaso Alonso.


Dámaso Alonso añadió este poema a su obra Hijos de la ira, publicado en 1944, en la segunda edición de la obra. Algo que le tocó hondo le impulso a escribirlo. Y se nota. Es un poema estremecedor, terrible, impresionante desde el primer verso, que arranca desde lo más hondo del corazón de un hombre herido por la injusticia.
Es un poema para leerlo despacio, para dejar que entre en nosotros, que nos envuelva. Cuando siento el hálito de la injusticia cerca de mí, y es muchas veces, me resulta liberador.
Sí, libera decir, quizá en el silencio de la intimidad, “mancha lóbrega, reina de las cavernas, hosco sol de negruras”. Libera describir sus horrores, su presencia infame en la vida del hombre, desde la infancia hasta la vejez.
¿Y el final del poema? La imagen es brutal. Ante el monstruo atroz, inmenso, terrible, a modo de duelo imposible, se yergue un hombre, “dulce niebla, centro cálido, pasajero bullir de un metal misterioso que irradia la ternura”, y le planta cara. Le dice “podrás herir la carne, podrás retorcer el alma como un lienzo”, pero no podrás contra ”la brasa del gran amor que fulge dentro del corazón, bestia maldita”.Y aún reconociéndola “reina del mundo”, le advierte “no morderás mi corazón, madre del odio”.
Triunfa el hombre que ama, débil, cálido, tierno. Ante la jauría que ladra furibunda en el hondón del bosque, ante el vaho de ponzoña de su lengua, ante las espinas de sus podridos cardos, ante sus látigos de sierpes que flagelan las cumbres, ante el jinete terrible cabalgando en las rojas melenas del ocaso, se hiela la  carne, aúlla el alma, pero el hombre, amarrado al amor como un naufrago a su tabla, aguanta, resiste. Es su grandeza.
El hijo de la injusticia es el odio. Su enemigo mortal el amor, porque es la única fuerza capaz de destruirla, aniquilando así al hijo de sus entrañas.
Leed el poema sin prisa, disfrutadlo. Dejaos llevar. Desahogaos.

¿De qué sima te yergues, sombra negra?
¿Qué buscas?
                           Los oteros,
como lagartos verdes, se asoman a los valles
que se hunden entre nieblas en la infancia del mundo.
Y sestean, abiertos, los rebaños,
mientras la luz palpita, siempre recién creada,
mientras se comba el tiempo, rubio mastín que duerme a las puertas de Dios.

Pero tú vienes, mancha lóbrega,
reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas pupilas, proyectadas
como dos meteoros crecientes de lo oscuro,
cabalgando en las rojas melenas del ocaso,
flagelando las cumbres
con cabellos de sierpes, látigos de granizo.

Llegas,
oquedad devorante de siglos y de mundos,
como una inmensa tumba,
empujada por furias que ahíncan sus testuces,
duros chivos erectos, sin oídos, sin ojos,
que la terneza ignoran.

Sí, del abismo llegas,
hosco sol de negruras, llegas siempre,
onda turbia, sin fin, sin fin manante,
contraria del amor, cuando él nacida
en el día primero.

Tú empañas con tu mano
de húmeda noche los cristales tibios
donde al azul se asoma la niñez transparente, cuando apenas
era tierna la dicha, se estrenaba la luz,
y pones en la nítida mirada
la primera llama verde
de los turbios pantanos.

Tú amontonas el odio en la charca inverniza
del corazón del viejo,
y azuzas el espanto
de su triste jauría abandonada
que ladra furibunda en el hondón del bosque.

Y van los hombres, desgajados pinos,
del oquedal en llamas, por la barranca abajo,
rebotando en las quiebras,
como teas de sombra, ya lívidas, ya ocres,
como blasfemias que al infierno caen.

...Hoy llegas hasta mí.
He sentido la espina de tus podridos cardos,
el vaho de ponzoña de tu lengua
y el jirón de tus alas que arremolina el aire.
El alma era un aullido
y mi carne mortal se helaba hasta los tuétanos.

Hiere, hiere, sembradora del odio:
no ha de saltar el odio, como llama de azufre, de mi herida.
Heme aquí:
soy hombre, como un dios,
soy hombre, dulce niebla, centro cálido,
pasajero bullir de un metal misterioso que irradia la ternura.

Podrás herir la carne
y aun retorcer el alma como un lienzo:
no apagarás la brasa del gran amor que fulge
dentro del corazón,
bestia maldita.

Podrás herir la carne.
No morderás mi corazón,
madre del odio.
Nunca en mi corazón,
reina del mundo.

            Y para acabar, si queréis oirlo recitado por el propio Dámaso Alonso, pulsad el siguiente enlace.
La injusticia. Dámaso Alonso.

domingo, 13 de enero de 2013

Bisaurín. Ascensión en la borrasca. Octubre de 2010.

Subiendo los últimos metros.
Abismos de la cara norte.
El Bisaurín se queda entre nubes.
El bosque nos recuerda que es otoño.
El 9 de octubre de 2010 subí al Bisaurín. Esta montaña de 2669 metros, situada en el valle de Hecho, la he subido ocho veces, en las cuatro estaciones y por rutas distintas. Me gusta.
En esta ocasión fui con mi amigo José Ángel. Fue una ascensión especial. Venía una borrasca por el oeste y para que no nos pillara, intentamos llegar a la cima antes que ella, de tal modo que hacia las dos y media de la madrugada salimos del refugio de Lizara, con el cielo aún estrellado. En el collado del Foratón, nos encontramos la borrasca y nosotros. Llegó antes de lo previsto. De noche, con un viento un poco bestia, lloviznando a ratos y con una niebla espesa, llegamos más solos que la una, a la cima. Al llegar rayaba el alba y pudimos apagar las linternas. ¡Emocionante! Mucho frío.
Regresamos al collado y bajamos por el sendero al refugio de Gabardito, ya con un tiempo más tranquilo, que luego volvería a complicarse. Allí nos esperaba la familia.
Aunque la ruta la hicimos sin nieve, el track es prácticamente el mismo que si estuviera nevado. En este caso hay que controlar el riesgo de aludes en algunos puntos (informarse en el refugio). Y ojo entonces con las cornisas de la cima. Sin nieve, la ascensión no tiene ninguna dificultad.
Respecto a las comidas, este valle es una pasada. Aconsejo muy vivamente, el restaurante de la Borda Bisaltico, el bar Subordán de Hecho, los menús de los refugios de Gabardito y Lizara y el increíble chiringuito del haya "benefactora" en la Selva de Oza.

NOTA:
    Para ver una selección de fotos de la ascensión pulsa el siguiente enlace Bisaurín. Ascensión en la borrasca.
     Si quieres el track está en wiquiloc. Pulsa a continuación Bisaurín. 9 de octubre de 2010.