FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 7 de marzo de 2021

Por fin veremos el sol.

NOTA DE LA SEMANA: 9.

Por fin ha llovido, y mañana parece que seguirá haciéndolo. Si mucho o poco, ni se sabe, porque cada uno dice una cosa. Y a partir del martes se acabó, porque el resto de la semana se presenta ya más tranquila.

Las temperaturas mínimas siempre por bajo de diez, pero las máximas subiendo día tras día hasta rebasar los veinte hacia el fin de semana. El cielo con nubes y claros, más claros que nubes.

Y el viento, sin pauta fija, este, norte, sur incluso oeste, nunca fuerte excepto en este último caso, que se dejará notar, y parece que será el jueves. También habrá calmas.

Esto es lo que se ve ahora, pero hay movimiento en la atmósfera y las cosas podrían cambiar. A fin de cuentas estamos cerca del equinoccio de primavera, y eso en el tiempo se nota.

Puede ser una semana agradable. Llueve mañana y luego saldrá el sol, hará poco viento, se ha ido la calima, las mínimas serán frescas y las máximas suaves. Por todo esto le puedo poner un 9 a esta semana.


Receta. Gazpacho manchego "confinado".


Hacer un buen gazpacho manchego, y más si es para muchos comensales, requiere su tiempo y unos ingredientes adecuados y suficientes. Eso es así. Pero, ¿qué pasa si un domingo gris y lluvioso quiero comer tan delicioso plato y somos solo dos, no tengo casi ingredientes y además no dispongo de mucho tiempo?

Pues nada, no pasa nada. Los hago con lo que tengo a mano y en un plis plas. No saldrán como cuando los hacía para quince o veinte amigos, en aquellos tiempos en que éramos libres y existía eso que llamaban fiesta, pero salen también muy buenos.

Ingredientes para dos personas.

-Una bandeja de alitas de pollo.

-Medio bote pequeño de tomate triturado.

-Media bandeja de champiñones.

-Laurel.

-Ajos.

Aceite y sal.

-Pebrella.

-Torta de gazpacho o pan de pita.

Empezaremos hirviendo las alas con laurel, sal y tres o cuatro ajos. Luego separaremos las alas del caldo y lo reservaremos. De las alas sacaremos la carne, desechando la piel y los huesos.

A continuación, en una cazuela no muy honda o una sartén grande, sofreiremos la carne con los champiñones y el tomate. Una vez sofrita verteremos el caldo junto con la pastilla y la pebrella y dejaremos cocer el conjunto una media hora.

Y ya casi está. No queda más que añadir la torta de gazpacho o el pan de pita troceado y removerlo todo bien. Unos diez minutos más, vigilando y removiendo, y se acabó. Pero atención, esta última fase es muy importante. La proporción entre el caldo y la torta que echemos nos hará unos gazpachos secos, melosos o caldosos. Y eso hay que calcularlo al hervir las alitas, es decir, al principio del proceso.

Y repito, no siendo un gazpacho completo está también muy, muy bueno. Y se hace enseguida. En una hora está hecho.

sábado, 6 de marzo de 2021

Mi historia con el Balaitús. Segunda parte.

 

El Balaitús a la izquierda, medio oculto por las nubes. A la derecha Las Frondiellas.

Dos años después de mi primera ascensión volví con un amigo en otoño. Fue aquella una jornada memorable. La parte alta de la montaña ya estaba nevada y además nos envolvió la niebla, lo que añadió más incertidumbre a la que ya teníamos por el estado de la Gran Diagonal, itinerario por el que subimos. Pero hicimos cumbre sin contratiempos y volvimos, ya de noche cerrada, al pueblo donde cenamos bien a gusto. (Pronto publicaré las fotos de esta ascensión)

El año siguiente, el 1991, fue el del accidente. Hicimos también cumbre una mañana radiante y fría de verano pagando un precio bien alto, e infinitamente más alto podía haber sido. Nada grave pasó al final, pero necesitamos la intervención del helicóptero de la Guardia Civil. Sobre esta ascensión no voy a decir más, porque ya lo he hecho en el blog en otras ocasiones. Remito al lector a esas entradas. (Ver: Balaitús, veinticinco años después. /Aquel 13 de julio. /Gracias por compartir conmigo vuestras experiencias.)

Pasaron años hasta que volví al Balaitús; veinte años. En octubre de 2011 volví con unos amigos, y esa vez sí fue una ascensión tranquila, sosegada y sin nada que reseñar como no fuera la belleza de la montaña, la dureza de la marcha y la satisfacción celebrada con una magnífica cena en un buen restaurante.

A finales de septiembre de 2015 volvimos otra vez, y en esta ocasión venían dos de los componentes de la ascensión del accidente, que eran unos niños entonces. Iba a ser una jornada muy especial. Y lo fue, pero no porque hiciéramos cumbre, porque esa vez el Balaitús nos rechazó, sino por la situación que se creó ya cerca de la cima.

No había aún nieve y el día salió magnífico. Parecía que sería un paseo en barca, pero la montaña tiene sus defensas que utiliza cuando quiere. Y las utilizó. La Gran Diagonal, estaba totalmente helada. Había nevado días atrás, el calor del sol había fundido la nieve, y el frío de la noche lo había helado todo. Nuestra cordada era de las primeras aquel día, y cuando nos dimos cuenta que era imposible seguir subiendo, no quedando más de media hora para la cima, nos vimos bloqueados por las cordadas que venían detrás. Todos retrocedimos, pero muy lentamente. Bajar es más difícil y peligroso que subir, y así estuvimos, parados, pegados a la pared helada, en sombra y con un frío que pelaba, esperando que poco a poco la gente fuera saliendo del atolladero. A nadie metíamos prisa, pues un paso en falso, tal y como estaba la montaña, podía ser mortal.

Un poco decepcionados, pero sabiendo que habíamos hecho lo correcto, regresamos al valle. Renunciar no es fácil, y menos tan cerca de la cima, pero hay cosas con las que no se juega, y la vida es una de ellas. Y eso, precisamente el Balaitús, ya nos lo había dicho. (Ver: Nos paró el hielo.)

Cuatro años después, estos dos amigos que, siendo niños vivieron la terrible experiencia del accidente, hicieron cima ellos solos, y nos llamaron desde la cumbre, haciéndonos partícipes de su alegría y de la intensa emoción que sintieron cuando llegaron allá arriba, y que Isabel y yo compartimos en la distancia. Les dediqué una entrada. (Ver:…y habéis acudido a su encuentro.)

Y hasta aquí, mi historia con esta soberbia montaña, a la que también llaman el pico de los Moros y el Cervino de los Pirineos. Hasta aquí de momento, porque es una de las que quiero volver a subir cuando “me dejen”. Espero y deseo que sea pronto, no sea que me vaya haciendo viejecito y ya no esté para esos trotes, porque el tiempo pasa y ya he perdido un año pirenaico…

NOTA: Para ver las entradas referidas con sus fotos no hay más que poner el título en el buscador del blog.


viernes, 5 de marzo de 2021

Actualización fin de semana del 6-7 de marzo de 2021.

Decir que va a llover este fin de semana suena a cachondeo., ¿verdad? Tras un montón de días diciendo que llovería al día siguiente (100% de probabilidad), y que no haya llovido ninguno ni una gota, pues ¿qué quieres que te diga?

Aunque en honor a la verdad hay que decir que era AEMET quien lo decía. Curiosamente, una agencia de meteorología extranjera, que también consulto, decía que no llovería, y así ha sido.

Esta vez coinciden todos, los “de fuera” también; luego igual va y llueve. Lloviznas el sábado y lluvia el domingo. Es lo que dicen. Lo que sí pasará es que se irá, por fin, la asquerosa y sucia calima.

Las temperaturas bajitas; las mínimas por bajo de diez y las máximas rondando los quince. Y en cuanto a los vientos, levante rolando a noroeste el domingo, lo cual mosquea un poco de cara a la lluvia, porque con esos vientos aquí llueve más bien poco.

Pero como coinciden esta vez todos… ¡Ya veremos!


miércoles, 3 de marzo de 2021

Mi historia con el Balaitús. Primera parte.

En rojo, el itinerario que seguí por la Gran Diagonal visto desde el pico Arriel.

Es el Balaitús, de 3144 metros, el primer tresmil de los Pirineos viniendo por el oeste. Montaña impresionante, bellísima, tiene para mí, y sé que para mucha gente, connotaciones muy especiales. La he ascendido cuatro veces, y en tres no he podido alcanzar la cima. En siete ocasiones pues he subido por el valle del río Aguas Limpias rumbo al Balaitús.

En la primera fue el mal tiempo el que en la brecha Latour nos echó atrás. En la segunda fue el otro tiempo, el del reloj, el que nos hizo desistir; se hacía demasiado tarde.

Tras estos dos intentos, en agosto de 1988 estaba pasando los últimos días del verano en Sallent de Gállego con mis padres, cuando tras varios días tormentosos anunciaron buen tiempo justo para el que nos volvíamos ya a casa. No lo pensé dos veces. Como a medio día saldríamos hacia Valencia, decidí salir el día antes, después de cenar, para estar de regreso antes de comer.

Esa vez hice cumbre, ascendiendo por la llamada Gran Diagonal, pero fue una ascensión extraña. Remonté el valle de Aguas Limpias hacia los lagos de Arriel de noche cerrada. Poco antes del desvío hacia los lagos, una piedra que no vi, pero que oí, pasó rozándome a una velocidad endiablada. Un rato después, cerca ya de los lagos, volvió a suceder lo mismo. Esto me inquietó. Pero no iba a retroceder por ello. La noche era perfecta.

Una vez en Arriel decidí esperar a las primeras luces para seguir, pues no conocía el camino y de noche temía perderme. La mole del Balaitús, oscura, se recortaba contra un cielo en el que brillaban millones de estrellas. Me acurruqué entre unas rocas y pronto me dormí.

Despuntaba el alba cuando un sonido me despertó. No era el rumor del agua, lo único que se oía ahí arriba; era algo distinto. Miré hacia el lugar de donde provenía, el lago, y me pareció ver un resplandor. Me alegré, pues pensé que sería alguien acampado en la orilla que me podría dar indicaciones de la ruta a seguir.

Cogí la mochila y me dirigí hacia allí. No vi a nadie. Hice cima solo, y en ella estuve solo casi dos horas, contemplando sin cansarme el inmenso horizonte, bajo el cielo azul intenso de la altitud; y sólo bajé hasta el sendero de Respomuso, ya casi a mediodía, sin cruzarme con nadie.

Mis padres me esperaban en La Sarra. Y más feliz que una perdiz o una lombriz (cuando llueve), comimos en un restaurante de Panticosa. Aquel verano acabó con un broche oro, la ascensión al Balaitús, la primera, en solitario y con su puntito de misterio.

Lejos estaba de pensar lo que me aguardaba en esa montaña en años venideros. Pero de eso hablaré en otra entrada para no hacer esta demasiado larga.

martes, 2 de marzo de 2021

Imágenes que explican el por qué.

Remirando ayer fotos de mis andanzas pirenaicas en tiempos pasados encontré, en uno de los viajes del verano de 1998, una serie de imágenes que, pese a ser diapositivas digitalizadas, tienen aún una calidad aceptable.

Una breve selección de ellas, que es lo que comparto hoy, explica sobradamente el por qué quien ha tenido el privilegio de vivir momentos así, no puede olvidarlos. Y explica otras muchas cosas, pero no quiero hoy caer hoy en la oscuridad del presente, prefiero perderme en aquella luz de entonces. Y recordar agradecido el haberla podido disfrutar, aún  en medio de la niebla.


Tras la marcha d aproximación, cena junto al fuego, envueltos en niebla. Silencio y soledad. Sólo los amigos.

Y al día siguiente un amanecer inolvidable.

Sabiéndonos por encima de las nubes, y no sólo literalmente.

Y el objetivo del día, la cima recortada sobre un cielo azul limpio y claro.

Las nubes siguen debajo, ocultado los valles, la tierra de los hombres.

La cima próxima parece lejana. Al fondo, a lo lejos a la izquierda, un viejo amigo, el Pic de Midí d´Ossau.




lunes, 1 de marzo de 2021

Leed. No os imagináis el placer que vais a sentir.


A finales de febrero, el ministro francés de finanzas, Bruno Le Maire, hizo un discurso ante un grupo de jóvenes sobre la lectura y la literatura. Lo he conocido hoy, me lo ha mostrado Isabel, y por si no lo conocéis, lo comparto en el blog. Es todo un placer, cada vez más raro, escuchar palabras como estas.

Leed. No os imagináis el placer que vais a sentir.

Lo digo con mucha convicción porque tengo hijos, uno de ellos va al instituto, y lo de la lectura se ha convertido en un combate. Y este combate lo llevamos a cabo [los padres] con todos los periodistas que están presentes aquí y escriben [literatura].

No es para molestaros, no es para daros lecciones de moral, no es para obligaros a hacer actividades duras.

La lectura es un placer inmenso que va a desarrollar vuestra imaginación, que os va a permitir abriros a mundos radicalmente nuevos en los que no habríais entrado si no fuera por las palabras, que os va a permitir entender quienes sois, que va a poner palabras a aquello que sentís y que ni siquiera sabéis sobre vosotros. Y que una persona totalmente desconocida a la cual nunca habéis visto y a la que probablemente nunca veáis os susurrará al oído, en el silencio de la lectura, cosas que nunca habríais comprendido sobre vosotros si no las hubierais leído.

Aprendemos más sobre el deseo de aventura leyendo Robinson Crusoe que yéndonos de viaje. Aprendemos más sobre el deseo y los celos, a veces en la base del deseo, leyendo Albertine desaparecida o La prisionera que por la experiencia propia.

Y cuando uno mismo tenga celos porque quiere a alguien que no le quiere a él, basta con leer a Proust para entender ese sentimiento, para ponerle palabras.

Y esas palabras os van a calmar porque os harán comprender que formáis parte de una comunidad que siente las mismas cosas, no estáis solos. Esa es la singularidad de la lectura: es una actividad solitaria que os abre al resto del mundo.

Estáis solos, pero nunca estáis tan cerca de los demás como cuando leéis un libro.

A todos los jóvenes que nos escuchan: leed.

Apartaos de las pantallas. Salid de las pantallas. Las pantallas os devoran, la lectura os alimenta. Esa es la diferencia.

Está claro que es un combate. Porque las pantallas son lo fácil, captan tu atención, te atrapan, y además están muy bien organizadas. Saben daros, como a las ratas [de laboratorio], pequeños estímulos nerviosos cada cinco segundos, cada diez segundos, que os obligan a seguir pegados a la pantalla. Pero, por desgracia, eso no os permitirá desarrollar vuestra libertad.

La literatura es un arma de libertad.

Y las pantallas… no todas, aquí no hablo de las pantallas de cine, hablo de las pantallas de los gigantes digitales, pueden convertirse muchas veces en instrumentos de sometimiento. Las pantallas os pueden someter en vuestro consumo, en vuestro comportamiento, en vuestras prácticas o en vuestros gestos para orientar vuestros pensamientos.

La literatura os da libertad. Las palabras os dan libertad para construiros y ser quienes sois.

Se lo digo a todos los estudiantes que nos escuchan: cada uno de vosotros es único. La literatura y los libros os permitirán descubrir hasta qué punto sois únicos.

Cada persona es única, y es la literatura la que nos lo enseña.

Ay, si tuviéramos aquí un ministro, aunque fuera solo uno, capaz de decir cosas así. Otro gallo nos cantaría.