Cada
vez me gusta menos escribir sobre política, porque se me hace muy desagradable
y me da miedo. Pero a veces pasan cosas ante las que hay alzar la voz, aunque
sea en el desierto. Por eso voy a escribir estas líneas.
El oro
día, el sr. Pablo Iglesias se ofrecía al sr. Sánchez con la expresión “vamos a por
ellos de verdad” para frenar a lo que llaman derechas.
Me dio
miedo, mucho miedo, sobre todo porque hay gente que le sigue, demasiada. Y eso
es muy peligroso y absolutamente inaceptable. Debe encender las alarmas en
cualquier persona biennacida para saber por dónde no hay que ir pase lo que
pase.
Son
varios los motivos objetivos por los que esas expresiones, reflejo de tristes actitudes
personales y siniestros planteamientos políticos, están fuera de lugar.
La
primera de ellas es que en una democracia de verdad deben caber todos. Cuando
dice vamos a por ellos, está diciendo que vamos a por la mitad, por lo menos,
del país, está dividiéndolo y provocando el enfrentamiento civil. Y eso nunca
es bueno, nunca.
Es
además claramente un discurso de odio. Provoca el odio de unos contra otros por
motivos ideológicos. Y me asusta también que no se denuncie este discurso de
odio, cuando otros, menos violentos y explícitos, acaban en los tribunales. Hay
dos varas de medir lo del discurso de odio y eso es muy significativo..., y muy
malo.
Tampoco
eso nos lleva a ningún tipo de progreso. El progreso, aunque casi nadie lo diga,
nunca está en un partido o un grupo de partidos, sino en la capacidad de
consensuar de todos teniendo como objetivo el bien del país. Un partido capaz
de consensuar, de llegar a acuerdos con los otros, será un partido progresista.
Creo
que la gran mayoría de los ciudadanos queremos vivir en libertad, justicia y
paz, y por culpa de la, llamémosle alta política, se están viendo ya en la
calle enfrentamientos entre jóvenes de distinto signo. Los de mi generación
vivimos el pluralismo, el respeto y el acuerdo, y hubo progreso. Los de ahora
viven la crispación y el enfrentamiento.
La
violencia política verbal es el primer paso. Luego, si no se para esta, viene
la otra. Y luego…
No,
sr. Iglesias, este no es el camino. ¿A dónde quiere ir? ¿A dónde nos quiere
llevar? ¿Qué está diciendo cuando grita vamos a por ellos? ¿Qué haría con “ellos”
si pudiera?

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