En el
año 859 de nuestra era una flota vikinga atacó la ciudad de Cádiz y
posteriormente, remontando el Guadalquivir, Sevilla.
Tras
el exitoso saqueo de estas dos ciudades, envalentonados, traspasaron el
estrecho de Gibraltar y bordearon la costa mediterránea de la península llegando
a entrar en el Ebro, en cuyas tierras encontraron cierta resistencia.
Ya de
regreso, hicieron una última incursión, río Turia arriba, con la intención de
establecer un campamento para pasar el invierno evitando los grandes temporales
atlánticos de esa época del año en su viaje de regreso.
No se
sabe exactamente donde desembarcaron, pero hay indicios de que fue en el tramo
entre Manises y Villamarchante. Tras algunas escaramuzas con los musulmanes que
habitaban estas tierras, pactaron un lugar y un tiempo para quedarse.
Las
condiciones fueron marcharse a principios de verano, y ubicarse en el meandro
de una rambla en la montaña, fuera de las tierras llanas y cultivadas.
Con
agua, caza abundante, una pequeña zona cultivable y la posibilidad de comerciar
con las gentes del llano próximo, pasaron unos meses de tranquilidad en los que
construyeron un asentamiento que de ser provisional acabó siendo el germen del
Olocau actual.
Vencido
el tiempo acordado, pacíficamente volvieron al Turia donde permanecían las
naves, y río abajo al mar y al lejano y frío norte, su hogar, siendo su poblado
ocupado por gentes de las tierras próximas.
Algunos
restos encontrados en recientes excavaciones en la zona confirman esta curiosa
historia muy poco conocida. Y el nombre de Olocau también lo confirma, pues era
originariamente Oslo-k-ado, que significa en su idioma gente de Oslo, la
capital de su reino. Luego derivó en Oslocado y finalmente en el nombre actual.
Segunda
parte.
Toda
esta historia es una solemne estupidez, es totalmente falsa, siendo el único
dato cierto que en el año 859 los vikingos saquearon Cádiz y posteriormente
entraron por el Guadalquivir hasta Sevilla, que también saquearon. Y que
llegaron al Ebro.
Y a
santo de qué viene esto. Muy sencillo. Es una reflexión que da miedo.
Estoy
seguro de que esta historia se la creería muchísima gente, demasiada. No hay
más que dar un dato cierto y montar un discurso lógico alrededor de él, para
vender como cierta cualquier mentira, por gorda que sea.
Y eso,
exactamente eso, es lo que muchos políticos y sus voceros, los medios de
comunicación, hacen todos los días. Y nos lo tragamos como muchísima gente se
tragaría que Olocau lo fundaron los vikingos.
¿Qué
hacer pues ante esto? Actitud crítica con educación y cultura, pues solo así
podemos defendernos de la gran mentira en la que vivimos. No creer lo que nos
digan porque sí, por quién nos lo dice, por cómo nos lo dice. Comprobar datos,
desconfiar de las estadísticas, huir de los discursos “mitineros”, no
simplificar los acontecimientos, saber que nadie tiene el monopolio de la
verdad, analizar la realidad…
Actitud
crítica pero con educación y cultura, pues sin ellas, la actitud crítica se
convierte en radicalismo, intransigencia, rabieta infantil, arrebato
adolescente…
En
fin, Olocau no lo fundaron los vikingos. Aunque había asentamientos previos,
fueron los musulmanes los que le dieron la entidad de poblado con el nombre de
Hisn al-Uqab que significa Castillo del Águila.

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