FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

viernes, 21 de junio de 2013

Nos quedamos sin nuestro rinconcito en el valle.

Aquí hemos acampado varios años, muy, muy a gusto. Está arrasado.
Así se veía el río Garona desde la tienda.
En este rincón siempre se estaba bien.
Los pinos y abetos del bosque de la Baricauba nos rodeaban al sur.
A veces una tienda, a veces cuatro o cinco. Los amigos iban y venían. Se estaba muy bien.
        Pues sí. Nos hemos quedado sin “el triangulito”, sin ese rinconcito que muy amablemente nos reservaban, y limpiaban antes de que fuéramos en agosto, Rosa y Javier, los dueños del Camping Artigané, en el valle de Arán.
Era un rincón delicioso, del que sé que todos los que estuvimos guardamos muy grato recuerdo. Estaba entre el Camino Real y el río Garona, al pie del bosque de la Baricauba; era un pradito verde en forma de triángulo, al que le daba sombra un bosquete de frondosos árboles. El sitio, de verdad, era idílico. ¡Cuántas veces, a lo largo del año me iba mentalmente allí!
Para ir al núcleo de servicios del camping, había un puente, que ya no está, desde el que se veían nuestras tiendas en aquel entorno que ya nos era familiar y que siempre fue acogedor.
Y según nos han dicho Javier y Rosa, nuestro rinconcito tampoco está. Estaba más bajo que el puente y en un recodo del río. Es la naturaleza, probablemente combinada con la estupidez humana. Pero el hecho es que, el rinconcito ya no está. Me da pena.
         Como me dan pena, las noticias que van llegando de aquellos valles tan queridos. Ahora hay que limpiar y reconstruir. Trabajar muy duro. Y cada vez más solos, porque en cuanto pasen unos días, los medios de comunicación, acudirán a otras cosas, otras noticias de última hora, y se olvidarán de Arán y de Benasque porque ya no serán noticia... Así son los medios de comunicación, sin alma y sin memoria.
       A aquella tierra y aquella gente tan entrañable para nosotros, nuestro pensamiento, nuestra solidaridad y nuestra presencia en cuanto podamos.

jueves, 20 de junio de 2013

¡Feliz verano!

Camino de Osset a Andilla, la primavera pasada.
El mismo sitio esta primavera. ¡No hay derecho!

A las 7 horas y 4 minutos de mañana, 21 de junio, entra el verano. Sea bienvenido y sea suave y bondadoso. Quiera Dios, y en esa línea actuemos los hombres, que en el equinoccio de otoño, sigamos teniendo los mismos bosques, que ahora tenemos.
Es éste mi ferviente deseo, este último día de primavera. Pero, la verdad, tengo miedo, tengo miedo al imbécil de la colilla encendida, al estúpido del petardo, al cretino al que pagan delincuentes, al  inconsciente que quema rastrojos, al “pirao” que no controla sus actos, al que va de “sobrao” y eso a él no le pasa, al gilipollas de la barbacoita, al hecho innegable de que toda esta gentuza está entre nosotros, y de que cuando entre el maldito poniente, andarán por ahí sueltos. ¡Ojalá vayan a divertirse a los centros comerciales, o se tuesten al sol en las playas! ¡Ojalá! Ahí no harán daño, o al menos no tanto daño.

¡Feliz verano!

martes, 18 de junio de 2013

Se veía venir. Desastre en el Pirineo.

El Llano del Hospital, con el hotel a la derecha, es un lago. La foto me parece significativa.
Se veía venir. La conjunción de una inusual cantidad de nieve en cotas medias y altas, más propia del invierno, a escasos días del verano, y la borrasca que nos está cruzando, provocando fuertes tormentas ha desencadenado el desastre.
Los bravos ríos pirenaicos bajan arrancando puentes, cortando carreteras, aislando pueblos tan conocidos como Viella, Artíes, Bossost, Benasque o Castejón de Sos, por ejemplo.
Sé que muchos montañeros, este martes, 18 de junio, estamos pendientes de lo que está pasando en esa tierra, en esos pueblos tan entrañables para nosotros; y pensamos también en toda la gente que conocemos, en los amigos que hemos ido haciendo a lo largo de los años.
La naturaleza, una vez más nos recuerda quién tiene la última palabra, quién en definitiva tiene “la sartén por el mango”. Una vez más, una dura lección de humildad.
No tenéis más que ver la tele o entrar en internet para ver la magnitud del desastre. Yo, con este breve artículo, sólo quiero hacer presente al Pirineo, en el ánimo de quien lo lea, y en el mío propio, en esta tarde terrible de miedo y desolación.

NOTA:
Hace un momento, a las 20’15 he hablado con mi amigo José Mari, de Benasque. Lo he pillado preparando bocadillos en su hotel para la gente que está concentrada en el polideportivo. El pueblo, que han evacuado, está aislado, sin luz y sin agua. Me ha dicho también que el Forau de Aigualluts rebosa hace ya tiempo. No obstante, hacía un momento que había parado de llover.

domingo, 16 de junio de 2013

Del otoño al invierno. Octubre de 1987.

Fue en octubre de 1987, el siglo pasado… Miguel Ángel, Quique, José Antonio, Paco Luis y yo, nos fuimos al Pirineo occidental a subir montañitas. ¿Os acordáis?
Recuerdo que llegamos el 9 de madrugada, acampamos, y sin dormir nos “echamos al monte” pues sabíamos que venía mal tiempo. No había nada de nieve. Sólo rocas y soledad. Subimos al Sobarcal y al Mallo de Acherito, con un cielo, poco a poco, más y más cargado.
Tras regresar a las tiendas, ya por la tarde, aún nos fuimos a cenar a la Venta de Juan Pito, en el valle de Belagua, ¡juventud! Cuando volvimos teníamos sueño, mucho sueño, lógicamente, pero estábamos muy satisfechos en todos los sentidos. Y aunque lo que apetecía era acostarse ya, tuve un "barrunto" y aún cambiamos las tiendas de sitio, alejándolas del río junto al que estaban montadas ¡menos mal!
Dormimos como troncos, ¡cómo no! Hacia la madrugada empezó a llover con fuerza, con mucha fuerza, y el sueño se hizo, al menos para mí, más y más placentero, al arrullo del agua sobre la lona de la tienda.
Por la mañana seguía lloviendo, pero ya no se escuchaba ese rumor suave y relajante de la lluvia sobre las tiendas. Atronaba el estruendo del río que, desbordado, arrastraba troncos, rocas, tierra…Vimos, sobrecogidos, cómo a nosotros nos hubiera arrastrado también, si no nos hubiésemos cambiado de sitio. ¡Glup!
Dedicamos el día 10 a hacer turismo bajo la lluvia. Visitamos la Selva de Iratí, y de regreso por el puerto de Belagua empezó a nevar, a nevar con ganas. Las últimas curvas del puerto, fueron “emocionantes”, pero al fin, con Paco Luís y Miguel Ángel, si no recuerdo mal, sentados sobre el capó del coche, para aumentar la tracción, y cantando horchatera valenciana, alcanzamos la frontera, de noche cerrada, en medio de una espectacular nevada; por el lado español ya había pasado la quitanieves y llegamos sin novedad al refugio de Belagua donde hicimos noche.
El día siguiente salió azul. Habíamos pasado del otoño al invierno en unas horas. ¡Qué espectáculo! Un Pirineo, blanco, resplandeciente, soberbio, nos envolvió en cuanto salimos del refugio. La ascensión al Arlas, desde la Piedra de San Martín, colmó plenamente todas nuestras aspiraciones. Era la belleza absoluta.
¿Os acordáis de de todo esto que os he contado? Creo que fue todo así, más o menos. Un gran viaje, ¿no? Un viaje de esos que no se olvidan.

NOTA:
A continuación tenéis algunas diapositivas digitalizadas, y si pulsáis el enlace que hay después, tenéis  más. Se les ve viejecitas, pero es que… ha pasado el tiempo. Para las fotos y para nosotros. A fin de cuentas, todo esto sucedió el siglo pasado.

Ya muy altos, llegando al  Sobarcal.
En la cima de Sobarcal.
Las Agujas de Ansabere desde El Sobarcal.
Mallo de Atxerito, una de las cimas ascendidas.
A la izquierda Petretxema y Ansaber. A la derecha El Sobarcal.

LLoviendo sobre Irati.
El río Irati baja con fuerza. Hay agua por todas partes.
Ya ha nevado. Ascendiedo al Arlas.
En la cima del Arlas. Al fondo el Anie o Auñamendi.
El sol funde la nieve creando imágenes extrañas.

Si quieres ver más fotos pulsa el siguiente enlace. Del otoño al invierno. Octubre de 1987.

jueves, 13 de junio de 2013

¡Cómo está el monte quemado esta primavera!

Unas pocas fotos para que veáis cómo está el monte quemado esta primavera. Es realmente un espectáculo sorprendente, de una extraña belleza, de una belleza acusadora que recuerda lo que podía ser y ya no es.
Es como una afirmación rotunda de la vida frente a la muerte. No hay resignación en este paisaje, no hay aceptación de “lo inevitable”. Es una vez más la eterna lucha entre el bien y el mal; es el bien que recuperándose del golpe sucio y traicionero, desde la debilidad y la vulnerabilidad, planta una vez más cara al mal.
Cuando recorro éstas, hoy tristes pero hermosas soledades, oigo, casi de modo físico, la voz antigua de la vida, surgiendo del silencio, buscando quién escuche, buscando quién entienda que éste no es el camino.
Pronto vendrán los rigores del verano. No desaprovechéis la oportunidad de pasear un rato en calma y silencio por el monte quemado, en primavera. Y escuchad, escuchad, y si tenéis niños, lleváoslos con vosotros; ellos también saben escuchar.














martes, 11 de junio de 2013

Amigos.


Hay muchas y muy bonitas frases sobre la amistad y las hay porque eso de la amistad es un asunto importante, muy importante.
Todos necesitamos amigos, y si alguien dice que no necesita ninguno, algo anda muy mal en su vida, pero que muy mal.
Un amigo es algo muy grande. Compañeros, amiguetes, conocidos, son otras cosas, importantes también, necesarias y que hay que cuidar con esmero, pero son otras cosas, además bien diferentes entre sí.
Un amigo entra en esa esfera de nuestra vida donde sólo están algunos familiares, que tampoco todos; entra en lo más personal, lo más íntimo. Y la relación es de tal naturaleza, que trasciende el tiempo y el espacio. Hay amigos de casi todos los días, de todas las semanas, de varias veces al mes, de “de vez en cuando”, incluso de una vez al año, o de cada dos años…, pero si son amigos, son amigos. Y punto.
Y ¿cómo reconocemos Isabel y yo a un amigo? Pues de muchas maneras. He aquí algunas.
Con los amigos estamos a gusto. Por eso buscamos su compañía y nos alegra cuando ellos buscan la nuestra. Cuando sea.
Los amigos nos aceptan tal cual somos, con nuestras peculiaridades y rarezas, con nuestros defectos y virtudes, con nuestras opiniones, a veces diferentes a las suyas.
Los amigos tienen confianza para decirnos “esta noche no me apetece salir a cenar” sabiendo que nadie se enfada por eso, pero se esfuerzan para que eso pase pocas veces, si es posible ninguna.
Los amigos nos ayudan cuando les pedimos ayuda. Nos consuelan cuando estamos “pochos”, nos disculpan cuando estamos cansados.
Los amigos nos escuchan cuando nos desahogamos, cuando les contamos nuestras batallitas, cuando nos enrocamos con nuestras “neuras”.
Los amigos nos defienden, si es preciso a mordiscos, cuando alguien habla mal de nosotros, cuando, vete tú a saber por qué, nos pone verdes, aunque tenga parte de razón.
Los amigos nos perdonan, cuando metemos la pata y les hacemos daño. Nos dicen que les ha dolido, pero sabemos que nos perdonan y nos sentimos perdonados.
Los amigos nos permiten crecer, nos dejan libres, nos dan alas. Nunca nos amarran, nunca nos absorben, nunca nos agobian.
Los amigos no ignoran nuestros esfuerzos, nuestros actos, nuestros trabajos. Los aplauden o los critican, siempre cara a cara,  pero jamás los ignoran; el desprecio que supone el ignorar, duele mucho de un amigo.
Los amigos están en los momentos importantes de nuestra vida. En los gozosos y en los tristes. Están allí, riendo, llorando, o en silencio, y sabemos que están. Se siente su calor.
Con los amigos podemos estar callados largos ratos, pensando, contemplando. No nos hace falta estar siempre “de palique”; aunque casi siempre haya cosas de qué hablar.
Cuando las circunstancias de la vida nos alejan de los amigos durante mucho tiempo, el día que vuelven, el día que los encuentras, es como si nunca hubieran estado lejos, como si nos hubiéramos visto ayer mismo. ¡Y eso es tan bonito!

Y si el paso del tiempo nos separa para siempre del amigo, nunca podremos sustituirlo, nunca podremos olvidarlo, porque al formar parte de nosotros mismos, ya nada podrá ser igual,  nada volverá a ser como fue cuando estaba el amigo.

lunes, 10 de junio de 2013

Cerdos en Ribarroja.

Evidente huella de cerdo. Debía estar muy cansado.
Otra huella de cerdo. Tendría algo de hambre.
Huella  que nos indica un posible bocadillo devorado por el cerdo.
El cerdo tenía sed.
En mi desconocimiento de ciertos fenómenos naturales, pensaba que el deporte era una actividad específicamente humana, que los animales no hacían deporte propiamente dicho, pero andando por los montes próximos al pueblo, he descubierto que no es así, que hay una especie particular de cerdos que sí hacen deporte.
Y me ha asombrado observar que dichos cerdos van en bici, en moto, corren, hacen senderismo, como si tal cosa, como si fueran humanos, pues esa apariencia tienen, ya que por lo que veo, han sido capaces en su peculiar proceso evolutivo, de adoptar la forma humana. Por eso no los distinguimos. Pero yo sé que en realidad no son más que cerdos.
He encontrado sus huellas en las Rodanas, en el Corral de Barretes, en el Pico del Águila, en “Les Mamelles”, porque como buenos cerditos van dejando rastro por allá por donde pasan.
Y al comprobar que el deporte no es, como pensaba, patrimonio de los humanos, me he acordado de un encuentro porcino que tuve, hace ya muchos años, en el glaciar del Aneto. O sea que, en realidad, esto ya viene de lejos. No es nuevo.
Andábamos debidamente encordaditos, y con nuestros crampones, por el glaciar, cuando un cerdo encordado (también hacen alpìnismo) tiró al hielo un bote vacío de coca-cola. Un humano que le acompañaba le amonestó, pero el cerdo contestó “el glaciar se lo come todo”, porque, ¡hasta han aprendido a hablar! En aquel momento, me entraron ganas de introducirle el bote en cuestión por donde el amable lector estará pensando, pero como no soy amigo de introducir nada por semejante orificio, opté por recoger el botecito y guardármelo en mi mochila delante de sus mismísimos hocicos. Recuerdo que me miró perdonándome la vida.
Pues sí, pues eso. Que yo quería creer que la gente que sale al monte es eso, gente. Pues no, no todos son gente. Y en realidad, lamentablemente lo sé desde hace mucho tiempo.
Por eso, mi propuesta es la siguiente. Que se creen zonas debidamente acotadas de uso exclusivo para cerdos, que también tienen derecho a existir, faltaba más. Y que allí, vayan en  sus bicis, sus motos, corran, anden, envueltos en basura y excrementos, que es lo suyo, y que además, por lo que se ve,  no les molesta. Y el monte, que lo dejen para las personas. Se podían llamar "parques porcinos". ¿No hay ecoparques?
           Es una sugerencia.