FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 5 de noviembre de 2023

El viento se calma, por fin.

Hay una buena noticia relativa. Parece ser que el viento va a dejarnos en paz. Y digo relativa porque seguirá siendo seco, poniente con ligeras variantes, pero más flojo y con algún rato de calma. De todas formas aún puede algún día, hacia media semana, volver a molestar.

La mala noticia es que sigue sin llover y que los mapas a largo plazo no anuncian lluvias, más bien al contrario, la llegada de un anticiclón que estabilizará el tiempo. Cielos azules y nubes pasajeras, según días más o menos densas.

Lo único rotundamente bueno es que las temperaturas se normalizarán oscilando entre los 7 u 8 con alguno descenso, hasta los 4 o 5, y los 20 con algún desliz hasta los 23; lo que toca a estas alturas del año. En cualquier caso será más fría la primera parte de la semana que la segunda.

En resumen, tiempo fresco y seco. 

viernes, 3 de noviembre de 2023

Actualización fin de semana del 4-5 de noviembre de 2023.

Ya veis estas borrascas que riegan generosamente casi toda España y cubren de blanco las montañas lo que nos traen aquí, un viento insoportable y el riesgo del fuego que en los alrededores del Benicadell es en estos momentos más que un riesgo, una catástrofe.

Y no son buenas las previsiones. El fin de semana seguirá castigándonos, con algo menos de fuerza, pero castigándonos. Seguirá secándolo todo aún más, si cabe, y manteniéndonos en vilo a los que conocemos y amamos el monte. Además mañana subirán las temperaturas situándose entre 14 y 22, aunque el domingo bajarán algo, entre 13 y 20.

Y de lluvia nada de nada, ni a corto ni a medio plazo. Está siendo un otoño para olvidar. En estas tierras, peor es imposible. Es como una pesadilla.


jueves, 2 de noviembre de 2023

Guarro y encima miente.


 

Se quejaba un amigo de que tiene alumnos no ya solo maleducados, sino amorales, es decir, sin un criterio mínimamente asumido que les ayude a discernir lo que está bien de lo que está mal.

Y es verdad. Esto está pasando, y cada vez más, pero no me extraña porque es la sociedad entera la que carece de ese criterio. Y ellos viven en esta sociedad.

Una prueba muy clara está, por ejemplo, en la publicidad de un producto para lavar la ropa. No lo nombro; lo reconoceréis enseguida.

Aparece un adolescente que dice a sus padres, muy alegre, que ya está todo recogido, y se va. Se quedan sorprendidos aunque suponen la verdad. A renglón seguido se ve cómo sus muy amables y complacientes progenitores sacan una camiseta sucia y maloliente del armario del chavalín. El anuncio acaba con él poniéndose la camiseta limpia, todo sonriente, ante la madre también muy sonriente.

¿Cómo queremos que este chaval aprenda a distinguir lo que está bien de lo que está mal? El chaval lo ha hecho mal y encima ha mentido. La consecuencia es que sus papás hacen lo que debería haber hecho él y más, y encima parecen la mar de contentos y “pagaos” con su hijo. ¡Cuántos papás hay de estos!

A su servicio, aunque sea un guarro y encima mienta.

El anuncio, como veréis, es perverso porque normaliza más todavía lo que lamentablemente es demasiado normal. Porque un chaval que funciona así en su casa, funciona así allá donde va. Y ¿qué puede hacer mi amigo ante esto? Desesperarse. Porque a ver quién es el guapo que les dice a esos papas que su hijo no cumple con sus obligaciones y encima miente.

A ver.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Y entraron tres fantasmas.


 

Tenemos un amigo que lleva ya largos meses de hospital, y aunque va avanzando mucho, los días pesan, y no poco a veces. Por eso nos ha sorprendido muy agradablemente algo que sucedió ayer por la noche.

Sí, ayer por la noche. La noche de Jalobuin.

A las doce pasan las enfermeras por las habitaciones para la última visita del día, ver cómo están los enfermos y administrarles las medicaciones pertinentes.

Nuestro amigo estaba aún despierto, esperando la acostumbrada visita, cuando quien entró en la habitación fueron tres fantasmas. La sorpresa de él y su compañero de habitación fue mayúscula, y la risa inevitable. Averiguar quién se escondía detrás de las sábanas fue la siguiente tarea a la que se dedicaron con buen humor.

Está claro que no en todas las habitaciones pueden hacer esto, depende del enfermo y del estado del enfermo. Pero en la de nuestro amigo juzgaron que sí podían hacerlo, y acertaron de pleno.

Estas enfermeras estaban haciendo mucho más que su trabajo, estaban encendiendo luz en la oscuridad. Estaban, mira por dónde, dignificando la noche de Jalobuin, dándole sentido, el mayor de los sentidos. Aprovecharla para llevar alegría donde no hay mucha, o nada; hacer saltar la liberadora risa donde no es fácil encontrarla.

Quizá, sin ellas saberlo, estaban colmando del mensaje del Evangelio la hueca y absurda noche de Jalobuin.

¡Qué bonito! ¿Verdad? ¡Qué bonito!

Que "jalobuin" no nos lo oculte.


 

La fiesta de hoy, Todos los Santos, precedida por una noche que ha acabado siendo una gigantesca payasada sin pies ni cabeza, puede quedar, de hecho ha quedado, desdibujada cuando no oculta por la citada payasada. Y es una lástima.

Pero no hay que rasgarse las vestiduras. A fin de cuentas, el jalobuin de las narices ha desembarcado entre nosotros porque mueve dinero y es ocasión de fiesta, de noche de juerga. No hay que buscarle los tres pies al gato. Que es invasión cultural es evidente, pero como no es el único ni el más importante elemento invasivo que estamos sufriendo (que se lo digan al lenguaje) no creo que haya que darle más importancia.

Lo importante es no olvidar el sentido de lo que celebramos el primer día de noviembre, porque es muy bonito y muy profundo. Y nada que ver tiene con la noche anterior.

Y en este sentido, releyendo lo que publiqué en el blog en pasados primeros de noviembre, he encontrado este texto que compartí el año 2021 y que vuelvo a compartir a continuación. No creo poder decir nada distinto a lo que dije hace dos años.

                                                                            ***

Lástima que el triste concepto de fiesta que tenemos nos permita identificar tan fácilmente la grandeza de un día como hoy, con ese jolgorio confuso y hueco al que llaman “jalobuin”.

Hoy es el Día de todos los Santos. Un día de recuerdo y homenaje a todas esas personas que a lo largo de la historia han sido, con mayúsculas, Buena Gente, y que ya no están entre nosotros. Gente buena, humilde, discreta, que quizá sin saberlo ellos mismos, han sido testigos de Jesucristo en su vida, entregándose a los demás, padres, hijos, hermanos, amigos, compañeros, desconocidos, sin pedirles nunca nada a cambio, sin esperar nada. Ellos sabrán por qué; por amor, por respeto, por compasión, por solidaridad…, porque era lo que pensaban que había que hacer… ¡Quién sabe!

Seguro que conocéis a más de una de esas personas. Y si no, probablemente será porque no tenéis los ojos bien abiertos, o quizá porque estén llenos de telarañas o calabacitas siniestras…

Es esta una fiesta de reconocimiento y gratitud que la Iglesia tuvo clara desde hace muchos siglos. Un día para recordar a tantos santos anónimos, santos cuyo anonimato es precisamente una de las pruebas de su santidad.

También es una fiesta de justicia. De reconocer que no fuimos capaces de ver que ellos, mientras estuvieron entre nosotros, fueron hombres y mujeres de Dios. Y justo es que lo reconozcamos.

Y es también una fiesta de vida, porque nuestro justo reconocimiento y gratitud no es a personas que están en nuestra memoria y nuestro corazón, que también, no es a seres que fueron y no son; es a hombres y mujeres que viven en plenitud y para siempre junto al Padre, en ese Cielo nuevo y esa Tierra nueva donde ya no hay ni muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor.

Un Cielo nuevo y una Tierra nueva, que ellos, quizá sin saberlo, cuando estuvieron entre nosotros, hicieron de algún modo presente con su vida entregada, sencilla, humilde, callada y discreta pero, quizá por eso mismo, llena de Dios.

Esto es el Día de Todos los Santos. Una fiesta de justo reconocimiento, de gratitud y de vida. Que la tremenda superficialidad de la sociedad en la que vivimos no nos lo oculte.

Y si tenéis la dicha de haber conocido a alguno de esos santos, pensad en él, en ella, y dedicadle una sonrisa, al menos una sonrisa. No es polvo de estrellas, es una persona que os quiso y os sigue queriendo.

martes, 31 de octubre de 2023

Actualización ante la borrasca Ciarán.

Pues sí, parece que viene un señor borrascón que va a traer el otoño e incluso el invierno a gran parte de España. Para ser exactos a casi toda, excepto a una delgada franja que va de Valencia a Murcia en la que lo único que tendremos son cuatro días de ventoleras desquiciadas y desquiciantes.

Lluvia, nieve, frío y viento, los cuatro ingredientes de toda buena borrasca se repartirán generosamente por toda la geografía, tocándonos a nosotros solo lo más inútil y a la vez peligroso, el viento.

Mañana empezará, tras el descanso de hoy, e irá poco a poco a más, manteniéndose al menos hasta el domingo. Y el frío que notemos no será en realidad tal frío, sino la combinación del viento y de unas temperaturas todavía suaves, entre 10 y 20 grados más o menos.

Dicen algunos modelos que el jueves puede lloviznar por aquí, lloviznar, no llover, porque eso de llover no se ve por ningún lado, ni a corto, ni a medio plazo. A largo plazo nadie ve nada.

En resumen, por aquí otoño feo, feo, feo, muy feo, meteorológicamente hablando.


lunes, 30 de octubre de 2023

El efecto old car.


 

Llevo comprobando hace tiempo el llamado efecto old car. Si voy a 60 Km/h. en un tramo con esa limitación de velocidad con el coche nuevo (4 años), la mayoría de la gente no suele adelantarme; ahora bien, si voy con La Olivia, un cochecito que cumplió 31 años este pasado septiembre y que en tan longeva vida me ha dado menos problemas que el nuevo, la mayoría se ponen nerviosos y tratan de adelantarme como sea.

Es curioso este comportamiento de muchos de los individuos de mi especie, digno de ser estudiado por antropólogos o psicólogos, porque lo del efecto old car, me lo acabo de inventar. Como ahora todo son síndromes o efectos y además le ponen nombre y en inglés, pues añado yo uno.